Incendios Forestales

01
Jun
2021

 

 “Tenemos que cambiar las políticas públicas forestales para hacer frente a los megaincendios y al cambio climático”

Hace tiempo que Felipe González, expresidente del Gobierno de España, fijó su mirada en el problema de los grandes incendios, la falta de gestión forestal por abandono rural y el cambio climático. Esta semana ha participado en la decimosexta Conferencia Internacional Wildland Fire Safety para hablar, ante expertos en extinción de incendios, de la necesidad de una nueva política pública de gestión forestal que evite los megaincendios y ayude a combatir el cambio climático.

El expresidente tiene muy claro el diagnóstico y las soluciones. “El incendio nos ha derrotado técnicamente, por eso tenemos que decir cómo preservamos una masa forestal que evite el megaincendio y cómo incorporamos a las políticas públicas la economía circular y las energías renovables, a través de la biomasa, lo que permitiría su ordenamiento sostenible. El esfuerzo público preventivo tiene un rendimiento que coincide con los objetivos de una economía verde, circular, de energías renovables que sustituyan a las energías fósiles que son las que provocan el cambio climático”.

Tiene Felipe González perfectamente claro el círculo que une abandono rural, falta de gestión forestal, cambio climático e incendios forestales que provocan más cambio climático y, por tanto, condiciones más favorables para tener más megaincendios del estilo de California, Portugal, Chile o Bolivia.

Lo que propone el expresidente es cambiar la dirección en la que recorremos ese círculo que permita gestionar el territorio, fijar población rural, combatir el cambio climático y evitar los grandes incendios o “incendios de sexta generación”. Se suma así a las voces forestales que reclaman un cambio en las políticas públicas forestales, que vean en los montes una oportunidad y necesidad de gestión para luchar contra el cambio climático.

Tenemos que cambiar las políticas públicas para luchar contra los megaincendios, aprovechar la masa forestal, mantenerla y conservarla en el sentido más racional del conservacionismo. Y, a la vez, comprometernos con los ciudadanos en que vamos a mantener los medios materiales y humanos que dedicamos a la extinción de incendios. Pero, además, vamos a prevenir con políticas inteligentes que se propagan en todos los continentes, que nos permita luchar contra el cambio climático, aprovechar las energías renovables y mantener nuestras masas forestales vivas siendo capaces de gestionarlas”.

Comienza su intervención Felipe González recordando cuál fue la apuesta de su gobierno en la década de los años 80 en España: una apuesta por disponer de medios humanos y técnicos para hacer frente a un número creciente de incendios. “En la década de los años 80 y 90 nuestra preocupación en la lucha contra los incendios era dotarnos de personal técnico y medios materiales que nos permitiesen responder rápidamente y no se convirtieran en graves incendios”.

Aunque considera aquella política acertada en aquel momento, reconoce que “pronto comprobamos que tenía un efecto contradictorio, porque, cuanto más éxito teníamos en la extinción durante dos, tres o cuatro años, más combustible se acumulaba para otro año. Cada dos o cuatro años nos sorprendía un gran incendio que se aprovechaba del abandono de la gestión del territorio”. La paradoja de la extinción.

Recuerda el expresidente la frase tantas veces repetida, convertida casi en un tópico en sí misma, de que los incendios se apagan en invierno y le da su explicación. “Era experiencia vital de la gente que vivía en el medio rural, que aprovechaba la energía que proporcionaba la materia prima forestal para todo. Tenían la precaución de evitar que un incendio arrasara sus propiedades, su supervivencia. Tenían la costumbre de prevenir, pero no era solo prevención, había un aprovechamiento intensivo de esa masa forestal para usarla como energía”.

Pero los cambios socioeconómicos del país traerían una constante e inexorable despoblación rural que provocaría abandono del aprovechamiento forestal y de las labores de prevención tradicionales. Y, mientras esto sucedía, para Felipe González “la naturaleza estaba respondiendo al cambio climático, veinte años antes de que nosotros nos diéramos cuenta”.

