Ecología, gestión y protección de la fauna silvestre

28
Ago
2021

 

Científicos españoles han descubierto cinco nuevas especies de pinzón, tres de las cuales habitan en territorio español. El hallazgo tiene importantes implicaciones para el diseño de estrategias específicas centradas en el manejo y protección de esta ave científicamente relevante para entender los procesos evolutivos.

  

pinzón de Madeira  

Ejemplar de Fringilla maderensis. / Guillermo López

La ciencia que estudia las aves, la ornitología, considera hasta la fecha al pinzón vulgar como una única especie animal. Este estatus, sin embargo, tendrá que cambiar en un futuro muy próximo después de que un equipo de investigadores de la Universidad de Oviedo y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) haya descubierto que el ave esconde, en realidad, hasta cinco especies distintas localizadas en Azores, Madeira, Canarias, Eurasia y el Norte de África.

Este hallazgo, publicado en la revista Molecular Phylogenetics and Evolution, tiene importantes implicaciones para el diseño de estrategias específicas centradas en el manejo y conservación de los pinzones.

El estudio del pinzón es científicamente relevante porque es un ave “muy interesante para entender los procesos evolutivos”, explica Juan Carlos Illera, investigador en el Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (IMIB). De hecho, el más conocido es el pinzón de Darwin, que Charles Darwin descubrió en las islas Galápagos.

Tres de las cinco nuevas especies viven en España

El autor destaca que en trabajos anteriores realizados por su equipo ya habían descrito una subespecie de pinzón en la isla de Gran Canaria. Ahora, los investigadores dan un paso más allá, reclasifican los pinzones y concluyen que realmente hay cinco especies genéticamente diferentes.

Las tres nuevas viven en la Macaronesia (Madeira, Azores y Canarias) y las otras dos en Eurasia y el Norte de África. España alberga, por lo tanto, tres especies: una en la península y Baleares, otra en Canarias (Fringilla canariensis) y otra más en Ceuta. Además, este estudio ha supuesto el hallazgo de una nueva ave endémica en el archipiélago canario.

“Las implicaciones de esta reclasificación son muy importantes porque la singularidad taxonómica de estos pájaros es más relevante de lo que se pensaba hasta ahora, por tanto, nuestra responsabilidad para protegerla es también mayor. Por ejemplo, si la especie endémica de Canarias se extinguiera, estaríamos ante un drama ecológico porque el mundo perdería una especie animal”, comenta el investigador.

Los trabajos realizados por este grupo de científicos concluyen que la primera diferenciación del pinzón común se produjo hace unos 830.000 millones de años cuando el ancestro de los pinzones vulgares actuales colonizó el archipiélago de las Azores. Poblaciones de pinzones saltaron de Azores a Madeira y, de ahí, a Canarias, donde llegaron hace aproximadamente 500.000 años. 

Pérdida de diversidad genética

Al saltar entre islas, estos pájaros fueron perdiendo diversidad genética. Las aves de las Azores muestran una diversidad genética sorprendentemente alta, similar a las del continente, mientras que las de los otros archipiélagos macaronésicos revelan una pérdida secuencial de la misma.

Según el autor, esto es esperable porque cada nuevo espacio es colonizado por un subconjunto de ejemplares del grupo poblacional anterior. Por eso, la diversidad genética del ave endémico de Canarias es menor que la del de Azores.

El trabajo ha permitido establecer algunas curiosidades. “Los macaronésicos son menos diversos genéticamente que sus congéneres continentales. Además, sabemos sabemos que en Macaronesia los pinzones actuales coexisten con otras especies de pinzón actual (en Canarias habitan los pinzones azules), y en el pasado convivían también con otras especies granívoras ya extintas con las que experimentaron procesos de competencia”, comenta el experto.

Además, “las poblaciones del pinzón endémico canario son absolutamente sedentarias, lo que merece más estudios. Los de Azores se mueven entre las islas del archipiélago, sin embargo, los de Canarias se localizan solo en cinco de las islas –El Hierro, La Palma, La Gomera, Tenerife y Gran Canaria—, pero no se mueven entre islas y no sabemos por qué”, añade el autor.

