Ecología, gestión y protección de la fauna silvestre

02
Abr
2021

 

Hay varias especies introducidas o invasoras y solo una, Austropotamobius pallipes o italicus que, según algunos expertos, es autóctona y para otros es una especie introducida. Y, como ven, hasta el nombre científico está en discusión.

Procamburos clarkii

Procambarus clarkii. Fuente: Wikimedia Commons

La especie invasora más extendida y conocida es Procambarus clarkii, el cangrejo rojo o de las marismas. Su introducción buscaba el cultivo y comercialización de la especie, tal como se hace en su país de origen, en Estados Unidos. Llegó, por primera vez, a Badajoz en 1973, desde Louisiana. Eran 500 ejemplares y parece que no prosperó el cultivo. En 1974, fue introducido en las marismas del Guadalquivir, en concreto en Puebla del Río. Desde Estados Unidos enviaron 500 kilogramos, unos 40000 ejemplares, aunque solo llegaron vivos unos 100 kilogramos. Tanto de Badajoz como del Guadalquivir escaparon ejemplares y colonizaron los tramos medios y bajos de los ríos ibéricos.

En un estudio reciente de la diversidad genética de Procambarus, Lucía Acevedo y su grupo, de la Estación Biológica de Doñana, y con muestras de 28 lugares de la península, encuentran dos grupos diferentes separados en regiones geográficas distintas. Uno de los grupos es dominante en Portugal y los autores proponen que se originó a partir de los ejemplares que llegaron a Badajoz en 1973. El segundo grupo, que ocupa los ríos de España, vendría de la introducción en el Guadalquivir.

 

Pascifastiacus lenusculus

Pacifastacus leniusculus. Fuente: Wikimedia Commons

La segunda especie introducida es el cangrejo señal o Pacifastacus leniusculus. Llegó desde piscifactorías de Suecia aunque su origen está en Estados Unidos. Se importaron en 1974 y 1975 a criaderos de Soria y Guadalajara y, en 1976, a Cuenca y Burgos. Colonizan los tramos altos de ríos y arroyos ocupando hábitats y por su conducta los entornos preferidos del Austropotamobius. Durante varias temporadas se utilizó para repoblar los ríos de los que había desaparecido esta especie. Tanto el señal como el rojo se extendieron por los ríos peninsulares por que escaparon de los criaderos pero, también, porque fueron transportados de arroyo en arroyo por iniciativa individual de pescadores aficionados.

 

Cherax destructor

Cherax destructor. Fuente: Wikimedia Commons

Una tercera especie de cangrejo introducido en la península es el yabby o Cherax destructor que llegó en 1983 desde Los Angeles aunque su origen está en el suroeste de Australia. Se encuentra en pocos lugares, en Aragón y Navarra, y coloniza fondos blandos y limosos en aguas lentas como pantanos, balsas y tramos finales de grandes ríos. En Australia es una especie muy apreciada y, quizá por ello, llegó a la península.

 

ch quadrcarinatus

Cherax  quadricarinatus. Fuente: Wikimedia Commons

Hace unas semanas se publicó el hallazgo en Asturias de otra especie del género Cherax. Andrés Arias y Antonio Torralba, de la Universidad de Oviedo, encontraron Cherax quadricarinatus en Colloto, cerca de Oviedo. Los primeros ejemplares los recogieron en 2013.

 

 Orconectes limosus

Orconectes (ahora Faxonius) limosus. Fuente: Wikimedia Commons

Otra especie de cangrejo de agua dulce encontrada en la península es Orconectes (ahora Faxonius) limosus, detectada en un pantano de Girona. El muestreo se hizo en 2010 y publicaron los resultados en 2011 Lluis Benejam y su grupo, del Centro del Estudio de Biología de Conservación Terrestre y Acuática de Figueres. El origen de esta especie también es Estados Unidos.

Austropomatobius italicus

Austropotamobius italicus. Fuente: Wikimedia Commons

Y la sexta especie de cangrejo de río en la península es el citado Austropotamobius pallipes o italicus que, como decía, mantiene la incógnita sobre su origen. Sería, por tanto, una especie criptogénica según la definición de James Carlton, del Colegio Williams de Williamstown, en Estados Unidos. Según su publicación de 1982, una especie criptogénica es aquella en que no se puede determinar si es autóctona, introducida o invasora.

