Ciencia y Técnica

15
Jun
2022

 

Autoría

Colline Brassard. Docteur vétérinaire, Docteur en anatomie fonctionnelle et en archéozoologie, Muséum national d’histoire naturelle (MNHN)

Anthony Herrel, Muséum national d’histoire naturelle (MNHN)

Stéphanie Bréhard, Archéozoologue, maîtresse de conférences, Muséum national d’histoire naturelle (MNHN)

Desde el chihuahua hasta el san bernardo, pasando por el galgo ruso o borzoi con su cráneo increíblemente alargado, los perros de hoy en día muestran una excepcional variedad de formas, aunque todos desciendan del mismo ancestro: el lobo gris. Esta gran variabilidad es muy reciente, ya que está vinculada a las selecciones intensivas realizadas en los últimos 200 años para crear las 355 razas reconocidas actualmente por la Federación Cinológica Internacional. Pero ¿qué sabemos de la aparición de los primeros perros en la prehistoria? Esta es la cuestión que abordamos en nuestro artículo publicado recientemente en la revista científica Proceedings of the Royal Society B.

Nuestra investigación ha demostrado por primera vez que en esta época tan temprana los perros ya tenían una gran variedad de tamaños y formas de cabeza.

Un mismo ancestro

Todos los perros proceden del mismo ancestro: el lobo gris. Hace al menos 15 000 años, lobos poco temerosos y agresivos de un linaje ya extinto se habrían sentido atraídos por los asentamientos humanos, probablemente para aprovechar los restos de comida. Los humanos prehistóricos se habrían acercado entonces a estos lobos, que les habrían ayudado a cazar o a proteger sus campamentos contra los ataques de otros depredadores. Habríamos domesticado a los menos salvajes, facilitando que se reprodujesen.

Esta domesticación fue acompañada de numerosos cambios genéticos, fisiológicos, de comportamiento e incluso físicos, la mayoría de ellos involuntarios. Entre los cambios morfológicos, los arqueozoólogos (expertos en las relaciones entre humanos y animales en el pasado) y los paleogenetistas han observado variaciones en el color del pelaje, una disminución del tamaño, diferencias menos marcadas entre machos y hembras y la conservación de rasgos más bien juveniles, lo que se traduce en cambios en las dimensiones del cráneo, con un hocico fuertemente marcado y acortado, y anomalías dentales más frecuentes (ausencia o rotación de ciertos dientes) por falta de espacio.

Además, un estudio realizado desde los años 60 en Siberia ha demostrado que, al seleccionar a los zorros más curiosos y menos agresivos a lo largo de las generaciones (recreando así las condiciones hipotéticas de los primeros encuentros entre humanos y lobos), los animales se volvían cada vez más dóciles, su nivel de estrés (evaluado por la secreción de cortisol) disminuía, y presentaban las mismas diferencias morfológicas que las observadas por los arqueozoólogos durante la transición del lobo al perro.

La domesticación también habría alterado la anatomía de los músculos faciales para permitir la elevación de las cejas.

¿Diversificación de los perros ya en el Neolítico?

Más adelante, en el Neolítico, en el oeste de Eurasia, los humanos optaron gradualmente por un estilo de vida sedentario y agrícola. Estos cambios en nuestro modo de vida probablemente afectaron a nuestros compañeros caninos, haciéndolos aún más diferentes de su ancestro salvaje. En particular, el hombre prehistórico pudo seleccionar morfologías adaptadas al desempeño de determinadas tareas, como la caza mayor o la defensa de campamentos y aldeas.

Sin embargo, solo unos pocos estudios han intentado describir la morfología de los perros a partir de restos óseos. Por ejemplo, un estudio escocés intentó una reconstrucción facial a partir del cráneo de un perro fechado hace unos 4 500 años y encontrado en una necrópolis de la zona de Cuween Hill, en las islas Orcadas escocesas. En los huesos reconstruidos, cuyo tamaño es similar al del border collie moderno, se utilizó silicona y arcilla para reconstruir el volumen de los músculos. A continuación se añadió una piel, cuyo pelaje se eligió para que se pareciera al del lobo gris europeo. Recientemente se ha realizado una reconstrucción similar para un perro aún más antiguo, fechado hace unos 7 600 años.