Los científicos llegaron a estas conclusiones tras realizar un trabajo de campo en los diferentes archipiélagos. “Capturamos más de 80 ejemplares de cada una de las poblaciones para extraer una mínima muestra de sangre de las que estudiar su ADN, para seguidamente liberarlos en los mismos sitios donde los capturamos. De cada uno de estos analizamos más de 100.000 genes, lo que nos ha permitido concluir que estamos ante especies diferentes”, subraya el científico.

Reclasificación taxonómica

El equipo de investigadores confía en que el proceso de reconocimiento de estas nuevas especies sea rápido. “Nosotros hacemos una propuesta taxonómica; después, la comunidad científica puede aceptarla o publicar réplicas que, sinceramente, no esperamos. Finalmente, serán las sociedades científicas ornitológicas la que deberán reconocer esta nueva clasificación”, indica el autor.

El trabajo de los investigadores no acaba aquí porque este ave sigue planteado nuevas preguntas. “Falta por entender mejor todo el proceso de diferenciación y el siguiente paso será identificar las regiones genómicas que lo explican. Para ello, será necesario estudiar su genoma completo”, concluye Illera.

 

13
Jul
2021

 

La enfermedad que está acabando con las poblaciones de ranas, sapos y salamandras es causada por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis (Bd), un patógeno altamente contagioso que se transmite a través del agua hasta la piel, causándoles la muerte en pocos días.

El Bd fue detectado por primera vez en 1998 y posteriormente se constató la pérdida masiva de poblaciones en todo el planeta. Años de investigación han llevado a conocer los aspectos generales de la enfermedad; el hongo tiene un ciclo de vida que utiliza el agua como medio de transmisión, las zoosporas (esporas móviles) que se desplazan en el agua principalmente penetran la piel y allí se desarrollan o “germinan” hasta formar un zoosporangio, dentro del cual las células se multiplican y forman nuevas zoosporas que serán liberadas. El Bd afecta el correcto funcionamiento fisiológico de los individuos hasta causarles la muerte en aproximadamente 15 días.

Este ciclo se basa en la dependencia que tiene la mayoría de los anfibios del agua como medio. Estos vertebrados poseen una piel permeable que les ayuda en el proceso de intercambio de oxígeno y en la regulación de la temperatura; por otra parte muchas de las especies sufren la metamorfosis en masas de agua. El contagio se lleva a cabo por contacto directo entre individuos, con agua contaminada o incluso en zonas del suelo donde anteriormente estuvo un individuo infectado. Este tipo de contagio y la rápida acción del hongo en la supervivencia de los individuos lo hacen especialmente mortífero.

 

 

hongo contra anfibios

Imagen: Aspectos más importantes de la quitridiomicosis sobre los anfibios y sus poblaciones a nivel mundial (Ilustración: Kimberlyn Fonseca-Pérez).

 

Estudios genéticos recientes ubican el origen de este y otro hongo que afecta específicamente a salamandras, Batrachochytrium salamandrivorans (Bsal), en Asia, específicamente en la península de Corea, donde se han encontrado especies de anfibios con alta resistencia al patógeno. Esto sugeriría que la rápida expansión del Bd al resto del planeta se ha debido a la globalización y al tráfico de especies exóticas para el mercado de las mascotas. Además, se ha descubierto que otras especies, como la rana toro (Lithobates catesbianus) nativa de EE.UU., son grandes reservorios del hongo y tienen una alta resistencia a este, y al ser criadas y comercializadas para el consumo de su carne en diversas partes del mundo, se habría favorecido la transmisión de la enfermedad de estas ranas a otras especies nativas con menor resistencia.

La alarma es global, más de 60 países han reportado la presencia del hongo y más del 6% de las especies han sido afectadas, con disminución de sus poblaciones o incluso su posible extinción. Los anfibios son una pieza clave en el ecosistema y de su presencia depende el equilibrio del mundo en el que vivimos.