Según algunos grupos de investigación, esta especie llegó a la península en el siglo XVI, por la intervención directa de Felipe II. Desde la paleontología o la arqueología no hay datos sobre la presencia de alguna especie de cangrejo d erío en la península. No hay que olvidar que la conservación y fosilización de sus restos no es fácil. Otra fuente de datos son los libros de gastronomía pero, hasta 1611 y en el libro de Francisco Martínez Motiño, Cocinero Mayor de Felipe II, no se mencionan los cangrejos de río.

La historia que se ha deducido sobre el origen de estos cangrejos dice que llegaron desde Milán, con un mensajero de Felipe II, hasta Alicante en 1588 y, desde el puerto, fueron transportados a Madrid, quizá a El Escorial.

A finales del siglo pasado, el Austropotamobius casi desapareció. En 1978, comenzó a extenderse por las aguas dulces de la península el hongo Aphanomyces astaci, patógeno mortal que provoca la afanomicosis en los cangrejos europeos. Los primeros casos se diagnosticaron en primavera y se identificó el Aphanomyces en Burgos y Ciudad Real. El hongo venía de Norteamérica donde tiene una presencia continua y no daña a los cangrejos locales. Llegó a Europa con la importación de los cangrejos rojo y señal, que son portadores, y extendieron la enfermedad por todo el continente.

Para evaluar si el Austropotamobius es autóctono o introducido, se analizó su diversidad genética. El estudio del ADN mitocondrial, publicado por Beatriz Matallana y su grupo, de la Universidad Complutense, con datos de 160 ejemplares de 16 lugares de ríos del norte, centro y este peninsulares, revelaron la existencia de dos grupos, uno de ellos en el norte, en el área cantábrica y el Alto Ebro, y el segundo grupo, que llamaron central, en el este y centro peninsulares.

Sin embargo, estos estudios no sirvieron para aclarar el origen de esta especie. La diversidad genética es grande, habitual en una especie autóctona, pero con una distribución en manchas discontinuas, típico de una especie introducida varias veces y, a menudo, transportada por iniciativa personal para ampliar las zonas de pesca.

El debate continua y tiene importancia práctica pues supone la concesión de tiempo y recursos para recuperar una especie dañada por la enfermedad. Pero para ello se debe considerar si es una especie autóctona y no una introducida que, en principio, se supone que perjudica a los ecosistemas del entorno. Quizá se debe reconsiderar la definición de introducida o invasora para especies como el Austropotamobius que, según algunos expertos, lleva ya cinco siglos en el entorno y es importante por su integración en la cultura y en las tradiciones del país.

Referencias:

Acevedo-Limón, L., et al. 2020. Historical, human, and environmental drivers of genetic diversity in the red swamp crayfish (Procambarus clarkii) invading the Iberian Peninsula. Freshwater Biology 65: 1460-1474.

Angulo, E. 2016. El caso de los cangrejos viajeros. Cuaderno de Cultura Científica 26 septiembre.

Arias, A. & A. Torralba-Burrial. 2021. First record of the redclaw crayfish Cherax quadricarinatus (Van Martens, 1868) on the Iberian Peninsula. Limnetica DOI: 10.23818/limn.40.03

Benejam, L. et al. 2011. First record of the spiny-cheek crayfish Orconectes limosus (Rafinesque, 1918) introduced to the Iberian Peninsula. Aquatic Invasions 6: S111-S113.

Bolea Berné, L. 1996. Primera cita de Cherax destructor (Crustacea: Decapoda: Parasticidae) en Europa. Boletín de la SEA 14: 49-51.

Carlton, J.T. 1996. Biological invasions and cryptogenic species. Ecology 77: 1653-1655.

Clavero, M. & D. Villero. 2014. Historical ecology and invasion biology: Long-term distribution changes of introduced freshwater species. BioSciences 64: 145-153.

Clavero, M. 2015. Non-native species as conservation priorities: response to Díez-León, M. et al. Conservation Biology DOI: 10.1111/cobi.12524

Clavero, M. et al. 2016. El cangrejo de río… italiano. Quercus 359: 42-52.

Clavero, M. et al 2016. Interdisciplinary to reconstruct historical introductions: solving the status of cryptogenic crayfish. Biological Reviews 91: 1036-1049.

Diéguez-Uribeondo, J. et al. 1997. The crayfish plague fungus (Aphanomyces astaci) in Spain. Bulletin Français de la Pêche et de la Pisciculture 347: 753-763.

Díez León, M. et al. 2014. Setting priorities for existing conservation needs of crayfish and mink. Conservation Biology 29: 599-601.

