Hidrología

22
Mar
2022


Autoría
María José Polo Gómez
Catedrática de Ingeniería Hidráulica, Universidad de Córdoba


España, como país mediterráneo, atraviesa ciclos de sequía inherentes a su clima, también llamadas sequías meteorológicas.

En la actualidad, vivimos una situación de escasez de recursos hídricos para atender las demandas existentes, o sequía hidrológica, tras la meteorología de los años previos y el consumo de agua realizado. ¿Pueden evitarse estas situaciones? ¿Qué medidas se deben adoptar ante estas sequías?

La gestión de sequías en España
Los planes especiales de sequía son instrumentos clave en la gestión del agua en nuestro país. Aprobados en 2018, los planes vigentes hablan de sequía y escasez para distinguir condiciones no controlables (meteorología) de estados que se podrían evitar (falta de recursos suficientes).

La planificación hidrológica y sus actuaciones posibilitan que las sequías prolongadas no requieran a corto y medio plazo restricciones para el consumo humano, contando los planes de sequía con prioridades de usos, restricciones y otras medidas para la gestión de los riesgos asociados a la escasez de agua. Dicho así, una gestión eficiente de recursos minimizaría en lo posible la ocurrencia de escasez y la evitaría aun en condiciones de sequía.
Sin embargo, la consulta a los mapas de seguimiento mensual de sequía y escasez en España desde finales de 2018 contrasta con esta conclusión. Sin ir más lejos, la situación actual nos muestra cómo a final de febrero no encontramos sequía en todas las zonas en emergencia por escasez, ni en gran parte del territorio en alerta y prealerta
La gestión del riesgo
El riesgo se define como la probabilidad de ocurrencia de un daño multiplicada por los costes del mismo. De forma cotidiana usamos el riesgo para tomar decisiones: no es tan importante si ocurre un evento o no como sus consecuencias.

Particularizando, el riesgo de que se produzca escasez de agua (R), es decir, daño por sequía prolongada, se puede calcular como el triple producto de los siguientes factores:

Peligrosidad. P, o probabilidad de que se produzca una sequía prolongada de magnitud S.

Vulnerabilidad. V, o probabilidad de que, si se produce S, se genere una escasez de magnitud E.

Costes. C, o valor de los daños ocasionados por E.

El riesgo (R = Pe x V x C) puede disminuirse actuando sobre uno o varios de estos factores. Sobre la peligrosidad no tenemos control, luego no podemos actuar. La vulnerabilidad depende de la reserva almacenada para atender las demandas existentes, mientras que los costes es el valor del producto/servicio que genera la demanda; sobre ambos tenemos capacidad de actuación.

La operación de embalses en España se basa en unos criterios de explotación estacionales que persiguen garantizar en plazos establecidos las distintas demandas, priorizadas, en el marco de una planificación plurianual.

Así, un embalse se ha diseñado para atender un volumen concreto de demanda durante su vida útil, con base en un análisis hidrológico, ambiental, económico y social. Un embalse disminuye el riesgo actuando sobre la vulnerabilidad: si aumentamos la capacidad de almacenamiento, disminuimos la probabilidad de escasez ante una sequía prolongada.

El factor humano
La realidad nos muestra que la reacción humana a ser menos vulnerables es aumentar las expectativas de demanda. Protegemos las zonas inundables y acaban ocupándose por el hombre, quien ya no sufre las consecuencias de las crecidas frecuentes.

Aumentamos las reservas en embalses y generamos más expectativas de consumo, ya que dejamos de sufrir restricciones. Modernizamos las estructuras de abastecimiento y de regadíos y no ahorramos recursos porque aumenta la población o la superficie regada.

Además, esta expectativa suele traer una búsqueda de mayor rentabilidad: instalaciones con piscina, spas, deportes acuáticos, puesta en riego de grandes extensiones de cultivo tradicional mediterráneo…

Este efecto rebote se produce en otros ámbitos de gestión y se conoce como la paradoja de Jevons –economista inglés que estudió el impacto de la mejora de la eficiencia del carbón en la máquina de vapor–, que se generaliza para expresar que aumentar la eficiencia de un servicio disminuye el consumo instantáneo del recurso, pero incrementa el consumo global por aumentar la expansión de dicho servicio.

