Ecología, gestión y protección de la fauna silvestre

29
Mar
2021

 

La población de oso pardo europeo (Ursus arctos arctos) ubicada en la cordillera Cantábrica representa el límite suroeste de la distribución de esta especie en Europa. Al igual que otras poblaciones de osos en el continente, experimentó un declive dramático en el número de individuos en la segunda mitad del siglo XX, situándose en menos de 100 individuos en la década de los noventa. Además, quedó dividida en dos subpoblaciones –occidental y oriental– separadas unos 50 kilómetros. Un fenómeno favorecido por barreras geográficas.

El establecimiento de una legislación protectora, junto con planes de seguimiento y conservación han llevado a una recuperación del oso pardo en las últimas dos décadas. El resultado es un aparente aumento en el número de individuos. En 2019, se estimó la existencia de unos 300 ejemplares: 230-270 en la población occidental (Galicia, Asturias y Castilla y León) y unos 40 individuos en la oriental (una pequeña superficie de Asturias, Palencia y Cantabria).

A nivel internacional, el oso pardo cantábrico está incluido en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y está catalogado como en peligro de extinción.

La identificación de las causas de mortalidad en poblaciones naturales silvestres es muy importante no solo para detectar y reconocer posibles riesgos de conservación, sino también para diseñar correctamente las estrategias de conservación y los programas de gestión.

Determinamos la causa de la muerte de los osos

Los estudios de mortalidad y los datos sanitarios son escasos en la pequeña y amenazada población de oso pardo de la cordillera Cantábrica. El bajo número de individuos, su comportamiento esquivo y alta movilidad y la escasez de programas de seguimiento de ejemplares mediante radio y GPS en la zona dificultan la detección de osos muertos. Esto impide en muchos casos la realización de necropsias y la determinación de las causas de muerte.

Por todo ello, hemos llevado a cabo un estudio para describir las causas confirmadas de muerte y los hallazgos más significativos en veinticinco osos necropsiados en Asturias y Castilla y León durante los últimos 20 años.

Clasificamos las causas de muerte en base a dos criterios:

1.     Provocadas o no por intervención humana.

2.    Provocadas o no por etiología infecciosa.

Según la primera clasificación, el 66,7 % de los animales murieron por causas no relacionadas con la intervención humana, como lesiones traumáticas (peleas, infanticidio…), hepatitis infecciosa canina, clostridiosis o neoplasia, entre otras. El 33,3 % restante murió por causas directamente relacionadas con la intervención humana como la caza ilegal (por arma de fuego o lazo), envenenamiento o miopatía por estrés.

Si tenemos en cuenta la etiología, el 57,1 % de los animales murieron por causas no infecciosas y el 42,9 % por causas con etiología infecciosa como hepatitis infecciosa canina o miositis gangrenosa provocada en la mayoría de los casos por Clostridium sordellii.

¿Cómo contraen las infecciones?

Con nuestro estudio queda patente que el hombre todavía es responsable de algunas muertes de osos, aunque afortunadamente esta tendencia ha ido disminuyendo. Sin embargo, el hecho de que un alto porcentaje de los animales fallezcan por infecciones es de gran relevancia y contrasta con los datos de causa de muerte anteriormente descritos para otras poblaciones de estos animales a nivel mundial, donde las enfermedades infecciosas en ningún caso se describen como un motivo de fallecimiento importante.

El origen de la hepatitis canina infecciosa en los úrsidos es desconocido. Se especula con que podría deberse a una transmisión indirecta a partir de reservorios silvestres o quizá domésticos. Hay que tener en cuenta que el virus se excreta en orina, heces y exudados nasales y oculares que pueden contaminar el medio ambiente, suponiendo una importante fuente de infección para otros individuos de la misma o diferente especie.

Estudios recientes han demostrado que la infección en el lobo es endémica, y que este comparte la misma cepa vírica que el oso. Se cree que la posible transmisión se produce a partir de perros domésticos no vacunados. Esta vacunación no es obligatoria, y por tanto se hace difícil conocer la situación epidemiológica real de esta infección en el perro.

Cabe asimismo destacar que en dos animales se observó miopatía como consecuencia de un esfuerzo y estrés extremo. Este hecho debe tenerse en cuenta en el manejo de los osos. Conviene minimizar el estrés tanto como sea posible en la manipulación de estos animales en vida.

Mejoras en la conservación del oso

Los resultados que hemos obtenido proporcionan información valiosa sobre los factores que amenazan a esta población en recuperación y pueden ayudar en los proyectos y esfuerzos de gestión y conservación que se lleven a cabo en el futuro.

