Ciencia y Técnica

10
Jun
2026

 

Autoría

Víctor Resco de Dios

Catedrático de Ingeniería Forestal y Cambio Global, Universitat de Lleida

Cuando hace un par de años me pidieron una charla sobre innovación forestal, con motivo del Día Forestal Mundial en Argentina, me encontré pidiendo ayuda a la Enciclopedia de Diderot (siglo XVIII). El tema que me habían propuesto era tan amplio que no sabía por dónde empezar. Desconcertado, me sumergí en la enciclopédica entrada sobre bosques, buscando inspiración sobre cómo enfocar y estructurar la charla. Las obras clásicas destacan precisamente por eso: siempre te echan un cable cuando las necesitas. Da igual cuánto haga desde que se escribieron, son obras perennes que incluso nos ayudan a resolver problemas contemporáneos.

Las lecturas de Charles Darwin no son una excepción. Por ejemplo, el padre de la biología evolutiva nos dejó muchas pistas sobre cómo adaptar los montes al cambio climático en su Origen de las Especies. La grandeza de la obra yace en cómo desarrolla una forma de pensar extraordinariamente útil para entender cómo funciona la naturaleza, y cómo responde a los cambios.

La supervivencia de los más adecuados

El tema central del Origen de las Especies es el desarrollo de la teoría de la evolución por selección natural, un proceso que se resume como la supervivencia de los más adecuados, es decir, los mejor adaptados a las condiciones del entorno. Estos organismos tendrán más posibilidades de reproducirse y, por tanto, de transferir sus características a las siguientes generaciones.

El cambio climático, junto con otras actividades humanas, están poniendo el turbo al proceso de la selección natural. Los aumentos en la duración de las sequías y en la frecuencia e intensidad de los incendios y de otras perturbaciones están aumentando la presión sobre la fauna y la flora.

Pero ¿estamos teniendo en cuenta la selección natural y su intensificación por el aumento del estrés ambiental en nuestra forma de pensar y diseñar la adaptación al cambio climático?

¿Toda acción humana sobre la naturaleza es negativa?

El pensamiento darwinista sobre cómo adaptarnos al cambio climático pasa por centrarse en la adecuación de las especies al porvenir. Sin embargo, tal y como describen los geógrafos Paul Robbins y Sarah Moore, existe una corriente científica, muy influyente en la actualidad, que está impregnada por un pensamiento contrario. Parte de la base epistemológica de que deberíamos lograr ecosistemas como los que se daban en un momento indeterminado del pasado, donde la huella humana apenas estaba presente, algo que describen como ciencia edénica.

Robbins y Moore señalan que una consecuencia del edenismo es la antropofobia: la creencia de que cualquier acción humana sobre la naturaleza será necesariamente negativa. Por ende, la recuperación de la naturaleza pasa por evitar la acción humana sobre el medio.

Cómo aplicar el darwinismo en conservación y restauración

Los postulados edenistas están guiando muchos de los supuestos esfuerzos de adaptación al cambio climático. Sin embargo, esta visión resulta contraproducente bajo un escenario de crecientes estreses y perturbaciones, ya que ignora el darwinismo. Estos son algunos de los postulados promovidos por la ciencia edénica que cabría revisar:

“Hay que utilizar siempre especies o variedades nativas en actuaciones de restauración”. ¿Qué sentido tiene favorecer poblaciones nativas en su supuesta ubicación de origen cuando sabemos que sucumbirán bajo el clima actual o futuro? Siguiendo la lógica darwiniana, el pasaporte de una especie no debería determinar qué especies se usarán en actuaciones de restauración: puede ser un criterio más a considerar, sin duda, pero siempre debería prevalecer el de su adecuación.

“Tenemos que evitar a toda costa la extinción de especies locales sin hibridaciones”. Convendría aceptar la extinción de endemismos muy locales cuando la variabilidad genética sea muy baja o el grado de endogamia muy elevado. Los recursos de los que disponemos para la conservación son limitados y la variabilidad genética es la materia prima de la adaptación a cualquier cambio: sin ella, poco podemos hacer.

