Ciencia y Técnica

01
Sep
2021

Science Daily thumb

Fecha: agosto 23, 2021

Fuente: Universidad de Southampton

Resumen:

Los científicos han descubierto que extensas cadenas de volcanes han sido responsables tanto de emitir como de eliminar el dióxido de carbono atmosférico a lo largo del tiempo geológico. Esto estabilizó las temperaturas en la superficie de la Tierra.   

HISTORIA COMPLETA

Científicos de la Universidad de Southampton han descubierto que extensas cadenas de volcanes han sido responsables tanto de emitir como de eliminar el dióxido de carbono atmosférico (CO).2) a lo largo del tiempo geológico. Esto estabilizó las temperaturas en la superficie de la Tierra.

Los investigadores, trabajando con colegas de la Universidad de Sydney, la Universidad Nacional de Australia (ANU), la Universidad de Ottawa y la Universidad de Leeds, exploraron el impacto combinado de los procesos en la Tierra sólida, los océanos y la atmósfera en los últimos 400 millones de años. Sus hallazgos se publican en la revista Nature Geoscience.

La descomposición natural y la disolución de las rocas en la superficie de la Tierra se denomina meteorización química. Es de vital importancia porque los productos de la intemperie (elementos como el calcio y el magnesio) se descargan a través de los ríos a los océanos, donde forman minerales que bloquean el CO.2. Este mecanismo de retroalimentación regula el CO atmosférico2 niveles, y a su vez clima global, a lo largo del tiempo geológico.

"En este sentido, la meteorización de la superficie de la Tierra sirve como un termostato geológico", dice el autor principal, el Dr. Tom Gernon, profesor asociado de Ciencias de la Tierra en la Universidad de Southampton y miembro del Instituto Turing. "Pero los controles subyacentes han demostrado ser difíciles de determinar debido a la complejidad del sistema de la Tierra".

"Muchos procesos de la Tierra están interrelacionados, y hay algunos retrasos importantes entre los procesos y sus efectos", explica Eelco Rohling, profesor de Océano y Cambio Climático en ANU y coautor del estudio. "Por lo tanto, comprender la influencia relativa de procesos específicos dentro de la respuesta del sistema de la Tierra ha sido un problema intratable".

Para desentrañar la complejidad, el equipo construyó una nueva "red de la Tierra", que incorpora algoritmos de aprendizaje automático y reconstrucciones tectónicas de placas. Esto les permitió identificar las interacciones dominantes dentro del sistema de la Tierra y cómo evolucionaron a través del tiempo.

El equipo descubrió que los arcos volcánicos continentales fueron el impulsor más importante de la intensidad de la intemperie en los últimos 400 millones de años. Hoy en día, los arcos continentales comprenden cadenas de volcanes en, por ejemplo, los Andes en América del Sur y las Cascadas en los Estados Unidos. Estos volcanes son algunas de las características de erosión más altas y rápidas de la Tierra. Debido a que las rocas volcánicas están fragmentadas y son químicamente reactivas, son rápidamente desgastadas y arrojadas a los océanos.

Martin Palmer, profesor de Geoquímica en la Universidad de Southampton y coautor del estudio, dijo: "Es un acto de equilibrio. Por un lado, estos volcanes bombearon grandes cantidades de CO.2 que aumentó el CO atmosférico2 Niveles. Por otro lado, estos mismos volcanes ayudaron a eliminar ese carbono a través de reacciones rápidas de meteorización".

El estudio arroja dudas sobre un concepto de larga data de que la estabilidad climática de la Tierra durante decenas a cientos de millones de años refleja un equilibrio entre la meteorización del fondo marino y los interiores continentales. "La idea de tal tira y afloja geológico entre las masas terrestres y el fondo marino como un impulsor dominante de la meteorización de la superficie de la Tierra no está respaldada por los datos", afirma el Dr. Gernon.

"Desafortunadamente, los resultados no significan que la naturaleza nos salvará del cambio climático", subraya el Dr. Gernon. "Hoy, co atmosférico2 los niveles son más altos que en cualquier otro momento en los últimos 3 millones de años, y las emisiones impulsadas por el hombre son aproximadamente 150 veces mayores que el CO volcánico.2 Emisiones. Los arcos continentales que parecen haber salvado el planeta en el pasado profundo simplemente no están presentes a la escala necesaria para ayudar a contrarrestar el CO actual.2 emisiones".