Referencias consultadas:

Pasmans, F., Skerratt, Lee F., Berger, L., Martel, A., Beukema, W., et al. (2020). Amphibian fungal panzootic causes catastrophic and ongoing loss of
biodiversity. Science, 363(6434), 1459-1463. DOI: 10.1126/science.aav0379

Greenberg, Dan A., Palen, Wendy J. (2019). A deadly amphibian disease goes global. Science, 363(6434), 1386-1388. DOI: 10.1126/science.aax0002

Van Rooij, P., Martel, A., Haesebrouck, F. et al. (2015). Amphibian chytridiomycosis: a review with focus on fungus-host interactions.Veterinary research, 46, 137. DOI: 10.1186/s13567-015-0266-0

Olson, Deanna H., Aanensen, David M., Ronnenberg, Kathryn L., Powell, Christopher I.,Walker, Susan F., et al (2013). Mapping the Global Emergence of Batrachochytrium dendrobatidis, the Amphibian Chytrid Fungus. PLoS ONE, 8(2), e56802. DOI: 10.1371/journal.pone.0056802

Autora: Kimberlyn Fonseca-Pérez (IG: @kimbis_bio_illustrations), alumna del Postgrado de Ilustración Científica de la UPV/EHU – curso 2019/20

31
May
2021

 

1920px Logotipo del miteco

28/05/2021

El número de ejemplares total asciende a 1.111 ejemplares entre individuos adultos o subadultos y los cachorros nacidos en 2020

Se trata de uno de los programas de conservación de felinos más exitoso del mundo

El asentamiento de nuevos núcleos en Portugal y en las comunidades autónomas de Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura ofrece un escenario optimista para la recuperación de la especie hacia un estado de conservación favorable.

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El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico gestiona dos de los cuatro centros de cría en cautividad existentes

El grupo de trabajo del lince, que coordina el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), ha ofrecido en su último informe el mejor balance en dos décadas del estado de las poblaciones ibéricas de la especie. Fruto de los esfuerzos conjuntos de conservación del lince ibérico en los últimos años, el estudio muestra que la población de Lynx pardinus en España y Portugal ha alcanzado la suma de 1.111 ejemplares censados en ambos países, según datos de 2020.

Esta cifra constituye el máximo numérico registrado desde que existen programas de seguimiento de la especie y supone un aumento muy significativo, teniendo en cuenta que en el año 2002 se contabilizaron menos de 100 ejemplares. Se trata de uno de los programas de conservación de felinos más exitoso del mundo.

La vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera, ha valorado positivamente estos datos: “Para un responsable de biodiversidad, una de las mayores alegrías que puede recibir es una noticia como la que acabamos de conocer. Hemos tenido la inmensa suerte de poder combinar lo mejor en términos de esfuerzo administrativo y conocimiento para poder alcanzar esta cifra, que ha superado las expectativas iniciales”.

El grupo de trabajo del lince ibérico, conformado por las administraciones ambientales competentes de ambos países, ha recopilado los datos de seguimiento de 2020 - el informe técnico puede consultarse en la página web del MITECO- y constata que el pasado año fue muy bueno para la evolución poblacional de la especie, con un incremento del 30% respecto al censo de 2019. Esta curva demográfica permite ser optimista y dibuja escenarios que alejan al gran felino ibérico del riesgo crítico de desaparición. No obstante, los expertos piden prudencia e insisten en la necesidad de mantener los esfuerzos y los programas en marcha, dado que la especie no está fuera de peligro y sigue legalmente considerada “en peligro de extinción” en el Catálogo Español de Especies Amenazadas.

ANDALUCÍA, A LA CABEZA

Una gran mayoría de los ejemplares (87,5%) se distribuyen en distintas zonas del cuadrante suroccidental de España, especialmente en los cinco núcleos de Andalucía, que acogen a más de la mitad de la población española, seguidos de Castilla-La Mancha -con un tercio de los linces- y Extremadura, con 141 ejemplares. En Portugal habitan 140 linces en el área del Valle del Guadiana. En total existen 14 núcleos con presencia estable de linces en toda la Península Ibérica, siendo los más importantes los localizados en el entorno de Sierra Morena –con 603 linces-, los Montes de Toledo (145), el Valle del Guadiana (140) y el área de Matachel en Extremadura (131).