En nuestro caso, este factor humano, que no es más que nuestra capacidad de adaptación a nuevas condiciones, nos lleva a superar con creces las demandas estimadas inicialmente. Como resultado, el riesgo no disminuye en la práctica porque no solo aumentamos la vulnerabilidad, sino que a menudo también el coste por mayor servicio asociado o mayor valor.

Las expectativas de crecimiento son legítimas, el ser humano ha evolucionado así. Pero no ha lugar a una expectativa de recursos hídricos en crecimiento continuo cuando el agua disponible es limitada y no va a aumentar en el futuro.

La planificación hidrológica debe afrontar el hecho de que vivimos una situación de exceso sobrepasado de demanda en la mayor parte de nuestras cuencas, con productos y servicios asociados de alto valor que, cuando llega la escasez, generan unos costes muy elevados por pérdidas, y que el aumento de la capacidad de reserva desde los años ochenta no ha traído consigo una disminución del riesgo de escasez para los usos agrícolas y de turismo, por el aumento de vulnerabilidad generado por el factor humano.

Hacia un futuro sostenible
No hay razones para esperar una disminución en la ocurrencia de periodos prolongados de sequía ni podemos controlar su régimen. Tampoco cabe llenar más embalses sin esperar más precipitación que hoy. No es la ausencia de lluvia lo que vacía los embalses, sino el exceso de consumo.

Confrontar agricultura-turismo y ecosistemas como adversarios en la captación de recursos hídricos es un dilema falaz y perverso, pero no debemos gestionar el agua sin realizar un análisis de riesgos completo. Análisis que incluya el impacto potencial del factor humano para identificar y arbitrar medidas de acompañamiento que eviten la escalada indeseada de vulnerabilidad. En busca de un futuro sostenible con usos bien acotados en el contexto real de nuestras cuencas para que todos ganemos seguridad, en lugar de que todos perdamos.

The Conversation

18
Mar
2022

Science Daily thumb
Fecha: marzo 4, 2022
Fuente: Universidad Estatal de Carolina del Norte
Resumen:
Los investigadores encontraron que el aumento del consumo de agua de los bosques aguas arriba durante las sequías podría dejar menos agua río abajo para los bosques, las ciudades y la vida silvestre durante la sequía.

HISTORIA COMPLETA
Utilizando datos recopilados por satélite, los investigadores de la Universidad Estatal de Carolina del Norte descubrieron que los bosques de mayor elevación en las montañas Blue Ridge a menudo mantienen, y a veces incluso aumentan, su uso de agua durante las sequías extremas.

Publicados en la revista Landscape Ecology, los hallazgos sugieren que el aumento del consumo de agua de los bosques aguas arriba podría dejar menos agua aguas abajo para los bosques, las ciudades y la vida silvestre durante la sequía.

"Esperamos que las sequías se vuelvan más severas y frecuentes, por lo que es importante comprender cómo eso influirá en la cantidad de agua que tenemos disponible", dijo la autora principal del estudio, Katie McQuillan, estudiante graduada en el Centro de Análisis Geoespacial de NC State. "Descubrimos que estos bosques están usando más agua en promedio durante las sequías, y eso lleva a que menos agua termine río abajo".

En el estudio, los investigadores analizaron cómo los árboles usan el agua y la liberan como vapor en función de los datos de teledetección infrarroja térmica recopilados por satélites entre 1984 y 2020. Utilizaron esos datos para comprender las tendencias en el uso del agua forestal para más de 15,000 millas cuadradas de bosque en las montañas Blue Ridge en Virginia, Carolina del Norte, Tennessee, Carolina del Sur y Georgia.

"Las regiones montañosas boscosas son súper importantes para la calidad y cantidad de agua que tenemos río abajo", dijo McQuillan. "Los bosques de montaña producen algunas de las fuentes de agua más limpias y estables, y tienen un impacto en la cantidad de agua disponible río abajo para las personas y las especies acuáticas".

En parte de su análisis, rastrearon si los bosques usaban más o menos agua de lo normal para cada píxel de tierra mapeada, promediada en función de la elevación, en sequías moderadas, severas y extremas.

Encontraron que el uso promedio de agua de los bosques de mayor elevación generalmente no se modificó o aumentó ligeramente durante las sequías extremas. Esos bosques, que constituían aproximadamente el 22% del área forestal que estudiaron, tendían a ubicarse por encima de los 3,280 pies. Mientras tanto, encontraron que los bosques de menor elevación redujeron su uso de agua en promedio.

