En la próxima cumbre del Convenio sobre la Diversidad Biológica, los líderes mundiales planean llegar a un acuerdo para convertir el 30% de la Tierra en “Áreas Protegidas" para el año 2030.
Las grandes ONG de conservación argumentan que esto mitigará el cambio climático, reducirá la pérdida de la vida silvestre, mejorará la biodiversidad y salvará nuestro medioambiente. Se equivocan.
Las Áreas Protegidas no salvarán nuestro planeta. Más bien al contrario: aumentarán el sufrimiento humano y acelerarán, por tanto, la destrucción de los espacios que dicen proteger, porque crecerá el rechazo entre la población local a estas zonas protegidas. Las AP no tienen ningún efecto sobre el cambio climático y se ha demostrado que por lo general su eficacia en la prevención de la pérdida de vida silvestre deja mucho que desear.
Es crucial que se propongan soluciones reales para abordar estos problemas urgentes y que se reconozca y se debata debidamente la verdadera causa del cambio climático: la explotación de los recursos naturales para la obtención de beneficios y el creciente consumo excesivo, enraizado en el Norte Global. Pero es poco probable que esto ocurra porque hay demasiados intereses en juego que de que se mantengan las pautas de consumo existentes.
¿Quién sufrirá si el 30% de la Tierra está "protegida"? No serán los que causan la crisis climática de manera abrumadora, sino principalmente los indígenas y otros habitantes locales del Sur Global que juegan un papel menor o nulo en la destrucción medioambiental. Expulsarlos de sus tierras para crear áreas protegidas no ayudará al clima: los pueblos indígenas son los mejores guardianes del mundo natural y una parte esencial de la diversidad humana que es clave para proteger la biodiversidad.
Debemos detener las presiones por el plan del 30%.
La verdad sobre las áreas protegidas
En muchas partes del mundo, un Área Protegida es un lugar donde la población local, que durante generaciones ha llamado a esa tierra su hogar, ya no puede vivir o utilizar el entorno natural para alimentar a sus familias, recoger plantas medicinales o visitar sus lugares sagrados. Esto sigue el modelo estadounidense de creación de los primeros parques nacionales del mundo, en el siglo XIX, en tierras robadas a los nativos norteamericanos. Muchos parques nacionales de EE.UU. obligaron a los pueblos que habían creado los paisajes "salvajes" ricos en vida silvestre a vivir sin tierras y en la pobreza.
Esto mismo lo siguen sufriendo actualmente los pueblos indígenas y otras comunidades en África y partes de Asia. Se expulsa a la población local de sus territorios mediante la fuerza, la coacción o el soborno. Sufren palizas, torturas y abusos a manos de guardaparques cuando tratan de cazar para alimentar a sus familias o, simplemente, de entrar a sus tierras ancestrales. Los mejores guardianes de la naturaleza, que eran autosuficientes y emitían una huella de carbono mucho menor que cualquiera de nosotros, quedan abocados a la pobreza, sin tierra y con frecuencia acaban sumándose a la superpoblación urbana. Por lo general, estos proyectos son financiados y dirigidos por ONG de conservación occidentales. Una vez que los locales se han ido, los turistas, las industrias extractivas y otros son bienvenidos. Por estas razones, la oposición local a las áreas protegidas es cada vez mayor.
"Si nos quitan la selva, ¿cómo sobreviviremos?"
¿Por qué deberíamos oponernos?
Duplicar las áreas protegidas para cubrir el 30% del planeta asegurará que estos problemas se agraven mucho más. Como las regiones más biodiversas son aquellas en las que todavía viven los pueblos indígenas, éstas serán las primeras zonas a las que pondrá en su foco la industria de la conservación. Será la mayor apropiación de tierras en la historia del mundo (toda ella en nombre de la conservación de la naturaleza) y abocará a cientos de millones de personas a la miseria por falta de tierra. La creación de áreas protegidas rara vez se ha hecho con el consentimiento de las comunidades indígenas, o respetando sus derechos humanos. No hay ninguna señal de que vaya a ser diferente en el futuro. Es probable que la creación de más áreas protegidas se traduzca en una mayor militarización y en más abusos de los derechos humanos.