En algunos casos, son los propios programas de conservación los que condenan a los localismos. Un ejemplo lo encontramos en el urogallo cantábrico, que muestra un grado de endogamia tan elevado que apenas puede reproducirse. Podríamos solucionar este problema hibridando la población cantábrica con otras, pero los programas de conservación actuales, de inversiones millonarias, priorizan preservar la “pureza de la sangre” de la población cantábrica.

“Toda acción humana sobre la naturaleza es negativa”. Muchos de los montes mejor conservados son culturales. Es decir, no salvajes, sino vástagos de la ciencia y técnica forestal. El geógrafo y biólogo Jared Diamond narra en su libro Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen cómo Europa y Japón llegaron a la Edad Contemporánea con una rampante degradación forestal. Algo que fuimos capaces de revertir, compatibilizando la conservación y aprovechamiento, a través del desarrollo de programas de gestión forestal con base científica, incluyendo la reforestación en algunos casos. Los bosques de Irati (en los Pirineos), Valsaín (Segovia), Poblet (Tarragona) y los Montes Universales (entre Teruel, Guadalajara y Cuenca) son apenas unos de los muchos ejemplos que encontramos en España.

La antropofobia en muchos programas de conservación edenistas olvida, o ignora deliberadamente, la influencia cultural de la mayoría de los bosques, y contribuyen a eliminar esa gestión. Pero así se perderán los atributos que supuestamente se quieren preservar. Sin esa gestión, por ejemplo, no se podría reducir la espesura de los montes para que los árboles dispongan de más agua bajo condiciones de sequía, ni gestionar el combustible para reducir el riesgo de incendios.

Precisamente ahora que estamos al albor de una de las mayores crisis ecológicas que haya vivido nunca la humanidad, necesitamos más que nunca recurrir a los clásicos como Darwin. Si partimos de una epistemología limitada, como el edenismo, los resultados pueden ser catastróficos.

10
Jun
2026

 

Los bosques africanos ya no ayudan a combatir el cambio climático; ahora lo empeoran al liberar más carbono del que absorben.

Fecha: 13 de abril de 2026

Fuente: Universidad de Leicester

Resumen:

Los bosques africanos han experimentado una reversión impactante, pasando de absorbentes de carbono a emisores de carbono tras 2010. Los investigadores descubrieron que la deforestación intensa en regiones tropicales ha provocado enormes pérdidas de biomasa, superando con creces cualquier beneficio derivado de la regeneración en otros lugares. Este cambio podría socavar seriamente los esfuerzos globales para frenar el cambio climático. Los científicos advierten que proteger los bosques es ahora más urgente que nunca.

HISTORIA COMPLETA

Nuevas investigaciones han lanzado una advertencia contundente sobre un cambio importante en los bosques de África. Antes una parte crucial de la lucha contra el cambio climático, estos bosques ahora liberan más carbono del que absorben.

Los hallazgos provienen de un estudio internacional publicado en Scientific Reports, dirigido por científicos del Centro Nacional de Observación de la Tierra de las universidades de Leicester, Sheffield y Edimburgo. La investigación muestra que los bosques de todo el continente, conocidos desde hace tiempo por extraer dióxido de carbono de la atmósfera, han invertido su rumbo y ahora contribuyen a las emisiones.

Este cambio comenzó después de 2010 y pone de manifiesto la creciente urgencia de esfuerzos globales más fuertes para proteger los bosques. También ocurre en un momento en que la conservación forestal fue un tema clave en la Cumbre Climática COP30 celebrada la semana pasada en Brasil.

Datos satelitales revelan una década de pérdida forestal

Para entender qué había cambiado, los investigadores utilizaron observaciones avanzadas por satélite y aprendizaje automático para analizar más de diez años de datos forestales. Se centraron en la biomasa forestal sobre el suelo, que refleja la cantidad de carbono almacenada en los árboles y otra vegetación.

Los resultados muestran un punto de inflexión claro. Entre 2007 y 2010, los bosques africanos estaban ganando carbono. Sin embargo, después de eso, la deforestación y degradación generalizadas en las selvas tropicales empujaron el sistema hacia el declive.