Otros estudios, desgraciadamente dispersos, se han basado en mediciones realizadas en los huesos para describir la forma de estos perros prehistóricos. Estas investigaciones se ven obstaculizadas por el problema de la conservación de los restos óseos (los restos craneales son escasos y a menudo muy fragmentados), emplean muestras pequeñas y se limitan al estudio de determinadas regiones o períodos, sin buscar un enfoque más global de la variabilidad de los perros en Europa a escala prehistórica.

Además, el método utilizado es en general muy rudimentario y no permite describir con precisión la forma de los huesos. En el mejor de los casos, disponemos de estimaciones de robustez o de altura a partir de mediciones realizadas en los huesos largos, y de indicaciones de tamaño a partir de mediciones realizadas en los elementos del cráneo. Así, hasta ahora ningún estudio ha documentado de forma precisa y fiable la variabilidad morfológica de los perros a lo largo de la prehistoria y de Europa.

En nuestro estudio, analizamos una muestra de más de 500 maxilares inferiores (mandíbulas) de perros europeos de hace 11 100 a 5 000 años, es decir, desde el Mesolítico hasta la primera Edad del Bronce, cuando los perros ya estaban bien diferenciados de los lobos. Nos hemos basado en la mandíbula porque es el hueso más frecuente y mejor conservado en el contexto arqueológico.

Además, la mandíbula sigue siendo un buen indicador de la forma general de la cabeza y puede utilizarse para dar un significado funcional a las variaciones de forma observadas. Por lo tanto, se puede estimar si los músculos masticatorios estaban más o menos desarrollados y cuáles actuaban más durante la mordida.

Utilizamos métodos 3D para describir con precisión la forma de estas mandíbulas, es decir, el tamaño y las proporciones dentro del hueso. Para cuantificar esta variabilidad y compararla con la de nuestros perros actuales, utilizamos un marco de referencia formado por un centenar de perros modernos de diversas razas o devueltos a la naturaleza (dingos australianos), así como algunos lobos (modernos y antiguos).

Los resultados de nuestro estudio

Nuestro estudio ha demostrado, por primera vez, que en esta época tan temprana los perros ya mostraban una gran variedad de tamaños y formas de cabeza. Los perros europeos prehistóricos tenían mandíbulas de un tamaño equivalente a las de algunos perros medianos actuales, como el husky o el golden retriever, o de un tamaño equivalente a las de nuestros actuales beagles, o incluso de perros pequeños, como el pomerania (también conocido como spitz enano) o el perro salchicha.

En cualquier caso, todos ellos tenían mandíbulas significativamente más pequeñas que el lobo moderno o arqueológico más pequeño de nuestra muestra. No encontramos ninguno extremadamente grande (como los rottweilers modernos y los galgos barzoi, por ejemplo) ni extremadamente pequeño (como el yorkie y el chihuahua).

En cuanto a la forma, tampoco identificamos ninguna forma muy extrema. No había ningún equivalente a razas muy modificadas como el rottweiler, el galgo borzoi, el bulldog francés, el perro salchicha o el chihuahua. La mayoría de los perros tenían una conformación media, similar a la de los beagles actuales u otras razas como el husky, pero había cierta variabilidad con cabezas más alargadas (mandíbulas parecidas a las de los lebreles bereber o los whippet, o a las de los pomerania).

Aunque esperábamos este resultado y la menor variabilidad de los perros prehistóricos en comparación con los modernos, no esperábamos lo que demostramos a continuación. Observamos que parte de la variabilidad de los perros prehistóricos no parecía corresponderse con nuestros perros o lobos actuales. Esto es sorprendente, dado que nos aseguramos de incluir todos los tipos posibles de morfología integrando los extremos (perros pequeños o grandes con hocicos cortos o largos, perros con una morfología craneal poco modificada como los beagles o los dingos). Por lo tanto, cabía esperar que los perros prehistóricos estuvieran dentro de esta variabilidad.