La presencia de enfermedades infecciosas como la hepatitis infecciosa canina puede reducir la variabilidad genética de los osos por la muerte temprana de futuros progenitores.

Cuando, como en este caso, se trata de especies en peligro de extinción, es muy complicado desde el punto de vista ético y de conservación establecer mecanismos de vigilancia sanitaria activa. Los sistemas de vigilancia sanitaria pasiva como la realización de necropsias regladas en el mayor número de animales y especies posibles se convierte en una de las mejores herramientas de estudio epidemiológico.

Este control sanitario, entendido bajo el paraguas del concepto One Health o Una salud, debe incluir tanto a las especies diana del esfuerzo de conservación, en este caso al oso pardo, como a las especies con las que cohabita, incluidas otras silvestres (lobos, zorros, mustélidos) y domésticas (perros) e incluso al hombre.

En definitiva, nuestro trabajo pone de manifiesto que los esfuerzos de conservación que se están llevando a cabo en la actualidad pueden no ser suficientes si las medidas sanitarias y de vigilancia epidemiológica no se equiparan en importancia y exigencia al resto de medidas de gestión.

Este artículo ha sido escrito en colaboración con Ramón Balsera, de la Consejería de Fomento, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente del Principado de Asturias, y Olga Alarcia, de la Dirección General de Patrimonio Natural y Política Forestal de Castilla y León.

Autores

Ana Balseiro

Personal Docente Investigador Departamento de Sanidad Animal, Universidad de León

Elena Gayo Roces

Doctora en Veterinaria (Sanidad Animal), Universidad de León

Juan Francisco García Marín

Catedrático de Anatomía Patológica Veterinaria, Área de Sanidad Animal., Universidad de León

Luis José Royo Martín

Investigador en Producción y Sanidad Animal, Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (SERIDA)

Fuente.- The Convesation

10
Mar
2021

lobo y cabras

«Yo no veo a nadie defendiendo a la cabra bermeya como se defiende al lobo», denuncia el joven pastor asturiano.

El medio rural está alzando la voz pero sus desgarradores gritos de auxilio parece que no penetran en las conciencias necesarias. Desde los despachos se sigue haciendo oídos sordos a las súplicas de ganaderos y pastores que, a diferencia de ellos, conviven diariamente con el lobo ibérico (Canis lupus signatus).

Un ejemplo claro lo encontramos en el joven pastor Rubén López. Este asturiano de 24 años de edad dirige los pasos de un fenomenal rebaño de cabra bermeya, una raza autóctona del Principado de Asturias que, a diferencia del lobo, sí catalogada en peligro de extinción y que carece de protección alguna.

Una denuncia a nivel nacional

Rubén aprovechó las cámaras de La Sexta y del programa NATURAL hace solo unos meses para lanzar una voz de alarma que se escuchara en todo el país. Sus cabras se mueren. «El lobo me mata entre 90 y 100 cabras al año. Estando en peligro de extinción como está, yo no veo a nadie defendiendo a la cabra bermeya como se defiende al lobo», manifiesta mientras chista a dos cabras rezagadas para que se junten con las demás.

«Un aperitivo para el lobo»

Según explica el joven pastor, es fundamental tener a todas las cabras bajo control en todo momento. Si alguna se desorienta y se separa del grupo, el fatal desenlace es inminente. «El lobo es un animal muy astuto y, aunque no se deje ver, él siempre está pendiente de las cabras y sigue su rastro permanentemente».

Un poderoso mastín custodia el rebaño como medida de seguridad y sus encontronazos con el temido depredador han dejado marca en su tremendo corpachón. Después de una cruenta batalla con ellos, apareció lleno de dentelladas, sin la mitad de una oreja, «vino más muerto que vivo», explica Rubén. Además, el pastor argumenta lo mismo que otros ganaderos del norte de España: una o dos cabras no dan trabajo al lobo y son relativamente fáciles de matar. Sin embargo, cazar un jabalí o un corzo supone un esfuerzo mayor. «Tienen que correr detrás de él y si es un jabalí adulto le va a hacer frente…».

Desde luego el panorama es desolador para un mundo rural en auténtico riesgo de extinción, que mira a los ojos del lobo día a día, sin recibir ayudas por parte de nadie. «Supuestamente yo tengo que quedarme de brazos cruzados viendo como el lobo destruye mi futuro y mi modo de vida», se despide Rubén.