Galindo, F.J. et al. 2014. Cangrejo de río: la ciencia sí es aval de su carácter nativo. Quercus 342: 74-79.

García-Arberas, L. et al. 2009. The future of the indigenous freshwater crayfish Autropotamobius italicus in Basque Country streams: Is it possible to survive being an inconvenient species? Knowledge and Management of Aquatic Ecosystems DOI: 10.1051/Kmae/2010015

Gherardi, F. 2006. Crayfish invading Europe: the case study of Procambarus clarkiiMarine and Freshwater Behaviour and Physiology 39: 175-191.

Heuthonen, P. & J.V. Huner. 1999. The introduction of alien species of crayfish in Europe: A historical introduction. En “Crayfish in Europe as alien species. How to make the best of a bad situation?”, p.13-22. Ed. Por A.A. Belkema. Rotterdam.

Laurent, P.J. 1997. Introductions d’écrevisses en France et dans le monde, historique et conséquences. Bulletin Français de la Pêche et de la Pisciculture 344/345: 345-356.

Martín-Torrijos, L. et al. 2019. Mapping 15 years of crayfish plague in the Iberian Peninsula: The impact of two invasive species on the endangered native crayfish. PLOS One 14: e0219223

Matallanas, B. et al. 2016. The White-clawed crayfish in Spain – reply to Clavero and Centeno-Cuadros. Organisms Diversity & Evolution 16: 719-721.

Matallanas, B. et al. 2016. Fine-tuning of a COI PCR-RFLP assay for fast genetic characterization of Spanish white-clawed crayfish. Knowledge and Management of Aquatic Ecosystems DOI: 10.1051/kmae/2016019

Matallanas, B. et al. 2016. Update of genetic information for the white-clawed crayfish in Spain, with new insights into its population genetics and origin. Organisms Diversity & Evolution 16: 533-547.

Oficialdegui, F.J. et al. 2019. Unravelling the global invasion routes of worldwide invader, the red swamp crayfish (Procambarus clarkii). Freshwater Biology DOI: 10.1111/fwb.13312

Oficialdegui, F.J. et al. 2020. Brought more than twice: the complex introduction history of the red swamp crayfish in Europe. Knowledge and Management of Aquatic Ecosystems doi: 10.1051/kmae/2019044

Oscoz, J. et al. 2008. Nuevos datos sobre la presencia de cangrejos autóctonos en la Cuenca del Río Ebro. Gorosti 19: 4-11.

Vedia, I. & R. Miranda. 2013. Review of the state of knowledge of crayfish species in the Iberian Peninsula. Limnetica 32: 269-286.

Sobre el autor: Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

29
Mar
2021

 

La población de oso pardo europeo (Ursus arctos arctos) ubicada en la cordillera Cantábrica representa el límite suroeste de la distribución de esta especie en Europa. Al igual que otras poblaciones de osos en el continente, experimentó un declive dramático en el número de individuos en la segunda mitad del siglo XX, situándose en menos de 100 individuos en la década de los noventa. Además, quedó dividida en dos subpoblaciones –occidental y oriental– separadas unos 50 kilómetros. Un fenómeno favorecido por barreras geográficas.

El establecimiento de una legislación protectora, junto con planes de seguimiento y conservación han llevado a una recuperación del oso pardo en las últimas dos décadas. El resultado es un aparente aumento en el número de individuos. En 2019, se estimó la existencia de unos 300 ejemplares: 230-270 en la población occidental (Galicia, Asturias y Castilla y León) y unos 40 individuos en la oriental (una pequeña superficie de Asturias, Palencia y Cantabria).

A nivel internacional, el oso pardo cantábrico está incluido en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y está catalogado como en peligro de extinción.

La identificación de las causas de mortalidad en poblaciones naturales silvestres es muy importante no solo para detectar y reconocer posibles riesgos de conservación, sino también para diseñar correctamente las estrategias de conservación y los programas de gestión.

Determinamos la causa de la muerte de los osos

Los estudios de mortalidad y los datos sanitarios son escasos en la pequeña y amenazada población de oso pardo de la cordillera Cantábrica. El bajo número de individuos, su comportamiento esquivo y alta movilidad y la escasez de programas de seguimiento de ejemplares mediante radio y GPS en la zona dificultan la detección de osos muertos. Esto impide en muchos casos la realización de necropsias y la determinación de las causas de muerte.

Por todo ello, hemos llevado a cabo un estudio para describir las causas confirmadas de muerte y los hallazgos más significativos en veinticinco osos necropsiados en Asturias y Castilla y León durante los últimos 20 años.