El concepto de "conservación de fortaleza", consistente en que la población local debe ser expulsada de sus tierras para proteger la "naturaleza", es colonial. Es perjudicial para el medioambiente y está arraigada en ideas racistas y ecofascistas sobre qué personas valen más y cuáles menos y pueden ser expulsadas y empobrecidas, o atacadas y asesinadas.
La industria de la conservación pretende obtener 140 mil millones de dólares cada año para financiar su apropiación de tierras.
¿Qué proponemos?
Debemos luchar contra esta gran mentira verde y respetar los derechos de los pueblos indígenas.
Si realmente queremos frenar la pérdida de la biodiversidad, el método más barato y eficaz pasa por apoyar la mayor cantidad posible de tierras indígenas. El 80% de la biodiversidad del planeta se encuentra en ellas.
La Gran Mentira Verde, por Stephen Corry. Texto original en inglés: The Big Green Lie. Publicado en Counterpunch el 26 de junio de 2020. El 9 de julio de 2020 apareció su edición en español en Newsweek.
WWF difundió recientemente un pequeño video con el “tesoro nacional” británico e icono de la conservación Sir David Attenborough contándonos que “de repente” salvar el mundo está a nuestro alcance. Sir David dice que ellos saben qué hacer, y tienen un plan para construir un mundo sano y estable del que podemos beneficiarnos para siempre. ¿Qué hay de malo? Bueno, ¡bastante! El plan de WWF regurgita una idea racista del siglo XIX: demasiados del tipo de gente inadecuada nos están amenazando.
Su “plan” consta de cuatro mandamientos: 1) “detener las cosas dañinas”, 2) “nueva tecnología verde”, 3) reducir la población, 4) mantener “la riqueza natural que ya tenemos”. Comencemos sacando los dos puntos evidentes, el primero y el último: detener los daños y mantener las ventajas existentes. Ambos son formas obvias de abordar casi cualquier cosa. Lo que queda entonces son dos respuestas a los problemas del planeta: nueva tecnología verde y reducción de la población.
Cuál es el mensaje subyacente a la primera: ¿podemos seguir como hasta ahora siempre y cuando cambiemos nuestra fuente de energía? ¿cambiamos petróleo y carbón por viento y sol y, abracadabra, ya tenemos el mundo a salvo? Pero, un momento: ¿qué pasa con la huella de carbono y el trabajo esclavo e infantil que se emplea para construir esa “nueva tecnología verde”, niños diminutos trabajando en las minas de cobalto de Congo, por ejemplo? ¿Qué pasa con las crecientes desigualdades que sostienen el masivo sobreconsumo de las élites? Si la más famosa ópera de Milán se llenara con la gente más rica del planeta, allí se congregaría dos tercios de todo el dinero existente en el planeta. ¿Podría ser relevante un detalle tan curioso? ¿Qué hay del hecho de que un norteamericano medio -descartemos a un adinerado ejecutivo de WWF – consume en poco más de una semana lo que consume un subsahariano en un año y hace uso de la misma energía que un sudanés del sur en dos años? ¿Quién cuenta con la responsabilidad real de hacer “cosas dañinas”? Hay cientos de millones de personas en el mundo que viven y mueren, a menudo con hambre, que son responsables de prácticamente ninguna contaminación.
Sí, es vital dejar de quemar combustibles fósiles, pero ¿se salvará el “mundo” simplemente al sustituir el petróleo por renovables, o puede que también se trate de permitir a la élite seguir haciendo lo que hace, solo que invirtiendo en otras empresas?
Es con la otra “solución”, reducir la población, donde Attenborough y WWF sondean las profundidades de su ideología elitista. Uno se imagina las reuniones de guionistas tratando de expresar esto de una forma que no provoque ataques de gente como yo, que piensa que el tema de la “sobrepoblación” es, desde su origen hace 200 años, ideológico, esencialmente racista, ciertamente eugenésico y no tiene nada que ver con la ciencia.
Los guionistas finalmente se decidieron con “estabilizar la población en lo más bajo y justo que podamos”. Presumiblemente pensaron que usar “estabilizar” en vez de “reducir” (que es lo que quieren decir), e insertando “justo” dejaría satisfechos a los críticos. Esto da para ver lo poco que entienden de los problemas causados por su canto fúnebre de la “sobrepoblación”.