Entre 2010 y 2017, África perdió alrededor de 106.000 millones de kilogramos de biomasa forestal cada año. Eso equivale aproximadamente al peso de 106 millones de coches. Las mayores pérdidas se produjeron en bosques tropicales húmedos de hoja ancha, especialmente en la República Democrática del Congo, Madagascar y partes de África Occidental. Aunque algunas zonas de sabana experimentaron aumentos debido al crecimiento arbustivo, estos avances fueron demasiado pequeños para compensar las pérdidas.

Un llamado de atención para la política climática global

El profesor Heiko Balzter, autor principal y director del Instituto para el Futuro Ambiental de la Universidad de Leicester, subrayó las implicaciones globales. Dijo: "Esta es una llamada de atención fundamental para la política climática global. Si los bosques africanos ya no absorben carbono, significa que otras regiones y el mundo en su conjunto tendrán que reducir aún más las emisiones de gases de efecto invernadero para mantenerse dentro del objetivo de 2°C del Acuerdo de París y evitar un cambio climático catastrófico. La financiación climática para la Instalación Tropical Forests Forever debe ampliarse rápidamente para poner fin definitivamente a la deforestación global."

Mapeo avanzado de los cambios de carbono forestales

El estudio combina datos del instrumento láser GEDI de la NASA y los satélites radar ALOS de Japón con técnicas de aprendizaje automático y miles de mediciones forestales terrestres. Este enfoque permitió a los investigadores producir el mapa más detallado hasta la fecha de los cambios en la biomasa en África, capturando patrones de deforestación a nivel local durante una década completa.

Los hallazgos llegan junto con el lanzamiento de la Instalación Tropical Forests Forever por la Presidencia de la COP30. Esta iniciativa pretende recaudar miles de millones de libras para apoyar la financiación climática, ofreciendo pagos a países que preservan sus bosques tropicales.

Sin embargo, el estudio deja claro que, sin una acción inmediata para detener la pérdida de bosques, el mundo podría perder uno de sus sistemas naturales más importantes para almacenar carbono.

Soluciones para revertir la pérdida forestal

El Dr. Nezha Acil, coautor del Centro Nacional de Observación de la Tierra del Instituto para el Futuro Ambiental de la Universidad de Leicester, señaló pasos que podrían ayudar a revertir esta tendencia. Dijo: "Una gobernanza forestal más estricta, la aplicación de la ley contra la tala ilegal y programas de restauración a gran escala como el AFR100, que pretende restaurar 100 millones de hectáreas de paisajes africanos para 2030, pueden marcar una gran diferencia para revertir los daños causados."

Implicaciones globales para los objetivos climáticos

El Dr. Pedro Rodríguez-Veiga, que dirigió gran parte del análisis en el NCEO y la Universidad de Leicester y que ahora trabaja en Sylvera Ltd., destacó el impacto más amplio. Dijo: "Este estudio proporciona datos críticos de riesgo para Sylvera y el mercado voluntario más amplio de carbono (VCM), y muestra que la deforestación no es solo un problema local o regional, sino que está cambiando el balance global de carbono. Si los bosques de África se convierten en una fuente de carbono duradera, los objetivos climáticos globales serán mucho más difíciles de alcanzar. Los gobiernos, el sector privado y las ONG deben colaborar para financiar y apoyar iniciativas que protejan y mejoren nuestros bosques."

El proyecto contó con financiación pública del Consejo de Investigación en el Medio Ambiente Natural del Reino Unido (NERC), la Agencia Espacial Europea (ESA) y una red de instituciones asociadas en Europa y África.

TEMAS RELACIONADOS

Fuente de la historia:

Materiales proporcionados por la Universidad de Leicester. Nota: El contenido puede editarse por motivos de estilo y extensión.

Referencia de la revista:

Pedro Rodríguez-Veiga, Joao M. B. Carreiras, Shaun Quegan, Janne Heiskanen, Petri Pellikka, Hari Adhikari, Arnan Araza, Martin Herold, Oliver Cartus, Thomas Luke Smallman, Mathew Williams, Chukwuebuka J. Nwobi, Narumasa Tsutsumida, Casey M. Ryan, Thom Brade, Nezha Acil, Heiko Balzter. La pérdida de bosques tropicales húmedos de hoja ancha ha convertido los bosques africanos de un sumidero de carbono en una fuente. Informes Científicos, 2025; 15 (1) DOI: 10.1038/s41598-025-27462-3

Cita esta página: APA Chicago

Universidad de Leicester. "Los bosques de África han pasado de sumidero de carbono a fuente de carbono." ScienceDaily. ScienceDaily, 13 de abril de 2026. <www.sciencedaily.com/lanzamientos/2026/04/260413043135.htm>.

