Ecología, gestión y protección de la fauna silvestre

18
Sep
2024

 

Autoría

Meghan P. Keating

PhD Candidate in Wildlife and Fisheries Biology, Clemson University

Cláusula de Divulgación

Meghan P. Keating no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Las ratas prosperan cerca de los humanos por una buena razón: se alimentan de cultivos y basura y se adaptan fácilmente a muchos entornos, desde granjas hasta las mayores ciudades del mundo. Para controlarlas, se suele recurrir a los venenos. Pero los productos químicos que matan a las ratas también pueden dañar a otros animales.

Los venenos más utilizados son los rodenticidas anticoagulantes. Actúan interfiriendo en la coagulación de la sangre de los animales que los consumen, que mueren desangrados. Estos bloques de cebo de tentador sabor se colocan en el exterior de los edificios, en pequeñas cajas negras en las que sólo pueden entrar ratas y ratones. Pero el veneno permanece en el cuerpo de los roedores, amenazando a animales más grandes que se alimentan de ellos.

Recientemente, mis colegas y yo revisamos estudios de todo el mundo que trataban de documentar la exposición de carnívoros mamíferos salvajes a rodenticidas anticoagulantes. Los investigadores detectaron rodenticidas en aproximadamente un tercio de los animales de estos análisis, incluidos gatos monteses, zorros y comadrejas. Y relacionaron directamente los venenos con la muerte de un tercio de los animales fallecidos.

El uso de rodentificidas no está regulado

La mayoría de los venenos detectados en estos estudios eran los denominados rodenticidas anticoagulantes de segunda generación, desarrollados a partir de 1970. Estos productos se utilizan exclusivamente en zonas residenciales y urbanas y pueden matar a una rata o un ratón después de alimentarse de ellos una sola noche. Los rodenticidas de primera generación, que suelen utilizarse sólo en granjas, requieren varias dosis para matar.

Estos venenos están ampliamente disponibles y su uso no está regulado en la mayoría de los países. Aunque puede estar contribuyendo al declive de muchas especies de carnívoros en todo el mundo, está previsto que su uso aumente todavía más

Ascendiendo a través de las cadenas alimentarias

Cuando los animales salvajes consumen veneno para ratas –normalmente, al comer una rata envenenada– los efectos pueden incluir hemorragias y lesiones internas, letargo y una respuesta inmunitaria reducida, lo que puede hacerlos más susceptibles a otras enfermedades. En muchos casos, el animal muere. A veces estas muertes se producen a escalas lo suficientemente grandes como para reducir las poblaciones locales de depredadores.

Comenzamos nuestra revisión recopilando una lista de 34 especies de las que se sabe que están expuestas a venenos para ratas. Entre ellas había miembros de las familias de las comadrejas y los perros, como armiños, turones occidentales y zorros rojos, además de gatos monteses y otros carnívoros.

Sorprendentemente, algunos depredadores expuestos al veneno, como los pumas y los lobos grises, no suelen cazar roedores. Incluso se han detectado rodenticidas en depredadores semiacuáticos como la nutria de río, que normalmente se alimenta de crustáceos y peces.

Es probable que grandes carnívoros como los lobos estén consumiendo raticidas al alimentarse de otros carnívoros envenenados, como mapaches y linces.

Este movimiento de los venenos en la cadena alimentaria se denomina bioacumulación. En el ejemplo más conocido, importantes rapaces estuvieron expuestas al pesticida DDT en el pescado que consumían antes de que Estados Unidos lo prohibiera en 1972. Muchas especies afectadas, entre ellas águilas calvas, águilas pescadoras y halcones peregrinos, vieron reducir drásticamente su población durante años debido a los efectos del DDT.

Carnívoros en peligro

Encontramos docenas de estudios previos que intentaban cuantificar el riesgo de exposición a los venenos para ratas, normalmente examinando los hábitats de los animales. Algunos estudios hallaron un riesgo elevado de consumir raticidas en zonas urbanas y agrícolas, pero también en espacios naturales.

Por ejemplo, un estudio de 2012 encontró raticidas en martas –carnívoros de tamaño medio– que frecuentaban lugares de cultivo ilegal de cannabis en el condado de Humboldt, California, en los que se usaban venenos para ratas.

