Ecología, gestión y protección de la fauna silvestre

09
Feb
2026

 

La prohibición de la caza en parques nacionales vuelve a estar en el centro del debate. En Monfragüe, colectivos del entorno alertan de desequilibrios ecológicos y económicos muy similares a los denunciados en Cabañeros, donde la sobrepoblación de fauna ya ha degradado gravemente el ecosistema.

La discusión sobre la gestión de los parques nacionales españoles ha vuelto a cobrar fuerza tras las advertencias lanzadas desde Extremadura. El Parque Nacional de Monfragüe, uno de los grandes iconos de la conservación en la península, afronta un escenario cada vez más parecido al de Cabañeros, donde la prohibición de la actividad cinegética ha derivado en un crecimiento descontrolado de ciervos y jabalíes, con efectos visibles sobre el hábitat.

Desde diciembre de 2020, la caza deportiva y comercial está prohibida en Monfragüe, en aplicación de la Ley 30/2014 de Parques Nacionales, que la considera incompatible con estos espacios. Cinco años después, la medida empieza a generar un debate creciente entre los municipios del entorno, el sector primario y distintos colectivos sociales.

La formación Somos Cáceres ha salido ahora a defender abiertamente la caza tradicional como una herramienta necesaria para el equilibrio ecológico, el mantenimiento del paisaje y la supervivencia económica de los pueblos que rodean el parque. Su posicionamiento llega en un contexto marcado por el precedente de Cabañeros, donde Europa ya ha puesto el foco en las consecuencias de un modelo estrictamente prohibitivo.

El aviso desde el entorno rural de Monfragüe

Según Somos Cáceres, la eliminación total de la actividad cinegética tiene efectos directos sobre el empleo, la economía local y el control poblacional de las especies. La formación subraya que la caza tradicional ha convivido durante décadas con el turismo de naturaleza y la conservación de la biodiversidad sin generar conflictos estructurales.

Cristina Redondo, portavoz agraria del colectivo, alerta además de un problema añadido que ya empieza a percibirse en la zona. «Si se caza solo en terrenos públicos los jabalíes y venados se refugiarán en los predios particulares», declara. A su juicio, esta situación no soluciona el problema, sino que lo desplaza y lo agrava, incrementando los daños y el riesgo de superpoblaciones en fincas privadas y áreas colindantes.

El temor es que Monfragüe repita una dinámica ya conocida en otros espacios protegidos, donde la fauna silvestre se concentra en zonas sin gestión efectiva, presionando la vegetación, afectando a la regeneración natural y alterando el equilibrio entre especies.

La dehesa, una construcción humana en riesgo

Otro de los argumentos centrales de Somos Cáceres es la defensa de la agroganadería tradicional como pilar básico de los valores naturales del parque. En este sentido, recuerdan que el paisaje que hoy se protege no es un entorno virgen, sino el resultado de siglos de intervención humana sostenible.

En palabras del propio colectivo, «la dehesa y el paisaje actuales son el resultado de siglos de gestión humana sostenible». Sin esa actividad continuada, advierten, el sistema se degrada y pierde diversidad, algo que ya se observa en áreas con una presión excesiva de ungulados.

Esta reflexión conecta directamente con lo ocurrido en el Parque Nacional de Cabañeros, donde la sobreabundancia de ciervos ha sido señalada como una de las causas principales del deterioro del bosque mediterráneo, hasta el punto de que el caso ha llegado al Parlamento Europeo.

Cabañeros como espejo incómodo

El ejemplo de Cabañeros planea ahora sobre Monfragüe como una advertencia difícil de ignorar. Allí, asociaciones de afectados, científicos y representantes europeos han denunciado que la falta de gestión activa ha convertido el parque en un espacio ecológicamente desequilibrado, con hábitats degradados y una biodiversidad en retroceso.

El temor de los colectivos extremeños es que Monfragüe recorra el mismo camino si no se revisa el modelo actual. La cuestión ya no es solo ambiental, sino también social: pueblos vaciados, fincas dañadas y un territorio que pierde su capacidad de sostener vida y actividad.

Mientras tanto, el debate sigue abierto. Lo que ocurre en Monfragüe empieza a sumarse a una lista creciente de parques nacionales donde la prohibición total, lejos de proteger, parece estar poniendo en jaque aquello que se pretendía conservar.