30
Ene
2026

 

Lo importante es invisible en los ojos. Y en el mundo de las plantas, la parte más escondida y con frecuencia menos valorada son sus raíces. Sin embargo, las plantas de raíz profunda, aquellas especies capaces de acceder al agua situada a más de 20 metros bajo tierra, son un pilar ecológico esencial para los ecosistemas áridos de todo el mundo . Ahora, un artículo publicado en la prestigiosa revista Trends in Plant Science que firma el investigador del CREAF Josep Peñuelas , pone de manifiesto que el cambio climático y la actividad humana están perjudicando a estas plantas , lo que puede acelerar la desertificación de regiones vulnerables de todo el mundo, incluyendo amplias zonas de la Península Ib.

Según el artículo de revisión, el aumento de las temperaturas, la reducción de la lluvia y el bajón del nivel freático de los acuíferos dificultan tanto el establecimiento de las plántulas o plantas juveniles como la supervivencia de las plantas adultas . En estas condiciones, las plantas gastan gran parte de la energía en alargar las raíces en busca de agua, un esfuerzo que compromete su capacidad de crecer y reproducirse. Además, cuando la capa freática desciende por debajo de la zona a la que llegan las raíces, las comunidades vegetales pasan a depender exclusivamente de la lluvia y se vuelven mucho más vulnerables a las sequías.

El estudio también muestra que las alteraciones humanas como la sobreexplotación de acuíferos, el sobrepasto, los incendios o la agricultura intensiva agravan aún más esta degradación . Actualmente, dos mil millones de hectáreas de la Tierra un 15% de la superficie terrestre mundial, ya están degradadas; de estas, 260 millones de hectáreas se han perdido por el sobrepasto. En Mongolia, por ejemplo, el 76% del territorio se ha desertificado por culpa del sobrepasto y de la extracción excesiva de agua de los acuíferos. Ante este escenario, los autores defienden que las plantas de raíces profundas son las guardianas desconocidas de las tierras áridas, a las que hay que destinarle muchos más esfuerzos de conservación. Su pérdida ya está asociando a cambios en la composición de la vegetación, más erosión, más tormentas de arena, más aridez y menos capacidad de retener carbono en los suelos.

“Hay que mantener los beneficios que nos ofrecen las plantas de raíz profunda, y por eso necesitamos una mirada mucho más integrada” , explica Josep Peñuelas , profesor de investigación del CSIC e investigador del CREAF, autor del estudio. "Esto implica proteger los acuíferos con regulaciones estrictas sobre la extracción de agua subterránea, aplicar pasto rotacional para evitar tanto el sobrepasto como la compactación del suelo, y reforzar la salud del suelo con prácticas como la rotación de cultivos. También es necesario incluir el conocimiento tradicional de las comunidades locales."

Tesoros enterrados

El artículo sitúa a las plantas de raíces profundas en el centro de los objetivos ODS, de los compromisos mundiales de lucha contra la desertificación y de la protección de la biodiversidad. ¿Qué aportan que las hace tan especiales? En primer lugar, su entramado de filamentos ayuda a fijar la tierra, protegiendo grandes extensiones de terreno de la erosión . Algunas especias reducen la velocidad del viento, fijan las dunas y acumulan partículas finas que mejoran la estructura del suelo. En segundo lugar, gracias a un proceso llamado elevación hidráulica, estas plantas bombean el agua de las capas profundas hacia la superficie, haciéndola accesible para otras especies que no tienen raíces tan potentes . Esto crea “islas de fertilidad” donde comunidades subterráneas de bacterias y hongos retienen el agua, forman humus y refuerzan la capacidad del suelo para resistir la erosión . Además, el entramado de raíces acaba conformando una gran biomasa invisible que resulta ser un almacén natural de carbono secuestrado bajo tierra . Esto convierte a los desiertos y las zonas áridas, a pesar de tener poca vegetación, en reservas de carbono muy importantes a escala global.