Otros factores que pueden contribuir a la exposición son el sexo y la edad del animal. En definitiva, es necesario estudiar más a fondo qué animales corren peligro.

Poca atención a África, Asía y Australia

La mayor parte de la investigación sobre este tema se lleva a cabo en Norteamérica y Europa. Hasta la fecha, sólo un puñado de estudios se han centrado en Sudáfrica, Nueva Zelanda y Australia, aunque más de la mitad de todas las especies de carnívoros de interés mundial se encuentran en Asia, África y Sudamérica.

En África, por ejemplo, los venenos anticoagulantes para ratas podrían amenazar a especies como el gato de patas negras, clasificado como vulnerable. Estos venenos también se utilizan mucho en Asia, sobre todo en las plantaciones de grasa de palma. Muchas especies salvajes viven en este tipo de zonas agrícolas boscosas, entre ellas carnívoros que cazan roedores, como la civeta común de las palmeras y el gato leopardo.

Nuestro estudio reveló que el 19 % de las especies de carnívoros incluidas en la Lista Roja de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza tienen áreas de distribución que coinciden total o parcialmente con países donde se ha documentado la exposición de la fauna silvestre al veneno para ratas. Sin embargo, sólo en el 2 % de los casos la Lista Roja enumera los rodenticidas como una amenaza reconocida, y ninguna especie está incluida en el 19 % que nuestra revisión indica que pueden estar amenazadas por la exposición a rodenticidas. Esto sugiere que los investigadores y conservacionistas de la fauna salvaje no son plenamente conscientes del alcance de estos venenos.

El lince de Kiawah

Estoy haciendo mi tesis doctoral en la isla Kiawah de Carolina del Sur, donde los biólogos han detectado rodenticidas anticoagulantes en linces. Estos felinos de la isla cuentan con collares geologalizadores con GPS y han sido monitorizados desde principios de la década de 2 000, en uno de los estudios multigeneracionales más largos de un carnívoro en el mundo.

Entre finales de 2019 y principios de 2020, se encontraron tres linces muertos debido al envenenamiento con rodenticidas, incluidas dos hembras que murieron mientras daban a luz. Su población se redujo de una cifra estimada de 30 a tan solo 10 ejemplares. Estas muertes atrajeron la atención de los medios de comunicación, estimularon los esfuerzos para reducir el uso de venenos en la isla e impulsaron la investigación para entender cómo los venenos para ratas estaban afectando a los linces.

Kiawah es un popular destino turístico, pero estos linces han persistido durante décadas de desarrollo urbanístico. Parte de mi trabajo trata de desentrañar cómo los raticidas y la urbanización les están afectando.

En 2020, los residentes de Kiawah se ofrecieron voluntarios para dejar de usar rodenticidas en la isla, y el gobierno municipal llevó a cabo campañas de educación pública explicando la amenaza que suponía para la fauna salvaje. En la actualidad hay unos 20 linces en la isla, y se sigue trabajando para poner fin definitivamente al uso de rodenticidas.

Estos venenos han contribuido a la muerte de otros animales carismáticos, como los pumas urbanos, en el sur de California, o Flaco, un búho real euroasiático que se escapó del zoo de Central Park de Nueva York y vivió durante meses en el parque. En Europa, se han encontrado rodenticidas en los cadáveres de lobos italianos.

Las ratas dañan propiedades, contaminan alimentos y propagan enfermedades, por lo que controlarlas es un problema de salud humana. Sin embargo, mi investigación se suma a la evidencia de que se necesitan mejores métodos de control para reducir la necesidad de rodenticidas anticoagulantes.

Esfuerzos comunitarios como los de la isla de Kiawah pueden ayudar. También lo puede hacer la limpieza de basuras en las ciudades. Pero es probable que en muchos lugares del mundo se necesite una mejor regulación y seguimiento del uso de raticidas.

The Conversation

19
Jul
2024

 

Autoría

Alberto Romero Blanco: Personal docente e investigador en la Universidad de Alcalá. Invasiones biológicas y ecotoxicología, Universidad de Alcalá

Álvaro Alonso Fernández: Profesor Titular de Universidad, Universidad de Alcalá

Pilar Castro Díez: Profesora Titular de Universidad. Área de especialización: Ecología, Universidad de Alcalá

El pasado 15 de abril, dos vecinos de la madrileña localidad de San Fernando de Henares debieron llevarse un buen susto mientras pescaban apaciblemente en el río Henares. A su paso salieron dos grandes ejemplares de tortuga mordedora (Chelydra serpentina), de entre 15 y 30 kg de peso.

