Hidrología

09
Feb
2026

 

Un informe de la Fundación Global Nature revela que más de un tercio de estos ecosistemas ha sufrido transformaciones significativas, mientras que una pequeña fracción ha desaparecido por completo.

Solo el 13,2 % de los humedales españoles registrados oficialmente están bien conservados sin alteración alguna, mientras que el 37,1 % están conservados aunque con algún tipo de intervención, de acuerdo con los últimos estudios científicos elaborados por la Fundación Global Nature (FGN).

Los estudios, recopilados en la 'Radiografía de humedales 2025' elaborada por esta entidad -que cuenta con datos actualizados hasta finales de 2024-, certifican que otro 36,7 % han sido alterados; el 12,2 %, muy alterados y el 0,8% directamente han desaparecido.

El informe destaca que uno de cada cuatro humedales está incluido en el Inventario Español de Zonas Húmedas y de hecho España es, con un total de 76, el tercer país del mundo en número de zonas húmedas de importancia internacional, según las cifras del Convenio Ramsar que regula estos ecosistemas.

Sin embargo, FGN señala que "muchos de ellos no cuentan con medidas efectivas de conservación" por lo que sería necesario ampliar el inventario y mejorar la protección: un aviso especial en el Día Mundial de los Humedales que se conmemora este lunes 2 de febrero.

Problemas

La Convención Ramsar y diversas organizaciones ecologistas identifican la mala gestión del agua, la agricultura intensiva, las sequías y la sobreexplotación de acuíferos como los problemas más recurrentes que afrontan estos entornos.

"La Naturaleza necesita un espacio y el ser humano también, pero la forma de los humanos de tener el suyo es quitárselo a ella a través de muchas formas: agricultura, minería, transporte..., por medio de un montón de cosas que construimos a fin de desarrollar algún tipo de actividad", ha asegurado a EFE el profesor de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Complutense de Madrid Pedro Martínez.

Construir o cultivar sobre humedales, según Martínez, para quien termina siendo un "punto de no retorno" puesto que la topografía modificada al final "no se puede arreglar, es un humedal que se ha perdido".

Si bien cada humedal tiene características propias y problemas particulares, "existe un patrón similar en todos: la agricultura instalada en sus cuencas consume demasiada agua y esto no está controlado", ha añadido el experto en este tipo de espacios naturales de SEO/Birdlife, Mario Giménez, quien ha advertido además del exceso de nutrientes que contamina y empeora la calidad de agua que llega hasta ellos, por lo que al final "dependen del agua de lluvia y cuando no llueve entramos en ciclos de sequía".

Recuperación

No obstante, los humedales son "espacios que reaccionan muy rápido a acciones de conservación bien dirigidas", lo que supone una "oportunidad valiosa" para su recuperación si se destina recursos para ello, ha indicado Giménez.

"Un bosque que se quema puede tardar muchísimas décadas en recuperarse, pero un humedal tarda poco tiempo si vuelve el agua en calidad y cantidad suficiente", por lo que este experto ha llamado a cumplir la normativa y aplicar buenas políticas de gestión ética para "frenar la degradación y conservar lo que ya tenemos".

En ese mismo sentido Martínez ha añadido que la legislación europea tiene un "sesgo ambiental importante y tiende a proteger los ecosistemas", lo que puede ayudar a afrontar "las necesidades o caprichos que en muchas ocasiones nos lleva a eliminar los humedales".

Su conservación no es importante sólo por ellos sino por la biodiversidad que albergan, ha recordado Giménez, quien defiende específicamente el trabajo de SEO/Birdlife para preservar distintas especies de aves, en especial las más amenazadas como la cerceta pardilla.

El trabajo de la organización se centra en restaurar los sistemas hídricos de humedales como el del Parque Nacional de Doñana y los entornos de estos ecosistemas como en el sur de Alicante, con el objetivo de mejorar la entrada de agua y garantizar su calidad.

Fuente: Fundación Global Nature

SCINC

28
Ene
2026

 

Un estudio de la Organización de las Naciones Unidas declara que el término de ‘crisis hídrica’ que se utiliza habitualmente ya no se ajusta a la realidad, ya que hay daños irreversibles que han llevado a muchas cuencas y reservas a un punto sin retorno. 

En medio del agotamiento crónico de las aguas subterráneas, la degradación de la tierra y el suelo, la deforestación y la contaminación, todo ello agravado por el calentamiento global, un informe de la ONU ha declarado hoy el inicio de una era de bancarrota hídrica mundial.