En 2020 se contabilizaron 414 nacimientos de 239 hembras reproductoras. La productividad global, entendida como el número de cachorros nacidos por hembra reproductora o territorial, fue de 1,7. Todos los parámetros poblacionales principales considerados (número total de linces, número de hembras reproductoras y número de cachorros nacidos) muestran una tendencia positiva desde el inicio de los programas coordinados de actuación en 2002.

El papel proactivo de las administraciones autonómicas (Junta de Andalucía, Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y Junta de Extremadura) y nacionales (el MITECO en España y el  Instituto da Conservação da Natureza e das Florestas de Portugal), así como de entidades no gubernamentales como WWF y CBD Habitat, que han trabajado desde el primer minuto en la recuperación de la especie, ha resultado esencial para obtener estos resultados. La financiación europea, a través de varios proyectos Life, también ha contribuido significativamente a la buena marcha del programa.

PAPEL CLAVE DE LA CRÍA EN CAUTIVIDAD

Además del conjunto de actuaciones de gestión del hábitat y de protección de los linces ante amenazas existentes en el medio natural, el programa de conservación ex situ del lince ibérico ha tenido un papel clave para alcanzar estas cifras positivas. El programa de conservación ex situ, que engloba los trabajos de cría en cautividad y la reintroducción de ejemplares, es fruto de las actuaciones coordinadas en el marco del Memorando de Entendimiento para la aplicación de la Estrategia de Conservación del Lince ibérico en España, suscrito entre el MITECO y las comunidades autónomas de Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura. Portugal también participa activamente en este programa.

Desde que en 2011 comenzaran las primeras sueltas de linces al medio natural de individuos nacidos en cautividad, hasta 2021, se han reintroducido 305 ejemplares, lo que supera las previsiones y expectativas iniciales. Igualmente importante es que la supervivencia y aclimatación observada de los ejemplares reintroducidos en todas las áreas de liberación seleccionadas es elevada.

El MITECO, a través del Organismo Autónomo Parques Nacionales, contribuye activamente con sus propios fondos a este programa de conservación ex situ, manteniendo y gestionando dos de los cuatro centros de cría existentes: Zarza de Granadilla (Extremadura) y El Acebuche (Andalucía). Los restantes centros de cría son gestionados por Andalucía (Centro de cría de La Olivilla) y por Portugal (Centro Nacional de Reprodução de Lince Ibérico o Centro de Silves).

 

27
Jun
2021

petirrojo wiki

Petirrojo. Fotografía de Wikipedia

Investigadores británicos y alemanes han demostrado por primera vez en el laboratorio la sensibilidad magnética de una proteína de los ojos de las aves migratorias que, al desencadenar efectos cuánticos, podría ayudarlas a orientarse utilizando el campo magnético de la Tierra.

Los seres humanos percibimos el mundo que nos rodea con cinco sentidos: vista, oído, gusto, tacto y olfato; pero otros animales, como las aves migratorias, también pueden ‘sentir’ el campo magnético de la Tierra.

Desde hace tiempo un grupo de biólogos, químicos y físicos de las universidades de Oxford (Reino Unido) y Oldenburgo (Alemania) vienen acumulando pruebas de que el sentido magnético de las aves migratorias nocturnas, como el petirrojo europeo (Erithacus rubecula), se basa en los criptocromos, un tipo de proteína del ojo sensible a la luz.

Ahora el mismo equipo presenta en la revista Nature un estudio donde demuestra que una de estas proteínas fotorreceptoras localizada en la retina de las aves, el criptocromo 4 (CRY4), es sensible a los campos magnéticos, así que bien podría ser el tan buscado sensor magnético de estos animales.

