Ecología, gestión y protección de la fauna silvestre

19
Ago
2022

 

Autoría:

Pablo Ferrer Gallego; Conservación de recursos fitogenéticos en el Servicio de Vida Silvestre - RED NATURA 2000, Generalitat Valenciana

Juan Jiménez Pérez: Jefe del Servicio de Vida Silvestre y Red Natura 2000, Generalitat Valenciana

¿Sería buena idea reintroducir bisontes en España? ¿Y guepardos en la India? ¿Suponen iniciativas como éstas una pérdida de exclusividad genética? ¿O son medidas justificadas para evitar que las especies se extingan?

El pasado mes de mayo se celebró en Valencia el First Global Meeting of Conservation Translocation Practitioners. A lo largo de tres días, un centenar de especialistas mundiales con experiencia en movimientos de fauna discutieron las lecciones aprendidas sobre esta técnica, en conexión tanto con los procesos de recuperación de especies como de restauración de ecosistemas.

Una conclusión del evento fue que el éxito en conservación de especies depende más de factores sociales y políticos que de un riguroso análisis científico. También se comentó mucho que el cumplimiento escrupuloso de los criterios de reintroducción de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) hace muy difícil llevar a cabo este tipo de proyectos.

Bisontes con denominación de origen

Un argumento muy usado para paralizar una iniciativa de traslocación o traslado de especies es que los ejemplares a introducir son genéticamente diferentes a los que existen o existieron en la zona. Como ejemplo, puede citarse la oposición a reintroducir bisontes en España, ya que los que habitaron estas tierras hasta el Holoceno (de la especie Bison priscus) son distintos de los que sobrevivieron en Centroeuropa (Bison bonasus).

A este respecto, debe recordarse la hibridación conocida entre bisontes y otros bovinos. Un estudio reciente concluía que los actuales bisontes americanos (Bison bison) llevan genes de bovinos domésticos (Bos taurus), lo cual lleva a algunos autores a juntarlos a todos en el género Bos.

El caso del águila pescadora

Hace poco se ha publicado una carta en Science criticando el proyecto de la Generalitat Valenciana de reintroducir el águila pescadora a partir de ejemplares procedentes del centro y el norte de Europa. En esencia, los autores alertan que mezclar individuos de diferentes subpoblaciones (con ligeras diferencias genéticas) puede conllevar riesgos evolutivos que erosionen adaptaciones locales.

La carta ha recibido réplica de los promotores del proyecto y científicos de prestigio. En resumen, alegan que las diferencias genéticas se deben al aislamiento reciente a causa de la reducción de la especie y subsiguiente endogamia. La polémica puede seguirse con una contrarréplica.

Prohibido cambiar plantas de sitio

En lo que respecta a la flora, el origen genético de las plantas a cambiar de ubicación también obstaculiza proyectos para reforzar especies amenazadas o reintroducir especies localmente extintas. El caso es aún más serio que para la fauna, ya que las trabas por las diferencias genéticas (o más bien de origen geográfico) se han elevado al ámbito administrativo.

Esto queda muy claro en el concepto de región de procedencia, definida como “la zona o el grupo de zonas sujetas a condiciones ecológicas uniformes en las que se encuentran fuentes semilleras o rodales que presentan características fenotípicas o genéticas semejantes”. Si bien estas limitaciones se restringen por ahora al ámbito forestal, es preocupante que el reciente Real Decreto 159/2022, de 1 de marzo, extienda la regulación sobre los orígenes a la flora silvestre amenazada.

Aprovechar la riqueza local

Compartimos la necesidad de evitar repoblaciones caprichosas de animales o plantas de procedencia lejana cuando hay material genético próximo disponible. Así, en el caso de Frangula alnus, este arbolillo fue salvado de la extinción local en la Comunidad Valenciana gracias a la mezcla de genotipos, utilizando plantas valencianas y de Castilla-La Mancha.

En el ejemplo del proyecto comentado de reintroducción del águila pescadora en la Comunidad Valenciana, la iniciativa tuvo una fase experimental. Entre 2019 y 2021, sólo se pudieron utilizar 4 pollos procedentes de Andalucía y 5 de Baleares, dada la escasez de población nidificante en estas comunidades. Y eso a pesar de la buena disposición de sus gobiernos para colaborar con la Generalitat Valenciana.

Tan pocos ejemplares liberados anualmente (de 2 a 4) hacen prácticamente imposible construir una población a medio plazo (10-20 años) si se tiene en cuenta la altísima mortalidad de la especie en su primer año de dispersión.