"Las elevaciones más altas están encontrando que las sequías son más estresantes, por lo que están usando más agua cada vez que hay una sequía", dijo la autora principal del estudio, Katherine L. Martin, profesora asistente de silvicultura y recursos ambientales en NC State. "Estos bosques de gran elevación y cresta pueden aumentar el uso del agua porque tienen el primer acceso a la precipitación. Con menos escorrentía, eso empeora las condiciones secas para los árboles en posiciones topográficas más bajas, lo que lleva a mayores disminuciones en el uso de agua forestal en bosques de baja elevación y bosques de valle".

Un menor consumo de agua por parte de los bosques de menor elevación podría significar que están menos adaptados a la sequía.

"Los procesos de uso y crecimiento del agua de los árboles están acoplados, por lo que cuando un árbol reduce su uso de agua, también está reduciendo el crecimiento", dijo McQuillan. "Más árboles adaptados a la sequía suelen ser capaces de continuar usando agua y creciendo bajo un mayor estrés hídrico que los árboles menos adaptados a la sequía".

En general, en todas las elevaciones, los investigadores vieron que los bosques de montaña bebían cantidades superiores al promedio de agua en el pico de las sequías. Los investigadores dijeron que el aumento de las temperaturas debido al cambio climático probablemente juega un papel.

"Creemos que el aumento de las temperaturas está detrás de un mayor uso del agua durante las sequías", dijo McQuillan. "Cuando hace más calor, los bosques usan más agua para mantenerse frescos".

Los cambios en los tipos de árboles que se encuentran en los bosques, debido a la supresión de incendios y los cambios en la precipitación u otras tendencias, también podrían estar desempeñando un papel en sus hallazgos, dijeron los investigadores. Las especies sensibles a la sequía como los arces y los álamos tulipanes, que históricamente se han encontrado en elevaciones más bajas, ahora son más comunes en todo el paisaje.

"Hay especies que usan mucha más agua que otras", dijo McQuillan. "Si esos están en las áreas de alta elevación o cuesta arriba, eso exacerba lo que estamos viendo".

Los hallazgos podrían significar que los cambios en la forma en que los bosques usan el agua harían que la escasez de agua sea más grave.

Fuente de la historia:

Materiales proporcionados por la Universidad Estatal de Carolina del Norte. Original escrito por Laura Oleniacz. Nota: El contenido se puede editar por estilo y longitud.

Referencia de la revista:

Katie A. McQuillan, Mirela G. Tulbure, Katherine L. Martin. El uso del agua forestal está cada vez más desacoplado de la disponibilidad de agua, incluso durante la sequía severa. Ecología del Paisaje, 2022; DOI: 10.1007/s10980-022-01425-9
Cite esta página:
Universidad Estatal de Carolina del Norte. "Durante las sequías, los bosques de montaña más sedientos podrían significar menos agua río abajo". ScienceDaily. ScienceDaily, 4 de marzo de 2022. <www.sciencedaily.com/releases/2022/03/220304112026.htm>.

08
Feb
2022

 

Autoría

Eloy Manuel Castellanos Verdugo

Profesor Titular de Ecología, Universidad de Huelva

evolución Odiel

Evolución de una zona de las marismas del Odiel entre 1986 y 2020. Author provided

A pesar de haber estado maldecidas hasta la década de los 70 del siglo pasado, como el resto de humedales, las marismas con influencia mareal se encuentran entre los ecosistemas más productivos del mundo. De su producción no solo se beneficia el propio ecosistema, sino que también lo hacen los estuarios que las albergan y los ecosistemas litorales próximos.

Un refugio de biodiversidad

En las marismas se encuentran los hábitats necesarios para completar los ciclos biológicos de numerosas poblaciones faunísticas. Actúan como zonas de cría y guardería de estas especies. Entre ellas, muchas de interés comercial para nosotros y que obtenemos en los estuarios o con la pesca de bajura en el litoral.

Estos parajes también son importantes para los millares de aves que las visitan desde ecosistemas alejados a miles de kilómetros. En sus largas rutas migratorias, aprovechan las marismas como áreas de repostaje, de descanso o de invernada. Su abundante producción les facilita los elevados recursos alimenticios y energéticos que necesitan para sus desplazamientos.

Las marismas también tienen implicaciones en el ciclo hidrológico y en los ciclos biogeoquímicos. Funcionan como sumidero de numerosos contaminantes y metales pesados.