En la Península y en las zonas más secas de Cataluña, arbustos como la retama ( Retama sphaerocarpa ) son ejemplos perfectos de esta estrategia : mantienen una parte aérea pequeña y sin apenas hojas para no perder humedad, mientras que sus raíces bajan decenas de metros hasta encontrar reservas hídricas. También el taray ( Tamarix spp. ), habitual en rieras secas y suelos salinos, actúa como una bomba hidráulica natural, capaz de conectar directamente con los acuíferos profundos para sobrevivir en los veranos más tórridos El azufaifo ( Ziziphus lotus ) es el ejemplo perfecto para el sur de España (Almeria). Crea las famosas islas de fertilidad , montones de arena y nutrientes atrapados bajo sus ramas, mientras las raíces buscan agua muy abajo. Estas especies, junto con otras como el lentisco, son vitales para fijar el suelo y evitar que el terreno se convierta en un desierto inerte

Cómo se adaptan donde casi nada puede vivir

Las plantas de raíces profundas han desarrollado estrategias asombrosas para sobrevivir en lugares donde la lluvia es casi inexistente. Una de las más importantes es que, justo después de germinar, invierten toda su energía en hacer crecer una raíz vertical potente que baja rápidamente hasta encontrar agua subterránea. Hay especies capaces de llegar a más de dos metros de profundidad en pocas semanas. Esta raíz principal es estrecha, robusta y con un tejido muy activo que le permite perforar el suelo y explorarlo en vertical. A diferencia de otras plantas con muchas raíces superficiales, éstas reducen el número de ramificaciones para concentrar recursos en pocas raíces muy eficientes. Su anatomía también está preparada: vasos conductores anchos, gruesos tejidos y un sistema vascular capaz de transportar grandes cantidades de agua desde el subsuelo hasta la parte aérea.

Otro rasgo clave es que las raíces pueden redistribuir el agua: cuando el suelo de superficie está seco, la bomba hidráulica de las raíces profundas lo empuja arriba; cuando hay humedad superficial, pueden realizar el proceso inverso y enviarla hacia abajo para alimentar su propio crecimiento.

Raíces por el bienestar y la economía rural

Las plantas de raíces profundas son también un recurso clave para muchas comunidades que viven en zonas áridas desde hace milenios. En algunos lugares, como los oasis de Asia Central, se recolectan como forraje de alto valor nutritivo. En paralelo, los gobiernos y organizaciones internacionales las utilizan para frenar la desertificación y dinamizar la economía local. Proyectos como el Gran Muro Verde africano han generado millones de dólares en productos forestales y han impulsado nuevas economías verdes. En China, grandes corredores como Desert Highway han creado puestos de trabajo y turismo gracias a franjas vegetales que protegen la carretera del viento y de la arena.

"Los ecosistemas áridos y semiáridos mediterráneos, como los de España, Cataluña y otras regiones del sur de Europa, pueden ser especialmente sensibles a estos procesos. Por este motivo, conocer y gestionar mejor nuestras plantas de raíz profunda, será clave para contener la desertificación y reforzar la resiliencia climática en las próximas décadas", concluyó.

Anna Ramon Revilla

CREAF.

19
Feb
2026

Science Daily thumb

La naturaleza "intacta" de Europa ya estaba siendo diseñada por humanos decenas de miles de años antes de la agricultura.

Fecha: 12 de febrero de 2026

Fuente: Universidad de Aarhus

Resumen:

Mucho antes de la agricultura, los humanos estaban transformando los paisajes salvajes de Europa. Simulaciones avanzadas muestran que la caza y el uso del fuego por parte de neandertales y cazadores-recolectores mesolíticos remodelaron bosques y pastizales de manera medible. Al reducir las poblaciones de herbívoros gigantes, la gente alteró indirectamente la densidad de la vegetación. Los hallazgos desafían la idea de que la Europa prehistórica era un mundo natural intacto.

   

HISTORIA COMPLETA

La naturaleza salvaje de Europa fue moldeada por los neandertales

Incluso antes de la agricultura, los humanos estaban remodelando los ecosistemas de Europa. Al cazar animales enormes y usar fuego, los neandertales y los primeros cazadores-recolectores dejaron una huella sorprendente y duradera en el paisaje.