Según el nuevo informe, los términos habituales “estrés hídrico” y “crisis hídrica” no reflejan la realidad actual en muchos lugares: una situación caracterizada por pérdidas irreversibles de capital hídrico natural y la incapacidad de recuperar los niveles históricos. Por eso, los autores instan a los líderes mundiales a facilitar “una adaptación honesta y basada en la ciencia a una nueva realidad”.

“Este informe revela una verdad incómoda: muchas regiones están viviendo por encima de sus medios hidrológicos y muchos sistemas hídricos críticos ya están en bancarrota”, afirma el autor principal, Kaveh Madani, director del Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH).

En términos financieros, el informe afirma que muchas sociedades no solo han gastado en exceso sus “ingresos” anuales renovables de agua procedentes de ríos, suelos y nieve acumulada, sino que han agotado sus “ahorros” a largo plazo en acuíferos, glaciares, humedales y otros depósitos naturales.

Esto ha dado lugar a una lista cada vez mayor de acuíferos reducidos, terrenos hundidos en deltas y ciudades costeras, lagos y humedales desaparecidos y una pérdida irreversible de biodiversidad.

El informe de la UNU se basa en un artículo publicado en la revista Water Resources Management, que define formalmente la quiebra hídrica como la sobreexplotación persistente de las aguas superficiales y subterráneas en relación con los caudales renovables y los niveles seguros de agotamiento; y la consiguiente pérdida irreversible o prohibitivamente costosa del capital natural relacionado con el agua.

Sistemas hídricos interconectados

Aunque no todas las cuencas y países se encuentran en bancarrota hídrica, Madani afirma que “suficientes sistemas críticos en todo el mundo han superado estos umbrales. Estos sistemas están interconectados a través del comercio, la migración, las retroalimentaciones climáticas y las dependencias geopolíticas, por lo que el panorama de riesgo global se ha alterado fundamentalmente”.

Según el informe, uno de los puntos críticos está en la región de Oriente Medio y África del Norte, donde el alto estrés hídrico, la vulnerabilidad climática, la baja productividad agrícola, la desalinización intensiva en energía y las tormentas de arena y polvo “se entrecruzan con economías políticas complejas”.

En algunas partes del sur de Asia, la agricultura dependiente de las aguas subterráneas y la urbanización han provocado descensos crónicos de los niveles freáticos y hundimientos locales. Y en el suroeste de Estados Unidos, el río Colorado y sus embalses “se han convertido en símbolos de promesas de agua de forma excesiva”.

Basándose en conjuntos de datos globales y pruebas científicas recientes, el informe presenta un panorama estadístico desolador de las tendencias, causadas en su gran mayoría por los seres humanos. Por ejemplo, el texto arroja que un 50 % de los grandes lagos de todo el mundo han perdido agua desde principios de la década de 1990 (con un 25 % de la humanidad dependiendo directamente de esos lagos).

También destaca que un 50 % del agua doméstica mundial ahora se obtiene de las aguas subterráneas y más del 40 % del agua de riego se extrae de acuíferos que se están agotando.

Además, unas 410 millones de hectáreas de humedales naturales —casi igual al tamaño de toda la Unión Europea— han desaparecido en las últimas cinco décadas, y se ha perdido más del 30 % de masa glaciar mundial desde 1970.

Esta situación provoca que el 75 % de la humanidad esté en países clasificados como inseguros o críticamente inseguros en materia de agua, y 4 000 millones de personas se enfrentan a una grave escasez de agua al menos un mes al año.

170 millones de hectáreas de tierras de cultivo en riesgo

Además, 170 millones de hectáreas de tierras de cultivo de regadío están sometidas a un estrés hídrico alto o muy alto, lo que equivale a la superficie de Francia, España, Alemania e Italia juntas, con la inseguridad alimentaria que conlleva.

“Millones de agricultores intentan cultivar más alimentos a partir de fuentes de agua que se reducen, están contaminadas o están desapareciendo. Sin una rápida transición hacia una agricultura inteligente en el uso del agua, la bancarrota hídrica se extenderá rápidamente”, dice Madani.

Según explican los autores, una región puede sufrir inundaciones un año y seguir estando en bancarrota hídrica, añade, si las extracciones a largo plazo superan la reposición. En ese sentido, la bancarrota hídrica no tiene que ver con lo húmedo o seco que parezca un lugar, sino con el equilibrio, la contabilidad y la sostenibilidad.

“Al igual que con el cambio climático global o las pandemias, una declaración de bancarrota hídrica global no implica un impacto uniforme en todas partes, sino que suficientes sistemas en todas las regiones y niveles de ingresos se han vuelto insolventes y han cruzado umbrales irreversibles para constituir una condición a escala planetaria”, afirma el autor.