Poblaciones aisladas y genéticamente empobrecidas

No estamos en contra de mantener la diversidad genética conforme a los principios del Convenio de Río (1992), pero otra cosa es imponer limitaciones adicionales cuando trabajamos con especies seriamente amenazadas e incluso al borde de la extinción.

Las especies en peligro suelen hallarse empobrecidas genéticamente por aislamiento y endogamia, algo que con dificultad puede ser adaptativo y restringe enormemente las posibilidades de contar con un plantel donante generoso. Este solo puede provenir de poblaciones en buen estado de conservación.

En el caso de subespecies prácticamente extinguidas, y si queremos ser prácticos, deberían plantearse proyectos de reintroducción con ejemplares de otras subespecies en mejor estado de conservación.

Subespecies más saludables

Esta es la decisión que ha tomado la India para recuperar al guepardo, tras asumir que va a ser imposible obtener suficientes ejemplares de la última población de la subespecie asiática (Acinonyx jubatus venaticus), recluida en Irán y clasificada en peligro crítico. Las autoridades indias han llegado a un acuerdo con Namibia para traslocar individuos de la subespecie del sur de África (A. jubatus jubatus), mucho más saludable.

En el caso de la única especie de ave extinguida en toda Europa en los últimos 150 años, el torillo andaluz, se fía su recuperación a las últimas poblaciones de Marruecos, seriamente amenazadas, que pertenecen a la misma subespecie (Turnyx sylvaticus sylvaticus). Sin embargo, utilizar ejemplares de otras subespecies subsaharianas abriría posibilidades inmediatas de reintroducción.

En el campo de la botánica tenemos el curioso ejemplo de la jara de Cartagena (Cistus heterophyllus subsp. carthaginensis), subespecie endémica española y único vegetal incluido en el selecto grupo de especies en “situación crítica” por el Gobierno de España. Su población no supera la docena de ejemplares silvestres naturales en todo el mundo.

Esta planta cuenta con dos únicas poblaciones ibéricas, en Valencia y Murcia, a las que se acaba de sumar recientemente una nueva población localizada en la isla de Cabrera (Baleares). El vegetal tiene su mayor reservorio genérico en África: la subespecie heterophyllus, ampliamente repartida por el norte de Marruecos y Argelia.

Para recuperar las poblaciones españolas, altamente amenazadas, se ha optado por el desarrollo de planes de conservación regionales con acciones locales, empleando los genotipos propios de cada región, sin considerar mezclas. Pero la utilización de genotipos más meridionales podría sin duda ser la vía más realista para garantizar su existencia en el escenario de cambio climático.

Oportunidad de supervivencia

Es preciso mencionar que la distribución actual de las especies amenazadas no responde tanto a sus preferencias ecológicas ni a su adaptación genética a determinados ambientes, sino que son un simple refugio (a menudo deficiente) de una persecución secular por parte del hombre. La incorporación de nuevos genes puede ser la clave para construir poblaciones más resilientes y adaptables al cambio climático y social, con rasgos de comportamiento susceptibles de selección genética.

En conclusión, no creemos que la mezcla de genotipos en especies amenazadas dentro de programas de recuperación deba verse como un fenómeno irreversible y perjudicial que provoca la pérdida de exclusividad genética. Es más bien una oportunidad para mejorar y ayudar a especies que están en situación crítica de supervivencia.

17
Ago
2022

lobo 3

Desde el mes de septiembre del año pasado el lobo ya no es especie cinegética en el territorio español. Así lo estableció una orden dictada por el Ministerio de Transición Ecológica. Ya no se pueden cazar lobos. A esa decisión se han opuesto, además de las asociaciones de ganaderos, las comunidades de Galicia, Asturias, Cantabria, y Castilla y León, en las que se encuentra el 95 % de los grandes carnívoros. Se calcula que en España hay entre 2000 y 2500 lobos distribuidos en cerca de 300 manadas.

La colisión de intereses en este asunto es clara. Están, por una parte, los movimientos conservacionistas y ecologistas, que presionan para que se implanten políticas de recuperación de espacios naturales y de las especies que en el pasado los ocupaban o cuyos efectivos se han visto muy mermados por efecto de la caza y otras actividades humanas. Y por la otra, están los ganaderos que se oponen a esas medidas y que denuncian que sus animales sufren el ataque de los lobos, por lo que la protección de estos se hace a costa de la viabilidad de sus propias haciendas. En general, los partidos ecologistas y de izquierda se oponen a la caza de lobos, mientras que los de derecha y, sobre todo, de extrema derecha, son contrarios a la protección a ultranza. Aunque hay excepciones notables.