Carlos Vignau

18
Feb
2021

alba

Al diseñar estrategias forestales para adaptarse al cambio global, un nuevo estudio se centra en la importancia de caracterizar y diversificar los rasgos funcionales de las especies forestales. La investigación presenta una metodología para informar a la gestión forestal fácil de usar basada en los rasgos funcionales de las especies, es decir, en aquellas características morfológicas o fenológicas de los individuos que tienen que ver con el crecimiento, la supervivencia y la reproducción, como la altura media, el tamaño de las semillas o su tolerancia a la sequía.

El estudio, que también contó con la participación del CREAF y las instituciones canadienses, propone la diversidad funcional del bosque en su conjunto, así como la conectividad funcional a nivel paisajístico como indicadores de la capacidad del ecosistema para adaptarse a las condiciones ambientales cambiantes. Los hallazgos se publican en la revista científica Forest Ecology and Management.

"El hecho de caracterizar las especies forestales a través de rasgos funcionales da la idea de la diversidad funcional que existe en un paisaje o una región, y por lo tanto su capacidad de adaptación y resistencia. Una región puede ser bastante rica en especies, pero funcionalmente pobre", explica Núria Aquilué, investigadora del CTFC y autora principal del artículo.

Además, el estudio también tuvo en cuenta la vulnerabilidad de las especies a las perturbaciones naturales actuales y futuras. "Una especie puede aumentar la diversidad funcional de un ecosistema, pero si está muy amenazada por perturbaciones que probablemente terminarán impactando en la región, debe tenerse en cuenta", añade Aquilué.

El estudio también evalúa la diversidad y la conectividad funcional en un paisaje forestal templado en el sureste de Canadá, que, a pesar de ser muy rico en especies, se concentran en dos grandes grupos funcionales. Aumentar la diversidad funcional de este bosque tendría un aumento en su capacidad de adaptación.

El equipo de investigación ha probado cuatro escenarios de gestión que varían en intensidad y estrategia forestal, incluyendo la plantación de especies arbóreas de grupos funcionales raros o la clarificación de especies arbóreas de los grupos funcionales predominantes para promover la regeneración natural de especies funcionales. "Dependiendo de qué área, promover la regeneración de especies funcionalmente más raras sería suficiente para aumentar considerablemente la diversidad funcional de todo el ecosistema. No siempre es necesario una gestión muy intensiva de los bosques, sino que hacerlo más dirigido", concluye Aquilué.

Una herramienta para apoyar las decisiones de planificación

Dada la incertidumbre de los cambios ambientales globales, se necesitan herramientas fiables y de base científica para apoyar las decisiones de planificación. Al adoptar la metodología propuesta en este estudio, basada en redes y características funcionales, los profesionales forestales tienen una nueva herramienta fácil de usar para evaluar la diversidad funcional a nivel paisajístico, vulnerabilidad y conectividad funcional.

Los resultados de este estudio se pueden utilizar para informar tanto los planes de mitigación contra las perturbaciones naturales como las estrategias para mejorar la capacidad de adaptación de los ecosistemas a las condiciones ambientales futuras y a las demandas de la sociedad

Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya

24
Feb
2021

 

Desde el pasado mes de abril se han confirmado 68 casos de mixomatosis en liebre ibérica en 18 provincias de 7 comunidades autónomas.

mixomatosisliebre año 2021

Situación de la mixomatosis en liebres según el último informe del MITECO. ©MITECO y Shutterstock

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) ha publicado un nuevo informe sobre los casos de mixomatosis en liebres aparecidos en las últimas semanas en España. Desde el mes de abril de 2020, se han confirmado 68 casos de mixomatosis en liebre ibérica en 18 provincias de 7 comunidades autónomas.

De las 41 comarcas ganaderas afectadas en esta última temporada 2020-2021, en 29 de ellas no era la primera vez que se detectaban casos, tan solo en 12 aparecieron focos por primera vez en 2020-2021.

Evolución de la enfermedad hasta esa fecha

Según informa el MAPA en este documento, a mediados de julio de 2018, la Junta de Andalucía recibió la notificación de mortalidades anormales en liebres ibéricas (Lepus granatensis) en distintos cotos de caza en la provincia de Córdoba, hallándose ejemplares en el campo en un estado moribundo, con signos de ceguera, debilidad y desorientación. Unas semanas más tarde se notificaron los primeros casos en la provincia de Jaén y en la provincia de Cuenca, con similar sintomatología.