Se trata de una especie exótica procedente de América. Su rango de distribución nativo es muy amplio y está comprendido entre el sur de Canadá y la costa del golfo de México. Es una vieja conocida en varios países de Europa y Asia, como China, Japón, Alemania, Francia o Países Bajos, donde ha sido catalogada como especie exótica introducida o invasora.

Una visitante recurrente en España

Tampoco es la primera vez que se avista en España. Además de en Madrid, la tortuga mordedora se ha hallado ocasionalmente en Cataluña, Mallorca, Tenerife, Murcia y Aragón.

Este quelonio posee un hábito marcadamente generalista, siendo capaz de sobrevivir en una gran diversidad de condiciones ambientales y de consumir una gran variedad de alimentos, desde plantas acuáticas hasta peces, anfibios, crustáceos y pequeños mamíferos. Esto, sumado a las introducciones recurrentes en el medio natural, aumenta la probabilidad de que acabe engrosando el repertorio de especies exóticas invasoras de España.

Mascotas exóticas muy populares

La tortuga mordedora es tan solo la punta del iceberg de un problema mucho mayor. Según las revisiones más recientes, en España se ha detectado la presencia de unas 25 especies de tortugas exóticas en entornos naturales, seminaturales y urbanos, seis veces más que las especies nativas que hay en el país. Tres de esas especies ya están incluidas en el catálogo español de especies exóticas invasoras y otras ya han sido capaces de reproducirse en condiciones naturales, un prerrequisito para convertirse en invasoras.

Las tortugas exóticas son mascotas muy populares. De hecho, la vía de introducción más frecuente de estos animales es el comercio de mascotas. A menudo llegan al medio natural porque sus dueños las abandonan cuando crecen y se complican sus cuidados, o bien porque escapan de su cautiverio.

Desgraciadamente, el comercio de mascotas exóticas es muy difícil de controlar, especialmente el mercado online y la compra-venta entre particulares.

Una seria amenaza para las especies nativas

Las tortugas exóticas que terminan estableciéndose en el medio natural suponen una seria amenaza para los animales y plantas nativos. Por ejemplo, el galápago de Florida (Trachemys scripta), una especie exótica invasora en varios países, incluyendo España, compite con los galápagos nativos por los lugares de asoleamiento, sitios de puesta y alimentos.

A menudo, la especie exótica prevalece en estos enfrentamientos, lo que se traduce en la expansión de sus poblaciones en detrimento de las de las especies nativas.

Estas especies foráneas también pueden hibridarse con las nativas, especialmente con las que están más estrechamente emparentadas, y deteriorar su acervo genético, lo que, en los casos más graves, puede conducir a su extinción.

Las especies voraces con dietas generalistas, como Chelydra serpentina, son capaces de alterar sustancialmente la composición y estructura de las comunidades y las cadenas tróficas de los ecosistemas dulciacuícolas.

Además, muchas tortugas exóticas pueden ser portadoras de patógenos novedosos para las nativas, ante los cuales sucumben fácilmente al no poseer defensas inmunológicas contra ellos.

Portadoras de enfermedades para las personas

Además de para las especies nativas, las tortugas exóticas también pueden suponer un riesgo para la salud pública, y especialmente para las personas inmunodeprimidas, ancianos o mujeres embarazadas. Esto se debe a que estas aparentemente inofensivas mascotas portan una amplia diversidad de bacterias y virus que pueden infectarnos. El contagio puede ocurrir por vía fecal-oral cuando una persona entra en contacto directo con estos animales o con los recintos contaminados con sus excrementos, o a través de los arañazos y mordiscos que puedan ocasionar.

De entre todas las enfermedades que pueden transmitirnos estos reptiles, la más habitual es la salmonelosis. Precisamente, los numerosos casos de salmonelosis asociados a la cría de Trachemys scripta en Estados Unidos condujeron a la prohibición de su comercio e importación en todo el país en 1975.