Sobre el autor

Edu Pompa.- Ingeniero técnico forestal. Máster en gestión y conservación de fauna salvaje y espacios protegidos. Experto en redes sociales y cazador desde la infancia, coordina la web y los perfiles sociales de Jara y Sedal.

Jara y Sedal

30
Ene
2026

 

Publicado: 28 enero 2026 23:40 CET

Autoría

Miguel Ángel Gómez-Serrano

Assistant lecturer, Universitat de València

Cerca del 44 % de los hogares de la Unión Europea tiene al menos un animal de compañía, de los cuales más del 90 % son perros o gatos.

La tendencia de incorporar mascotas a nuestras vidas no ha parado de crecer en las últimas décadas, pero se disparó a partir de la pandemia de la covid-19. En concreto, se estima que la población europea de animales de compañía creció un 11 % en 2022, alcanzando los 340 millones, principalmente gatos (127 millones) y perros (104 millones).

Y se sabe que, a medida que crece la población humana en contacto con los animales de compañía, aumenta también el interés por el bienestar animal en la sociedad. Algo similar sucede con la vida salvaje: cuando las poblaciones de las especies silvestres disminuyen, la preocupación por la conservación de la biodiversidad se intensifica.

Pero esta confluencia no siempre convive en armonía. Aunque existe cierto solapamiento entre los objetivos del bienestar animal y los de la conservación de la fauna silvestre, es evidente la existencia de un sesgo a la hora de priorizar entre los animales de compañía y los silvestres, especialmente cuando ambos grupos interactúan.

Un estudio reciente identifica las claves del conflicto entre los defensores del bienestar animal de las mascotas y los partidarios de la conservación de la naturaleza. El trabajo analiza las oportunidades legales en el marco de la Unión Europea para reducir el impacto de las primeras sobre los animales silvestres.

Dos marcos legales que no encajan entre ellos

La Unión Europea cuenta con una sólida legislación ambiental, en la que las directivas sobre aves y hábitats han sido claves para proteger la vida silvestre. En cambio, la legislación sobre bienestar animal —sobre todo la relativa a animales de compañía— es mucho más reciente y aún está en incipiente desarrollo.

Lógicamente, el bienestar animal se ha vinculado únicamente a las especies domésticas, dejando a las silvestres bajo la legislación ambiental. Sin embargo, este desequilibrio ha generado un vacío normativo importante: ¿qué ocurre cuando las mascotas causan daños a la fauna silvestre?

Mascotas que se volvieron silvestres

Entre los tipos de impactos más importantes de las mascotas sobre la vida silvestre están los derivados de las que se asilvestran. Los animales abandonados o escapados pueden formar poblaciones autosuficientes en la naturaleza, con consecuencias graves para las especies autóctonas.

Los loros que se escapan de los hogares son un buen ejemplo de ello. Especies como la cotorra de Kramer o la cotorra argentina han establecido colonias en muchas ciudades europeas. Aunque existe cierto consenso en considerarlas como especies invasoras, su gestión representa un complejo conflicto socioambiental.

No hay dudas de que los loros compiten con especies nativas por lugares de nidificación y recursos, pero representan especies carismáticas y apreciadas por parte de la ciudadanía, por lo que su control genera fuertes controversias sociales.

No obstante, si existe una mascota asilvestrada como centro de las preocupaciones es el gato doméstico, considerado como uno de los depredadores invasores más dañinos del planeta, responsables de alrededor del 25 % de las extinciones contemporáneas de reptiles, aves y mamíferos en todo el mundo.

A pesar de las evidencias, en Europa sigue existiendo una gran resistencia a reconocer a los gatos asilvestrados como especies invasoras, lo que limita las opciones legales para gestionar su impacto.

Mascotas con libertad de movimientos

Muchas mascotas con propietario pasan parte de su tiempo sin supervisión en el exterior. En el caso de los perros, los impactos se centran en la depredación de la fauna silvestre y la transmisión de enfermedades.

Por su parte, los gatos que deambulan libremente desde sus hogares también depredan, incluso cuando están bien alimentados, afectando especialmente a aves y pequeños vertebrados en entornos urbanos y periurbanos.

