Sanidad Forestal

09
Feb
2026

Consejos prácticos para podar castaños para fruto

 

En los primeros años resulta imprescindible llevar a cabo una poda de formación que eleve la cruz hasta un metro y medio de altura. Después es recomendable dejar que el árbol crezca de forma natural, corrigiendo únicamente los posibles desequilibrios que se formen

Pablo Antonio Fraga es ingeniero agrónomo y uno de los grandes expertos en castaño que hay en Galicia, donde ha gestionado profesionalmente más de 200 hectáreas de castaño para fruto. En el mes de noviembre impartió una jornada de formación en la que explicó algunas de las claves de la poda del castaño.

El curso, organizado por el distrito forestal Lugo-Sarria, tuvo lugar en el souto das Gándaras, una parcela demostrativa y experimental gestionada por el Concello de Lugo y la Universidade de Santiago en el antiguo polvorín de As Gándaras, hoy convertido en polígono industrial.

El secreto de la poda del castaño está, afirma Pablo, en realizar una buena poda de formación en los 5 o 6 primeros años. Después propone dejar al árbol expresar su desarrollo natural, actuando únicamente para corregir defectos o imperfecciones que interfieran en ese crecimiento natural.

“La palabra que define la poda es equilibrio; debemos buscar siempre que el árbol quede equilibrado”, asegura. Una vez hecha la poda de formación, recomienda ser conservador podando, para tener más opciones de elección a la hora de actuar en el futuro. No es partidario, por ejemplo, de la poda en vaso, porque requiere una poda mucho más intensa todos los años.

¿Cuándo podar?

El mejor momento para podar un castaño es en otoño, tras la caída de la hoja, tanto porque el árbol se encuentra en parada vegetativa como porque el riesgo de transmisión de enfermedades es menor.

Hay dos épocas principales de poda: una es en verano y otra es en invierno, pero yo recomiendo la poda de invierno. Es más fácil podar en invierno, cuando ya le cayó la hoja al castaño, porque ves mejor el árbol. Además, en invierno sangra menos, porque la planta está en parada vegetativa. Mucha gente que quiere podar en verano se desespera porque el castaño sangra y la pasta cicatrizante no pega, pero si vemos una rama rota en el mes de julio o agosto no esperaríamos a la poda de octubre o noviembre para cortarla”, recomienda.

Además existe otra razón de carácter sanitario, ya que en invierno el riesgo de propagación de hongos y enfermedades se reduce. “Con temperaturas bajas los hongos mueren o duermen y puedes trabajar con más tranquilidad”, argumenta. Por eso, solo recomienda podar en verano en caso de necesidad, por ejemplo si se rompe una rama y es necesario cortarla y sanearla.

“Hay que tenerle respeto, sobre todo por el riesgo de propagar plagas y enfermedades, pero es un cultivo que hay que adaptar a las condiciones que tenemos. Es cierto que antes era bastante más fácil hacer la poda que ahora, porque teníamos un clima más predecible”, asegura.

La fase lunar debe tenerse en cuenta también a la hora de escoger el momento de la poda. “No influye en la cantidad de fruto, pero sí que vas a tener más vigor o menos y crecer más o menos. Si tienes un árbol muy vigoroso y quieres quitarle potencia, habría que podarlo con la luna en menguante. Por el contrario, si queremos darle más vigor a un castaño que está débil, tendríamos que podarlo en luna llena”, indica Pablo.

Poda de formación

La poda de formación debe hacerse durante varios años desde que la planta está ya enraizada. “El año de plantación no se poda, pero el segundo año ya sí. Y debería podarse después todos los años hasta tener la formación que uno quiera tener y la cruz a la altura que uno la quiera tener. Si podas todos los años la herida va a ser mínima y cuanta más herida, más posibilidades habrá de que entren enfermedades, por lo que cuantas menos heridas y más pequeñas mejor”, indica Pablo.

“El castaño tiene guía apical, por lo que todos los extremos de las ramas del árbol siempre van a mirar hacia el cielo. Esto hace que sea muy fácil de podar en eje central”, asegura Pablo. La técnica de poda que recomienda es en eje central mixto: poda en eje central hasta metro y medio de altura y luego desarrollo natural para que el árbol vaya abriendo.