Además, suponen un almacén de CO₂, contribuyendo de manera significativa a lo que se conoce como sumideros de carbono azul. Se trata del carbono capturado por los organismos fotosintéticos de los océanos y de los ecosistemas costeros, entre ellos las marismas. Su papel se está demostrando vital a la hora de capturar y bloquear cantidades significativas de carbono durante períodos de tiempo muy amplios. Así, ofrecen un gran potencial para gestionar las emisiones de gases de efecto invernadero.

Estos ecosistemas son igualmente importantes por atrapar y fijar sedimentos con su vegetación, modular avenidas fluviales y estabilizar las áreas litorales adyacentes. Además, nos proporcionan numerosos valores socioculturales, siempre que sepamos aprovecharlos de manera sostenible: pesca, marisqueo, cultivos, producción de sal, navegación, turismo y ocio, etc.

Conocer mejor las marismas para conservarlas

Debemos por tanto exigirnos la conservación de las marismas, e intentar recuperar aquellas que hemos ido degradando. Pero para ello, además de “perimetrarlas” y asignarles una figura administrativa de protección, es necesario conocer en detalle su estructura y entender los procesos que desempeñan las piezas vivas que componen su biodiversidad. Sólo así podremos mantener o restablecer sus funciones y seguir disfrutando de los bienes y de los servicios que nos ofrecen.

Sin embargo, conseguir estos conocimientos no es casi nunca inmediato. Requiere de un gran esfuerzo y de una considerable cantidad de tiempo para los investigadores.

Recientemente, hemos publicado el tercer estudio de una serie de publicaciones en Journal of Ecology que muestran cómo se forma una marisma costera. Concretamente, hemos estudiado las marismas del Odiel, en Huelva (España).

Hemos seguido el desarrollo en el medio sedimentario y en la vegetación de estas marismas mareales, es decir, su sucesión ecológica, desde los años ochenta a la actualidad. Este trabajo ha necesitado de la participación de cuatro generaciones de investigadores e investigadoras de las universidades de Huelva, de Sevilla y de East Anglia en Reino Unido.

La importancia de nuestra investigación radica en que, hasta hoy, ningún estudio había analizado una serie temporal tan amplia. Ha sido un análisis en tiempo real durante 35 años, desde el inicio de la formación de una marisma a partir de una planicie intermareal hasta una plataforma de marisma media emergida.

Los conocimientos que hemos obtenido sobre los mecanismos de sucesión primaria nos han permitido confirmar hipótesis científicas que al inicio de este estudio no disponían del respaldo experimental necesario. Aunque los elementos teóricos que aplicamos a la sucesión de las marismas fueran descritos hace ahora algo más de 300 años.

En particular, nuestro estudio muestra los papeles centrales que desempeñan las interacciones positivas o de facilitación entre especies sobre las negativas o de competencia por los recursos. También confirma la hipótesis del gradiente ambiental (cómo varían estas interacciones entre especies a lo largo de gradientes ambientales) en la formación de estos ecosistemas.

Cuando comenzó nuestro trabajo en 1984, el papel ecológico y evolutivo de la facilitación estaba lejos de ser aceptado como regla general. Tampoco estaba claro en ese momento que el estrés ambiental estuviera asociado con un cambio en las interacciones entre especies, pasando de la competencia entre ellas a la facilitación.

De igual modo, el desarrollo geomorfológico ocurrido durante estos 35 años respalda la transición desde marisma sumergida a una marisma emergida. Algo que sólo estaba teorizado para esta elevación de marea.

¿Cómo se forman las marismas?

En principio, los sedimentos arcillosos que arrastra un río en su tramo final van depositándose lentamente en aquellas zonas de aguas poco profundas del estuario que están más protegidas del oleaje y de las corrientes por los bancos de arena que trae el mar.

Cuando estos sedimentos finos se acumulan y alcanzan una altura suficiente, son colonizados por la planta conocida como hierba salada (Spartina maritima).

La hierba salada, que es capaz de vivir en fangos con muy poco oxígeno que pasan bajo el agua gran parte del día, actúa como una ingeniera ecológica. Modifica y suaviza las duras condiciones ambientales iniciales que soporta y permite así que lleguen otras especies que sin estos cambios no podrían vivir allí. Este tipo de relación entre especies es lo que conocemos en ecología como facilitación.

La hierba salada produce estas modificaciones ambientales al atrapar continuamente con sus tallos, que actúan como una malla muy tupida, los sedimentos en suspensión que lleva el agua del estuario que inunda la zona durante cada marea alta.