En Estados Unidos se produjo una controversia similar cuando se decidió reintroducir el lobo en el parque de Yellowstone. Los cazadores de caribús se opusieron porque veían a los lobos como competidores, y los rancheros, por las mismas razones que los ganaderos del noroeste de la Península Ibérica. También allí las posturas están relacionadas con la ideología; son los votantes republicanos los que se muestran más en contra de las políticas conservacionistas, mientras que los demócratas son más favorables.

Con la recuperación del lobo en el centro de Europa durante los últimos años también ha empezado a haber ataques al ganado. En Alemania apenas se producían antes de 2010, pero durante la segunda década del siglo XXI, cada vez se han registrado más, hasta superar el millar en 2020, con más de 3500 cabezas muertas. Ese es el motivo por el que han investigado la relación entre los ataques de los lobos y el comportamiento electoral, y lo han hecho segmentando el espacio hasta el nivel municipal y estudiando cómo han influido en los resultados de Los Verdes (Die Grünen), el partido que más énfasis pone en las políticas conservacionistas, y de la extrema derecha, la Alternative für Deutschland (AfD), el partido que con más fuerza se opone a esas medidas.

En el estudio analizaron los resultados de las elecciones federales, territoriales y municipales desde 1990 hasta 2021. Y observaron que existe un efecto significativo de los ataques sobre el voto a la AfD, muy marcado en las elecciones a los länder y menor en las federales y municipales. Por otro lado, los ataques tuvieron un efecto negativo sobre los resultados de los Grüne, también en las elecciones territoriales, aunque no tan marcado como el beneficio que reportó a la “Alternativa”.

Los especialistas barajan dos hipótesis para explicar la vinculación entre los ataques de los lobos y el auge de la extrema derecha. Una es la amenaza económica que conllevan los ataques y que la AfD esgrime como argumento electoral. Otros interpretan la oposición a los lobos como una manifestación de resentimiento a las élites urbanas por parte de aquellos que se identifican con las formas tradicionales de vida y de explotación de recursos. Intereses, pero también valores, pesan en la balanza.

Fuente: von Hohenberg, B. C., Hager, A. (2022): Wolf attacks predict far-right voting. PNAS 119 (30) e2202224119 doi: 10.1073/pnas.2202224119

Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU

Cuaderno de Cultura Científica

29
Jun
2022

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Informe anual

17/06/2022

El actual registro de España y Portugal confirma la tendencia de recuperación de la especie que, no obstante, sigue considerada ‘en peligro de extinción’ en el Catálogo Español de Especies Amenazadas

El incremento poblacional del Lynx pardinus en 2021 fue de casi un 23% con respecto al censo del año anterior (2020)

El programa ibérico de conservación y cría en cautividad coordinado por el MITECO se ha convertido en uno de los más exitosos del mundo en felinos

Andalucía, con la mayor población de linces, y Castilla-La Mancha, con un incremento de casi el 45% en el último año, destacan en medio de la tendencia positiva general

La población ibérica de Lynx pardinus ha batido un nuevo récord, con un total de 1.365 ejemplares censados en la actualidad, entre adultos, subadultos y cachorros nacidos en 2021. Es el balance que muestra el informe anual del grupo de trabajo del lince, que coordina el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO). Se trata del mejor dato registrado de poblaciones ibéricas de la especie y supone un incremento de casi un 23% respecto al censo del año anterior (2020), cuando se contabilizaron 1.111 individuos. Pese a haber superado la situación más crítica, la especie sigue considerada oficialmente ‘en peligro de extinción’, según el Catálogo Español de Especies Amenazadas.

El estudio publicado hoy muestra que la población de linces ibéricos sigue la tendencia ascendente positiva de los últimos años, alcanzándose ahora la cifra más alta de ejemplares censados desde que se cuenta con programas de seguimiento de la especie. El éxito del programa de conservación del lince ibérico -uno de los más exitosos del mundo en felinos- se constata considerando que hace dos décadas el número de ejemplares contabilizados era inferior a 100.

lince ibérico. miteco

DISTRIBUCIÓN POR COMUNIDADES AUTÓNOMAS

​De los 13 núcleos poblacionales registrados en la Península Ibérica en 2021, 12 se encuentran ubicados en España, con 1.156 ejemplares. De entre esos 12 núcleos españoles, 5 se ubican en Andalucía (con 519 individuos), 3 en Castilla-La Mancha (473 individuos) y 4 en Extremadura (164 ejemplares).