En su opinión es precisamente el cambio climático, y las condiciones extremas que provoca, la principal causa de los megaincendios que ahora tanto preocupan en todo el planeta. “En numerosas conversaciones con Marc Castellnou, estudiamos las condiciones socioeconómicas de la propagación y del incremento de los incendios forestales. Nos dimos cuenta de que el abandono rural era una de ellas, pero nos sorprendió que en zonas donde no había ese abandono también se producían grandes incendios. Llegamos a la conclusión de que el nexo entre los grandes incendios de cualquier parte no eran las condiciones sociales, era el cambio climático que provoca una influencia transversal”.

Por todo ello, insiste en su mensaje, en que el problema de los incendios forestales “es un problema de políticas públicas. Es necesario cambiar el paradigma, no se trata solo de mantener los servicios públicos de alta calidad y eficacia, sino que se trata de cambiar políticas para preparar las masas forestales y evitar los megaincendios”.

30
May
2021

 

 

Renovar el convenio, paralizado desde 2012 según denuncian los sindicatos; reactivar las tasas de reposición para cubrir todas las vacantes durante los doce meses del año; el cumplimiento de los convenios para hacer trabajadores fijos a quienes llevan más de tres años trabajando para la empresa; y obtener mejoras laborales y salariales, “paralizadas por no renovar el convenio”, son las reivindicaciones principales de los sindicatos convocantes UGT y CCOO.

La primera manifestación fue el lunes en Guadalajara, el martes fue en Albacete y Ciudad Real y el viernes en Cuenca y Toledo. En la primera jornada, según los sindicatos, secundaron la huelga el 93 % de los trabajadores. Las movilizaciones ya comenzaron el 3 de mayo con concentraciones que se han producido en todas las capitales de provincia durante todo el mes.

Los sindicatos UGT y CC OO demandan que se renueve el convenio colectivo de la empresa que lleva sin actualizarse desde 2012, “a pesar de que hubo un primer acuerdo en 2019 pero que se quedó olvidado cuando adujeron que no había dinero para actualizar los sueldos, paralizados desde 2012”, asegura Rosario Madrigal, delegada sindical de UGT en Geacam.

Para los sindicatos, lo que pretende la empresa pública es “un nuevo proceso de negociación, a pesar de haber un texto acordado en 2019. Este proceso que pretenden iniciar, es idéntico al anterior, sin ninguna garantía presupuestaria”.

La intención de los dos sindicatos es que el nuevo convenio recoja a todo el personal de la empresa “y que se contemple, entre otras cuestiones, el servicio multiemergencia en el que nos hemos convertido. Hemos pasado de ser un dispositivo de prevención y extinción de incendios a ser multiemergencias, que lo mismo atendemos a la borrasca Filomena que desinfectamos residencias o colegios durante la pandemia”, señala Rosario Madrigal.

Plazas vacantes sin cubrir

El segundo de los puntos que reclaman ambos sindicatos es cubrir las plazas vacantes “que llevan sin cubrirse desde hace dos años porque no han sacado la tasa de reposición”. Se trata de 253 vacantes en el operativo de incendios. “Solo ofrecen ocuparlas con contratos eventuales y precarios cuando debieran ser plazas fijas a 12 meses. Necesitamos una renovación de la plantilla, por edad y accidentes laborales, para no tener un dispositivo mermado. Esta consejería es la consejería de los recortes y la que los ejecuta es Geacam”, asegura Rosario Madrigal.

La plantilla de Geacam puede variar en función de la época del año y de las necesidades. En diciembre de 2019 estaba compuesta por 2.437 trabajadores. De ellos, 2.161 trabajaban en incendios y obra forestal y 276 en oficinas. En incendios eran personal de plantilla 1.623; fijo discontinuo eran 118 y eventuales 420 trabajadores. En oficinas, 140 pertenecían a la plantilla, 19 eran fijos discontinuos y 117 eran eventuales.