Los sedimentos, al depositarse, van creando zonas más elevadas y extensas que pasan menos tiempo sumergidas y que tienen más oxígeno en el suelo. Esto facilita que puedan ser colonizadas por otras especies.

Una sucesión de plantas ingenieras

La sapina (Sarcocornia perennis) es la primera especie capaz de vivir en este ambiente mejorado, acelerando el proceso de atrapar sedimentos. Es polinizada por otra especie estrechamente relacionada que vive en las zonas altas de la marisma, Sarcocornia fruticosa. El híbrido entre estas dos especies de sapinas coloniza el centro más elevado de los montículos marismeños, con condiciones ambientales aún más suaves y, con el tiempo, logra desplazar a su madre.

Los montículos casi permanentemente inundados construidos inicialmente por la hierba salada, que es desplazada posteriormente por las sapinas, van uniéndose y aumentando en altura. Forman así una marisma de elevación media que se inunda mucho menos y coincide con el nivel medio de las mareas altas en esa zona.

La última especie en llegar a esta marisma media en ascenso es la verdolaga marina (Atriplex portulacoides) que llega a ser la especie dominante de las marismas medias al crecer sobre las tres especies que habían llegado antes.

En esta sucesión de colonizaciones, nuestro estudio muestra cómo la competencia es la relación más importante, aunque la facilitación domina las relaciones entre especies en condiciones muy estresantes.

Si bien la aparición del híbrido de sarcocornia puede ser idiosincrásica de este sistema mediterráneo, las otras especies están ampliamente distribuidas en las marismas saladas europeas. En consecuencia, es probable que nuestros hallazgos sean ampliamente aplicables y tengan poder predictivo para la conservación y la restauración de marismas.

Actualmente, las marismas deben ser consideradas como uno de los objetivos de carbono azul más atractivos y viables para cualquier proyecto de compensación de conservación o restauración en la mayor parte de nuestro litoral.

En definitiva, nuestro estudio va a permitir comprender mejor cómo funcionan este tipo de ecosistemas, tan frágiles y amenazados, que son tan importantes para la biodiversidad, para la producción y para el equilibrio ecológico de nuestro planeta.

Finalmente, cabe destacar la paradoja que supone el hecho de que estas tres décadas y media en las que hemos conseguido estos conocimientos suponen toda una vida para el investigador, pero son una excepción en la naturaleza por la rapidez con la que ocurre la sucesión en las marismas.

Solo la investigación nos permitirá establecer las premisas necesarias para preservar nuestros ecosistemas y los bienes y servicios que nos ofrecen.

 

14
Feb
2022

embalse ricobayo verano 2021

Embalse de Ricobayo, verano de 2021

Leemos en la página del MITECO el comunicado de 8 de febrero que la reserva hídrica española se encuentra al 44,6 por ciento de su capacidad decribiendo el estado de los embalses:

Actualmente la reserva hídrica es de 25.042 hectómetros cúbicos

La reserva hídrica española está al 44,6 por ciento de su capacidad total. Los embalses almacenan actualmente 25.042 hectómetros cúbicos (hm³) de agua, disminuyendo en la última semana en 88 hectómetros cúbicos (el 0,2 por ciento de la capacidad total actual de los embalses).

 La reserva por ámbitos es la siguiente:

Cantábrico Oriental se encuentra al 86,3%      

 Cantábrico Occidental al 63,1%

 Miño-Sil al 53,5%

 Galicia Costa al 61,8%

 Cuencas internas del País Vasco al 95,2%

 Duero al 49,5%

 Tajo al 46,0%

 Guadiana al 30,5%

 Tinto, Odiel y Piedras al 74,2%

 Guadalete-Barbate al 29,8%

 Guadalquivir al 28,5%

 Cuenca Mediterránea Andaluza al 30,6%

 Segura al 34,7%

 Júcar al 54,5%

 Ebro al 66,0%

 Cuencas internas de Cataluña al 56,4%

Llama la atención que ni el MITECO, ni los grupos ecologistas, ni los medios de comunicación recuerdan que durante el verano pasado las empresas eléctricas desembalsaron los embalses para producir electricidad ya que había un gran negocio dado el alto precio de la electricidad.  Los embalses quedaron, en algún caso, vacíos como el de Ricobayo en Zamora.

Llego un otoño sequísimo y un invierno en el que las precipitaciones que hemos visto han sido en la televisión y cayendo en el extranjero.