Pero los hallazgos del equipo aún proporcionan información crítica sobre cómo la sociedad podría manejar la crisis climática actual. La meteorización artificialmente mejorada de las rocas, donde las rocas se pulverizan y se extienden por la tierra para acelerar las tasas de reacción química, podría desempeñar un papel clave en la eliminación segura del CO.2 de la atmósfera. Los hallazgos del equipo sugieren que tales esquemas pueden desplegarse de manera óptima mediante el uso de materiales volcánicos calcalinos (aquellos que contienen calcio, potasio y sodio), como los que se encuentran en ambientes de arco continental.

"Esta no es de ninguna manera una solución milagrosa a la crisis climática: necesitamos urgentemente reducir el CO.2 emisiones en línea con las vías de mitigación del IPCC, punto final. Nuestra evaluación de los comentarios sobre la meteorización en escalas de tiempo largas puede ayudar a diseñar y evaluar esquemas de meteorización mejorados a gran escala, que es solo uno de los pasos necesarios para contrarrestar el cambio climático global", concluye el Dr. Gernon.

Fuente de la historia:

Materiales proporcionados por la Universidad de Southampton.

Referencia de la revista:

Thomas M. Gernon, Thea K. Hincks, Andrew S. Merdith, Eelco J. Rohling, Martin R. Palmer, Gavin L. Foster, Clément P. Bataille, R. Dietmar Müller. Meteorización química global dominada por arcos continentales desde mediados del Paleozoico. Nature Geoscience,2021; DOI: 10.1038/s41561-021-00806-0

Universidad de Southampton. "Los volcanes actuaron como una válvula de seguridad para el clima a largo plazo de la Tierra". ScienceDaily, 23 de agosto de 2021. <www.sciencedaily.com/releases/2021/08/210823125827.htm

ScienceDaily

02
Ago
2021

Science Daily thumb

fuente:

Universidad de Massachusetts Lowell

resumen:

Los científicos ambientales dicen que las mediciones de mercurio en un bosque de Massachusetts indican que el elemento tóxico se deposita en los bosques de todo el mundo en cantidades mucho mayores de lo que se entendía anteriormente.

   

HISTORIA COMPLETA

Investigadores dirigidos por un profesor de ciencias ambientales de UMass Lowell dicen que las mediciones de mercurio en un bosque de Massachusetts indican que el elemento tóxico se deposita en los bosques de todo el mundo en cantidades mucho mayores de lo que se entendía anteriormente.

Los resultados del equipo subrayan la preocupación por la salud y el bienestar de las personas, la vida silvestre y los cursos de agua, según el profesor Daniel Obrist, ya que el mercurio que se acumula en los bosques finalmente se escurre hacia arroyos y ríos, terminando en lagos y océanos.

El mercurio es un contaminante altamente tóxico que amenaza a los peces, las aves, los mamíferos y los seres humanos. Cientos de toneladas de ella son liberadas a la atmósfera cada año por las centrales eléctricas que queman carbón, así como a través de la minería de oro y otros procesos industriales, y el contaminante es distribuido por los vientos y las corrientes en todo el mundo. La exposición a largo plazo al mercurio, o el consumo de alimentos que contienen altos niveles del contaminante, puede conducir a problemas reproductivos, inmunológicos, neurológicos y cardiovasculares, según Obrist, presidente del Departamento de Ciencias Ambientales, de la Tierra y atmosféricas de UMass Lowell.

Los bosques constituyen los ecosistemas terrestres más abundantes, productivos y extendidos del mundo, según Obrist, quien dijo que el estudio es el primero que examina una imagen completa de cómo se deposita el mercurio en la atmósfera en cualquier bosque rural del mundo, incluida la deposición de mercurio en su forma gaseosa, que la mayoría de los estudios anteriores no abordan.

"Los árboles toman mercurio gaseoso de la atmósfera a través de sus hojas y a medida que las plantas se desprenden de sus hojas o mueren, básicamente transfieren ese mercurio atmosférico a los ecosistemas", dijo.