Pero Madani señala que las consecuencias se extienden entre regiones: “los efectos se propagan por los mercados mundiales, la estabilidad política y la seguridad alimentaria en otros lugares. Esto hace que la quiebra hídrica no sea una serie de crisis locales aisladas, sino un riesgo global compartido que exige un nuevo tipo de respuesta: gestión de la quiebra, no gestión de crisis”.

El agua, un recurso limitado

Por eso, los autores reclaman que se reconozca el agua como una limitación y una oportunidad para cumplir los compromisos en materia de clima, biodiversidad y tierra.

Ana Allende, profesora de investigación del CSIC experta en seguridad alimentaria y calidad de aguas ajena al estudio, destaca que en Europa, aunque tradicionalmente se perciba como una región menos vulnerable, los problemas siguen existiendo: sobreexplotación de acuíferos, especialmente en zonas agrícolas intensivas, degradación de ríos y humedales; pérdida de calidad del agua por contaminación difusa y urbana, y una creciente frecuencia de sequías prolongadas, especialmente en el Mediterráneo.

“La principal implicación para Europa es que no puede seguir abordando la escasez únicamente mediante mejoras de eficiencia, reutilización o nuevas infraestructuras, sin una revisión profunda de la demanda, los usos del suelo y los modelos productivos”, señala Allende en declaraciones a SMC España.

“El informe apunta a la necesidad de aceptar que algunos impactos son irreversibles y que la gestión del agua debe orientarse a prevenir más daños, redistribuir riesgos y costes de forma justa y adaptar los sistemas socioeconómicos a una disponibilidad de agua estructuralmente menor”, concluye.

Fuente: SINC

21
May
2025

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Rafael Serrada Hierro, Guadalajara, mayo de 2025.

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Pensadores como José Ortega o Eugenio d'Ors nos han indicado cómo transitar entre la categoría y la anécdota. Las reflexiones que expongo a continuación están relacionadas con esta dualidad. Parto de un hecho puntual y reciente, que me hace recordar experiencias y situaciones relacionadas con cuestiones de gestión administrativa a lo largo de muchos años de actividad profesional, y concluyo en reflexiones críticas sobre el ser y el estar de la Administración Pública española.

Un hecho puntual, la denegación por parte de la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT) de un permiso para realizar un contradique de protección a un dique antiguo ha sido el detonante de este análisis

Ver artículo completo aquí     Tenemos_al_enemigo_en_casa_con_informe_CHT.pdf  

13
Nov
2024

 

Autoría

Carolina Boix Fayos, Investigadora científica, Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (CEBAS-CSIC)

Adolfo Calvo-Cases, Catedrático de Geografía Física Jubilado, Universitat de València

Eva Arnau Rosalen, Investigadora Postdoctoral en Earth Sciences/Observation, Manchester Metropolitan University

Jorge López Carratalá, Docente/investigador. Doctor en Geografía Física, Universitat de València

Joris de Vente, Científico titular, Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (CEBAS-CSIC)

La catástrofe provocada por la dana nos ha atravesado, causando una conmoción y un profundísimo dolor colectivo: las pérdidas humanas, la angustia, el espanto, las pérdidas materiales, el futuro. Nos preguntamos: ¿cómo ha podido pasar esto en una sociedad desarrollada e hipercomunicada?

Los expertos apuntan desde hace tiempo a un incremento de las crecidas fluviales intensas y repentinas en las ramblas. El aumento de las denominadas en inglés “flash-floods” está relacionado con el cambio climático, en un contexto de riesgos crecientes.

Aunque los impactos de la dana del 29 de octubre de 2024 afectaron a varias comunidades autónomas y varias zonas de la Comunidad Valenciana, vamos a centrar este análisis en la cuenca hidrográfica del barranc de Torrent y la rambla del Poyo (622 km²), una de las áreas más devastadas debido a la concentración de tejido urbano y población en su cuenca baja.

Nuestra intención es aportar un dibujo general de los factores geográficos (físicos, geomorfológicos, socioeconómicos, espaciales) que convergieron creando una situación de gran complejidad.

1. La distribución de la precipitación

Entre las 8:00 del 29 de octubre del 2024 y la misma hora del día siguiente, la lluvia acumulada en algunos puntos de la cabecera y centro de la cuenca fue elevadísima.

En Chiva llovió 491 l/m²; dentro de su término municipal, en Los Felipes se superaron los 600 l/m². En Cheste se alcanzó una precipitación de 392 l/m².