En caso de tener que rehacer el árbol por algún motivo (una rama que se desgajó, chancro, porque nos equivocamos podando, etc.), el hecho de tener normalmente varias guías apicales en cada castaño hace que podamos escoger la que más nos convenga dejar para ir enderezando o equilibrando el árbol.

Cruceta a 1,5 metros de altura

El tipo de poda también condiciona el posible aprovechamiento futuro de ese castaño de fruto para madera. “Si haces una poda muy baja en vaso, como están haciendo en Francia, se limita mucho el aprovechamiento maderero, que de otro modo es compatible, porque puedes recoger castañas de un castaño durante 40 o 50 años y cuando se seca cortarlo para madera”, indica.

Como recomendación, propone que se busque formar la cruz donde salen las primeras ramas, a 1,5 metros de altura desde el suelo. “Si en otro esas ramas salen a 1,80 tampoco pasa nada, porque no hay necesidad de que todos los árboles sean iguales”, dice.

En cuanto al tamaño, no todas las variedades crecen igual. “Hay variedades como la Parede, en las que el árbol va a ser más pequeño, pero hay otras, como la Longal, en las que los castaños pueden llegar a ser mucho más altos”, indica.

Si al lado de un castaño tenemos otro árbol, por ejemplo un frutal o un árbol ornamental, y no queremos cortar ninguno de los dos, lo que se haría es jugar con las alturas, dejando uno a una altura y otro a otra, de manera que las copas no compitan entre sí.

Si fuesen dos castaños, también se haría igual, podando uno más bajo que el otro, subiendo la cruz de uno de ellos y descabezando por arriba el otro para que no siga creciendo.

Sin embargo, y aunque en zonas del Bierzo o del Courel se hace, Pablo dice que descabezar un castaño por sistema no es lo más recomendable, porque puede frenar su crecimiento y engorde e incluso pueden salir infinidad de rebrotes donde hacemos ese descabezado que nos obligue a tener que estar cortándolos todos los años. Además, sentencia, “quien da castañas es la copa”.

Poda en vaso

A juicio de Pablo, la poda en vaso, con las primeras ramas saliendo más bajas, tiene varios inconvenientes:

Se hacen más heridas y pueden entrar más enfermedades

Se desgarra mucho más con temporales de lluvia, viento o nieve, ya que es un árbol más débil y con mucha hoja

No tiene aprovechamiento maderero

Además, esta formación de castaño más a ras de suelo dificulta los desbroces mecanizados. “Cada vez los tractores son más grandes y si tenemos castaños con ramas muy bajas no van a poder acercarse y nos va a quedar mucho más que rozar a mano”, indica. La recogida mecanizada de la castaña también se ve impedida cuando se hace una poda en vaso muy baja.

Los castaños podados en vaso requieren también más atención, ya que la poda en vaso obliga a podar todos los años. “Si un año no podas, al año siguiente tienes que podar el doble”, asegura Pablo.

Tiene otro problema podar bajo: los hongos. “Cuando estamos en una zona de vaguada o al lado de un arroyo, en zonas poco venteadas y con mucha humedad, al bajar el porte del árbol se está generando un microclima de hongos que le pueden afectar tanto al propio castaño como a las castañas”, explica.

Poda de rejuvenecimiento

Tras la poda de formación en el segundo, tercero, cuarto y quinto año (“todos los años, para facilitar la eliminación de chupones cuando son pequeños y evitar desmadres”, aclara Pablo), solo habría que podar en función de las necesidades concretas de cada árbol, eliminando únicamente ramas rotas o mal colocadas.

“La idea antes era la de una sobrepoda, pero hay que cambiar el chip. Una vez formada el árbol, la opción de dejar que el castaño crezca de forma natural es una de las mejores”, asegura Pablo. Por varios motivos, dice, pero principalmente por ahorro de tiempo y de dinero y por menor riesgo de que el árbol contraiga enfermedades.

“Si hiciste una poda de formación buena, igual ya no tienes que volver a tocarlo mucho más, pero es el propio castaño el que te lo tiene que decir. El propio árbol te dice que necesita una poda cuando baja la producción”, indica.

“Lo preocupante es que haya chupones que empiecen a caer sobre otros, que se empiecen a enredar y a molestar y que haya mucha follaje dentro”, explica. En esos casos, es necesario realizar una poda de rejuvenecimiento, que será más o menos somera en función de las necesidades del árbol.