Los resultados del proyecto, que cuenta con el apoyo de una subvención de tres años y 873.000 dólares de la National Science Foundation (NSF), se publicaron hoy en un número de Proceedings of the National Academy of Sciences. Eric Roy, estudiante de UMass Lowell, con doble especialización en meteorología y matemáticas de Lowell, se encuentra entre los coautores del estudio.

Durante los últimos 16 meses, el equipo ha medido cómo el mercurio en la atmósfera se deposita en Harvard Forest en Petersham, un sitio de casi 4,000 acres que incluye árboles de hoja ancha de hoja caduca de madera dura como roble rojo y arce rojo que arrojan sus hojas cada año. Un conjunto de sistemas de medición colocados a varias alturas en la torre de investigación de 100 pies de altura del bosque evaluó la deposición de mercurio gaseoso del sitio desde el dosel de los árboles hasta el suelo del bosque.

"El setenta y seis por ciento de la deposición de mercurio en este bosque proviene del mercurio atmosférico gaseoso. Es cinco veces mayor que el mercurio depositado por la lluvia y la nieve y tres veces mayor que el mercurio que se deposita a través de la caída de basura, que es mercurio transferido por las hojas que caen al suelo y que ha sido utilizado previamente por otros investigadores como un proxy para estimar la deposición de mercurio gaseoso en los bosques", dijo Obrist.

"Nuestro estudio sugiere que la carga de mercurio en los bosques ha sido subestimada por un factor de aproximadamente dos y que los bosques de todo el mundo pueden ser un absorbente y recolector mundial de mercurio gaseoso mucho mayor de lo que se supone actualmente. Esta acumulación mayor de lo previsto puede explicar los niveles sorprendentemente altos de mercurio observados en los suelos de los bosques rurales", dijo.

Las plantas parecen dominar como fuente de mercurio en la tierra, representando del 54 al 94 por ciento de los depósitos en los suelos de Toda América del Norte. La cantidad mundial total de mercurio depositado en tierra actualmente se estima en unas 1.500 a 1.800 toneladas métricas por año, pero puede ser más del doble si otros bosques muestran niveles similares de deposición, según Obrist.

Los investigadores continúan su trabajo en un segundo bosque en Howland, en el norte de Maine. Howland Forest, un sitio de investigación de casi 600 acres lleno de árboles de hoja perenne que conservan sus hojas durante todo el año, ofrece un hábitat claramente diferente al bosque caducifolio en Petersham. La evaluación de ambos bosques permitirá a los investigadores examinar las diferencias en la acumulación de mercurio entre los diferentes tipos de bosques, dijo Obrist.

El trabajo está proporcionando una experiencia de investigación práctica para Roy, un estudiante de UMass Lowell Honors College que fue invitado a convertirse en miembro del programa Immersive Scholar de la universidad en 2019. La iniciativa permite a los estudiantes de primer año con credenciales académicas sobresalientes participar en el trabajo de laboratorio y la investigación desde el inicio de sus estudios académicos.

"Es realmente emocionante ser coautor", dijo Roy. "Este estudio nos permitió cuantificar cuánto mercurio se está acumulando en este tipo de bosques. Los modelistas pueden utilizar estos resultados para mejorar su comprensión de cómo el mercurio atraviesa el medio ambiente a escala mundial y cómo eso podría cambiar en el futuro".

Roy ayudó a analizar los datos recopilados en el campo.

"Las contribuciones de Eric al estudio son tremendas. No es muy común que un estudiante de pregrado desempeñe un papel tan importante en un proyecto de investigación importante financiado por el gobierno federal", dijo Obrist. "Su trabajo es realmente impresionante y se ha vuelto cada vez más activo en el análisis de datos y en hacer cálculos de flujo complejos y procesamiento de datos. Realmente se ganó la segunda posición de autor en el artículo en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias (Actas de la Academia Nacional de Ciencias).

Fuente de la historia:

Materiales proporcionados por la Universidad de Massachusetts Lowell. Original escrito por Edwin Aguirre. Nota: El contenido se puede editar para el estilo y la longitud.