Otro de los puntos de conflicto es la reducción de la duración de la campaña de extinción. Denuncian UGT y CCOO que se ha reducido la campaña de alto riesgo hasta 22 días según el retén. “En la práctica, esto supone un ahorro para la empresa porque son menos guardias y pluses por disponibilidad, riesgo o dedicación, es decir, menos gasto en personal y más ingresos provenientes del dinero de la Unión Europea para la prevención”, señala Madrigal.

Según la representante de UGT los trabajadores pasan de realizar trabajos de prevención a extinción directamente, “sin realizar una transición lógica que permita poner a punto la formación y los protocolos de actuación para llegar perfectamente entrenados a la campaña de alto riesgo de incendios”.

La campaña de prevención termina el 30 de mayo y la campaña de extinción comienza el 1 de junio. Los primeros 15 días suelen emplearse en la formación del dispositivo cuando se trata de personal nuevo sin experiencia, recordatorio de protocolos, entrenamiento con el material de extinción y puesta a punto de la coordinación. “Si hay un incendio en estos primeros días puede salir a la extinción nuevo personal sin experiencia y sin la debida formación. Además, hay retenes que seguirán haciendo prevención de 8 a 15 horas. En caso de que haya un incendio deberán incorporarse a la extinción cansados y sin realizar el entrenamiento de coordinación necesario”, asegura Rosario Madrigal.

En la primera concentración en Guadalajara, ante la delegación provincial de Presidencia y Administraciones Públicas de la JCCM, los convocantes reclamaron “más plantilla y menos mentiras” y han exigido la dimisión del gerente de Geacam y del equipo directivo de la consejería de Desarrollo Sostenible.

huelga geacam

Asistentes a la primera jornada de huelga en Guadalajara

Conflictividad laboral

Para los sindicatos convocantes existe un “enorme malestar en la plantilla de Geacam por la continua conflictividad laboral con irregularidades en los contratos, en ocasiones el no reconocimiento salarial de los trienios de antigüedad, o por vulnerar incluso el Estatuto de los Trabajadores cuando llevan cuatro años trabajando en la empresa y continúan con contratos de obra y servicios cuando deberían ser trabajadores indefinidos”, comenta Rosario Madrigal.

“Instamos a la dirección de la empresa y a la Consejería de Desarrollo Sostenible a dar respuesta a las reivindicaciones de la plantilla para poder poner fin al conflicto antes de que se inicie la campaña de extinción de incendios. No podemos afrontar el verano con esta situación, con la plantilla mermada, quemada e indignada. El gerente y el consejero saben que hay motivos de sobra para la huelga; está en su mano revertir el conflicto” demanda Iñaki Blanco, delegado sindical de CCOO en Guadalajara.

Para Rosario Madrigal “la Consejería de Desarrollo Sostenible quiere tener temporeros del fuego, trabajadores a la carta para cuando surja un incendio, con el riesgo que eso representa para la seguridad de la plantilla y para el medio natural”.

Denuncian los sindicatos que en 2019 había 155 medios de extinción, y que “el próximo 1 de junio la campaña de extinción se iniciará con tan solo 45 medios. Y quieren que volvamos al modelo de trabajo y de gestión que había en 2005, cuando fallecieron 11 agentes forestales en Guadalajara”.

La representante de UGT también cuestionó que “un gobierno que se dice progresista mantenga caducado desde hace ocho años el convenio colectivo de esta empresa pública” y denunció que el consejero de Desarrollo Sostenible “miente cuando dice que se ha aumentado en 90 millones el presupuesto para la próxima campaña. En realidad, van a destinar cero euros a GEACAM”.

Los sindicatos UGT y CCOO de GEACAM estudian la posibilidad de manifestarse ante las puertas del teatro Buero Vallejo de Guadalajara el día 31 de mayo, donde se celebrará el Día de la Región. «No tiene sentido que se vaya a dar un premio a Geacam mientras la plantilla está en la actual situación laboral”.

Un millón de euros para Geacam

El Gobierno de Castilla-La Mancha aprobó en el mes de mayo una inversión de un millón de euros para mejorar el dispositivo contra incendios forestales. José Luis Escudero, consejero de Desarrollo Sostenible, anunció tras la reunión del Consejo de Gobierno el 11 de mayo, nuevas contrataciones y avances en la negociación del convenio colectivo de Geacam e invitó a los sindicatos a que “asuman su responsabilidad y hagan propuestas en la mesa de negociación del convenio colectivo, en la que ya se están produciendo los primeros acuerdos”.