A pesar de todo, seguimos varios pasos por detrás del desafío que entraña la introducción de tortugas exóticas a través del mascotismo. Por ejemplo, es habitual que cuando se prohíbe la comercialización de una especie, rápidamente aparecen en el mercado otras que la sustituyen y que también pueden convertirse en un serio problema en el futuro.

Por lo tanto, urge mejorar la regulación de la venta y tenencia de tortugas exóticas y concienciar a la población para que evite adquirir este tipo de mascotas y no las abandone en la naturaleza. Además, estas medidas podrían reforzarse promoviendo programas de detección temprana y de respuesta rápida para gestionar poblaciones incipientes antes de que se establezcan y se propaguen.

19
Jun
2024

 

Autoría

Elena Bereziuk Frolova, Departamento de Sanidad Animal de la Universidad de Murcia, Universidad de Murcia

Diego Romero García, Profesor titular de Universidad.Toxicología, Universidad de Murcia

Elena Barcala Bellod, Cientifica Titular área de pesca, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Pilar Muñoz, Profesora de Enfermedades Infecciosas, Departamento de Sanidad Animal, Universidad de Murcia

La anguila europea (Anguilla anguilla) es una criatura fascinante con un ciclo de vida que parece sacado de una película de aventuras. Comienza su viaje en el lejano Mar de los Sargazos, a más de 6 000 kilómetros de las costas europeas. Allí nace como una diminuta larva llamada “leptocéfala” y emprende un viaje épico impulsada por las corrientes del Atlántico Norte y del Golfo hasta llegar a las costas de Europa y del norte de África.

Una vez cerca de estas costas, la larva experimenta una metamorfosis y se convierte en una angula, similar a las adultas, pero transparente. Estas angulas son tan apreciadas que alcanzan precios astronómicos en los mercados y a veces son objeto de tráfico ilegal. De hecho, en la página web de EUROPOL (Agencia de la Unión Europea para la Cooperación Policial) se repiten las noticias sobre las operaciones realizadas contra esta actividad, la cual mueve millones de euros cada año.

A medida que las angulas penetran en aguas continentales de Europa y África, van creciendo y se van coloreando. Cuando alcanzan alrededor de 10 centímetros de longitud se les llama “angulones”. Con el tiempo, estas anguilas juveniles adquieren un tono amarillento y pasan a ser conocidas como “anguilas amarillas”, ocupando diferentes hábitats fluviales. No obstante, algunas anguilas nunca remontan los cauces de agua dulce y pasan su vida en aguas marinas o salobres como es el caso de las poblaciones de anguilas del Mar Menor en Murcia, de la Albufera de Valencia o de la Albufera de Mallorca.

Los grandes misterios sobre su reproducción

Las anguilas pasan muchos años en los ecosistemas europeos y africanos antes de madurar y emprender el camino de regreso al mar donde nacieron para desovar. El periodo que pasan en estas zonas varía entre 6 y 12 años en el caso de los machos y 10-20 años en el de las hembras. Durante este período, enfrentan diversas amenazas, como la sobrepesca, enfermedades, contaminación y la presencia de barreras artificiales como presas o centrales hidroeléctricas en los ríos que dificultan o impiden su migración.

Una vez que las anguilas adultas regresan al océano, dejan de alimentarse y se preparan para un último viaje, para el que antes se transforman en “anguilas plateadas”. Se cree que descienden a profundidades abisales, entre 200 y 1 000 m, y se dirigen al misterioso Mar de los Sargazos para reproducirse.

A pesar de la magnificencia de su ciclo de vida, hay un misterio que rodea a la reproducción de la anguila europea: nunca se ha observado en el medio natural. Aunque los científicos han estudiado meticulosamente su comportamiento y tienen la certeza de que se reproducen en el Mar de los Sargazos, algunos detalles del proceso reproductivo (como la liberación de huevos o esperma) nunca se han documentado, ya que se estima que ocurre en aguas muy profundas.

Este ciclo asombroso, lleno de viajes épicos y transformaciones increíbles, termina con el regreso al lugar de su nacimiento, completando así el ciclo vital de la anguila europea. Es un recordatorio de la maravilla y fragilidad de la naturaleza, de la importancia de proteger a estas especies tan extraordinarias y de la necesidad de una mayor investigación y conservación para comprender y proteger adecuadamente a esta especie única.