Referencia de la revista:

Daniel Obrist, Eric M. Roy, Jamie L. Harrison, Charlotte F. Kwong, J. William Munger, Hans Moosmüller, Christ D. Romero, Shiwei Sun, Jun Zhou, Róisín Commane. Deposición atmosférica de mercurio no contabilizada previamente en un bosque caducifolio de midlatitude. Actas de la Academia Nacional de Ciencias, 2021; 118 (29): e2105477118 DOI: 10.1073/pnas.2105477118

Universidad de Massachusetts Lowell. "El estudio muestra que los bosques juegan un papel más importante en el depósito de mercurio tóxico en todo el mundo". ScienceDaily. ScienceDaily, 12 de julio de 2021. <www.sciencedaily.com/releases/2021/07/210712183332.htm>.

22
Jun
2021

 

16 junio 2021 21:00 CEST

Autor

Ángeles Sánchez Díez

Dpto. Estructura Económica y Economía del Desarrollo. Coordinadora del Grupo de Estudio de las Transformaciones de la Economía Mundial (GETEM), Universidad Autónoma de Madrid

Sin energía no hay vida. Ni producción, ni transporte, ni consumo. El consumo de energía forma parte de la vida humana desde la prehistoria y su intensidad ha ido creciendo a medida que se sofisticaban las actividades económicas de los hombres y las mujeres.

En el pasado reciente, la revolución industrial del siglo XIX no se puede entender sin el carbón, ni el desarrollo del siglo XX sin el petróleo. Ahora, el futuro inmediato estará determinado por las transformaciones energéticas en el marco de la sostenibilidad medioambiental.

Panorama energético mundial de 1973 a 2021

En 1973 se produjo la primera gran crisis del petróleo: los países árabes productores de crudo cesaron sus exportaciones a los países occidentales que dieron apoyo a Israel durante la guerra de Yom Kipur.

Ahí comenzó la transformación de la estructura energética mundial. Desde entonces, el oro negro ha pasado de suponer el 46,2% de la oferta de energía primaria mundial al 31,9% en 2019.

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Mix de consumo energético mundial. Fuente: BP Statistical Review of World Energy 2020. https://www.bp.com/en/global/corporate/energy-economics/statistical-review-of-world-energy.html

Aunque la sostenibilidad se ha incorporado a la agenda energética global, también se observa cómo está creciendo el consumo de recursos energéticos altamente contaminantes. La cuota de mercado del carbón ha pasado del 24% al 27% entre 1973 y 2019, en gran medida porque China e India son sus principales consumidores a nivel mundial.

 

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Consumo de carbón por regiones. Fuente: BP Statistical Review of World Energy 2020. https://www.bp.com/en/global/corporate/energy-economics/statistical-review-of-world-energy.html

En ese mismo periodo el consumo de gas natural ha pasado del 16% al 24%. La causa de este aumento es la expansión de las centrales de ciclo combinado, que usan de forma preferencial el gas para la generación de electricidad. Las energías limpias todavía representan una pequeña parte de la oferta primaria.

No obstante, hay importantes diferencias según regiones y países. Por ejemplo, Europa ha hecho un gran esfuerzo para transformar su matriz energética, dando una mayor importancia a las energías renovables, como la eólica y la solar, y reduciendo la utilización del carbón.

¿Con qué se produce la electricidad?

La electricidad no está directamente disponible en la naturaleza, como el petróleo, el gas natural o el carbón, que son fuentes primarias de energía. La electricidad se genera a partir de otros recursos: los saltos de agua (energía hidroeléctrica), los hidrocarburos y el carbón (térmica), la fisión de isótopos de uranio (nuclear), el sol, el viento, las olas, etcétera.

Ha habido cambios importantes en la generación eléctrica desde la foto fija de 1973. El petróleo ha perdido importancia en la producción de electricidad de origen térmico e hidráulico mientras crece la importancia del gas natural y las energías renovable y nuclear. En cambio, el carbón sigue representando el 38% de la generación eléctrica.

Nuevas reservas de hidrocarburos

El escenario energético internacional evoluciona rápidamente y se enfrenta a importantes desafíos. En la última década se han descubierto numerosos yacimientos en Venezuela, Brasil, Sudáfrica, Irán, Mozambique… Las reservas probadas han pasado de los 683 000 millones de barriles de petróleo de 1973 a 1'734 billones en 2019.

Desarrollos tecnológicos como la fractura hidráulica (fracking) han hecho posible la extracción de hidrocarburos no convencionales. Estados Unidos, uno de los mayores consumidores de petróleo del mundo, se ha convertido en un referente en esta técnica que le ha permitido plantearse el autoabastecimiento.