Imagina Europa hace decenas de miles de años. Densos bosques cubrían gran parte de la tierra. Manadas de elefantes, bisontes y uros deambulaban libremente. Pequeños grupos de humanos se movían por este mundo portando fuego y lanzas.

Nuevas investigaciones sugieren que esos primeros pueblos cambiaron su entorno mucho más de lo que los científicos creían antes.

Modelos informáticos revelan el impacto humano temprano

Un equipo internacional liderado en parte por investigadores de la Universidad de Aarhus utilizó simulaciones por ordenador avanzadas para examinar cómo el clima, los grandes animales, los incendios naturales y los humanos moldearon la vegetación europea durante dos periodos cálidos pasados. El equipo comparó esas simulaciones con extensos datos de polen fósil de las mismas épocas. Al emparejar los modelos con la evidencia real preservada en el polen, pudieron estimar cuánto influyó cada factor en la cobertura vegetal.

Los resultados apuntan a una conclusión clara. Tanto los neandertales como los cazadores-recolectores mesolíticos posteriores alteraron significativamente los patrones de vegetación en toda Europa, mucho antes de que comenzara la agricultura.

"El estudio dibuja un nuevo panorama del pasado", dice Jens-Christian Svenning, profesor de biología en la Universidad de Aarhus. El proyecto contó con la participación de expertos en arqueología, geología y ecología procedentes de Países Bajos, Dinamarca, Francia y Reino Unido.

"Nos quedó claro que el cambio climático, los grandes herbívoros y los incendios naturales por sí solos no podían explicar los resultados de los datos de polen. Teniendo en cuenta a los humanos en la ecuación —y los efectos de los incendios y la caza inducidos por el hombre— resultó en una combinación mucho mejor", dice Jens-Christian Svenning.

Los resultados se publicaron recientemente en PLOS One.

Humanos y el declive de la megafauna

Los investigadores se centraron en dos intervalos cálidos específicos de la historia europea.

El primero fue el último periodo interglacial, hace unos 125.000-116.000 años, cuando los neandertales eran los únicos humanos que vivían en Europa. La segunda fue el Holoceno Temprano, hace entre 12.000 y 8.000 años, justo después de la última Edad de Hielo, cuando cazadores-recolectores mesolíticos de nuestra propia especie, Homo sapiens, habitaban la región.

Durante el último Interglacial, Europa albergó una amplia variedad de megafauna. Elefantes y rinocerontes vivían junto a bisontes, urocos, caballos y ciervos.

Para el periodo mesolítico, esa imagen había cambiado. Muchos de los animales más grandes habían desaparecido o su número había caído drásticamente. Esto reflejaba la ola más amplia de pérdidas de megafauna que siguió a la expansión global del Homo sapiens.

Una nueva visión de la Europa prehistórica

"Nuestras simulaciones muestran que los cazadores-recolectores mesolíticos podrían haber influido en hasta un 47% de la distribución de tipos de plantas. El efecto neandertal fue menor, pero aún medible: aproximadamente un 6% para la distribución de tipos de plantas y un 14% para la apertura de la vegetación", dice Anastasia Nikulina.

La influencia humana se manifestó de dos maneras principales. Uno era el uso del fuego, que quemaba árboles y arbustos. La otra era la caza de grandes herbívoros, un factor que a menudo se ha pasado por alto.

"Los neandertales no se contenían en cazar y matar incluso elefantes gigantes. Y aquí hablamos de animales que pueden pesar hasta 13 toneladas. La caza también tuvo un fuerte efecto indirecto: menos animales pastando significaba más vegetación excéntrica y, por tanto, más vegetación cerrada. Sin embargo, el efecto fue limitado, porque los neandertales eran tan pocos que no eliminaron a los grandes animales ni su papel ecológico — a diferencia del Homo sapiens en tiempos posteriores", dice Jens-Christian Svenning.

Según Nikulina y Svenning, estos hallazgos desafían la idea de que Europa era una zona virgen antes de que comenzara la agricultura.

