El tractor con motor eléctrico ya es una realidad aunque esté en sus comienzos y habría que hablar en la mayoría de los casos más de prototipos que de modelos viables para el trabajo, ya por sus problemas de autonomía o por el precio. Claro que hace treinta años esa era la situación en que estaban los primeros coches eléctricos y, ahora son una realidad cotidiana.
Un año después las marcas FPT Industrial y STEYR CNH Industrial, presentaron el STEYR Konzept
En enero de 2020 Kubota celebrara el 130 aniversario de su fundación presentando el Kubota X-tractor: un tractor eléctrico, autónomo y con inteligencia artificial que adelanta el futuro de la llamada ‘agricultura inteligente’.
En septiembre Solectrac lanzó globalmente el eUtility, un pequeño tractor eléctrico llamado a relevar a los viejos tractores movidos por diésel, mejorando de paso las condiciones de trabajo que estos ofrecen.
En noviembre se presentó el tractor eléctrico Valtra H2O2 que nace de la imaginación de un diseñador italiano que apuesta por la propulsión eléctrica, la alimentación mixta con hidrógeno y baterías y la posibilidad de funcionar en autónomo para la agricultura del futuro.
El biomimetismo es la práctica de estudiar la naturaleza y replicar sus estrategias en la creación de nuevas soluciones y productos. Estos diseños han sido protagonistas del desarrollo científico en el último año. La naturaleza sigue motivando a los científicos para desarrollar soluciones innovadoras, que combinen eficacia y desarrollo sustentable. 2020 no ha sido la excepción: frutas para recargar móviles, edificios de bambú, madera luminiscente para alumbrar hogares o polillas para distribuir sensores son algunos ejemplos de una tendencia que año tras año intensifica su impacto. No cabe duda que la humanidad depende de la naturaleza para desenvolverse en el planeta que nos cobija, pero al mismo tiempo los fantásticos diseños naturales pueden servir de inspiración para toda clase de innovaciones científicas y tecnológicas. Por ejemplo, un artículo publicado en Phys.org indica que en febrero de 2020 un estudio en Journal of Energy Storage muestra la efectividad de la fruta Durián, que puede hallarse en todo el sudeste asiático, para recargar teléfonos móviles y autos eléctricos. En principio, los científicos fabricaron materiales extremadamente ligeros y porosos denominados aerogeles de la fruta, que funcionan como supercondensadores o depósitos de energía. Los supercondensadores basados en la fruta Durián pueden almacenar rápidamente grandes cantidades de energía, utilizando un dispositivo del tamaño de una pequeña batería. Posteriormente, estas soluciones pueden emplearse para cargar móviles u ordenadores portátiles en unos pocos segundos. En el mismo sentido, especialistas del Imperial College de Londres, la Universidad de Soochow en China y la Universidad de Cambridge informaron en noviembre que una nueva alternativa ecológica es capaz de recoger la energía de la luz ambiental, concretamente de bombillas, lámparas y otros artefactos que se usan en interiores. Posteriormente, la energía acumulada en estos dispositivos a base de perovskita sin plomo permitirá alimentar de forma sostenible a todo tipo de dispositivos móviles. El bambú es una solución natural que amplía sus aplicaciones en el campo de la construcción y el diseño industrial.
Bambú y polillas Por otro lado, en los últimos años el bambú ha despertado interés como material de construcción funcional, económico y ecológico. Sin embargo, el desafío era lograr incrementar su fortaleza para poder usarlo en estructuras cada vez más grandes y complejas. Según un estudio publicado en mayo de este año en ACS Nano, los investigadores han concretado importantes avances al respecto. Una ventaja obtenida es la eliminación parcial de la lignina, una sustancia orgánica que no contribuía con los objetivos buscados. Al mismo tiempo, los científicos calentaron el bambú en el microondas, logrando duplicar su fuerza. Ahora, podrá convertirse en una alternativa ligera, de rápido crecimiento y sostenible con potencial de aplicación en toda clase de edificaciones. En tanto, un grupo de investigadores de la Universidad de Washington creó un sistema de sensores que pueden ser distribuidos mediante polillas, cubriendo un área de estudio o relevamiento de acceso complejo o potencialmente peligroso para el ser humano. De acuerdo a un comunicado difundido en octubre pasado, los sensores viajan sobre la espalda de los insectos hasta que son despedidos mediante un comando inalámbrico.