Por otro lado, el calentamiento de los polos está facilitando la explotación de los recursos que hasta ahora han estado protegidos por los hielos perpetuos del Ártico.

A diferencia de la Antártida, el Polo Norte no es un continente sino agua helada. Por lo tanto se regula por la Convención del Mar. Esto quiere decir que, según lo establecido por la soberanía de aguas territoriales, Rusia, Estados Unidas, Canadá, Noruega y Dinamarca, miembros del Consejo Ártico, podrían tener derecho a la explotación de esos recursos.

Hielo, agua y geopolítica

Estas transformaciones implican importantes cambios en la geopolítica global. El aumento de la producción de hidrocarburos no convencionales, particularmente en Estados Unidos, desencadenó una respuesta muy clara por parte de Arabia Saudí, máxima potencia de la Organización de Países Exportadores de Petroleo (OPEP).

Al incrementar la producción petrolera favoreció la caída en los precios: de 110 dólares por barril en diciembre de 2013 pasó a costar 30 dólares en enero de 2016. Y, dado que el coste de producción por fracking es muy alto (superior al precio de venta), los yacimiento estadounidenses dejaron de ser rentables. De esta forma Arabia Saudí recordaba al mundo su papel en la geopolítica del petróleo.

Respecto al Ártico, Barack Obama fue el primer presidente estadounidense en visitarlo en el transcurso de su viaje a Alaska (en 2015), mientras que el presidente ruso Vladimir Putin ha reforzado los dispositivos militares en la zona para garantizarse el control de los recursos y de los posibles pasos para el transporte marítimo.

En definitiva, las grandes potencias implicadas en la región comienzan a reafirmar su presencia ante las posibilidades económicas del deshielo ártico.

La apuesta por la sostenibilidad

Un elevado porcentaje de gases de efecto invernadero proceden del consumo energético. Se ha pasado de 21 331 millones de toneladas de CO₂ en 1980 a 34 169 millones en 2019.

El respeto y la protección al medio ambiente se han convertido en ejes fundamentales de la política internacional. El objetivo 7 de la Agenda de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas busca garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna.

Por otro lado, el Tratado de París (2015) da cobertura internacional a las medidas de lucha contra el cambio climático. La meta es avanzar hacia sistemas productivos respetuosos con el medio ambiente.

No obstante, siguen abiertos los debates en torno a la conveniencia o no de la energía nuclear o la apuesta por las energías renovables. Los desastres de Chernóbil (1986), en Ucrania, y de Fukushima, Japón, en 2011, no han supuesto el fin de la energía nuclear.

De hecho, Francia sigue generando su electricidad esencialmente en centrales nucleares, y los países del Grupo de Visegrado (Eslovaquia, Hungría, Polonia y República Checa) están apostando por la energía eléctrica de origen nuclear, en contraste con la política antinuclear de Alemania o Bélgica.

La pobreza energética

La pobreza energética tiene diferentes caras. Por un lado, en las zonas más pobres del planeta está el problema de no poder disponer de energía por la falta de infraestructuras básicas.

En países como Burundi, El Chad o Malawi, donde la cobertura del tendido eléctrico en las zonas rurales es muy limitada, el 90% de la población no tiene acceso a la electricidad. A nivel mundial, en 30 países más del 50% de la población no tiene acceso a la electricidad. En estos casos, las políticas públicas deben ir encaminadas básicamente a la ampliación de las infraestructuras básicas.

Pero, por otro lado, en los países desarrollados la pobreza energética también es un problema creciente. El gasto que supone la factura eléctrica para las familias en riesgo de exclusión social hace inviable que puedan tener sus hogares en las condiciones energéticas adecuadas.

En este caso las políticas públicas han de definir acciones como limitar el monto de la factura en función de la renta o mejorar las condiciones del hogar para evitar ineficiencias energéticas.

Algunas de las medidas de apoyo social tomadas a raíz de la crisis de la covid-19 han ido en esta línea.

Un futuro eficiente y sostenible

En el futuro, los patrones de producción, distribución y consumo serán cada vez más sostenibles. Todo apunta a ello, pese a los grandes retos que hay que enfrentar aún y los desiguales ritmos de cambio entre los países.