La precipitación media anual que recibe toda la zona fue superada en muchos puntos en tan sólo 24 horas. Mientras tanto, apenas llovió en la parte baja de la cuenca, dónde se sitúan parte de los municipios más afectados. La población de estos municipios no tuvo una percepción clara del riesgo en las horas previas a la catástrofe.

2. La respuesta de los caudales

La cuenca posee una densa red de drenaje –red de ríos, barrancos y ramblas– en su parte alta que tuvo una respuesta hidrológica inmediata, con una crecida del caudal de la rambla del Poyo que se multiplicó por seis en dos horas. Alcanzó una magnitud de casi 2 000 m³/s, valor al que se asigna un período de ocurrencia estadística de una vez cada 500 años.

Esta magnitud de la crecida multiplica por cuatro el caudal medio del río Ebro y comparativamente pasa a ser casi la cuarta parte del caudal medio del Danubio, inimaginable en ramblas mediterráneas de este tamaño.

3. La geomorfología o formas del terreno

Gran parte de las poblaciones se sitúan en una zona natural de convergencia-divergencia de aguas de toda la red fluvial, entre abanicos aluviales y la llanura aluvial del Turia –área que anega el río cuando desborda el cauce–, espacios donde el agua busca su salida natural en momentos de crecida. Pero actualmente las vaguadas y cauces están cubiertos por un denso tejido urbano y, por tanto, son invisibles para la población que no tiene conocimiento de ello.

Todo este sistema desemboca en La Albufera, un humedal natural que recoge agua y sedimentos.

4. La ocupación del suelo

La cuenca tiene un elevado grado de impermeabilización (aproximadamente un 20 %), particularmente en su parte media y baja, debido al denso tejido urbano e industrial. Esta zona es además un importante nudo de comunicaciones con principales vías de entrada y salida a Valencia.

Todos estos factores facilitaron que toda la red de drenaje quedara conectada rápidamente en la tarde-noche del 29 de octubre del 2024, con unos caudales extremos de gran energía que se dispersaron por las zonas inundables impermeabilizadas, ocupadas por poblaciones, áreas industriales y comerciales con gran cantidad de obstáculos.

Los vehículos, además de ser arrastrados, obstruyeron calles y túneles. Esto provocó alturas enormes de agua y remolinos, que constituyeron una trampa mortal, arrasando todo a su paso y provocando una grandísima devastación. Todo ello encontró a la población totalmente desprevenida en una franja horaria de gran movilidad. Esta impermeabilización de la superficie, y un gran desarrollo urbanístico lleno de obstáculos (estructuras arquitectónicas, mobiliario urbano, muros, vehículos) obstruyeron, recanalizaron y concentraron los flujos en zonas donde naturalmente podría dispersarse el agua.

5. El cambio climático

El cambio climático produce eventos climáticos más extremos. En la cartografía existente, gran parte de las poblaciones arrasadas tienen un peligro de inundación cada 100 o 500 años. Sin embargo, con el cambio climático y la virulencia actual de las danas, estos períodos de retorno están cambiando.

Soluciones complejas

El cambio climático es una realidad dura y una amenaza real que aumenta la frecuencia e intensidad de los eventos con precipitaciones y temperaturas extremas. Confiemos en los expertos, no nos dejemos contaminar por los bulos y la desinformación y luchemos contra el negacionismo.

Las soluciones para adaptarnos a esta nueva realidad y disminuir los impactos son complejas. Implican desde la educación y concienciación social del riesgo de inundaciones para toda la población hasta combinaciones de soluciones de ingeniería con incorporación de medidas basadas en la naturaleza. Las cuencas hidrográficas deben convertirse en una especie de “esponjas” que absorban el agua, reduciendo la velocidad y energía de las corrientes e intentando que no se conviertan en coladas de barro.

La ordenación territorial, la planificación urbanística y rural son prioritarias, así como mejorar la percepción del riesgo e índices de vulnerabilidad que reflejen las características socioeconómicas, ambientales e institucionales de cada zona.

Es absolutamente necesario mejorar la gobernanza y los sistemas de alerta y prevención en los organismos competentes para desarrollar protocolos que permitan en el futuro evacuar lo más rápidamente a la población de las zonas de peligro y mantenerla en lugares seguros.

Ante la extraordinaria magnitud del evento no caben medidas de contención, sino de laminación de la inundación –lograr que la misma cantidad de agua pase con menos velocidad durante más tiempo– utilizando todos los elementos al alcance en cada parte de la cuenca, y una impecable gestión de los riesgos, con sistemas de alerta temprana, concienciación y protocolos interiorizados por la sociedad. Una sociedad que ha respondido con una ola de solidaridad y empatía emocionante. Una tragedia así no debería repetirse jamás.

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