Es cierto que nuestra muestra moderna no era completa en el momento del estudio, pero desde entonces hemos llevado a cabo un análisis adicional añadiendo perros callejeros (sin una morfología especialmente seleccionada), y resulta que no son suficientes para explicar estas formas únicas observadas en los perros prehistóricos europeos. Es más que probable que si se añaden más perros al corpus moderno se siga encontrando este hallazgo. Esto plantea la cuestión de si algunas formas pueden haber desaparecido.

Además, hemos identificado rasgos anatómicos en los perros prehistóricos en comparación con los modernos, lo que sin duda permite reconocerlos. Estos rasgos discriminatorios pueden, entre otras cosas, ilustrar la adaptación de los perros a las presiones de selección relacionadas con su entorno y su estilo de vida. De hecho, los perros prehistóricos europeos tienen mandíbulas fuertes y arqueadas, lo que sugiere que hacían un mayor uso de su músculo temporal. Una posible explicación es que comían alimentos más duros y difíciles de masticar que nuestros perros alimentados con croquetas. Otra hipótesis es que habría sido útil para defender los campamentos y las aldeas o para ayudar a capturar piezas de caza mayor cuando se cazaba.

Por último, hemos demostrado una mayor flexibilidad en la mandíbula de los perros arqueológicos: en los perros modernos, la forma de la parte delantera de la mandíbula está fuertemente relacionada con la de la parte trasera, debido a limitaciones de desarrollo, mientras que esto es menos frecuente en los perros prehistóricos. Esta mayor flexibilidad podría haber permitido a los perros adaptarse más fácilmente a los cambios bruscos de dieta, por ejemplo.

Nuestro objetivo era describir la variabilidad morfológica de los perros europeos en la prehistoria de forma muy general, comparándolos con los perros actuales, sin intentar explicar esta variabilidad ni seguir la evolución morfológica de los perros durante la prehistoria. Serán necesarios futuros trabajos para descifrar, con rigor, cómo las diferencias geográficas y culturales (que afectan al lugar dado al perro en las sociedades o a su dieta) pueden haber influido en la morfología de nuestros aliados caninos en este periodo.

11
Jun
2022

 

Autoría

Miguel Clavero Pineda, Científico titular CSIC, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

El relato, que casi todo el mundo conoce, cuenta que en España había una vez ríos poblados de sabrosos cangrejos, que se atrapaban por docenas y se degustaban en casa o en comidas camperas de recuerdo imborrable. Pero todo acabó con la llegada de los cangrejos americanos, acompañados por una enfermedad que fulminó a nuestros cangrejos, a los de toda la vida. Ahora los americanos son los únicos que encontramos, y están por todas partes.

Es una historia cierta y triste. Pero hay un detalle en ella que no es exacto, ni muy conocido. Ese cangrejo que consideramos “el nuestro” no ha estado aquí “de toda la vida”. A pesar de que lo llamamos “cangrejo autóctono”, deberíamos llamarlo más bien cangrejo italiano. Se haría así honor a su nombre científico, Austropotamobius italicus, y reflejaría que Italia es la tierra desde la que a finales del siglo XVI se trajo a España.

La abundante documentación generada por la corte española (¡ay!, la burocracia patria), conservada en archivos españoles y extranjeros, nos ha permitido rastrear las numerosas gestiones realizadas a lo largo de al menos 25 años para la importación de cangrejos de río.

La especie que llegó a España

En Europa encontramos tres géneros nativos de cangrejos de río, Astacus, Pontastacus y Austropotamobius. Este último es el único presente actualmente en España. De este género hay dos especies en el oeste del continente, Austropotamobius pallipes y Austropotamobius italicus, y dentro de esta última se han descrito varias subespecies. Una de ellas, conocida con el muy italiano nombre de Austropotamobius italicus italicus tiene una extraña distribución, al aparecer en el noroeste de Italia (Toscana y regiones vecinas) y en España. Y en esta rareza biogeográfica podemos aparcar el latín.