El criptocromo 4, una proteína fotorreceptora de los ojos del petirrojo y otras aves, es sensible a los campos magnéticos, por lo que podría ser el tan buscado sensor magnético que las ayuda en sus migraciones

Además, han descubierto que el CRY4 de los petirrojos es más sensible al magnetismo que el de las gallinas y las palomas no migratorias, lo que apoya aún más su papel como sensor magnético.

El grupo del profesor Henrik Mouritsen en Oldenburgo primero consiguió extraer el código genético del criptocromo 4 en estos pequeños pájaros cantores y, a continuación, produjo la proteína en grandes cantidades mediante cultivos celulares bacterianos de E. coli.

Después, investigadores del departamento de Química de la Universidad de Oxford aplicaron una novedosa gama de técnicas de resonancia magnética y ópticas para estudiar esta proteína, demostrando así su marcada sensibilidad a los campos magnéticos.

Los autores también arrojan luz sobre el mecanismo por el que surge esta sensibilidad, basado en reacciones de transferencia de electrones desencadenadas por la absorción de luz azul. Las proteínas como el criptocromo están formadas por cadenas de aminoácidos. En concreto, el criptocromo 4 del petirrojo tiene 527.

Mecánica cuántica en acción

El químico Peter Hore de Oxford y el físico Ilia Solov'yov de Oldenburgo realizaron cálculos de mecánica cuántica que apoyan la idea de que cuatro de los 527 aminoácidos –de un tipo conocido como triptófanos– son esenciales para las propiedades magnéticas de la molécula. Según sus cálculos, los electrones saltan de un triptófano a otro generando los llamados pares de radicales, que son magnéticamente sensibles.

Los cálculos de mecánica cuántica apoyan la idea de que cuatro de los 527 aminoácidos de esta proteína son esenciales para dotarla de sus propiedades magnéticas

Para comprobarlo experimentalmente, el equipo alemán produjo versiones ligeramente modificadas del criptocromo del petirrojo, en las que cada uno de los triptófanos se sustituyó por un aminoácido diferente para bloquear el movimiento de los electrones.

Por su parte, utilizando las proteínas modificadas, los grupos de Oxford pudieron dilucidar el papel de los diferentes pares de radicales en los efectos observados del campo magnético.

Así se ha descubierto que CRY4 tiene las propiedades magnéticas potenciales necesarias para actuar como brújula magnética. La proteína presenta una reacción química impulsada por la luz que desencadena efectos cuánticos que podrían amplificar las señales magnéticas.

Aunque los petirrojos migran de noche, teniendo esta proteína del ojo sensible a la luz, las aves vuelan normalmente por encima del nivel de las nubes y, por tanto, tienen acceso a la luz de las estrellas

Respecto al hecho de que los petirrojos y otras aves migren de noche cuando no hay luz solar, explica Hore a SINC. “La noche nunca es totalmente oscura. Si lo fuera, las aves no podrían ver y no volarían. Todavía no podemos decir con certeza si el mecanismo de los criptocromos es lo suficientemente sensible como para funcionar en las condiciones de poca luz de la noche. Lo que sí sabemos es que las aves vuelan normalmente por encima del nivel de las nubes y, por tanto, deberían tener siempre acceso a la luz de las estrellas”.

Por su parte, Mouritsen destaca: "Creemos que estos resultados son muy importantes porque demuestran, por primera vez, que una molécula del aparato visual de un ave migratoria es sensible a los campos magnéticos". Pero esto no es, subraya el equipo, una prueba definitiva de que el criptocromo 4 sea el sensor magnético.

Futuros experimentos in vivo

De momento, en todos los experimentos los investigadores han examinado proteínas aisladas en el laboratorio y aplicado campos magnéticos más fuertes que el de la Tierra. "Por tanto, todavía hay que demostrar que esto ocurre en los ojos de las aves", advierte Mouritsen, y, de momento, estos estudios no son técnicamente posibles.