Propuestas como el Pacto Verde Europeo suponen un gran avance. El camino hacia la sostenibilidad y la eficiencia energética no estará libre de obstáculos. Esperemos estar a la altura de los desafíos.

Este artículo tiene su origen en un capítulo del libro: Las transformaciones de la economía mundial (Ángeles Sánchez Díez, coord., 2021, Grupo de Estudio de Transformaciones de la Economía Mundial-UAM, Madrid).

Fuente THe Conversation

17
Jul
2021

CREAF SO logo ESP print

Por primera vez, se revisan las evidencias científicas sobre cómo el riesgo de incendio y los servicios ecosistémicos en los bosques mediterráneos se ven afectados por un aumento o disminución de la temperatura global por encima de los 2°C.

Los beneficios de los bosques mediterráneos están en riesgo si las temperaturas globales aumentan más de 2°C

Si el calentamiento en la cuenca mediterránea aumenta por encima de los 2°C, los numerosos indicadores sobre el riesgo de incendios y el clima aumentan una media del 64%.

Los bosques con especies templadas –propios de zonas con 4 estaciones– se espera que vivan un declive significativo si el aumento de la temperatura media de la cuenca Mediterránea se mantiene el umbral de los 2 grados. Ahora bien, si el termómetro sube por encima de este límite establecido por el Acuerdo de París de 2015, incluso las especies acostumbradas a la sequía, como la encina o el pino blanco, sufrirán las consecuencias y se verán comprometidas. Esta es una de las principales conclusiones del estudio ‘Ecosystem Services provision by Mediterranean forests will be compromised above 2ºC warming’, publicado hoy en la revista científica Global Change Biology, liderado por Alejandra Morán-Ordóñez, investigadora del CREAF y asociada del Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña (CTFC), y Aitor Ameztegui, investigador de la Universidad de Lleida (UdL) y de la Joint Research Unit CTFC-Agrotecnio, entre otros.

El trabajo constituye la primera revisión sistemática y cuantitativa que se hace de los potenciales impactos del cambio climático sobre la provisión de servicios ecosistémicos (beneficios que se aportan) y el riesgo de incendio, tanto por encima como por debajo del umbral de los 2 grados de temperatura respecto a los niveles preindustriales, los países del norte y el sur del Mediterráneo.

Si el calentamiento en la cuenca Mediterránea aumenta por encima de los 2 grados de temperatura, los numerosos indicadores sobre incendios y riesgos climáticos experimentan un aumento medio del 64%.

 

Asimismo, se apunta como tendencia que, si la temperatura sube por encima de los 2 grados, los indicadores sobre incendios y otros riesgos relacionados con el clima aumentan un 64% en los territorios del Mediterráneo. Estos indicadores utilizados para extraer este porcentaje son muy diversos e incluyen el Fire Weather Index, el número de hectáreas quemadas, el número de días con riesgo elevado de fuego, el número de jornadas con sequías prolongadas y otros riesgos relacionados con el clima, entre muchos otros.

El artículo publicado en Global Change Biology forma parte de un informe más amplio impulsado por el equipo de coordinación del proyecto MedECC, con la voluntad de evaluar las consecuencias del calentamiento global y otros factores de cambio antrópico –por ejemplo, cambio de usos del suelo y la sobre explotación de recursos– sobre los servicios ecosistémicos en el Mediterráneo. De esta manera se busca complementar los recientes informes del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), sobre las particularidades geográficas mediterráneas con realidades climáticas comunes.

Un mar pequeño

“El Mediterráneo es un mar pequeño y relativamente cerrado, que se calienta de media un 20% más rápidamente que la temperatura media anual global y con particularidades que no son asimilables a las tendencias del resto de Europa, ni de África”, explica Alejandra Morán-Ordóñez. Esta realidad geográfica condiciona el incremento de los riesgos de incendio vinculados al clima de esta zona.