El rey que se enamoró de los jardines europeos

En la década de los años 1550 un Carlos V ya enfermo dividió el imperio europeo que regía entre su hermano Fernando y su hijo Felipe, dejando a éste al mando de los territorios ibéricos, italianos y de los Países Bajos. Como parte de la formación de Felipe, Carlos organizó una gira por las tierras europeas que quedarían bajo su mando, conocida como el felicísimo viaje (1548-1551). Durante este largo viaje, el heredero quedó prendado por la jardinería europea, incluyendo el uso de estanques para alojar peces, aves y otros animales.

Tras su experiencia europea, Felipe II emprendió una transformación radical de los exteriores de los Sitios Reales (la Casa de Campo, Aranjuez y más tarde El Escorial), introduciendo la construcción de estanques “a la manera de Flandes”, liderada por maestros neerlandeses “de hacer estaques y criar pescados”. A ello se dedicaba Petre Jansen (apodado el Holandés) desde principios de los 1560s.

Los caprichos de Felipe II: pescados y cangrejos

A principios de los años 1560 se envió por orden del rey una larga memoria a Antonio Perrenot de Granvela, cardenal y hombre fuerte de la corte en los Países Bajos, con muchas y diversas peticiones, incluyendo caballos, cuchillos, telas, botas, patines “para yr sobre los yelos” y “una dozena de cisnes mansos”.

La carta también pedía al cardenal Granvela un maestro de hacer estanques para “carpas, bruxetes y alcrevizes”. Al tratarse de especies que no estaban es España, se nombran con españolizaciones de sus nombres franceses. Así, bruxetes se refiere al lucio (brochet) y alcrevizes a los cangrejos de río (écrevisse). En su camino hacia la corte el nuevo maestro debía informarse de en qué lugares de los territorios fronterizos de Francia habrá “buen recaudo de carpas y bruxetes y alcrevizes de la buena casta”.

La llegada a España del maestro de los estanques

Adrian van der Müller (apodado el Flamenco) llegó a los Sitios Reales en noviembre de 1563 acompañado por un ayudante y diez cisnes. Tras una primera inspección aseguró que Aranjuez albergaría sin problemas carpas, lucios y cangrejos de río, y que él podría traerlos.

En el verano de 1564 se prepararon los salvoconductos de dos expediciones independientes, lideradas respectivamente por el Holandés y el Flamenco, que habrían de traer las novedades en fauna acuática hasta los estanques reales. El Holandés acabó preso, acusado de espionaje y condenado a muerte en Bayona. Su liberación requirió gestiones diplomáticas implicando directamente a la corte.

El Flamenco sí consiguió los peces, pero encontró en su viaje a Madrid fuertes tormentas de nieve que le hicieron descargar carpas y lucios en el monasterio de San Juan de Burgos a finales de diciembre de 1564 (la primera introducción de ambas especies en España). En febrero de 1565 el Flamenco llegó a la Casa de Campo con 39 lucios pequeños y una carpa, aunque muerta. Fue enviado inmediatamente a la frontera francesa a por otra carga de pescados, y en abril regresó con seis carpas vivas, liberadas en la Casa de Campo “después de averles dado la bendición acostumbrada”.

Así, en 1565 Felipe II había conseguido los peces que quería para sus estanques, pero no los cangrejos

De alcrevizes a gámbaros

El interés de Felipe II por los cangrejos de río resurgió casi 20 años después, pero esta vez focalizado en la corte toscana de los Médici. Los documentos de ese periodo llaman a los cangrejos de río gámbaros, otra españolización del nombre de un animal ausente en España (de gambero, en italiano). En las relaciones hispano-toscanas de la época tuvo un papel notable Gonzalo de Liaño, apodado Gonzalillo por su pequeño tamaño, probablemente relacionado con la acondroplasia, un personaje digno de un guión cinematográfico.