De esta manera, Andalucía vuelve a ser la comunidad autónoma española que lidera los datos poblacionales, con casi la mitad de los ejemplares repartidos por todo el país. No obstante, el mayor incremento poblacional se registra en Castilla-La Mancha, comunidad en la que el aumento poblacional ronda el 45% en un solo año.

En Andalucía, los núcleos que más ejemplares registran son los de Andújar-Cardeña (200 individuos), y Guarrizas (164), seguidos de Doñana-Aljarafe (94), Guadalmellato (44) y Sierra Norte (17). En el caso de Castilla-La Mancha destacan el núcleo de Montes de Toledo (221), seguido por los de Sierra Morena Oriental (170) y Sierra Morena Occidental (82). En el caso de la comunidad de Extremadura, el núcleo principal es el de Matachel (121), seguido por los de Ortigas (20), Valdecañas/Ibores (14) y Valdecigüeñas (9).

RATIO DE CACHORROS POR HEMBRA

Todos los parámetros poblacionales considerados (número total de linces, número de hembras reproductoras y número de cachorros nacidos) muestran una tendencia netamente positiva desde el inicio de los programas coordinados de actuación en el año 2002.

En 2021 se contabilizaron 500 nacimientos de 277 hembras reproductoras. La productividad global, entendida como el número de cachorros nacidos por hembra reproductora o territorial, fue de 1,8 para España, y de 2,3 para Portugal. Para las comunidades autónomas españolas las ratios de cachorros nacidos por hembra fueron de 1,4 en Andalucía, 2,4 en Castilla-La Mancha, y 1,4 en Extremadura.

Esta evolución general muestra la trayectoria favorable de la especie, lo que aleja al gran felino ibérico del riesgo crítico de desaparición. Sin embargo, los datos censales evidencian también la necesidad de mantener la cautela sobre el futuro de la especie, dar continuidad a los programas de conservación, y favorecer la implementación de medidas que contribuyan a la mejora de las diferentes poblaciones del lince ibérico en ambos países. La especie sigue estando en peligro, y legalmente considerada “en peligro de extinción” en el Catálogo Español de Especies Amenazadas.

Como integrantes del grupo de trabajo del lince ibérico, las administraciones nacionales -el MITECO en España y el Instituto da Conservação da Natureza e das Florestas de Portugal-, y autonómicas -Junta de Andalucía, Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y Junta de Extremadura- han desarrollado durante las dos últimas décadas una actividad continuada en materia de conservación de la especie, que ha resultado estratégica para obtener estos resultados. La participación proactiva de entidades no gubernamentales como WWF y CBD Habitat ha resultado igualmente determinante. Y, de igual modo, también ha contribuido significativamente al éxito del programa la financiación europea a través de diferentes proyectos dirigidos a la mejora de las poblaciones de la especie.

PAPEL ESENCIAL DE LA CRÍA EN CAUTIVIDAD

Junto a las actuaciones de gestión del hábitat y de protección de los linces ante las presiones existentes en el medio natural, el programa de conservación ex situ del lince ibérico ha tenido un papel esencial para alcanzar estas cifras positivas. El programa comprende los trabajos de cría en cautividad y la reintroducción de ejemplares. Se viene desarrollando en el marco del Memorando de Entendimiento para la aplicación de la Estrategia de Conservación del Lince ibérico en España, suscrito entre el MITECO y las comunidades autónomas de Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura. Portugal también participa activamente en este programa.

El MITECO, a través del Organismo Autónomo Parques Nacionales, contribuye activamente con sus propios fondos a este programa de conservación ex situ, manteniendo y gestionando dos de los cuatro centros de cría existentes específicamente dedicados a este fin: Zarza de Granadilla (Cáceres) y El Acebuche (Huelva). Los restantes centros de cría son gestionados por la Junta de Andalucía (La Olivilla, Jaén) y por Portugal (Centro Nacional de Reprodução de Lince Ibérico o Centro de Silves).

Los datos de seguimiento de 2021 pueden consultarse en la página web del MITECO:

https://www.miteco.gob.es/es/biodiversidad/temas/inventarios-nacionales/inventario-especies-terrestres/ieet_mamiferos.aspx

09
Ago
2022

oso pardo

Autoría: Vincenzo Penteriani

Investigador, Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (Universidad de Oviedo - CSIC)

El cambio climático amenaza la supervivencia de un número cada vez mayor de especies: entre un 20 y un 30 % de plantas y animales sufrirán alteraciones en su distribución o entrarán en riesgo de extinción si el calentamiento global alcanza los niveles previstos para finales de este siglo.