Sin embargo, los autores creen que las proteínas implicadas podrían ser mucho más sensibles en su entorno nativo. En las células de la retina, las proteínas están probablemente fijas y alineadas, lo que aumenta su sensibilidad a la dirección del campo magnético. Además, es probable que también estén asociadas a otras que podrían amplificar las señales sensoriales.

Hore apunta los siguientes pasos: “Experimentos de criptocromos con estas socias de interacción en un intento de estudiar condiciones más parecidas a in vivo, mediciones de los efectos del campo magnético en proteínas orientadas para investigar su funcionamiento como sensores de dirección y desarrollo de técnicas capaces de medir la actividad de los criptocromos en las células fotorreceptoras in vivo”.

"Si podemos probar que el criptocromo 4 es el sensor magnético, habremos demostrado un mecanismo fundamentalmente cuántico que hace que los animales sean sensibles a estímulos ambientales un millón de veces más débiles de lo que se creía posible", concluye el químico de Oxford.

Referencia: Jingjing Xu et al. “Magnetic sensitivity of cryptochrome 4 from a migratory songbird”. Nature, 2021.

Fuente: SINC Ciencias de la Vida

 

02
Abr
2021

 

Hay varias especies introducidas o invasoras y solo una, Austropotamobius pallipes o italicus que, según algunos expertos, es autóctona y para otros es una especie introducida. Y, como ven, hasta el nombre científico está en discusión.

Procamburos clarkii

Procambarus clarkii. Fuente: Wikimedia Commons

La especie invasora más extendida y conocida es Procambarus clarkii, el cangrejo rojo o de las marismas. Su introducción buscaba el cultivo y comercialización de la especie, tal como se hace en su país de origen, en Estados Unidos. Llegó, por primera vez, a Badajoz en 1973, desde Louisiana. Eran 500 ejemplares y parece que no prosperó el cultivo. En 1974, fue introducido en las marismas del Guadalquivir, en concreto en Puebla del Río. Desde Estados Unidos enviaron 500 kilogramos, unos 40000 ejemplares, aunque solo llegaron vivos unos 100 kilogramos. Tanto de Badajoz como del Guadalquivir escaparon ejemplares y colonizaron los tramos medios y bajos de los ríos ibéricos.

En un estudio reciente de la diversidad genética de Procambarus, Lucía Acevedo y su grupo, de la Estación Biológica de Doñana, y con muestras de 28 lugares de la península, encuentran dos grupos diferentes separados en regiones geográficas distintas. Uno de los grupos es dominante en Portugal y los autores proponen que se originó a partir de los ejemplares que llegaron a Badajoz en 1973. El segundo grupo, que ocupa los ríos de España, vendría de la introducción en el Guadalquivir.

 

Pascifastiacus lenusculus

Pacifastacus leniusculus. Fuente: Wikimedia Commons

La segunda especie introducida es el cangrejo señal o Pacifastacus leniusculus. Llegó desde piscifactorías de Suecia aunque su origen está en Estados Unidos. Se importaron en 1974 y 1975 a criaderos de Soria y Guadalajara y, en 1976, a Cuenca y Burgos. Colonizan los tramos altos de ríos y arroyos ocupando hábitats y por su conducta los entornos preferidos del Austropotamobius. Durante varias temporadas se utilizó para repoblar los ríos de los que había desaparecido esta especie. Tanto el señal como el rojo se extendieron por los ríos peninsulares por que escaparon de los criaderos pero, también, porque fueron transportados de arroyo en arroyo por iniciativa individual de pescadores aficionados.

 

Cherax destructor

Cherax destructor. Fuente: Wikimedia Commons

Una tercera especie de cangrejo introducido en la península es el yabby o Cherax destructor que llegó en 1983 desde Los Angeles aunque su origen está en el suroeste de Australia. Se encuentra en pocos lugares, en Aragón y Navarra, y coloniza fondos blandos y limosos en aguas lentas como pantanos, balsas y tramos finales de grandes ríos. En Australia es una especie muy apreciada y, quizá por ello, llegó a la península.