Diferentes documentos históricos muestran las gestiones promovidas por la corte española a través de Gonzalillo para obtener cangrejos de río. Liaño escribe a Francisco I de Médici en 1583 que había estado hablando con el rey español “sobre el traer de los gambaros a esta corte” y, tres años después, que Felipe II “recevira gran contento de que bengan” los dichos gámbaros.

El envío se produce finalmente en febrero de 1588, cuando un barco parte de Livorno hacia Alicante con “algunos vasos (toneles) de ganbaros vivos”, a cargo de un criado toscano que “a echo espirienzia de tenerlos tres meses vivos”, por lo que “le basta el animo de que llegaran vivos a Madrid o Aranjuez”.

Y así fue como se conformó esa extraña distribución de Austropotamobius italicus italicus, en Toscana y España.

Franco eligió los mismos peces

Sabemos que a principios del siglo XIX el cangrejo de río estaba presente en el centro-norte del país y que durante ese siglo empezó su expansión hacia el sur y el este, mediante múltiples introducciones. La dictadura de Franco promocionó enormemente la pesca del cangrejo, realizando numerosas introducciones y convirtiéndolo en una de las prioridades del Servicio Nacional de Pesca Fluvial y Caza junto con la trucha, la carpa, el black-bass y el lucio. Que tres de estas especies estrella coincidan con las preferencias de Felipe II 400 años antes da que pensar sobre la estabilidad de nuestros gustos.

La burbuja de precios y la llegada del invasor americano

Desde los años 1950 el interés por el cangrejo de río se desbocó en España, llevando a numerosas poblaciones a la sobreexplotación y a un incremento exponencial de su precio. Compensando por el efecto de la inflación, a principios de la década de 1970 el kilo de cangrejo de río llegó a precios que en 2021 equivaldrían a 225 euros en el campo y a más de 335 euros en los bares.

En ese momento, y ante los notables declives de “nuestro” cangrejo, empezó a plantearse la importación de especies americanas. Entre 1973 y 1974 se introdujeron los cangrejos rojo y señal, provocando el conocido, rápido y drástico derrumbe de las poblaciones de cangrejo italiano.

Curiosamente, el promotor de la introducción del cangrejo rojo en España fue Andrés Salvador de Habsburgo-Lorena, un aristócrata emparentado con todas las casas reales implicadas en la importación del cangrejo italiano en el siglo XVI. Al final, casi todo lo que tiene que ver con los cangrejos de río en España tiene su origen en caprichos de sangre azul.

25
May
2022

Science Daily thumb

Fecha: 18 de mayo de 2022

Fuente: Universidad de Oxford

Resumen:

Los árboles tropicales en las selvas tropicales de Australia han estado muriendo al doble de la tasa anterior desde la década de 1980, aparentemente debido a los impactos climáticos, según los hallazgos de un estudio internacional a largo plazo. Esta investigación ha encontrado que las tasas de mortalidad de los árboles tropicales se han duplicado en los últimos 35 años, a medida que el calentamiento global aumenta el poder de secado de la atmósfera.

   

HISTORIA COMPLETA

Los árboles tropicales en las selvas tropicales de Australia han estado muriendo al doble de la tasa anterior desde la década de 1980, aparentemente debido a los impactos climáticos, según los hallazgos de un estudio internacional a largo plazo publicado en Nature today. Esta investigación ha encontrado que las tasas de mortalidad de los árboles tropicales se han duplicado en los últimos 35 años, a medida que el calentamiento global aumenta el poder de secado de la atmósfera.

El deterioro de estos bosques reduce la biomasa y el almacenamiento de carbono, lo que hace que sea cada vez más difícil mantener las temperaturas máximas globales muy por debajo del objetivo de 2 ° C, como lo exige el Acuerdo de París. El estudio de hoy, dirigido por investigadores del Centro de Investigación Ambiental Smithsonian y la Universidad de Oxford, y el Instituto Nacional de Investigación para el Desarrollo Sostenible (IRD) de Francia, ha utilizado registros de datos excepcionalmente largos de todas las selvas tropicales de Australia.