Esta poda de rejuvenecimiento puede ser necesaria transcurridos 10 años desde la poda de formación para corregir defectos de crecimiento o para airear el interior del castaño.

En castaños muy viejos, una práctica tradicional en Galicia es la del desmoche. Lo habitual es que, a partir del tronco principal, salgan infinidad de ramas, de las que habría que ir seleccionando hasta que queden 4 o 5 vigas, sobre las que después se iría podando una viga por año. “De todas maneras, el árbol sufre y normalmente se reduce la producción de castañas”, alerta Pablo.

Esa misma técnica puede utilizarse para injertar un castaño al que queremos cambiarle la variedad. “Se corta a dos metros de altura y sobre esos rebrotes de un año que van a salir, al año siguiente se injerta”, explica. La elección del rebrote a injertar dependerá sobre todo de su vigor.

El castaño no es un árbol fácil de injertar. Lo principal es que coincida el calibre del patrón con el calibre del injerto, dice Pablo. Por eso no recomienda el injerto de corona. “A veces es mejor cortar el árbol e injertar al año siguiente sobre una de las varas de un año que le salgan”, indica.

“El injerto inglés o de cuña es el que mejor funciona en castaño. El de yema también va bien, pero la planta tiene que estar hidratada”, advierte. Recomienda hacer los injertos en primavera, pudiendo reservar material de la poda de otoño para ello. “Las ramas que vas a usar en primavera para injertar pueden proceder de la poda del año anterior. Córtalas en noviembre, diciembre, enero o febrero y guárdalas desinfectadas con lejía y envueltas en papel de periódico en la nevera para injertar con ellas en abril-mayo”, propone.

Árboles equilibrados por todas las caras

“El secreto de la poda es buscar el equilibrio. Un árbol equilibrado es el que tiene la copa bien distribuida hacia todos los lados”, resume. Por eso, Pablo poda igual todo alrededor, dejando chupones iguales por todas las caras, sin tener en cuenta la orientación.

Las ramas que salen muy en vertical tienen mayor riesgo de desgajarse en caso de temporal de viento o nieve, por lo que deben ser retiradas a tiempo. La poda en vaso también genera mayores problemas de desgajamiento.

En cuanto a cómo hacer los cortes, Pablo recomienda ser conservador, sobre todo a la hora de podar chupones gruesos, separándose 1 o 2 centímetros del punto de unión de las ramas, para no dañar la que queda. Después se podría perfilar el corte con navaja o dejarlo así, ya que ese tocón suele secar. “Si no te gusta cómo quedó el corte, siempre puedes corregirlo al año siguiente, pero si te pasas podando puedes dañar la estructura del árbol”, alerta.

Podas parciales en varios años sucesivos

Siempre es mejor, en todo caso, que las actuaciones de poda que van a ser profundas se realicen a lo largo de varios años, para que el árbol sufra menos, en lugar de en una única poda. “La teoría de la poda es un tercio del árbol cada año, por lo que cuando es necesario llevar a cabo una poda intensa por algún motivo, siempre es recomendable hacerla en varios años, en lugar de realizar una única poda muy agresiva de una sola vez”, defiende.

La forma natural del castaño es la de copa globosa. “La copa es la que da la castaña y de forma natural siempre va a tender a eso”, asegura Pablo. Por eso, dice, “a veces es mejor no podar que podar mal”.

Al tener guía apical (normalmente varias), de forma natural también siempre va a tender a crecer hacia arriba. Eso facilita la poda y hace también que árboles que pueden estar torcidos en un momento dado, con el paso de los años vayan enderezándose, bien solos de manera natural o con la ayuda de la poda.

Minimizar los riesgos de transmisión de enfermedades

Uno de los mayores riesgos asociados a las podas es la transmisión de enfermedades. Una de ellas es el chancro, un hongo que debilita el árbol hasta llegar a hacerlo inviable, obligando a cortarlo en los casos más graves.

Para tratar de evitar su propagación, existen varias medidas a adoptar. Por ejemplo, es imprescindible desinfectar la herramienta de poda entre árbol y árbol, comenzando a podar los árboles que están sanos y dejando para el final los que vemos o sospechamos que están infectados.