Un caso particular es el de las colonias felinas. El control de las poblaciones de gatos callejeros suele recaer en los Estados miembros de la UE, lo que da lugar a enfoques muy dispares, que van desde la retirada de animales hasta los programas de captura, esterilización y retorno método CER.

Aunque se trata de un método socialmente aceptado, la evidencia científica muestra que, en la mayoría de casos, no es eficaz para reducir la población de gatos ni tampoco el impacto sobre la fauna silvestre a corto plazo.

El paseo de mascotas en la naturaleza

Pasear al perro en la naturaleza se ha convertido en una de las actividades de ocio más comunes. Un buen ejemplo de esta tendencia es la creciente popularidad de las playas para canes. Un tipo de gestión que probablemente sea positiva para la salud de las mascotas y de sus propietarios, pero no para la fauna silvestre.

En playas naturales, por ejemplo, los perros pueden afectar gravemente a aves que nidifican en el suelo, como los chorlitejos patinegros. Incluso cuando no hay depredación directa, la simple presencia de un perro puede provocar que las aves abandonen sus nidos o reduzcan el tiempo de incubación, con efectos negativos sobre el éxito reproductor.

Reconciliar el bienestar animal con la conservación

A medida que la biodiversidad disminuye y la población de animales de compañía aumenta en los hogares europeos, el conflicto entre la conservación de la fauna silvestre y la defensa del bienestar animal se intensifica. Por eso resulta tan urgente reconciliar estas perspectivas divergentes y alinear sus respectivos marcos jurídicos.

La Unión Europea tiene margen legal para actuar. Las directivas ambientales ya obligan a los Estados miembros a prevenir daños a especies protegidas, lo que podría traducirse en restricciones más claras sobre la libre deambulación de mascotas, especialmente en espacios naturales protegidos.

Al mismo tiempo, el desarrollo de una nueva legislación sobre bienestar animal ofrece una oportunidad para reforzar la responsabilidad de los propietarios a la vez que reduce el impacto de la libertad de movimientos y previene el abandono o el asilvestramiento.

Es necesario que las autoridades se tomen en serio la necesidad de regular los impactos de las mascotas y que sus propietarios se impliquen en la tarea de evitarlos. Sólo así no llegaremos al punto irreversible en el que los únicos animales silvestres que observemos en nuestros paseos por la naturaleza sean nuestras propias mascotas.

The Conversation

07
May
2025

 

Publicado: 22 abril 2025

Autoría

José Guerrero Casado

Profesor del Departamento de Zoología, Universidad de Córdoba

Los esfuerzos y recursos públicos destinados a la investigación, gestión y conservación de la fauna silvestre son, evidentemente, limitados. Por ello, se ha priorizado a las especies con un mayor grado de amenaza, cuya extinción es más probable. Sin embargo, también existe un componente subjetivo, y por eso se asignan más recursos y se presta más atención a especies más emblemáticas (como los grandes mamíferos).

Estos sesgos provocan que no conozcamos el estado real de las poblaciones de muchas especies. Tampoco cuáles son sus problemas de conservación y cómo recuperarlas. La falta de atención a especies que están ampliamente distribuidas y son relativamente abundantes también tiene sus repercusiones. Asumir que sus poblaciones gozan de buena salud no debería ser generalizable en un mundo tan cambiante.

La desaparición “invisible” de las especies

Para todos estos casos, donde las especies podrían estar en declive sin ser detectadas por la ciencia por la falta de un seguimiento adecuado, se ha acuñado el término “extinción silenciosa”. Se trata de descensos poblacionales y extinciones locales que a menudo ocurren sin que se conozcan siquiera las causas.

En España, uno de los casos más representativos de extinción silenciosa es la del gato montés. Mientras nos enfocábamos en conservar al lince ibérico, la otra especie de felino silvestre que habita en España ha ido desapareciendo. Hasta hace poco, ni la ciencia y ni la Administración pública se habían percatado de su alarmante situación. Desafortunadamente, es posible que la especie ya haya desaparecido en numerosos territorios de la península ibérica.

Algo parecido también le podría estar pasando a otros carnívoros, como el turón (Mustela putorius). Esta especie cuenta con datos muy limitados sobre su ecología, abundancia y distribución. Sin embargo, es probable que haya sufrido una fuerte regresión en gran parte de su área de distribución. Como en tantas otras extinciones silenciosas, las causas son desconocidas.