Encuentra que las tasas promedio de mortalidad de árboles en estos bosques se han duplicado en las últimas cuatro décadas. Los investigadores encontraron que los árboles viven alrededor de la mitad de tiempo, lo cual es un patrón consistente en todas las especies y sitios de toda la región. Y los impactos se pueden ver desde la década de 1980, según el equipo.

El Dr. David Bauman, ecólogo de bosques tropicales en Smithsonian, Oxford e IRD, y autor principal del estudio, sostiene: "Fue un shock detectar un aumento tan marcado en la mortalidad de los árboles, y mucho menos una tendencia consistente en la diversidad de especies y sitios que estudiamos. Una duplicación sostenida del riesgo de mortalidad implicaría que el carbono almacenado en los árboles regresa dos veces más rápido a la atmósfera".

El Dr. Sean McMahon, científico investigador principal del Smithsonian y autor principal del estudio, señala: "Se necesitan muchas décadas de datos para detectar cambios a largo plazo en organismos de larga vida, y la señal de un cambio puede verse abrumada por el ruido de muchos procesos".

Los doctores Bauman y McMahon enfatizan: "Un resultado notable de este estudio es que, no solo detectamos un aumento en la mortalidad, sino que este aumento parece haber comenzado en la década de 1980, lo que indica que los sistemas naturales de la Tierra pueden haber estado respondiendo al cambio climático durante décadas".

El profesor de Oxford Yadvinder Malhi, coautor del estudio, señala: "En los últimos años, los efectos del cambio climático en los corales de la Gran Barrera de Coral se han vuelto bien conocidos.

"Nuestro trabajo muestra que si miras hacia la costa desde el arrecife, las famosas selvas tropicales de Australia también están cambiando rápidamente. Además, el probable factor impulsor que identificamos, el creciente poder de secado de la atmósfera causado por el calentamiento global, sugiere que aumentos similares en las tasas de mortalidad de los árboles pueden estar ocurriendo en los bosques tropicales del mundo. Si ese es el caso, los bosques tropicales pronto pueden convertirse en fuentes de carbono, y el desafío de limitar el calentamiento global muy por debajo de 2 ° C se vuelve más urgente y más difícil".

Susan Laurance, profesora de Ecología Tropical en la Universidad James Cook, agrega: "Los conjuntos de datos a largo plazo como este son muy raros y muy importantes para estudiar los cambios forestales en respuesta al cambio climático. Esto se debe a que los árboles de la selva tropical pueden tener vidas tan largas y también a que la muerte de los árboles no siempre es inmediata".

Estudios recientes en la Amazonía también han sugerido que las tasas de mortalidad de los árboles tropicales están aumentando, debilitando así el sumidero de carbono. Pero la razón no está clara.

Las selvas tropicales intactas son grandes reservas de carbono y hasta ahora han sido "sumideros de carbono", actuando como frenos moderados a la tasa de cambio climático al absorber alrededor del 12% de las emisiones de dióxido de carbono causadas por el hombre.

Al examinar los rangos climáticos de las especies de árboles que muestran las tasas de mortalidad más altas, el equipo sugiere que el principal impulsor del clima es el creciente poder de secado de la atmósfera. A medida que la atmósfera se calienta, extrae más humedad de las plantas, lo que resulta en un mayor estrés hídrico en los árboles y, en última instancia, un mayor riesgo de muerte.

Cuando los investigadores analizaron los números, mostraron además que la pérdida de biomasa por este aumento de la mortalidad en las últimas décadas no ha sido compensada por las ganancias de biomasa del crecimiento de los árboles y el reclutamiento de nuevos árboles. Esto implica que el aumento de la mortalidad se ha traducido en una disminución neta del potencial de estos bosques para compensar las emisiones de carbono.

El equipo de investigación incluyó colegas de la Universidad de Oxford, la Universidad James Cook (Australia) y otras instituciones (Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Perú).