Madera luminiscente, hormigas y moluscos En noviembre, la American Chemical Society informó sobre el desarrollo de películas de madera luminiscente y resistente al agua, que se convertirán en un futuro cercano en una alternativa real y sostenible para iluminar el interior de los hogares. Los materiales luminiscentes son capaces de absorber energía del ambiente y transmitirla hacia el exterior en forma de luz visible. La madera desarrollada posee interesantes características hidrofóbicas y atractivas condiciones funcionales. En otro orden, en agosto de 2020 se conoció que un grupo de científicos de la Universidad de Aston desarrolló una innovadora tecnología informática que logra optimizar las rutas que sigue el transporte comercial en las ciudades. El software está inspirado en el comportamiento y organización de las hormigas, permitiendo reducir en un 50 por ciento las emisiones contaminantes producidas por las flotas de vehículos comerciales. Por si esto fuera poco, a principios de diciembre un equipo de científicos de la Universidad Nacional de Seúl informó la creación de un dispositivo termoeléctrico en forma de traje, que logra imitar la capacidad de camuflaje de los moluscos. Se trata de una “piel artificial” que puede variar del espectro infrarrojo al visible. El dispositivo termoeléctrico funciona tanto de día como de noche y permite expresar diversos colores mediante cambios en la temperatura. FUENTE | Tendencias 21 Pablo Javier Piacente
A finales de 2016 este curioso observador del mundo dejaba el año con pesar y pesimismo. Había sido un año pródigo en descubrimientos, con el hallazgo de las ondas gravitacionales como hito máximo. Pero había sido también el de las victorias de Donald Trump en los EEUU y del Brexit en el Reino Unido, en otras palabras, el año de los “hechos alternativos” y la posverdad. El futuro de la ciencia, entonces, se mostraba sombrío.
Durante 2020, la covid-19 ha acaparado toda la atención, pero el año ha dado, en el plano científico, más de sí. Es más, ha sido particularmente fecundo en hallazgos. Veamos, a meros efectos ilustrativos, algunos de los dados a conocer solo en el mes de diciembre.
La inteligencia artificial ha producido resultados espectaculares. El algoritmo Alpha Fold 2, predice con éxito la forma de las proteínas a partir de su secuencia de aminoácidos. Y más recientemente, han conseguido resolver la ecuación de Schrödinger, toda una revolución en química cuántica, por las posibilidades que abre para predecir las propiedades de las moléculas a partir de la disposición en el espacio de sus átomos.
De un orden muy diferente es la autorización para consumo humano, por parte de Singapur, del primer producto cárnico cultivado en el laboratorio (carne artificial). Es el primer paso hacia una gran transformación en la forma de producir y consumir carne para reducir las emisiones de la industria y acabar con el sufrimiento animal.
Esos hallazgos son importantísimos, por sí mismos y por lo que implican. Pero todos empalidecen al lado del diseño y producción de las vacunas de la covid-19, una empresa que podemos considerar quizás como la mayor proeza científica de la historia. Si se superan los obstáculos y la vacunación progresa a un ritmo razonable, la inmunización de miles de millones de personas constituirá el mayor refrendo posible a la ciencia como instrumento de redención. Esta es la gran noticia de finales de 2020.
Hay más. La salida de Trump de la Casa Blanca es la mejor noticia para la ciencia en los Estados Unidos y también una buena nueva, en este ámbito, para el conjunto de la humanidad. Y la Unión Europea, por fin, ha tomado conciencia de la importancia de actuar al unisón en asuntos de carácter estratégico; cabe esperar que, en adelante, lo haga en investigación científica y tecnológica en mayor grado que hasta ahora.
El desarrollo de las vacunas de la covid-19 de 2020 sería así el punto de partida para una época de más progreso y bienestar, una época de transición hacia otros, mejores, tiempos.
Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica
El calentamiento climático está relacionado con un intervalo de ampliación entre el desdoblamiento de las hojas y la floración en los árboles europeos, con implicaciones para la aptitud de los árboles y el medio ambiente más amplio, según una nueva investigación.