Proyectar escenarios futuros de modificación en el paisaje vegetal sobre la base de las predicciones del cambio climático puede ayudar a planificar medidas de conservación y manejo de las especies animales. Así será posible mitigar las posibles contracciones y desplazamientos de las actuales áreas de alimentación y refugio.

En dos estudios recientes, miembros del Grupo de Investigación del Oso Cantábrico hemos evaluado el impacto potencial del calentamiento global en las principales plantas de las que se alimenta el oso pardo de la cordillera Cantábrica. Nuestros resultados sugieren que este fenómeno podría alterar los rangos geográficos de esta especie.

La dieta del oso: gramíneas, frutas y bellotas

La alteración del paisaje debida al cambio climático afectará a aquellas especies que dependen de frutos y bellotas para alimentarse. Una de ellas es el oso pardo cantábrico (Ursus arctos), cuya dieta se basa en vegetales.

Estos plantígrados consumen gramíneas en primavera, frutas carnosas (especialmente arándanos silvestres) en el verano y bellotas durante el período de la hiperfagia en otoño. Durante este último, los osos pasan la mayor parte de su tiempo activo buscando alimento para almacenar grasa, esencial para una hibernación exitosa y para la reproducción.

En el caso de poblaciones de animales pequeñas y en peligro de extinción, como es el oso pardo, los efectos del cambio climático sobre sus recursos tróficos pueden anular considerablemente los esfuerzos de conservación y gestión realizados a otros niveles, como la reducción de conflictos entre humanos y vida silvestre.

La recuperación del oso pardo en la cordillera Cantábrica ha sido uno de los mayores logros en conservación de estas últimas décadas en España. Esta población ha pasado de estar al borde de la extinción con unos cincuenta ejemplares en los años 90 a más de 300 a principios de esta década. Pero el cambio climático podría estar poniendo en peligro el futuro de esta especie en España.

Menos alimento, menos osos

Para describir diferentes situaciones futuras, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) emplea trayectorias de concentración representativas (RCP) de gases de efecto invernadero entre la era preindustrial y el año 2100. Nuestras proyecciones han modelado cambios en el hábitat del oso utilizando la RCP 4.5 (escenario moderado) y RCP 8.5 (escenario pesimista) para 2050 y 2070.

Nuestras previsiones indican que los hayedos de la cordillera Cantábrica podrían ser los más afectados en los dos escenarios, ya que se reducen a la mitad en el escenario moderado y casi desaparecen en el pesimista. La distribución del arándano se contraería a la mitad. Y lo mismo podría ocurrir con el roble pedunculado y el roble albar.

Como consecuencia de la extensa reducción de la mayor parte de la cubierta forestal y de las arandaneras, la población de osos pardos podría disminuir drásticamente su área de distribución geográfica en el futuro:

En el escenario moderado, la población osera podría reducirse a la mitad tanto para 2050 como para 2070.

En el escenario pesimista, aparece una contracción dramática: el oso pardo solo se encontraría en el 24 % (2050) y 12 % (2070) del actual rango de distribución.

Cambios que acentúan conflictos con el hombre

Los modelos también indican un posible desplazamiento de la población de oso pardo hacia el norte. Esta migración puede explicarse principalmente por el cambio en la distribución de castaños y robles y la desaparición del arándano, del haya y del roble albar.

También se espera que las modificaciones en el paisaje vegetal desplacen a los osos pardos de las zonas montañosas hacia otras más humanizadas. Así, podemos prever un aumento de los conflictos con las actividades humanas y, consecuentemente, un posible aumento de la mortandad de los osos.

Efectos negativos adicionales podrían incluir una tendencia a una dieta más carnívora, lo que aumentaría los conflictos con los ganaderos, un limitado almacenamiento de grasa antes de la hibernación y un aumento de la competencia intraespecífica con otros consumidores de bellotas como ungulados salvajes y ganado.

Mirar al futuro para actuar en el presente

La magnitud de los cambios proyectados enfatiza que las prácticas de conservación centradas solo en los osos pueden no ser apropiadas. Se necesitaría una planificación de conservación y manejo de la especie más dinámica, incorporando las modificaciones del hábitat determinadas por el cambio climático en las estrategias de conservación de especies.