"Los neandertales y los cazadores-recolectores mesolíticos fueron co-creadores activos de los ecosistemas de Europa", dice Jens-Christian Svenning. "El estudio es coherente tanto con los estudios etnográficos de cazadores-recolectores contemporáneos como con los hallazgos arqueológicos, pero va un paso más allá al documentar cuán extensa pudo haber sido la influencia humana hace decenas de miles de años, es decir, antes de que los humanos comenzaran a cultivar la tierra", explica Anastasia Nikulina.

Simulaciones de IA e investigación interdisciplinar

Nikulina enfatiza que el proyecto reunió múltiples campos, incluyendo la ecología, la arqueología y la palinología (conocimiento sobre el polen). El equipo también desarrolló modelos informáticos detallados para simular ecosistemas antiguos.

"Esta es la primera simulación que cuantifica cómo los neandertales y los cazadores-recolectores mesolíticos pudieron haber moldeado los paisajes europeos. Nuestro enfoque tiene dos fortalezas clave: reúne un conjunto inusualmente grande de nuevos datos espaciales que abarcan todo el continente durante miles de años, y combina la simulación con un algoritmo de optimización de IA. Eso nos permitió ejecutar un gran número de escenarios e identificar los resultados más posibles", dice Anastasia Nikulina.

Svenning añade que el modelado dejó algo claro.

"La modelización por ordenador nos dejó claro que el cambio climático, los grandes herbívoros como elefantes, bisontes y ciervos, y los incendios naturales por sí solos no pueden explicar los cambios observados en los datos antiguos de polen. Para entender la vegetación de esa época, también debemos tener en cuenta los impactos humanos, tanto directos como indirectos. Incluso sin fuego, los cazadores-recolectores cambiaron el paisaje simplemente porque su caza de grandes animales hacía que la vegetación fuera más densa", dice Jens-Christian Svenning.

Incluso con estos avances, persisten lagunas en nuestro conocimiento sobre cómo los primeros humanos influyeron en sus entornos.

Nikulina y Svenning señalan que simulaciones similares podrían aplicarse a otras regiones y periodos de tiempo. América del Norte, Sudamérica y Australia son especialmente intrigantes porque no estaban habitadas por especies de homínidos anteriores a Homo sapiens. Esto permite comparar paisajes más recientes con y sin presencia humana.

"Y aunque los grandes modelos dibujan un panorama amplio, los estudios locales detallados son absolutamente esenciales para mejorar nuestra comprensión de cómo los humanos moldearon el paisaje en tiempos prehistóricos", dice Jens-Christian Svenning.

Fuente de la historia:

Materiales proporcionados por la Universidad de Aarhus. Original escrito por Henriette Stevnhøj. Nota: El contenido puede editarse por motivos de estilo y extensión.

Referencia de la revista:

Anastasia Nikulina, Anhelina Zapolska, Maria Antonia Serge, Didier M. Roche, Florence Mazier, Marco Davoli, Elena A. Pearce, Jens-Christian Svenning, Dave van Wees, Ralph Fyfe, Katharine MacDonald, Wil Roebroeks, Fulco Scherjon. Sobre el impacto ecológico de los cazadores-recolectores prehistóricos en Europa: comparados de recolectores del Holoceno temprano (Mesolítico) y de los últimos interglaciares (neandertales). PLOS One, 2025; 20 (10): e0328218 DOI: 10.1371/journal.pone.0328218

Cita esta página: Diputado APA Chicago

Universidad de Aarhus. "La naturaleza 'intacta' de Europa fue moldeada por los neandertales y los cazadores-recolectores.» ScienceDaily. ScienceDaily, 12 de febrero de 2026. <www.sciencedaily.com/lanzamientos/2026/02/260212025613.htm>.

22
May
2025

Science Daily thumb

Fecha: 14 de mayo de 2025

Fuente: Universidad de Aarhus

Resumen:

Antes de la llegada del Homo sapiens, los bosques de Europa no eran densos y oscuros, sino que estaban formados por paisajes boscosos abiertos y ricos en luz. Los investigadores han analizado 917 especies de plantas forestales nativas en Europa Central y Occidental y encontraron que más del 80 por ciento prefiere condiciones de mucha luz, entornos tradicionalmente creados por grandes herbívoros.