Fuente de la historia:

Materiales proporcionados por la Universidad de Oxford. Nota: El contenido se puede editar por estilo y longitud.

Referencia de la revista:

Bauman, D., Fortunel, C., Delhaye, G. et al. La mortalidad de los árboles tropicales ha aumentado con el aumento del estrés hídrico atmosférico. Naturaleza, 2022 DOI: 10.1038/s41586-022-04737-7

Cite esta página:

Universidad de Oxford. "Los árboles de la selva tropical pueden haber estado muriendo más rápido desde la década de 1980 debido al cambio climático". ScienceDaily. ScienceDaily, 18 de mayo de 2022. <www.sciencedaily.com/releases/2022/05/220518113837.htm>.

02
Jun
2022

FORESTA 82

Editorial

               El chopo y la gestión de la cuenca hidrográfica del Duero

04          Apuntes

Lagarto ocelado (Timon lepidus) [pág. 4]

Tileda de Belvalle y Muela de la Campana (“Las Juntas”) [pág. 6]

La captación de datos masiva en monte mediante drones, una herramienta para la gestión forestal del siglo XXI [pág. 9]

El fuego prescrito [pág. 12]

Montes de Málaga: el cambio diversifica y aumenta funciones [pág. 16]

20          Entrevista

               Entrevista a Antonio López Lillo, ingeniero de montes y presidente de honor de EUROPARC-España

26

Opinión de actualidad.  Chopos en el territorio de la Confederación Hidrográfica del Duero

Choperas en el dominio público hidráulico: consideraciones socio-ambientales [pág. 26]

El aprovechamiento del chopo y su papel en la sociedad y economía rural [pág. 30]

Sobre las pretensiones de la Confederación Hidrográfica del Duero en la redacción del nuevo Plan Hidrológico y las afecciones a los titulares de derechos en las fincas de ribera, analizado desde

la perspectiva jurídica [pág. 32]

Las choperas y la Confederación Hidrográfica del Duero [pág. 34]

Comisión Nacional del Chopo [pág. 37]

¿Chopos sí, chopos no? Esa no es la cuestión [pág. 38]

42          Colaboraciones técnicas

              

La introducción y expansión del eucalipto en la península ibérica [pág. 42]

Zoonosis, garrapatas y cambio climático. Un problema sanitario creciente para los senderistas [pág. 50]

56          Reportaje fotográfico

               Mochuelos

64          Rincones naturales

               Jardín botánico El Castillejo

68          Literatura y medio natural

               Vladimir Arseniev. El asombro ante la naturaleza salvaje

72          Pinceladas de vida

               Guillermo y Ricardo Gruber. Recrear la naturaleza para fascinar

77          Noticias forestales y del Colegio

Los títulos de Grado pueden acceder al Grupo A1 de la Administración Pública [pág. 77]

Nuevas caras en la Junta rectora del Colegio [pág. 78]

http://www.forestales.net/Canales/Ficha.aspx?IdMenu=23626137-0408-49e5-a7f9-8fd16cfd91d5&Cod=cfc8f799-a516-4027-9606-8049966b5f1c&Idioma=es-ES

21
May
2022

 

Todo tiene un valor económico. Los recursos que nos proporciona el entorno natural, como el agua, la comida, el calor del sol... son mucho más valiosos de lo que nos podemos imaginar

Por EFE

14/04/2022 - 05:00

Se ha calculado que los servicios gratuitos que nos da la naturaleza tienen un valor de 125 trillones, con T, de dólares anuales, que es más que todo el producto interior bruto (PIB) de la economía a nivel global, y la mitad de ese producto depende del mundo natural. Así lo explica el biólogo y ecologista Enric Sala, quien publica en castellano "La Naturaleza de la Naturaleza. Por qué la necesitamos" (Editorial Ariel), un libro que ya salió en inglés en agosto de 2020 y que pretende explicar a los ciudadanos, a los políticos y a los empresarios por qué la naturaleza es fundamental para la continuidad de la vida en la tierra. "Estamos llegando a un punto que la naturaleza no podrá darnos más, donde no podrá mantener a 10.000 millones de personas" La naturaleza somos todos, es la capa viva que envuelve al planeta, desde organismos vivos a tres kilómetros de profundidad en la roca hasta los que viven en las nubes más altas y, en medio, la parte donde se concentra la mayor parte de vida es en el mar y en la superficie terrestre, explica el creador del proyecto "Pristine Seas" y el primer español seleccionado en 2011 para el exclusivo club de 15 exploradores residentes de National Geographic.