El aumento de sequías en la cuenca Mediterránea tiene muchas posibilidades de transformar los bosques: “podemos llegar al momento en que el bosque absorba una buena proporción del agua disponible, que fluya menos a los ríos y, por tanto, que la disponibilidad sea menor para el consumo humano y para mantener los caudales ecológicos sostenibles de los ríos”, apunta Morán-Ordóñez. En la línea de ayudar a identificar escenarios posibles, el trabajo publicado en Global Change Biology hace una aproximación cuantitativa relacionada con los servicios ecosistémicos. “Resumimos la evidencia científica sobre cómo afectará el cambio climático a la provisión de madera, a la fijación de carbono, la producción de setas, etc., intentando poner cifras, con una clara voluntad de “huir del catastrofismo”, explica Aitor Ameztegui. Y añade que su intención es “sintetizar la evidencia científica sobre los impactos del cambio climático sobre los bosques mediterráneos, para aportar información que ayude a limitar los efectos del calentamiento en el Mediterráneo”.

La tarea de los investigadores ha supuesto revisar los 78 trabajos publicados hasta el día de hoy sobre esta cuestión, evaluando las predicciones actuales y futuras (gracias a la elaboración de modelos predictivos) de los bosques respecto a su capacidad de adaptación y mitigación del cambio climático. Dada la dificultad de cuantificar muchos impactos con medidas comunes, Morán-Ordóñez y Ameztegui  han impulsado una revisión sistemática, en la que se compara el valor de la predicción de futuro con la cifra actual de provisión de cada servicio, a fin de aportar un sentido de conjunto.

La pregunta que el artículo busca contestar es si los trabajos que evalúan la provisión de servicios a futuro detectan la diferencia de comportamiento posible por encima y por debajo de los 2 grados de temperatura. Y qué situación se esboza si no somos capaces de mantenernos por debajo de este límite.

Referencia:

El estudio ‘Ecosystem Services provision by Mediterranean forests will be compromised above 2ºC warming’, por Alejandra Morán-Ordóñez, Aitor Ameztegui, Lluís Brotons et al. se publica el 7 de julio de 2021 en Global Change Biology.

CREAF

20
Jun
2021

 

16 junio 2021 20:56 CEST

Las zonas áridas ocupan un tercio de la superficie terrestre y la desertización crece al 1 % anualmente. Este aumento pone en peligro el modo de vida de los quinientos millones de personas que viven a las puertas del desierto. Se trata de un problema serio. Pero también de un problema que sabemos cómo resolver.

La Convención para Combatir la Desertización de las Naciones Unidas propone el lema “Restaurar la tierra y recuperarnos” para celebrar el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía de este año. Afortunadamente, también hay buenas noticias:

1. La desertización se puede frenar

La desertización no es el resultado directo del cambio climático, sino de su interacción con actividades agrícolas que redundan en la degradación forestal.

La actividad humana está casi siempre detrás de la desertización a día de hoy y, por tanto, frenarla está en nuestra mano.

2. La sequía no ha aumentado globalmente

El cambio climático no altera la cantidad de lluvia que cae en el planeta. Solo la redistribuye. Esto es, en algunas zonas llueve más y en otras menos como consecuencia de este fenómeno. Pero a nivel global, la sequía no ha aumentado.

Además, algunos de los cambios en las variables climáticas acontecidos durante las últimas décadas han permitido aumentar la disponibilidad hídrica. Un ejemplo es la velocidad del viento, que ha disminuido un 20 % en los últimos 50 años. Eso disminuye la evaporación y, por ende, aumenta el agua dulce disponible.

3. El cambio climático no es más severo en las zonas más pobres

Existe la creencia de que el cambio climático aumentará las desigualdades socioeconómicas entre países: que acentuará la sequía en las zonas desiertas y áridas y que aumentará la lluvia en las zonas húmedas.

Esta creencia es falsa: la redistribución hídrica derivada del cambio climático no se rige por criterios geopolíticos. Los efectos del cambio climático no son una simple intensificación de los patrones de lluvia actuales. En algunas zonas áridas llueve más y en otras menos, y lo mismo ocurre en las zonas húmedas.

4. El Sahel está reverdeciendo

El Sahel es un ejemplo que nos muestra como la aridez no aumenta en mayor medida en las zonas áridas y pobres. De hecho, la precipitación se ha incrementado durante los últimos 30 años y también lo ha hecho la cobertura vegetal.

5. Combatir la desertificación genera trabajo y riqueza

El 6 % de la población mundial vive en desiertos y entre esas comunidades se encuentran algunas de las más pobres y marginales del mundo. El reverdecimiento que está ocurriendo en el Sahel, y en otras partes del mundo, es el fruto de la interacción entre procesos naturales y obras de ingeniería forestal como los programas de restauración. Estos programas permiten el uso sostenible de los recursos y el aumento de los ingresos.