La enfermedad se diseminó durante los siguientes meses confirmándose por el Laboratorio Central de Veterinaria (LCV) de Algete casos en 25 provincias de las CCAA de Andalucía, Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Comunidad Valenciana, Extremadura, Islas Baleares, Madrid y Murcia. Por otro lado, se encontraron animales con síntomas y lesiones en varias comarcas de la comunidad autónoma de Extremadura sin confirmación laboratorial.

Durante la temporada 2019-2020, se confirmaron por parte del LCV de Algete 227 casos de mixomatosis en liebre ibérica en 31 provincias de 11 CCAA. En 9 CCAA ya se habían detectado casos en la temporada anterior 2018-2019 (Andalucía, Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Comunidad Valenciana, Extremadura, Islas Baleares, Madrid y Murcia), mientras que en la provincia de Álava y en la provincia de Tarragona, aparecieron positivos por primera vez.

Medidas que pide el MAPA para aminorar la enfermedad

Entre las medidas que se han adoptado por el MAPA para aminorar la enfermedad, éste informa que los guardas forestales, ganaderos, cazadores y demás personas que realizan actividades en el campo deberán notificar cualquier sospecha de mortalidad anormal o presencia de síntomas o lesiones compatibles con la enfermedad en liebres, comunicando estos sucesos a los Servicios Veterinarios Oficiales o a los Servicios de Medio Natural o Caza de la comunidad autónoma afectada, quienes investigarán las sospechas y, en caso necesario, tomarán muestras para su envío al laboratorio.

El MAPA también llevará a cabo el cese de autorización de translocaciones de liebres procedentes de las comarcas ganaderas afectadas para frenar en la medida de lo posible la traslocación de ejemplares afectados por la enfermedad.

En este enlace puedes descargar el informe oficial del MAPA. 

Situacion_brote_de_mixomatosis_en_liebre_iberica_febrero_2021.pdf

Javier Fernandez-Caballero

Fuente.- Jara y Sedal

08
Feb
2021

logo ingenieros de montes

  • La Comisión Estatal de Conservación de la Naturaleza, que se reúne hoy, 4 de febrero, analizará la propuesta del Ministerio de Transición Ecológica de incluir al lobo en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE)
  • La solicitud de protección del lobo fue presentada por la asociación ASCEL en octubre de 2019 y ha encontrado el rechazo de las comunidades autónomas con mayor presencia del lobo: Galicia, Asturias, Cantabria y Castilla y León, que albergan el 95% de los lobos españoles.
  • La evolución de la población noroccidental de lobo ha sido claramente expansiva y ha ocupado nuevos territorios en provincias como Ávila, Segovia, Salamanca, Guadalajara y Madrid, incrementando sensiblemente los daños a las explotaciones ganaderas, especialmente en provincias donde la ganadería extensiva tiene gran importancia económica y social, como Ávila y Segovia.
  • En la actualidad el problema de esta especie no es tanto una cuestión de conservación como de gestión de conflictos. Ampliar las medidas de protección del lobo, prohibiendo su caza para regularlo, no va a ayudar a resolver el grave conflicto existente entre ganaderos, cazadores y asociaciones conservacionistas, sino a exacerbarlo.

 

Madrid, 4 de febrero de 2021.- Frente a la solicitud presentada por la asociación para la Conservación y el estudio del Lobo Ibérico (ASCEL) el pasado 4 de octubre de 2019 con el objetivo de modificar el estatuto de protección de esta especie en todo el país e incorporar todas sus poblaciones al Catálogo Español de Especies Amenazadas, con la categoría de vulnerable, o en su defecto su inclusión en el LESPRE, así como a la propuesta del Ministerio de Transición Ecológica en esta línea, el Colegio de Ingenieros de Montes (COIM) destaca que las poblaciones de lobo se han recuperado en Europa de forma significativa y que ampliar las medidas de protección de la especie no va a ayudar a resolver, sino a exacerbar, el grave conflicto existente entre ganaderos, cazadores y asociaciones conservacionistas.

El COIM sostiene que no hay nuevos argumentos ni razones que justifiquen la incorporación del lobo al Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE). Las especies no se deberían catalogar basándose en opiniones o apreciaciones subjetivas o porque haya más o menos entidades dedicadas a su estudioEs la comunidad científica la que debe aportar, más allá de las meras opiniones, hechos y análisis objetivos que permitan conocer si hay más o menos poblaciones de lobos, su tendencia, sus riesgos y fortalezas, así como su evolución actual y previsible. Y desde este análisis científico, no parece que haya datos objetivos para sostener que la situación del lobo haya empeorado a lo largo de las últimas décadas, más bien todo lo contrario.