Del mismo modo, también resulta imprescindible retirar los restos de poda, para lo cual será necesario llevar una bolsa de plástico u otro tipo de recipiente lo más hermético posible, para evitar ir esparciendo los hongos por el resto de la parcela.

Desinfección de la herramienta y de la herida

Para desinfectar la herramienta usada en la poda (tijeras, navaja, serrucho, etc.) se recomienda llevar una solución de agua con lejía, que acaba por estropear la herramienta, o bien alcohol de 70 grados, que limpia mejor y tarda más en evaporarse que el alcohol de 90 grados. La desinfección es imprescindible entre árbol y árbol e incluso recomendable entre corte y corte.

La lejía, pura o diluida al 50% con agua, se usaría también para desinfectar las heridas y cortes realizados en el árbol y tiene además un efecto desecante que ayuda a que después adhiera la pasta cicatrizante que se utilizaría para tapar los cortes y heridas.

Mástic con cobre

Resulta recomendable sellar bien los cortes de todas las ramas que se podan, sean pequeñas o grandes, para evitar la entrada de hongos. “En EEUU, por ejemplo, desaparecieron prácticamente el 100% de los castaños que había, aunque en su caso no era Castanea sativa, sino Castanea dentata. Desaparecieron porque se empezó a cambiar el castaño por el maíz en muchas zonas, como pasó también en Galicia, y también porque comenzaron a hacerse podas que ayudaron a propagar enfermedades como el chancro o la tinta”, asegura Pablo.

Como pasta cicatrizante se utiliza habitualmente mástic (un tipo de pasta comercial que se vende para injertar) mezclada con cobre. Al aportar a la pasta cicatrizante un sobre de sulfato de cobre se le añade un efecto fungicida. La herida tiene que respirar, por lo que se debe aplicar una capa fina para evitar pudriciones. “Basta con pintar el corte con un pincel”, explica.

Una alternativa al mástic es la cera de abeja mezclada con sulfato de cobre. El cobre es secante y antifúngico, al igual que la lejía, mientras que la cera de abeja permite respirar y transpirar al mismo tiempo que protege la herida.

Alternativas frente al chancro

En caso de aparecer un problema de chancro (Cryphonectria parasitica) en un árbol, se limpiaría la zona afectada hasta llegar a la corteza sana, pasándose un poco de la zona dañada, más o menos un centímetro por encima de la herida (recogiendo en una bolsa de plástico cerrada todo ese material), desinfectando después la herida con lejía y cubriéndola posteriormente con una pasta hecha con cobre y agua.

El problema del chancro es que debilita al árbol, obligando a cortarlo en los casos más graves

El tratamiento que la Administración realiza en Galicia contra el chancro en castaños afectados por esta enfermedad consiste en hacer agujeros con un taladro alrededor de la herida e inyectar en ellos cepas hipovirulentas inoculadas, algo que no resulta efectivo en todos los casos. Los chancros hipovirulentos son aquellos en los que la propia lucha genética del árbol puede acabar con ellos, conteniendo su avance, ya que el árbol genera una corteza que impide que se siga expandiendo. Para participar en este programa oficial de lucha biológica, que se realiza por zonas, los propietarios deben solicitarlo.

En Portugal, sin embargo, disponen de un tratamiento diferente, a través de un producto oficial patentado, el Dictis, que es un bioproducto curativo que se aplica por encima de la herida, por lo que es más fácil de utilizar. “Portugal va muy por delante de Galicia en la lucha contra el chancro”, asegura Pablo.

Deben retirarse todos los restos de poda de la parcela para reducir el material susceptible de albergar hongos

Otra solución consiste en tapar la herida. “El chancro es un hongo, y los hongos respiran, por lo que taparlo, por ejemplo, con barro sujeto con cinta de carrocero también suele funcionar”, dice. Para tapar la herida no se deben usar plásticos, que favorecen la pudrición, sino otro tipo de materiales, como yute, que impiden el paso de la luz solar pero dejan transpirar. Este emplaste se dejaría al menos un año, hasta que el árbol comience a sacar una especie de labio de cicatrización.

En caso de que la afectación por chancro sea muy importante y haga necesario cortar el árbol para sanear, siempre se debe cortar en bisel, con el corte orientado hacia el sur para que no se acumule el agua y se seque cualquier resto de humedad que pueda quedar tras las lluvias, tapando el corte con una capa abundante de mástic mezclado con fungicida.

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