Clasificamos las causas de muerte en base a dos criterios:

1.     Provocadas o no por intervención humana.

2.    Provocadas o no por etiología infecciosa.

Según la primera clasificación, el 66,7 % de los animales murieron por causas no relacionadas con la intervención humana, como lesiones traumáticas (peleas, infanticidio…), hepatitis infecciosa canina, clostridiosis o neoplasia, entre otras. El 33,3 % restante murió por causas directamente relacionadas con la intervención humana como la caza ilegal (por arma de fuego o lazo), envenenamiento o miopatía por estrés.

Si tenemos en cuenta la etiología, el 57,1 % de los animales murieron por causas no infecciosas y el 42,9 % por causas con etiología infecciosa como hepatitis infecciosa canina o miositis gangrenosa provocada en la mayoría de los casos por Clostridium sordellii.

¿Cómo contraen las infecciones?

Con nuestro estudio queda patente que el hombre todavía es responsable de algunas muertes de osos, aunque afortunadamente esta tendencia ha ido disminuyendo. Sin embargo, el hecho de que un alto porcentaje de los animales fallezcan por infecciones es de gran relevancia y contrasta con los datos de causa de muerte anteriormente descritos para otras poblaciones de estos animales a nivel mundial, donde las enfermedades infecciosas en ningún caso se describen como un motivo de fallecimiento importante.

El origen de la hepatitis canina infecciosa en los úrsidos es desconocido. Se especula con que podría deberse a una transmisión indirecta a partir de reservorios silvestres o quizá domésticos. Hay que tener en cuenta que el virus se excreta en orina, heces y exudados nasales y oculares que pueden contaminar el medio ambiente, suponiendo una importante fuente de infección para otros individuos de la misma o diferente especie.

Estudios recientes han demostrado que la infección en el lobo es endémica, y que este comparte la misma cepa vírica que el oso. Se cree que la posible transmisión se produce a partir de perros domésticos no vacunados. Esta vacunación no es obligatoria, y por tanto se hace difícil conocer la situación epidemiológica real de esta infección en el perro.

Cabe asimismo destacar que en dos animales se observó miopatía como consecuencia de un esfuerzo y estrés extremo. Este hecho debe tenerse en cuenta en el manejo de los osos. Conviene minimizar el estrés tanto como sea posible en la manipulación de estos animales en vida.

Mejoras en la conservación del oso

Los resultados que hemos obtenido proporcionan información valiosa sobre los factores que amenazan a esta población en recuperación y pueden ayudar en los proyectos y esfuerzos de gestión y conservación que se lleven a cabo en el futuro.

La presencia de enfermedades infecciosas como la hepatitis infecciosa canina puede reducir la variabilidad genética de los osos por la muerte temprana de futuros progenitores.

Cuando, como en este caso, se trata de especies en peligro de extinción, es muy complicado desde el punto de vista ético y de conservación establecer mecanismos de vigilancia sanitaria activa. Los sistemas de vigilancia sanitaria pasiva como la realización de necropsias regladas en el mayor número de animales y especies posibles se convierte en una de las mejores herramientas de estudio epidemiológico.

Este control sanitario, entendido bajo el paraguas del concepto One Health o Una salud, debe incluir tanto a las especies diana del esfuerzo de conservación, en este caso al oso pardo, como a las especies con las que cohabita, incluidas otras silvestres (lobos, zorros, mustélidos) y domésticas (perros) e incluso al hombre.

En definitiva, nuestro trabajo pone de manifiesto que los esfuerzos de conservación que se están llevando a cabo en la actualidad pueden no ser suficientes si las medidas sanitarias y de vigilancia epidemiológica no se equiparan en importancia y exigencia al resto de medidas de gestión.

Este artículo ha sido escrito en colaboración con Ramón Balsera, de la Consejería de Fomento, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente del Principado de Asturias, y Olga Alarcia, de la Dirección General de Patrimonio Natural y Política Forestal de Castilla y León.