Recordamos la posición que ya manifestó el COIM en marzo de 2017 e insistimos en la gran riqueza natural que representa el lobo, pero en la actualidad el problema de esta especie no es tanto una cuestión de conservación como de gestión de conflictos.

El COIM considera que la inclusión del lobo en el LESPRE exacerbará previsiblemente el conflicto con las organizaciones profesionales agrarias y los ganaderos, en comarcas muy amenazadas por la despoblación, alimentando el sentimiento de desatención entre la población rural por decisiones tomadas desde el ámbito urbano.

La realidad es que la evolución de la población noroccidental del lobo ha sido claramente expansiva y ha ocupado nuevos territorios en provincias como Ávila, Segovia, Salamanca, Guadalajara y Madrid, lo que ha incrementado sensiblemente los daños a las explotaciones ganaderas, especialmente en provincias en que la ganadería extensiva tiene gran importancia económica y social, como Ávila y Segovia.

A nivel europeo la polémica en torno al lobo y otros grandes carnívoros como el oso y el lince también es creciente, fundamentalmente por su repercusión en la ganadería extensiva y en la caza. La recuperación de territorio por el lobo y otros grandes mamíferos es un hecho constatado en numerosos países europeos, como reflejan numerosos artículos de investigación (P.Kaczensky et al, 2014).

El Parlamento Europeo encargó y publicó en 2018 “El resurgimiento de los lobos y otros grandes depredadores y su impacto en los agricultores y sus medios de vida en las regiones rurales de Europa (“The revival of wolves and other large predators and its impact on farmers and their livelihood in rural regions of Europe”), que analiza la situación en toda Europa y refleja que se matan alrededor de 900 lobos cada año.

La tensión entre la normativa de conservación y la gestión de las poblaciones, incluyendo la caza y el control de las manadas, ha sido analizada en los diversos países de la Unión Europea (A.Trouwborst y F.Fleurke, 2019) y se han propuesto diversas orientaciones del manejo del problema (D.Kuijper et al., 2019).

La polémica es particularmente fuerte en Noruega, con una población estimada inferior a cien lobos, y, donde tras años de movilizaciones de ganaderos, cazadores y ecologistas, el Parlamento decidió el 3 de junio de 2020 modificar el artículo 18.c de la Ley de Biodiversidad y permitir de nuevo la caza del lobo (E.Kjorstad e I.Bergstrom, 2020). Conviene recordar que en España la población se estima en 297 manadas de lobo, y entre 1.600 y 2.700 lobos, en función de la época del año.

Considerado una alimaña en España hasta 1970, el lobo pasó a clasificarse como especie cinegética gracias a la Ley 1/1970, de 4 de abril, lo que supuso una primera protección de este cánido, evitando que se pudiera eliminar al lobo en cualquier época del año con venenos, cepos o lazos. Este cambio en la consideración del Canis Lupus Signatus como alimaña se debió en gran medida al esfuerzo del naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, que formó parte del Consejo de Dirección del Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA).

Entre 1987 y 1988, el ICONA llevó a cabo el primer inventario nacional sobre el lobo, que fue publicado en 1990. El resultado de ese primer inventario nacional se recoge en la Estrategia para la conservación del lobo (Canis lupus) en España, que recoge la existencia de dos poblaciones en 1990: una “vigorosa”, al norte del Duero, que mostraba tendencia creciente, y otra en la mitad sur de la península, formada por “núcleos residuales aislados, al borde de la extinción, en la Sierra de Gata, Extremadura y Sierra Morena”.
La población de Sierra Morena, que hacia 1990 albergaba de 6 a 10 grupos reproductores, tuvo una evolución negativa y seguramente desapareció en la década de los 90. Pese a ello, la Estrategia para la conservación del lobo (Canis lupus) en España reconocía en 2003 la existencia de 6 a 10 manadas.

Entre 2012 y 2014, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y las comunidades Autónomas con presencia de la especie llevaron a cabo el segundo censo nacional (2016), el primero realizado con una metodología común acordada por el Grupo de Trabajo sobre el Lobo constituido por los expertos en la especie de las comunidades autónomas y el Ministerio, que reflejó la existencia de 297 manadas, con unos 1.600 a 2.700 lobos, en función de la época del año.

Colegio Oficial de Ingenieros de Montes

© 2018 Distrito Forestal.