“Lo que la Consejería entiende por negociación es que se apruebe su propuesta general sin más, sin entrar a discutir de forma concreta cada una de las casuísticas de contratos y funciones laborales que hay dentro de la empresa”, señala Rosario Madrigal.

Escudero anunció “el gasto de un millón de euros para mejorar el dispositivo frente a los incendios forestales”. 571.000 euros se invertirán en la contratación de 21 ingenieros para la planificación y extinción de incendios forestales. Los 446.000 euros restantes se destinarán a Geacam para el suministro de equipos de protección individual y equipación técnica.

Pérdidas en los últimos ejercicios

Geacam es una sociedad anónima cuyo capital social es 100% de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, que es su único cliente. Hasta diciembre de 2019, la prevención y extinción de incendios suponía el 91 % de la actividad de la empresa. El 83 % del coste bruto anual de la empresa se dedica a salarios.

Acumula pérdidas anuales de 4,06 millones de euros en 2017, de 6,30 millones € en 2018 y de 7,6 millones € en 2019. Estas cifras colocan a la empresa en causa de disolución ya que su patrimonio neto es negativo e inferior a la mitad del capital social desde el año 2017.

Según un documento interno, el absentismo medio por contingencias comunes, accidentes y enfermedad profesional ha crecido un 18,56 % en los últimos dos años, hasta alcanzar el 7 %.

“Si además de las enfermedades profesionales, accidentes y contingencias comunes, se tienen en cuenta las licencias retribuidas, días de lluvia, compensación de horas extinción, actividades formativas y horas sindicales, la ausencia al puesto de trabajo con coste empresarial es de un 30 %.

El rendimiento de trabajo ha disminuido un 5,7 % en los dos últimos años, aumentando así el número de jornales por hectárea hasta los 23,12 jor/ha”.

26
May
2021

Science Daily thumb

fuente: Universidad de Yale

resumen:

Un nuevo estudio proporciona la evidencia más temprana hasta la fecha de humanos antiguos que alteran significativamente ecosistemas enteros con llamas. El estudio combina evidencia arqueológica -densos grupos de artefactos de piedra que datan de hace 92.000 años- con datos paleoenvironmentales en las orillas del norte del lago Malawi, en áfrica oriental, para documentar que los primeros humanos eran ingenieros de ecosistemas.

El dominio del fuego ha dado a los humanos el dominio sobre el mundo natural. Un estudio dirigido por Yale proporciona la evidencia más temprana hasta la fecha de humanos antiguos que alteran significativamente ecosistemas enteros con llamas.

El estudio, publicado el 5 de mayo en la revista Science Advances,combina evidencia arqueológica -densos grupos de artefactos de piedra que datan de hace 92.000 años- con datos paleoenvironmentales en las orillas del norte del lago Malawi, en el este de África, para documentar que los primeros humanos eran ingenieros de ecosistemas. Utilizaron el fuego de una manera que impedía el crecimiento de los bosques de la región, creando un extenso matorral que existe hoy en día.

La paleoantropóloga de Yale Jessica Thompson describe la evidencia más temprana de que los humanos alteran su ecosistema con fuego en este video.

"Esta es la evidencia más temprana que he visto de seres humanos transformando fundamentalmente su ecosistema con fuego", dijo Jessica Thompson, profesora asistente de antropología en la Facultad de Artes y Ciencias y autora principal del artículo. "Sugiere que en el Pleistoceno Tardío, los humanos estaban aprendiendo a usar el fuego de maneras verdaderamente novedosas. En este caso, su quema causó la sustitución de los bosques de la región por los bosques abiertos que se ven hoy en día".