HISTORIA COMPLETA

Antes de la llegada del Homo sapiens, los bosques de Europa no eran densos y oscuros, sino que estaban formados por paisajes boscosos abiertos y ricos en luz. Un nuevo estudio de la Universidad de Aarhus muestra que la mayoría de las plantas forestales nativas están adaptadas a bosques semiabiertos y llenos de luz, formados durante millones de años por la influencia de grandes herbívoros en libertad como bisontes, alces y caballos salvajes.

El estudio añade un capítulo más a un creciente cuerpo de investigación que desafía la idea tradicional de los bosques de Europa como áreas silvestres de dosel cerrado.

Los investigadores analizaron 917 especies de plantas forestales nativas en Europa Central y Occidental, y encontraron que más del 80 por ciento prefiere condiciones de mucha luz, ambientes tradicionalmente creados por grandes herbívoros. Esto sugiere que los bosques densos solo se extendieron después de que los humanos eliminaron a los grandes herbívoros.

"Nuestros resultados proporcionan pruebas sólidas de que el modelo de bosque cerrado comúnmente utilizado en la restauración no coincide con la historia evolutiva o las preferencias ecológicas de la mayoría de las plantas de bosques templados", dice el autor principal Szymon Czyżewski, estudiante de doctorado en el Centro de Dinámica Ecológica en una Nueva Biosfera (ECONOVO) en la Universidad de Aarhus.

Realizó el estudio junto con el director del centro, el profesor Jens-Christian Svenning, y sus hallazgos se publican en Nature Plants.

Las pruebas se acumulan

El nuevo estudio se basa en una serie de resultados anteriores de ECONOVO que, basados en diferentes datos, apuntan en la misma dirección. En conjunto, la investigación pinta una imagen de una Europa en la que los grandes herbívoros, durante millones de años, crearon paisajes boscosos ricos en luz que ahora han desaparecido en gran medida.

Los investigadores también descubrieron un vínculo preocupante entre el declive de los herbívoros y el riesgo de extinción de las plantas. Las plantas forestales que están más fuertemente adaptadas a la fuerte presión del pastoreo están significativamente más amenazadas hoy en día.

Según Jens-Christian Svenning, este desarrollo ha tenido graves consecuencias para la biodiversidad:

"Nuestro estudio muestra que las plantas que más dependen del pastoreo son también las que corren mayor riesgo en la actualidad. Cuando los grandes herbívoros desaparecen, el bosque se cierra y muchas plantas que requieren luz luchan por sobrevivir".

Implicaciones para la ordenación forestal

El estudio tiene implicaciones de gran alcance para la conservación, la gestión forestal y la reforestación en toda Europa. Desafía el "paradigma de bosque cerrado" prevaleciente y apoya un cambio hacia la restauración o el mantenimiento de bosques heterogéneos y semiabiertos a través de la resilvestración trófica y el pastoreo de baja intensidad.

Por lo tanto, los investigadores piden un nuevo enfoque para la restauración ecológica que incluya activamente a los grandes herbívoros, ya sea a través de la resilvestración o el pastoreo extensivo de bosques, para recrear los paisajes boscosos variados y ricos en luz.

"Debemos ser cautelosos a la hora de plantar árboles en todas partes y pensar que eso promoverá la biodiversidad. De hecho, puede ser perjudicial si no preservamos y restauramos también la dinámica natural que los grandes herbívoros han mantenido durante millones de años", dice Szymon Czyżewski.

Fuente de la historia:

Materiales proporcionados por la Universidad de Aarhus. Original escrito por Peter F. Gammelby. Nota: El contenido puede ser editado por estilo y longitud.

Referencia de la revista:

Szymon Czyżewski, Jens-Christian Svenning. Las plantas de los bosques templados se asocian con condiciones heterogéneas de dosel semiabierto moldeadas por grandes herbívoros. Plantas de la Naturaleza, 2025; DOI: 10.1038/s41477-025-01981-3

Citar esta página: MLA APA Chicago

Universidad de Aarhus. "Las plantas forestales de Europa prosperan mejor en bosques semiabiertos ricos en luz, mantenidos abiertos por grandes herbívoros". CienciaDiaria. ScienceDaily, 14 de mayo de 2025. <www.sciencedaily.com/Comunicados/2025/05/250514120052.htm>.

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