El más pequeño de los carnívoros, la comadreja (Mustela nivalis), es otro buen ejemplo. Cuando nos dispusimos a explorar los datos disponibles sobre su distribución en España, lamentablemente los resultados fueron poco alentadores. La especie había sido detectada en pocas ocasiones, con amplias zonas sin observaciones en los últimos años.

Un caso muy llamativo entre los mamíferos es el del antes citado lince ibérico y su principal presa, el conejo europeo. Mientras que el depredador ha multiplicado su población, su principal presa ha descendido de forma sustancial.

Obviamente hay muchos más conejos que linces. Pero teniendo en cuenta estas tendencias, el lince ibérico se encuentra ahora catalogado como “vulnerable a la extinción”, en tanto que el conejo está clasificado como “en peligro de extinción”, una categoría mayor de amenaza.

Aves que resurgen mientras otras disminuyen

Las aves sí son un grupo mejor monitoreado. Las tendencias poblacionales se conocen con mayor precisión, en parte gracias a la contribución de ornitólogos aficionados. Según el Libro Rojo de las Aves de España publicado en 2021, el estado de conservación de algunas especies de aves frecuentes y abundantes ha empeorado en comparación con el anterior libro rojo publicado en 2004.

Entre estas especies se encuentran algunas aves con el apellido “común”, como el vencejo común, el alcaudón común, la golondrina común y la lechuza común. Especies tan conocidas como la perdiz roja (Alectoris rufa) también han sufrido marcados declives poblacionales en los últimos años.

Por el contrario, algunas especies percibidas tradicionalmente como amenazadas, como muchas aves rapaces y acuáticas, han mejorado su estado de conservación sustancialmente. Probablemente, esta mejoría se deba a que hemos dedicado más recursos y generado más conocimiento para su conservación. Afortunadamente, los esfuerzos no fueron en vano, y estas especies se encuentran ahora menos amenazadas que hace unas décadas.

En Europa, las 168 especies de aves más comunes han disminuido, en su conjunto, un 14 % entre 1992 y 2022. Un caso particularmente preocupante es el declive del gorrión común (Passer domesticus). Esta especie está en severa regresión desde hace décadas en numerosas zonas del mundo. Las causas son múltiples y en parte desconocidas.

Reptiles y anfibios, los grandes olvidados

Los reptiles son un grupo de vertebrados en el que rara vez se invierten grandes esfuerzos. Esto hace que el estado real de conservación de muchas especies sea incierto. Por ejemplo, un estudio que utilizó datos de datos de ciencia ciudadana durante cuatro décadas demostró un declive de las poblaciones de serpientes del 23 % en España. De las 13 especies analizadas, siete sufrieron un descenso poblacional.

Por su parte, los anfibios son el grupo de vertebrados más amenazado de La Tierra. Un 41 % de las especies se encuentran en riesgo de extinción. El declive de sus poblaciones es generalizado, incluyendo especies tan abundantes como el sapo común (Bufo spinosus). Ampliamente distribuido por la península ibérica, este anfibio podría estar sufriendo un descenso poblacional, según sugieren algunos programas de seguimiento. Una extinción silenciosa que pasaría desapercibida en muchas regiones donde no hay un seguimiento adecuado.

Aunque las serpientes y muchos anfibios despiertan cierta aversión en muchas personas, desempeñan un papel esencial en las redes tróficas y en el mantenimiento de la funcionabilidad de los ecosistemas. Motivos de peso para que dediquemos más esfuerzos a su estudio y conservación.

El reto de conservar lo común

La experiencia acumulada durante décadas en Europa nos ha permitido salvar de la extinción a muchas especies de grandes mamíferos y aves rapaces. Osos, lobos, linces, buitres negros, quebrantahuesos y águilas imperiales gozan de mejor estado de conservación en la actualidad que hace unas décadas.

Ahora debemos utilizar todo ese conocimiento generado para asegurar la supervivencia de especies comunes, otrora abundantes. Es el turno para que la sociedad, la Administración pública y la comunidad científica unan fuerzas para asegurar la conservación de serpientes, sapos y gorriones. Sin olvidar a los más infravalorados, los invertebrados. Evitar la tragedia de perder estas especies comunes es uno de los grandes retos de conservación que debemos afrontar ya.