 Sala asegura que escribió el libro porque estaba "frustrado" de ver cómo el público, los políticos y los empresarios ignoraban completamente que sin naturaleza no habría humanidad, no habría sociedad humana, no habría mercados financieros. Todo el mundo se preocupa de la Bolsa y de la economía, pero muy poca gente se preocupa de la base ecológica que soporta esa economía, se lamenta. "Mi intención es educar a la gente interesada en los principios más básicos de la ecología -reflexiona-, para que entiendan que la naturaleza somos todos, somos parte de la naturaleza, no estamos afuera, pero que si no respetamos la naturaleza estamos echando piedras sobre nuestro propio tejado".

Sobre todo por la interdependencia entre bacterias, microbios o seres existentes en la naturaleza, afirma, y subraya que el ser humano "es muy arrogante" y debería "tener mucho más humildad", porque las personas son "un saco que transporta bacterias". "Vivimos en simbiosis con los microbios que viven en nuestro cuerpo y la mayor parte de genes humanos son microbianos", dice, y la pandemia ha demostrado la interdependencia entre todos, porque un virus que pasó de un animal a un humano -aún no se sabe cómo- paró a la sociedad humana durante más de dos años, y la causa a su juicio está en el comercio de la vida salvaje. En su opinión, la pandemia de coronavirus es la señal más clara que recibe la humanidad en el último siglo de mantener, de cuidar el resto de la naturaleza, porque ha venido de animales que los chinos comen o comercian con ellos. Pero también la humanidad se expone a nuevos virus por la deforestación, advierte, y aconseja mantener la naturaleza "en estado natural". "De lo contrario -recalca- nos exponemos a nuevas pandemias que podían incluso ser peores que esta".

El oxígeno que generan los bosques 'vale' dinero.

Las consecuencias de no hacerlo podrían afectar a toda la humanidad en todos los aspectos, porque la naturaleza proporciona todos sus beneficios gratis, como el oxígeno que ha sido creado por organismos vivientes, plantas o bacterias desde hace miles de millones de años. Hoy en día, bacterias y algas microscópicas en el mar producen más de la mitad del oxígeno que respiramos. Pero también la lluvia, que en muchos lugares está creada por el bosque, como en Sudamérica, donde el Amazonas, que al transpirar el vapor de agua a la atmósfera, crea las nubes que generan la lluvia que riega el bosque y a su vez con el calor tropical genera más lluvias. Son los ecosistemas del mar y los bosques los que han regulado el clima hasta ahora y han hecho que sea relativamente estable y apropiado para la sociedad humana.

También proporciona comida gracias a los polinizadores, como insectos, pájaros o mamíferos, señala el biólogo catalán, quien abandonó su puesto de profesor en la universidad para llevar a la práctica con Pristine Seas lo que enseñaba a sus alumnos.

Explica que se ha calculado que todos esos servicios gratuitos que nos da la naturaleza tienen un valor de 125 trillones de dólares, lo que representa más que todo el producto interior bruto de la economía a nivel global, y la mitad de ese producto depende del mundo natural. Pero el problema, explica, es que actualmente el 96 % de la biomasa -las toneladas de animales existentes en la tierra- de los mamíferos son los humanos y su ganado domesticado, mientras que solo el 4 % corresponde al resto de animales. "Estamos llegando a un punto que la naturaleza no podrá darnos más, donde no podrá mantener a 10.000 millones de personas, si continuamos en el ritmo actual, no podrá seguir absorbiendo nuestros impactos", concluye el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2006.

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