Autores

Ana Balseiro

Personal Docente Investigador Departamento de Sanidad Animal, Universidad de León

Elena Gayo Roces

Doctora en Veterinaria (Sanidad Animal), Universidad de León

Juan Francisco García Marín

Catedrático de Anatomía Patológica Veterinaria, Área de Sanidad Animal., Universidad de León

Luis José Royo Martín

Investigador en Producción y Sanidad Animal, Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (SERIDA)

Fuente.- The Convesation

24
Feb
2021

 

Desde el pasado mes de abril se han confirmado 68 casos de mixomatosis en liebre ibérica en 18 provincias de 7 comunidades autónomas.

mixomatosisliebre año 2021

Situación de la mixomatosis en liebres según el último informe del MITECO. ©MITECO y Shutterstock

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) ha publicado un nuevo informe sobre los casos de mixomatosis en liebres aparecidos en las últimas semanas en España. Desde el mes de abril de 2020, se han confirmado 68 casos de mixomatosis en liebre ibérica en 18 provincias de 7 comunidades autónomas.

De las 41 comarcas ganaderas afectadas en esta última temporada 2020-2021, en 29 de ellas no era la primera vez que se detectaban casos, tan solo en 12 aparecieron focos por primera vez en 2020-2021.

Evolución de la enfermedad hasta esa fecha

Según informa el MAPA en este documento, a mediados de julio de 2018, la Junta de Andalucía recibió la notificación de mortalidades anormales en liebres ibéricas (Lepus granatensis) en distintos cotos de caza en la provincia de Córdoba, hallándose ejemplares en el campo en un estado moribundo, con signos de ceguera, debilidad y desorientación. Unas semanas más tarde se notificaron los primeros casos en la provincia de Jaén y en la provincia de Cuenca, con similar sintomatología.

La enfermedad se diseminó durante los siguientes meses confirmándose por el Laboratorio Central de Veterinaria (LCV) de Algete casos en 25 provincias de las CCAA de Andalucía, Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Comunidad Valenciana, Extremadura, Islas Baleares, Madrid y Murcia. Por otro lado, se encontraron animales con síntomas y lesiones en varias comarcas de la comunidad autónoma de Extremadura sin confirmación laboratorial.

Durante la temporada 2019-2020, se confirmaron por parte del LCV de Algete 227 casos de mixomatosis en liebre ibérica en 31 provincias de 11 CCAA. En 9 CCAA ya se habían detectado casos en la temporada anterior 2018-2019 (Andalucía, Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Comunidad Valenciana, Extremadura, Islas Baleares, Madrid y Murcia), mientras que en la provincia de Álava y en la provincia de Tarragona, aparecieron positivos por primera vez.

Medidas que pide el MAPA para aminorar la enfermedad

Entre las medidas que se han adoptado por el MAPA para aminorar la enfermedad, éste informa que los guardas forestales, ganaderos, cazadores y demás personas que realizan actividades en el campo deberán notificar cualquier sospecha de mortalidad anormal o presencia de síntomas o lesiones compatibles con la enfermedad en liebres, comunicando estos sucesos a los Servicios Veterinarios Oficiales o a los Servicios de Medio Natural o Caza de la comunidad autónoma afectada, quienes investigarán las sospechas y, en caso necesario, tomarán muestras para su envío al laboratorio.

El MAPA también llevará a cabo el cese de autorización de translocaciones de liebres procedentes de las comarcas ganaderas afectadas para frenar en la medida de lo posible la traslocación de ejemplares afectados por la enfermedad.

En este enlace puedes descargar el informe oficial del MAPA. 

Situacion_brote_de_mixomatosis_en_liebre_iberica_febrero_2021.pdf

Javier Fernandez-Caballero

Fuente.- Jara y Sedal

10
Mar
2021

lobo y cabras

«Yo no veo a nadie defendiendo a la cabra bermeya como se defiende al lobo», denuncia el joven pastor asturiano.

El medio rural está alzando la voz pero sus desgarradores gritos de auxilio parece que no penetran en las conciencias necesarias. Desde los despachos se sigue haciendo oídos sordos a las súplicas de ganaderos y pastores que, a diferencia de ellos, conviven diariamente con el lobo ibérico (Canis lupus signatus).

Un ejemplo claro lo encontramos en el joven pastor Rubén López. Este asturiano de 24 años de edad dirige los pasos de un fenomenal rebaño de cabra bermeya, una raza autóctona del Principado de Asturias que, a diferencia del lobo, sí catalogada en peligro de extinción y que carece de protección alguna.

Una denuncia a nivel nacional

Rubén aprovechó las cámaras de La Sexta y del programa NATURAL hace solo unos meses para lanzar una voz de alarma que se escuchara en todo el país. Sus cabras se mueren. «El lobo me mata entre 90 y 100 cabras al año. Estando en peligro de extinción como está, yo no veo a nadie defendiendo a la cabra bermeya como se defiende al lobo», manifiesta mientras chista a dos cabras rezagadas para que se junten con las demás.