Fuente: The Conversation

01
Ago
2025

 

Autoría: Viktor Baranov; Investigador Ramon y Cajal, en ambito de Ecologia y Paleontologia de insectos y cambio global, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

Si se mantiene el ritmo actual de emisión de gases, la temperatura media global aumentará 2 °C hacia mediados de siglo, provocando fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes, el ascenso del nivel del mar y olas de calor prolongadas.

El calentamiento global también amenaza los beneficios de la naturaleza, conocidos como “servicios ecosistémicos”: disponibilidad de agua, pesca, recreación y valores estéticos y culturales.

Estos servicios que sostienen nuestras vidas dependen completamente del agua dulce, cuyos ecosistemas, incluida su fauna, están siendo perjudicados por los efectos del cambio climático.

Y de entre todos los animales de agua dulce en riesgo, los insectos acuáticos son especialmente vulnerables. En la Lista Roja de la biodiversidad española, cuatro especies de insectos acuáticos están en peligro crítico de extinción. Se trata del escarabajo Cybister vulneratus y tres plecópteros, moscas de las piedras: Leuctra bidula, Nemoura rifensis y  Protonemura gevi. Este último, un insecto cavernícola, es endémico de España, lo que significa que no vive en ningún otro lugar.

Agentes invisibles pero imprescindibles

Los insectos acuáticos son esenciales para el buen funcionamiento de ríos y lagos. No obstante, en una investigación que llevamos a cabo en el año 2020 mostramos cómo un aumento de solo 1.8 °C en la temperatura media anual podía reducir en hasta un 82 % la abundancia de especies sensibles en apenas 42 años. Un fenómeno que ha ocurrido incluso en reservas naturales con escasa intervención humana.

En otro trabajo en el que se analizaron poblaciones de mosquitos no picadores en una reserva de Alemania central, detectamos una fuerte disminución en su capacidad de dispersión y reproducción tras un aumento de 1 °C durante un periodo de ocho años. Además, hemos documentado una tendencia general al menor tamaño corporal en insectos acuáticos en climas cálidos.

Las anteriores observaciones nos llevaron a una pregunta central: ¿cómo influye el aumento de temperatura en el crecimiento, tamaño y supervivencia de estos insectos?

Un experimento controlado

El tamaño corporal es una variable clave en la biología. No sólo permite anticipar la capacidad de supervivencia y reproducción de este grupo de animales, sino también comprender cómo interaccionan con el calor para poder prever el futuro de los ecosistemas acuáticos.

Con el fin de responder nuestra pregunta, realizamos un experimento con mosquitos no picadores, ya que son buenos modelos para estudiar los efectos del cambio ambiental en la fauna de agua dulce. Para ello, los criamos en tanques de prueba, recintos experimentales que simulan ecosistemas con ciertas variables controladas, conocidos como mesocosmos.

Diseñamos dos grupos principales: uno mantenido a 20 °C y otro a 30 °C, dentro de los cuales establecimos subgrupos con diferentes niveles de oxígeno disuelto, desde valores normales, un rango 100 %, 75 % y 50 % de saturación, hasta la mitad del nivel habitual.

El oxígeno como factor clave

Los resultados de nuestro ensayo fueron rotundos: los mosquitos no picadores se hicieron hasta un un 8-10 % más pequeños en ambientes cálidos con bajo oxígeno. Esto indica que el calor no es el único factor que causa el encogimiento.

El factor determinante parece ser la disminución del oxígeno disuelto, y su causa es fisiológica. A mayor temperatura, el metabolismo aumenta y los insectos necesitan más oxígeno. Pero el oxígeno se disuelve peor en agua caliente, generando un desequilibrio entre una mayor demanda y una menos disponibilidad. Y este desajuste limita el crecimiento de los insectos.

Desarrollo más rápido, pero menos sostenible

En la mayoría de los tanques de prueba, los mosquitos completaron siete u ocho generaciones, con una duración promedio de 18,5 días por generación. En condiciones de más calor y menos oxígeno, este tiempo se redujo a entre 17,3 y 13,4 días. Sin embargo, en esos mismos entornos las tasas de mortalidad aumentaron.

Después de 120 días, dejaron de emerger adultos en los tanques de prueba cálidos con bajo oxígeno, poniendo en evidencia que la alta mortalidad y la baja reproducción impidieron la continuidad de la población.