 

ch quadrcarinatus

Cherax  quadricarinatus. Fuente: Wikimedia Commons

Hace unas semanas se publicó el hallazgo en Asturias de otra especie del género Cherax. Andrés Arias y Antonio Torralba, de la Universidad de Oviedo, encontraron Cherax quadricarinatus en Colloto, cerca de Oviedo. Los primeros ejemplares los recogieron en 2013.

 

 Orconectes limosus

Orconectes (ahora Faxonius) limosus. Fuente: Wikimedia Commons

Otra especie de cangrejo de agua dulce encontrada en la península es Orconectes (ahora Faxonius) limosus, detectada en un pantano de Girona. El muestreo se hizo en 2010 y publicaron los resultados en 2011 Lluis Benejam y su grupo, del Centro del Estudio de Biología de Conservación Terrestre y Acuática de Figueres. El origen de esta especie también es Estados Unidos.

Austropomatobius italicus

Austropotamobius italicus. Fuente: Wikimedia Commons

Y la sexta especie de cangrejo de río en la península es el citado Austropotamobius pallipes o italicus que, como decía, mantiene la incógnita sobre su origen. Sería, por tanto, una especie criptogénica según la definición de James Carlton, del Colegio Williams de Williamstown, en Estados Unidos. Según su publicación de 1982, una especie criptogénica es aquella en que no se puede determinar si es autóctona, introducida o invasora.

Según algunos grupos de investigación, esta especie llegó a la península en el siglo XVI, por la intervención directa de Felipe II. Desde la paleontología o la arqueología no hay datos sobre la presencia de alguna especie de cangrejo d erío en la península. No hay que olvidar que la conservación y fosilización de sus restos no es fácil. Otra fuente de datos son los libros de gastronomía pero, hasta 1611 y en el libro de Francisco Martínez Motiño, Cocinero Mayor de Felipe II, no se mencionan los cangrejos de río.

La historia que se ha deducido sobre el origen de estos cangrejos dice que llegaron desde Milán, con un mensajero de Felipe II, hasta Alicante en 1588 y, desde el puerto, fueron transportados a Madrid, quizá a El Escorial.

A finales del siglo pasado, el Austropotamobius casi desapareció. En 1978, comenzó a extenderse por las aguas dulces de la península el hongo Aphanomyces astaci, patógeno mortal que provoca la afanomicosis en los cangrejos europeos. Los primeros casos se diagnosticaron en primavera y se identificó el Aphanomyces en Burgos y Ciudad Real. El hongo venía de Norteamérica donde tiene una presencia continua y no daña a los cangrejos locales. Llegó a Europa con la importación de los cangrejos rojo y señal, que son portadores, y extendieron la enfermedad por todo el continente.

Para evaluar si el Austropotamobius es autóctono o introducido, se analizó su diversidad genética. El estudio del ADN mitocondrial, publicado por Beatriz Matallana y su grupo, de la Universidad Complutense, con datos de 160 ejemplares de 16 lugares de ríos del norte, centro y este peninsulares, revelaron la existencia de dos grupos, uno de ellos en el norte, en el área cantábrica y el Alto Ebro, y el segundo grupo, que llamaron central, en el este y centro peninsulares.

Sin embargo, estos estudios no sirvieron para aclarar el origen de esta especie. La diversidad genética es grande, habitual en una especie autóctona, pero con una distribución en manchas discontinuas, típico de una especie introducida varias veces y, a menudo, transportada por iniciativa personal para ampliar las zonas de pesca.

El debate continua y tiene importancia práctica pues supone la concesión de tiempo y recursos para recuperar una especie dañada por la enfermedad. Pero para ello se debe considerar si es una especie autóctona y no una introducida que, en principio, se supone que perjudica a los ecosistemas del entorno. Quizá se debe reconsiderar la definición de introducida o invasora para especies como el Austropotamobius que, según algunos expertos, lleva ya cinco siglos en el entorno y es importante por su integración en la cultura y en las tradiciones del país.

Referencias:

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Sobre el autor: Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

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