Thompson fue el autor del estudio con 27 colegas de instituciones de Estados Unidos, África, Europa, Asia y Australia. Thompson dirigió el trabajo arqueológico en colaboración con el Departamento de Museos y Monumentos de Malawi; David Wright, de la Universidad de Oslo, quien dirigió los esfuerzos hasta la fecha en los sitios arqueológicos del estudio; y Sarah Ivory de Penn State, que dirigió los análisis paleoambienvironmentales.

Los artefactos examinados por los investigadores son del tipo producido en toda África en la Edad media de piedra, un período que data de al menos 315.000 años. Los primeros humanos modernos hicieron su aparición durante este período, con el registro arqueológico africano mostrando avances significativos en complejidad cognitiva y social.

Thompson y Wright registraron varias temporadas de trabajo arqueológico en la región antes de que una conversación con Ivory les ayudara a dar sentido a los patrones que observaron en sus datos. Los investigadores descubrieron que el registro arqueológico regional, sus cambios ecológicos y el desarrollo de ventiladores aluviales cerca del lago Malawi -una acumulación de sedimentos erosionados desde las tierras altas de la región- databan del mismo período de origen, lo que sugiere que estaban conectados.

Los niveles de agua del lago Malawi han fluctuado drásticamente con el fin de las edades. Durante los períodos más secos del lago, el último de los cuales terminó hace unos 85.000 años, disminuyó en dos pequeños cuerpos salinos de agua. El lago se recuperó de estos tramos áridos y sus niveles se han mantenido altos desde entonces, según el estudio.

Los datos arqueológicos fueron recogidos de más de 100 fosas excavadas a lo largo de cientos de kilómetros del ventilador aluvial que se desarrolló durante este tiempo de niveles constantes del lago. Los datos paleoambienvironmentales se basan en recuentos de polen y carbón que se asentaron en el suelo del lecho del lago y más tarde fueron recuperados en un largo núcleo de sedimentos perforado a partir de una barcaza modificada.

Según los investigadores, los datos revelaron que un aumento en la acumulación de carbón se produjo poco antes del aplanamiento de la riqueza de especies de la región, el número de especies distintas que la habitan. A pesar de los niveles constantemente altos del lago, que implican una mayor estabilidad en el ecosistema, la riqueza de las especies se desmoronó después del último período árido basado en información del polen fosilizado muestreado desde el lecho del lago, según el estudio. Esto fue inesperado porque durante ciclos climáticos anteriores, los ambientes lluviosos habían producido bosques que proporcionan un hábitat rico para una abundancia de especies, explicó Ivory.

"El polen que vemos en este período más reciente de clima estable es muy diferente al de antes", dijo. "Específicamente, los árboles que indican marquesinas forestales densas y estructuralmente complejas ya no son comunes y son reemplazados por polen de plantas que se ocupan bien de incendios y perturbaciones frecuentes."

El aumento de los sitios arqueológicos después del último período árido, combinado con el pico de carbón vegetal y la ausencia de bosque, sugiere que la gente estaba manipulando el ecosistema con fuego, concluyen los investigadores. La escala de su impacto ambiental a largo plazo es algo típicamente asociado con los agricultores y pastores, en lugar de cazadores-recolectores. Esto sugiere una manipulación ecológica temprana a la par de la gente moderna y también puede explicar por qué se formó el registro arqueológico.

La quema combinada con cambios impulsados por el clima creó las condiciones que permitieron la preservación de millones de artefactos en la región, explicaron los investigadores. "La suciedad rueda cuesta abajo a menos que haya algo que lo detenga", dijo Wright. "Quita los árboles, y cuando llueve, hay mucha suciedad moviéndose cuesta abajo en este ambiente."

Las transiciones anteriores de condiciones secas a húmedas en la región no produjeron un ventilador aluvial similar y no fueron precedidas por el mismo pico de carbón, señalaron los investigadores.

No está claro por qué la gente estaba quemando el paisaje, dijo Thompson. Es posible que estuvieran experimentando con quemaduras controladas para producir hábitats de mosaico propicios para la caza y la recolección, un comportamiento documentado entre cazadores-recolectores. Podría ser que sus incendios se quemaran fuera de control, o que simplemente hubiera mucha gente que quemando combustible en su entorno que proporcionaba calidez, cocina o socialización, explicó.