Evidentemente, las proyecciones sobre el impacto del cambio climático no pueden tener en cuenta las respuestas adaptativas potencialmente complejas de la especie. A pesar de esto, estas predicciones representan un primer paso importante en el que confiar para la futura conservación del oso pardo. Nos permiten empezar a centrarnos en aquellas áreas a las que estas especies podrían desplazarse.

Por ejemplo, la colonización asistida por plantas, es decir, el traslado intencional de especies vegetales a lugares climáticamente adecuados fuera de sus rangos actuales, son estrategias que ya se están explorando para hacer frente a un clima cambiante.

Así, junto a las acciones de conservación encaminadas a mantener a los osos en sus áreas de distribución actuales, habría que fomentar prácticas encaminadas a conservar y gestionar aquellas áreas favorables para ser habitadas por los osos como consecuencia de las modificaciones debidas a cambio climático.

07
Jun
2022

lobo 3

por Redacción | Jun 6, 2022 |

La Unión de Agricultores, Ganaderos y Silvicultores de la Comunidad de Madrid, UGAMA, informa que con fecha 26 de mayo de 2022, el Juzgado de lo Contencioso–Administrativo nº 27 de Madrid dictó Sentencia en virtud de la cual acordaba estimar sustancialmente el Recurso Contencioso–Administrativo interpuesto por un ganadero contra la Comunidad de Madrid, condenando a ésta al abono de una indemnización de 19.094,00€ por los daños provocados por dos ataques del lobo en su explotación ganadera. Asimismo, también condena a la Comunidad de Madrid al abono de las costas procesales causadas.

Según se hace constar en la mencionada sentencia, “los fines de conservación y protección de las especies que gozan de singular protección, conforme a la normativa sectorial específica, trasladan a la Administración la responsabilidad por los daños causados por aquellas” o, empleando las palabras del Tribunal Supremo, que en estos casos “no puede excluirse el régimen general de responsabilidad patrimonial previsto en los artículos 139 y siguientes de la Ley 30/1992. En definitiva, debe concluirse que, en estos casos, estamos ante un supuesto de excepción suficientemente caracterizado en la normativa sectorial específica y que, por tanto, concurre la nota de antijuridicidad del daño”. Por eso condena a pagar esos 19.094,00€.

La organización agraria considera lamentable que la Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y Agricultura, lejos de asumir su responsabilidad por los daños causados por los ataques del lobo, «responda con dejadez absoluta y opacidad ante los ataques, ya que, en numerosas ocasiones, al ganadero afectado, hasta se le niega el informe pericial que elaboran los agentes medioambientales en su propia granja cuando se denuncia un ataque sufrido en su explotación».

PESE A VER VARIAS SENTENCIAS, EL GOBIERNO SE NIEGA A CAMBIAR LA ORDEN DE LAS INDEMNIZACIONES

También «es habitual la dejadez» por parte de la Administración, de contestar a los recursos presentados por los agricultores y ganaderos madrileños, lo que implica, que solo los escasos valientes que se atreven a denunciar judicialmente, hagan valer sus derechos, quedando numerosos ataques sin denunciar, porque curiosamente la administración que es la condenada a indemnizar los daños, es la encargada de certificar dichos daños, lo que conlleva a utilizar por los agentes cada vez más la ya famosa frase de: “Yo no puedo certificar lo que no he visto, son órdenes de Arriba”.

Alfredo Berrocal, presidente de UGAMA, destaca que la protección del lobo es una exigencia social y por tanto los daños ocasionados deben ser asumidos por la sociedad y la Administración, y no como hasta ahora, que eran asumidos por los ganaderos. Así mismo, Berrocal, califica «de auténtico atropello al sector ganadero, que a pesar de las ya numerosas sentencias condenatorias a la Administración, en las que ha sido obligada a indemnizar hasta siete u ocho veces más de lo estipulado en la orden de ayudas para compatibilizar la actividad ganadera con la existencia de poblaciones de lobos, perros asilvestrados y/o buitres en la Comunidad de Madrid, esta orden no se haya modificado y adecuado los importes a percibir a dichas sentencias, como viene reclamando esta Organización desde hace años» y que ahora se ratifica con esta condena de 19.094,00€.

Finalmente, UGAMA felicita y agradece la estupenda labor de los servicios jurídicos de la Organización, asumida por el Letrado D. Jaime Valladolid, director del despacho profesional JV abogados, especializado en Derecho Rural y Medioambiental, y anima a los profesionales del campo madrileño a acudir a la justicia para defender sus derechos.

Agroinformación

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