A tiempo de salvar a los mosquitos acuáticos

Nuestro estudio es un paso importante para una comprensión del declive de los insectos. La doble pérdida, tanto en número como en tamaño, ayuda a explicar la drástica disminución de insectos acuáticos en entornos afectados por el calentamiento. Esto representa una amenaza para funciones esenciales del ecosistema: mantener el agua limpia, reciclar nutrientes y sustentar la pesca recreativa e industrial.

La buena noticia es que hay formas de evitar este escenario tan pesimista. Ya que la baja concentración de oxígeno parece ser el factor decisivo, podemos aplicar soluciones basadas en él.

Invertir en lo invisible

Además de reducir las emisiones de gases, es posible crear bancos naturales de arena o grava, disminuir la contaminación en ríos y proteger tramos de agua con buena oxigenación. Son acciones que, además de mejorar la calidad del agua, ofrecen condiciones más favorables para la fauna de agua dulce.

Los insectos acuáticos no suelen ser protagonistas en los debates sobre cambio climático, pero son fundamentales para el funcionamiento de los ecosistemas de agua dulce, que son, a su vez, esenciales para la vida humana. Protegerlos no implica solo conservar biodiversidad, sino garantizar la salud de los ríos, los lagos y nuestras propias comunidades.

The Conversation

11
Mar
2025

foresta 90

Pág. 02 - Editorial

Invertebrados exóticos invasores, un peligro menos evidente pero muy presente [Pág. 2-3]

Pág. 04 - Apuntes

Salamanquesa común (Tarentola mauritanica) [Pág. 4-5]

Aliso, Alnus glutinosa L. [Pág. 6-15]

¡Cómo resiste el pino canario! [Pág. 16-21]

Cambios en el crecimiento y secuestro de carbono de las masas forestales por el cambio climático [Pág. 22-23]

Pág. 24 - Entrevista

Entrevista a José González Granados, decano-presidente del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales y Graduados en Ingeniería Forestal y del Medio Natural [Pág. 24-27]

Pág. 28 - Especial invertebrados exóticos invasores

Invertebrados exóticos invasores en España [Pág. 28-31]

El chinche de las piñas, Leptoglossus occidentalis Heidemann, 1910 [Pág. 32-33]

Scyphophorus acupunctatus Gyllenhal, 1838 (Coleoptera Curculionidae), plaga en agaves y yucas cultivadas [Pág. 34-35]

Avispa asesina (Vespa velutina Lepeletier, 1836) y avispa oriental (Vespa orientalis Linnaeus, 1771) [Pág. 36-39]

Gorgojo defoliador del eucalipto (Gonipterus platensis Marelli, 1926) [Pág. 40-41]

Paysandisia archon (Busmeister, 1880) y Rhynchophorus ferrugineus (Olivier, 1790) Destructores de palmáceas [Pág. 42-45]

Aedes albopictus Skuse, 1895 [Pág. 46-47]

Normativa legal que afecta a las especies exóticas invasoras [Pág. 48-49]

Pág. 50 - Colaboraciones técnicas

Valoración de las nuevas reservas naturales fluviales en la cuenca hidrográfica del Tajo: luces y sombras [Pág. 50-57]

Comprendiendo la dinámica poblacional de la procesionaria del pino en un contexto de cambio climático [Pág. 58-62]

La palma canaria: patrimonio cultural y económico en La Gomera [Pág. 64-68]

Insectos saproxílicos: los grandes olvidados de la gestión forestal [Pág. 70-77]

El decaimiento del abeto (Abies alba Mill.) en el Pirineo aragonés: ¿qué información tenemos hasta la fecha? [Pág. 78-85]

Pág. 86 - Reportaje fotográfico

Rutas salvajes: las rocosas y montañas costeras canadienses [Pág. 86-99]

Pág. 100 - La página de...

Juntos por los Bosques. Una nueva etapa [Pág. 100-101]

Pág. 102 - Arte y naturaleza

Miguel Ángel Blanco, el profeta del bosque [Pág. 102-105]

Pág. 106 - Rincones singulares

Laberinto de Breoghán, el laberinto estable más grande de España [Pág. 106-109]

Pág. 110 - Noticias forestales y del colegio

Noticias forestales y del Colegio nº 90 [Pág. 110-120]

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