«Un aperitivo para el lobo»

Según explica el joven pastor, es fundamental tener a todas las cabras bajo control en todo momento. Si alguna se desorienta y se separa del grupo, el fatal desenlace es inminente. «El lobo es un animal muy astuto y, aunque no se deje ver, él siempre está pendiente de las cabras y sigue su rastro permanentemente».

Un poderoso mastín custodia el rebaño como medida de seguridad y sus encontronazos con el temido depredador han dejado marca en su tremendo corpachón. Después de una cruenta batalla con ellos, apareció lleno de dentelladas, sin la mitad de una oreja, «vino más muerto que vivo», explica Rubén. Además, el pastor argumenta lo mismo que otros ganaderos del norte de España: una o dos cabras no dan trabajo al lobo y son relativamente fáciles de matar. Sin embargo, cazar un jabalí o un corzo supone un esfuerzo mayor. «Tienen que correr detrás de él y si es un jabalí adulto le va a hacer frente…».

Desde luego el panorama es desolador para un mundo rural en auténtico riesgo de extinción, que mira a los ojos del lobo día a día, sin recibir ayudas por parte de nadie. «Supuestamente yo tengo que quedarme de brazos cruzados viendo como el lobo destruye mi futuro y mi modo de vida», se despide Rubén.

Carlos Vignau

18
Feb
2021

alba

Al diseñar estrategias forestales para adaptarse al cambio global, un nuevo estudio se centra en la importancia de caracterizar y diversificar los rasgos funcionales de las especies forestales. La investigación presenta una metodología para informar a la gestión forestal fácil de usar basada en los rasgos funcionales de las especies, es decir, en aquellas características morfológicas o fenológicas de los individuos que tienen que ver con el crecimiento, la supervivencia y la reproducción, como la altura media, el tamaño de las semillas o su tolerancia a la sequía.

El estudio, que también contó con la participación del CREAF y las instituciones canadienses, propone la diversidad funcional del bosque en su conjunto, así como la conectividad funcional a nivel paisajístico como indicadores de la capacidad del ecosistema para adaptarse a las condiciones ambientales cambiantes. Los hallazgos se publican en la revista científica Forest Ecology and Management.

"El hecho de caracterizar las especies forestales a través de rasgos funcionales da la idea de la diversidad funcional que existe en un paisaje o una región, y por lo tanto su capacidad de adaptación y resistencia. Una región puede ser bastante rica en especies, pero funcionalmente pobre", explica Núria Aquilué, investigadora del CTFC y autora principal del artículo.

Además, el estudio también tuvo en cuenta la vulnerabilidad de las especies a las perturbaciones naturales actuales y futuras. "Una especie puede aumentar la diversidad funcional de un ecosistema, pero si está muy amenazada por perturbaciones que probablemente terminarán impactando en la región, debe tenerse en cuenta", añade Aquilué.

El estudio también evalúa la diversidad y la conectividad funcional en un paisaje forestal templado en el sureste de Canadá, que, a pesar de ser muy rico en especies, se concentran en dos grandes grupos funcionales. Aumentar la diversidad funcional de este bosque tendría un aumento en su capacidad de adaptación.

El equipo de investigación ha probado cuatro escenarios de gestión que varían en intensidad y estrategia forestal, incluyendo la plantación de especies arbóreas de grupos funcionales raros o la clarificación de especies arbóreas de los grupos funcionales predominantes para promover la regeneración natural de especies funcionales. "Dependiendo de qué área, promover la regeneración de especies funcionalmente más raras sería suficiente para aumentar considerablemente la diversidad funcional de todo el ecosistema. No siempre es necesario una gestión muy intensiva de los bosques, sino que hacerlo más dirigido", concluye Aquilué.

Una herramienta para apoyar las decisiones de planificación

Dada la incertidumbre de los cambios ambientales globales, se necesitan herramientas fiables y de base científica para apoyar las decisiones de planificación. Al adoptar la metodología propuesta en este estudio, basada en redes y características funcionales, los profesionales forestales tienen una nueva herramienta fácil de usar para evaluar la diversidad funcional a nivel paisajístico, vulnerabilidad y conectividad funcional.

Los resultados de este estudio se pueden utilizar para informar tanto los planes de mitigación contra las perturbaciones naturales como las estrategias para mejorar la capacidad de adaptación de los ecosistemas a las condiciones ambientales futuras y a las demandas de la sociedad

Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya

Página 1 de 10

© 2018 Distrito Forestal.