El declive de la especie

La anguila europea se enfrenta a múltiples desafíos que ponen en peligro su supervivencia. Entre las posibles causas de su declive se encuentra la alteración de la Corriente del Golfo debido al cambio climático, la pérdida de acceso a sus hábitats naturales, la degradación ambiental, la presencia de patógenos como virus, bacterias y parásitos, los contaminantes en el entorno y la sobrepesca.

Aunque aún no se ha llegado a un consenso sobre cuál de estos factores es más significativo, algunos expertos sugieren que la combinación de varios de ellos podría ser crucial para comprender el declive de esta especie.

Los patógenos, en particular los virus y parásitos, tienen un impacto negativo en la capacidad de supervivencia de las anguilas. Estudios de laboratorio han demostrado que los individuos infectados pueden experimentar una disminución significativa en su capacidad de nadar, lo que reduce sus posibilidades de completar la migración hacia las zonas de desove.

Además, las anguilas están expuestas a altos niveles de contaminación a lo largo de su vida. Acumulan grasas que son cruciales para su travesía transoceánica hacia el Mar de los Sargazos y su reproducción, y estas grasas pueden contener contaminantes orgánicos, lo que afecta a su capacidad reproductora y migratoria. La acumulación de estos contaminantes durante su migración descendente también plantea preocupaciones sobre su impacto en la especie.

Estos desafíos subrayan la necesidad de una acción concertada para proteger a la anguila europea y su hábitat. Solo mediante un enfoque integral que aborde estos problemas podremos asegurar la supervivencia de esta especie única y valiosa en nuestros ecosistemas acuáticos.

Medidas de protección

Para proteger a la anguila europea se necesita un esfuerzo global. Por ello, desde 2007, la Unión Europea ha implementado regulaciones clave para asegurar su supervivencia, especialmente a través del Reglamento del Consejo Europeo Nº 1100/2007, que obliga a los países con hábitats naturales de esta especie a adoptar planes de gestión específicos desde 2009. Estas medidas buscan garantizar que suficientes anguilas plateadas, la etapa final en la vida del pez, puedan regresar al océano para reproducirse, mitigando los impactos negativos causados por los humanos.

La estrategia incluye varias iniciativas coordinadas internacionalmente, como la reducción o eliminación de la pesca comercial, la repoblación en zonas donde siempre han existido, la mejora de sus hábitats fluviales y el transporte directo de anguilas plateadas al mar para facilitar su viaje de reproducción. Además, se realiza un seguimiento constante de las poblaciones de anguilas en cada cuenca fluvial.

Estas acciones son cruciales no solo para la conservación de la anguila europea, sino también para el mantenimiento de la biodiversidad y la salud de los ecosistemas acuáticos. El futuro de esta fascinante especie depende de nuestro compromiso continuo y la efectividad de estas medidas de protección.

20
Jun
2024

 

Los agentes hacen batidas en el azarbe de Hurchillo para tratar de localizar alrededor de diez ejemplares de coipo originarios de Sudamérica que se han visto en los últimos días y retirarlos del medio natural para evitar que se reproduzcan

Servicio de Protección a la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona) de Orihuela está realizando una batida para localizar a los ejemplares de coipo (Myocastor coypus) , también llamados coipú o rata-nutria que han sido observados en el azarbe del Reguerón o de Hurchillo en los últimos días.

Los agentes comenzaron la búsqueda ayer y también la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS) ha solicitado el rastreo de la zona. Es la primera vez que se detecta este mamífero acuático en el ámbito de la cuenca del Segura.

Según han indicado a INFORMACIÓN, diario que forma parte del mismo grupo editorial que LA OPINIÓN, fuentes de la Guardia Civil cuando los agentes localicen a los ejemplares -en torno a diez- se intentará su captura para trasladarlos al centro de recuperación de fauna y derivarlos a un núcleo zoológico.

Sueltos

Se trata de un gran roedor acuático originario de Sudamérica, que puede alcanzar los diez kilos de peso, medio metro de longitud, y presenta una cola de hasta 40 centímetros. Come al día el equivalente al 25% de su peso en vegetación. En España cuenta con algunas poblaciones estables en ríos de Euskadi y Cataluña -con 2.000 ejemplares en Girona-, donde aparecieron tras escapar de granjas peleteras francesas en los años 70 y su presencia supone una fuerte competencia para otras especies autóctonas que pueden llegar a desaparecer.