Cabe preguntarse ¿si no se hubiera permitido el uso del agua embalsada para producir electricidad este verano, igual la situación de nuestros embalses no sería tan catastrófica a la fecha de hoy?

07
Feb
2022

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En el Día Mundial de los Humedales

02/02/2022

El nuevo plan establece objetivos y medidas para lograr que en el año 2030 se hayan alcanzado avances significativos en la recuperación de las zonas húmedas de nuestro país

Hay humedales españoles extremadamente amenazados. Urge tomar medidas ambiciosas para asegurar su protección”, ha señalado la vicepresidenta Teresa Ribera

El documento se ha remitido hoy mismo al Comité Español de Humedales, donde se debatirá su contenido e incorporarán aportaciones antes de su aprobación

Con este proyecto el Gobierno cumple con el compromiso adquirido en 2021 de seguir trabajando para estabilizar estos espacios

La vicepresidenta ha recordado que en 2021 se han transferido más de 120 millones a las comunidades autónomas para proyectos de mejora del conocimiento, conservación, gestión y restauración de humedales

La vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera, ha presentado hoy el Plan Estratégico de Humedales 2022-2030, una iniciativa dirigida a impulsar la salvaguarda y recuperación y revertir la degradación de las zonas húmedas de España. Con este proyecto, el Gobierno cumple con el compromiso adquirido en 2021 de seguir trabajando para mejorar la conservación de estos espacios clave por su papel como protectores de la biodiversidad y mitigadores de los efectos del cambio climático.

“Los humedales son especialmente valiosos en un país tan árido como es España, en el que los aproximadamente 2.000 humedales existentes albergan una biodiversidad extraordinaria y cumplen muy destacados servicios ecosistémicos”, ha subrayado la vicepresidenta.

Teresa Ribera ha desglosado las principales líneas de actuación del plan coincidiendo con la celebración del Día Mundial de los Humedales, en un acto que ha contado también con la participación de la directora de la Fundación Biodiversidad del MITECO, Elena Pita; la directora ejecutiva de la Sociedad Española de Ornitología-SEO/BirdLife, Asunción Ruiz; el director general de Medio Natural y Biodiversidad de Castilla-La Mancha, Félix Romero, y la catedrática de la Universidad Politécnica de Valencia, María José Viñals.

Según los datos del Inventario Español de Zonas Húmedas, la mitad de los humedales españoles se encuentran conservados o bien conservados y la otra mitad (48,8%) están alterados o muy alterados. Además, desde principios del siglo XIX ha desaparecido al menos el 60% de la superficie húmeda original de España. Por ello, la vicepresidenta ha hecho hincapié en que “hay humedales españoles extremadamente amenazados. Urge tomar medidas ambiciosas para asegurar su protección”.

A partir de este análisis de la situación actual, el nuevo Plan Estratégico fija los objetivos y medidas concretas que deben aplicarse en estos ecosistemas para lograr que en el año 2030 se haya avanzado de forma significativa en la defensa y recuperación de las zonas húmedas de nuestro país. El documento se ha remitido hoy mismo al Comité Español de Humedales, en el que están representadas las comunidades autónomas, donde se debatirá su contenido y se añadirán las aportaciones de las partes implicadas, antes de su aprobación en los próximos meses.

120 MILLONES DEL PLAN DE RECUPERACIÓN EN 2021

España ha incluido en la componente 4 del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) una partida dedicada a la conservación y restauración de los humedales. Con este objeto, se han transferido en 2021 a las comunidades autónomas un total de más de 120 millones de euros para la realización de proyectos relacionados con la mejora del conocimiento, conservación, gestión y restauración de humedales.

“Estas dotaciones resultan determinantes y complementan las inversiones de las Confederaciones Hidrográficas como los otros grandes responsables de la protección de la biodiversidad en espacios húmedos”, ha manifestado la vicepresidenta. En los últimos tres años, las confederaciones han realizado inversiones estimadas en unos 73 millones de euros para el refuerzo y control de los usos del agua en las zonas próximas a grandes humedales como Doñana, el Mar Menor y el Alto Guadiana, así como para la mejora de la depuración de aguas en general y la modernización de regadíos en la Albufera de Valencia, entre otras actuaciones.