"De una manera u otra, es causada por la actividad humana", dijo. "Muestra que las primeras personas, durante un largo período de tiempo, tomaron el control de su entorno en lugar de ser controladas por él. Cambiaron paisajes enteros, y para bien o para mal esa relación con nuestros entornos continúa hoy en día".

Este trabajo fue financiado por el Consejo Australiano de Investigación, la Fundación Nacional De Espera Geográfica, la Fundación Wenner-Gren, la Escuela de Campo Arqueológico de la Universidad de Queensland, la Red de Investigación Global de la Fundación coreana de Investigación, Deutsche Forschungsgemeinschaft, la Universidad Emory y el Foro Belmont.

Fuente de la historia:

Materiales proporcionados por la Universidad de Yale. Original escrito por Mike Cummings.

12
Mar
2021

 

Un equipo de investigadores españoles y holandeses ha estimado que el área afectada por incendios forestales en África es un 80 % mayor de lo que se pensaba. Dado que África representa la mayoría del área quemada a nivel global este nuevo hallazgo modifica sustancialmente las estimaciones de emisiones globales de gases a la atmósfera.

Los incendios forestales suelen aparecer en los medios de comunicación cuando las que se queman son regiones boscosas cercanas a asentamientos humanos, pero la mayor parte de la superficie que arde cada año corresponde a sabanas tropicales donde los incendios son parte integral del ecosistema. El área total que se quema en esos ecosistemas es aproximadamente el equivalente al tamaño de la Unión Europea. Hasta ahora, la evaluación a gran escala del área quemada se ha basado en imágenes de satélites con un tamaño de píxel relativamente grande. Esto es un problema ya que, para que un incendio pueda detectarse de esta manera, es necesario que todo un píxel de la imagen aparezca como incendiado.

Los investigadores Rubén Ramo y Emilio Chuvieco, de la Universidad de Alcalá, y Ekhi Roteta y Aitor Bastarrika de la UPV/EHU han estudiado las imágenes de áreas quemadas aportadas por el satélite europeo Sentinel-2 y han comparado estos datos con los empleados habitualmente, de menor resolución. El Sentinel-2 es capaz de distinguir cuadrados de 20 metros de lado, frente a los 500 m de lado de los cuadrados habituales.

 

 incendios africa

Incendios forestales menores detectados en África. Fuente: PNAS

 

Los investigadores han encontrado que incendios relativamente pequeños, que no pueden ser detectados por los satélites de menor resolución, contribuyen casi tanto al área total quemada como los incendios más grandes. Los incendios pequeños tienen un impacto mucho mayor de lo que se creía.

Por su parte, los investigadores de la Vrije Universiteit Amsterdam, Dave van Wees y Guido van der Werf, han calculado las emisiones de gases correspondientes a dichos incendios menores y encontrado que estas emisiones adicionales son mayores que las emisiones totales producidas por incendios forestales en toda América del Sur.

Se estima que las emisiones totales por incendios forestales en África equivalen al 13 % de las emisiones mundiales por el uso de combustibles fósiles. Sin embargo, dado que las emisiones de dióxido de carbono de esos incendios menores de la sabana africana se compensan con el recrecimiento de la vegetación de la zona afectada, la estimación del aumento del área quemada total no contribuye proporcionalmente a la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera, como lo hacen los combustibles fósiles, pero sí aumenta la contribución de los incendios a las cantidades de otros gases de efecto invernadero como el metano y el óxido nitroso.

Referencia:

Ruben Ramo, Ekhi Roteta, Ioannis Bistinas, Dave van Wees, Aitor Bastarrika, Emilio Chuvieco, and Guido R. van der Werf (2021) African burned area and fire carbon emissions are strongly impacted by small fires undetected by coarse resolution satellite data PNAS March 2, 2021 118 (9) e2011160118 DOI: 10.1073/pnas.2011160118

Edición realizada por César Tomé López a partir de materiales suministrados por UPV/EHU Komunikazioa

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