Batida

n caso de que la batida tenga éxito el Seprona iniciará investigaciones a fin de averiguar quién o quienes han introducido la especie en el medio ambiente natural del azarbe de riego. Esta acción puede acarrear responsabilidades legales al tratarse de una especie dañina que desplaza a otras autóctonas de la zona, caso por ejemplo de la nutria común, que tiene su hábitat aguas arriba en la Vega Alta y Media del Segura.

Todo apunta a que los ejemplares se han soltado en la naturaleza de forma voluntaria.

Red de riego tradicional

No han llegado de otras zonas de la tupida red de canalizaciones del riego tradicional. Las mismas fuentes señalaron la dificultad para localizar a estos animales porque además es una zona limítrofe con la Región de Murcia entre El Mojón, Arneva, Vereda Liorna y Barrio Mariano Cases.

La alerta saltaba ayer al difundirse un vídeo en el que se ven a tres ejemplares interactuar junto a la orilla y después zambullirse en el agua de riego de este gran azarbe, uno de las principales de la Vega Baja que recoge los drenajes de riego de la huerta murciana.

Peleteros

Según han indicado a este medio vecinos de la zona hay más ejemplares albinos, además del que se observa en ese vídeo, lo que avalaría la impresión inicial de que se trata de animales exóticos adquiridos como mascotas o para la actividad peletera que después se han soltado. Quienes han observado a este gran roedor aclaran que es totalmente inofensivo y que en el lugar donde se encuentran solo interactúan entre ellos y se zambullen en el agua.

La Opinión de Murcia

19
Jun
2024

 

Autoría

Miguel Clavero Pineda, Científico titular CSIC, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

Cláusula de Divulgación

Miguel Clavero Pineda es investigador principal del proyecto CRAYMAP (PID2020-120026RB-I00), financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, en el cual se enmarca este trabajo.

Las introducciones de especies son unos de los factores de degradación ambiental provocada por los humanos, por lo que es razonable que la conservación deba centrarse en especies nativas. Es difícil de asumir que, en medio de una acelerada pérdida de biodiversidad como la que vivimos, los esfuerzos y recursos se centren en una especie introducida. Sin embargo, eso es justo lo que está pasando con el cangrejo de río italiano (Austropotamobius fulcisianus) en España.

El Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico (MITECO) está ultimando la aprobación de una estrategia estatal para la conservación y recuperación del cangrejo de río italiano (al que denominan ibérico), una especie introducida en España.

Aunque en ocasiones pueda haber razones para incluir especies introducidas en los esquemas de conservación, por su relevancia natural o social, centrar los esfuerzos de conservación en este crustáceo aporta poco, e incluso es negativo, para la biodiversidad acuática ibérica.

El cangrejo que trajo el rey

El cangrejo italiano llegó a España en el siglo XVI para satisfacer los deseos de Felipe II. El rey había emprendido el ajardinamiento de los Sitios Reales y para poblar los estanques organizó una compleja importación de cangrejos de río y especies exóticas de peces, elementos exclusivos que nadie más tenía en España.

En 1565 los estanques de la Casa de Campo y Aranjuez contaban ya con lucios y carpas traídos de Francia. El monarca no consiguió los cangrejos de río hasta 1588, cuando el gran duque toscano envió un cargamento de varios toneles con cangrejos a cargo de un hombre que sabía mantenerlos vivos durante meses.

La llegada de cangrejos de La Toscana explica de forma simple y lógica que el cangrejo que puebla España sea Austropotamobius fulcisianus, más precisamente el linaje propio de esa región italiana. Cualquier otra explicación implica asumir piruetas biogeográficas altamente improbables.

Al cangrejo italiano le llevó tiempo dejar de ser una exclusividad real para mezclarse con el pueblo y ocupar medio país. En el siglo XVII los había en Valladolid, a principios del XIX en diferentes lugares de la meseta norte y la cuenca del Ebro, llegó al Guadiana y a Andalucía antes de 1850 y a Cataluña ya en el siglo XX.