PROTEGER, CONSERVAR Y GESTIONAR

Durante su intervención, Ribera ha señalado que con este plan “se emprende un proceso ambicioso para salvaguardar y recuperar unos ecosistemas que son parte esencial de nuestro patrimonio natural y que proporcionan beneficios y servicios necesarios para el bienestar de nuestra sociedad”. Ante esta situación, la vicepresidenta ha destacado la firme voluntad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de emprender acciones decididas para su restauración.

El Plan Estratégico incluye medidas para mejorar el conocimiento sobre nuestros humedales a fin de que en 2030 todos estén incluidos en el Inventario Español de Zonas Húmedas y que ningún humedal protegido se encuentre en un estado de conservación desconocido. Por otro lado, y para reforzar la protección y gestión de estos espacios, el Plan se marca como objetivos conseguir que ningún humedal protegido haya empeorado su estado de conservación para 2030 y que al menos el 50% haya experimentado mejora.  Del mismo modo, se espera que a lo largo de esta década se implanten adecuadamente medidas para la conservación y restauración de las especies y los hábitats de zonas húmedas.

RECUPERAR LOS HUMEDALES PERDIDOS

Otra de las prioridades del plan es revertir el estado de degradación de algunos enclaves significativos como la laguna de La Janda (Cádiz), la laguna de Antela (Ourense) o el Mar de Campos (Palencia). En palabras de la vicepresidenta: “Debemos iniciar antes de 2030 la restauración de los principales humedales que se han perdido en el pasado reciente y alcanzar en este período la recuperación de, al menos 20.000 hectáreas de zonas húmedas”.  Asimismo, para impedir que continúe el deterioro de estos espacios se elaborarán y aprobarán para 2025 estrategias de gestión y control de las Especies Exóticas Invasoras que afectan a los humedales españoles.

Para hacer posibles todas las actuaciones previstas en el plan, se hace necesario incrementar el presupuesto actual para la conservación de estas zonas. Por ello, se reforzará la financiación en esta materia con el objetivo de que en 2025 se haya duplicado la inversión pública en conservación, protección y restauración de los humedales, para 2030 se hayan eliminado todos los subsidios que no sean neutros o positivos para la conservación de estos espacios. De este modo se dará cumplimiento a los compromisos internacionales adquiridos sobre conservación de humedales y se mejorará la gobernanza y la participación del sector público y empresarial, facilitando la participación de la sociedad civil.

Ribera ha llamado a no cejar en el trabajo de protección de estos ecosistemas esenciales. “Nos encontramos en un momento crucial. En el que se aúna el planteamiento de un nuevo marco de relación entre los seres humanos y la naturaleza y la creación de numerosos estímulos económicos destinados a su preservación y restauración”, ha subrayado.

40 AÑOS DE ADHESIÓN A RAMSAR

La vicepresidenta ha destacado también la importancia de la adhesión de España al Convenio de Ramsar en 1982, hace ahora 40 años. Con 75 espacios que ocupan más de 300.000 hectáreas, España es el tercer país con más humedales incluidos en el Convenio de Ramsar, solo por detrás de Reino Unido y México, lo que demuestra el fuerte compromiso de nuestro país con las tareas de conservación de estos ecosistemas y su restauración.

En 25 años se han recuperado al menos 18.000 hectáreas de humedal y se han obtenido importantes logros en su conservación, pero quedan grandes retos y nuevos desafíos para revertir su pérdida y degradación.

ACTUACIONES DEL MINISTERIO

Entre las actuaciones que el MITECO ha puesto recientemente en marcha para la conservación de los humedales, puede resaltarse la inclusión del Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas (Galicia) en la Lista Ramsar, la inversión de 16 millones de euros para mejorar los canales de riego en la cuenca del Guadiana o la adquisición de cerca de 55 hectáreas de humedales del Parque Natural de El Hondo (Comunitat Valenciana) para mejorar el hábitat de la cerceta pardilla,  en el marco del proyecto LIFE del mismo nombre.

Destaca además el trabajo que la Confederación Hidrográfica del Júcar realiza regulando los caudales y la calidad del agua que entran en la Albufera de Valencia para revertir los problemas de eutrofización; el control e inspección sobre usos ilegales del agua llevado a cabo por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, con el apoyo del Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de la Guardia Civil, para eliminar presiones sobre los acuíferos que nutren al parque nacional de Doñana; o el Marco de Actuaciones Prioritarias para el Mar Menor, que recoge actuaciones urgentes y a medio plazo para revertir la situación de colapso ecológico de esta laguna salada con un presupuesto de 382 millones de euros.

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