Un ejemplo es el programa de Regeneración natural gestionado por granjeros (FNMR, por sus siglas en inglés), que se inició hace 20 años en Nigeria. Dicho programa ha logrado regenerar y gestionar 200 millones de árboles. Como resultado, los ingresos en las 900 000 granjas involucradas se han doblado y cada familia ingresa unos mil euros más al año.

El programa de Regeneración natural gestionado por granjeros ha logrado regenerar y gestionar 200 millones de árboles en Nigeria. Xuechan Ma / Naciones Unidas

6. Las nuevas técnicas de cultivo duplican la producción agraria y crean energía

Uno de los principales motores de la desertificación es la necesidad de tierras para la producción de alimentos. Este problema podría aumentar ya que la población humana sigue en aumento y está lejos de estabilizarse. Sin embargo, las técnicas de ingeniería agraria han estado en continua evolución desde la revolución verde.

Un ejemplo son los cultivos agrivoltaicos, donde los cultivos crecen a la sombra de paneles solares. Esta técnica, apta para desiertos cálidos, aumenta la producción agraria ya que los paneles solares protegen a los cultivos del exceso de radiación, permiten el ahorro de agua y, además, generan energía eléctrica. Con este proyecto, por ejemplo, se ha duplicado la producción de varios cultivos en el desierto de Sonora.

7. La ciencia ha progresado notablemente

El corpus de textos científicos sobre desertificación asciende a casi ocho mil artículos científicos. Es un proceso, por tanto, que entendemos relativamente bien y que ha permitido adaptar las técnicas de gestión ancestrales a la realidad actual.

La información de los satélites, junto con los modelos meteorológicos, nos permiten desarrollar sistemas de detección temprana de la sequía. Con ello se puede evaluar el riesgo para las cosechas y para la vegetación y tomar las medidas de mitigación más adecuadas de forma anticipada.

También contamos con avances en el área de la biotecnología, que desarrolla árboles mejor adaptados a las condiciones extremas del desierto y que aporta leñas a la población local. O con avances en el campo de la gestión agroforestal, que permiten aumentar la fertilidad del suelo y la producción, en comparación con las técnicas tradicionales de roza y quema.

8. Cada vez hay más bosque

La superficie forestal ha aumentado en 224 millones de hectáreas en los últimos 35 años. Esa superficie equivale al tamaño a Argelia y es ligeramente inferior a la de Argentina. La deforestación, la degradación forestal y la desertización constituyen un problema importante. Pero un problema que está localizado en algunas zonas de bosques tropicales o en el borde de los desiertos. El avance de la superficie forestal es mayor que el de la desertificación.

9. Tenemos experiencia en proyectos que revierten la desertificación

Los programas para frenar la deforestación no son algo nuevo. Tanto en Europa como en América, tenemos más de un siglo de experiencia en proyectos de restauración. En 1889, por ejemplo, el ingeniero Ricardo Codorniu dirigió la emblemática restauración de Sierra Espuña, en Murcia. Con esta operación logró revertir la desertificación que amenazaba la zona.

Otro ejemplo es la restauración en La Pampa del Tamarugal, en Tarapacá (Chile). Allí se ejecutaron obras de restauración con tamarugo (Prosopis tamarugo), un endemismo chileno, en la década de los sesenta. Estas obras de restauración son consideradas como ejemplares por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

10. Los desiertos son ecosistemas singulares con gran biodiversidad

Por último, no podemos, ni queremos, olvidar que los desiertos son ecosistemas singulares que albergan una gran biodiversidad. Los camellos, las serpientes de cascabel, los cactus gigantes… Hay un sinfín de especies que habitan los desiertos y que muestran adaptaciones excepcionales para poder vivir en estos ambientes extremos. Muchas de ellas están en peligro de extinción.

Que aumente la desertización es un problema, y grave. Que haya desiertos, sin embargo, es natural y vigilar por su estado de conservación es también una acción sensata.

Autor

Víctor Resco de Dios

Profesor de Incendios y Cambio Global en PVCF-Agrotecnio, Universitat de Lleida

Fuente The Conversation

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