El régimen de Franco inició a finales de los años 40 del siglo pasado la promoción de la pesca deportiva, centrada en salmónidos, grandes depredadores introducidos (lucio y lubina negra), carpa y cangrejo de río. Se liberaron cangrejos en numerosos lugares, se fomentó y se reguló su pesca y se estableció un lucrativo mercado alrededor del cangrejo italiano.

Paradójicamente fue esta promoción la que facilitó la llegada y expansión de los cangrejos de río americanos, que fueron la causa del colapso de la especie italiana.

Una nueva invasión perjudica a otra anterior. No es la primera vez que pasa.

Fósiles y genes

Algunos yacimientos españoles (Las Hoyas, en Cuenca; Montsec, en Lleida) contienen fósiles de cangrejos de río, asignados erróneamente al género Austropotamobius. Los cangrejos fosilizados vivieron hace unos 130 millones de años, junto con dinosaurios, pterodáctilos y celacantos de agua dulce. En esa época no existía Austropotamobius y usar esos fósiles como prueba de que el cangrejo italiano es nativo de la península ibérica es tan válido (o tan absurdo) como hacerlo para mantener el mismo argumento con los cangrejos americanos.

Los resultados de todos los estudios genéticos realizados muestran, sin fisura alguna, que los cangrejos de río presentes en España son Autropotamobius fulcisianus de la subespecie de la Toscana y regiones adyacentes. Aun así, hay quien defiende que la estructura y diversidad genética observada en España sugiere que pudiera ser nativa.

Sin entrar en tecnicismos, los patrones genéticos observados en la península para el cangrejo italiano son muy similares a los descritos para el cangrejo rojo. Si sirven como argumento para defender que uno es nativo, también valdrían para el otro. No tiene sentido biogeográfico que sea nativo si conocemos cuándo que se produjo la introducción, los motivos que la propiciaron y la gente implicada. Es decir, exactamente lo mismo que sabemos sobre el cangrejo italiano.

Algunos estudios han propuesto que las poblaciones de cangrejo italiano de las penínsulas ibérica e itálica habrían estado separadas desde hace unos 20 000 años, pero los eventos que habrían llevado a un aislamiento en esa época no son plausibles. Por un lado, el aislamiento de las distintas subespecies dentro de Italia (y la costa balcánica al otro lado del Adriático) tiene una antigüedad en el orden de los millones de años. Si cangrejos de cuencas adyacentes italianas han estado aislados más de 2 millones de años, ¿cómo se explica que los de España fueran una única población con los italianos hace 20 000?

Por otro lado, no hay organismos puramente acuáticos que hayan colonizado la península ibérica en las últimas decenas de miles de años. El aislamiento se remonta a la formación de Pirineos, hace decenas de millones de años, y la llegada natural del cangrejo italiano sería un evento que rompería todo lo que sabemos sobre biogeografía de las aguas ibéricas.

¿Por qué no debemos proteger a esta especie?

Concentrar esfuerzos de conservación en una especie no es inocuo para la conservación de otras. La emergencia es de tal calibre que no es posible acudir al rescate de todas las poblaciones amenazadas. Es por eso que hay que priorizar. Hay que identificar cuáles son las especies sobre las que sea más urgente actuar (más amenazadas) y más importante hacerlo (endemismos ibéricos, por ejemplo). El cangrejo italiano no destaca en ninguno de estos aspectos.

En la actualidad hay unas 1 000 poblaciones de cangrejo italiano en la península, muchas de ellas generadas por la suelta de animales criados en las múltiples granjas de astacicultura existentes en el país. Estas liberaciones se producen en ríos de curso permanente sin cangrejos americanos, que son sistemas muy sensibles y escasos. La biota que los habita (anfibios, sanguijuelas, desmán ibérico) son también a menudo taxones amenazados y necesitan que siga habiendo ríos sin cangrejos.

La actividad alrededor de la conservación del cangrejo italiano concentra una enorme cantidad de recursos que deberían poder ser reconducidos hacia la conservación de la maltrecha biodiversidad acuática ibérica. La estrategia para el cangrejo italiano que prepara el MITECO perpetúa una tradición de gestión desnortada, asentada en mitos sobre la españolidad de una especie introducida y perjudicial para la biota nativa.

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