La verdad incómoda, nunca mencionada por los ideólogos, es que la población del Norte Global lleva generaciones reduciéndose. Los números globales siguen en aumento solo por la llegada de gentes del Sur Global. La mayor área de crecimiento es el África subsahariana, donde la densidad de población permanece extremadamente baja y donde usan muy pocos de los recursos naturales mundiales. Eso es porque la “riqueza natural que ellos poseen actualmente” es en gran parte robada por el Norte. Echen un vistazo a la zona en imágenes de satélite para ver la poca energía que se usa en África en comparación con Europa, o desde un avión, como Attenborough habrá hecho cientos de veces.
En otras palabras, si te preocupa la amenaza ambiental que representa la sobrepoblación, entonces estás ciego a la amenaza real: no es el número creciente de “desposeídos” del Sur, sino el creciente consumo de los “pudientes” del Norte.
Un grupo muy preocupado por esta inexistente “sobrepoblación” es el de los fascistas que creen en la “teoría del reemplazo” -que postulan que las “razas blancas” son sobrepasadas por números crecientes de africanos, asiáticos y latinoamericanos. Muchos progresistas no se dan cuenta de lo extendida que está esta convicción, pero va siendo hora de que espabilen: ha sido el credo fundacional de la extrema derecha durante más de un siglo. Los ecofascistas también están preocupados porque la naturaleza sea sobrepasada, y así son muchos en el sector de la conservación, cuya fundación se encuentra en el racismo y la anti-inmigración. Puede que se nieguen a pensar que comparten creencias ecofascistas, pero muchos de ellos de hecho lo hacen.
Para recalcar su idea, WWF acompaña su requerimiento de “estabilizar” la población a nivel “bajo” con imágenes que parecen tomadas en las orillas del río Ganges o algo similar. La inferencia es clara. La reproducción excesiva de no-europeos amenaza nuestro mundo.
Las redes sociales no son el mejor lugar para respuestas definitivas a los enigmas del universo, o incluso a los problemas de un planeta, pero consideremos todo esto. El vídeo dura menos de un minuto, pero sin duda le ha costado una pasta a WWF. Expertos habrán revisado el guión para asegurarse de que estaba exactamente como debe estar antes de añadir las imágenes que mejor ilustrasen el significado. La gente de Attenborough, probablemente él mismo, habrá aprobado la edición final, después de todo es posiblemente el más experimentado comunicador televisivo del mundo y sin duda escoge sus “temas” con extremo cuidado. Créanme, nada se deja al azar aquí.
En las redes sociales bastantes personas, yo entre ellas, reaccionamos rápido al vídeo. Nos quejamos y forzamos al gigante de la conservación a retirarlo y disculparse. Pero es demasiado tarde. Está claro lo que WWF y su gente de hecho creen.
La historia me recuerda a la campaña de recaudación de fondos de WWF en 1994 planteando una pregunta muy extraña: a quién enviaríamos para detener a los indígenas que destruyen la Amazonia, al ejército o a un antropólogo (la respuesta que proponían era, cómo no, dar todavía más dinero a WWF). Sí, de hecho WWF daba a entender que los indígenas, no los peces gordos de la industria a los que invita a sus consejos, son los que destruyen el bosque tropical más grande del mundo, un ecosistema que esos mismos indígenas han creado y saben proteger mejor que nadie, con diferencia. Esto se puede demostrar actualmente con imágenes de satélite y datos sobre la mayor biodiversidad en territorios controlados por ellos.
La verdadera tragedia aquí no es lo que Attenborough o WWF crean, eso no cambiará a no ser que, y hasta que, la gente más entendida tome el control; la tragedia es que sean capaces de imponer su propaganda en un sector tan grande del Norte Global, incluso en muchos progresistas. Quizás muchos ambientalistas blancos realmente creen que el “exceso reproductivo” sobrepasará la capacidad de la Tierra y lo ven como un deber, incluso un deber “sagrado”, defender el planeta de las hordas bárbaras. Esa ha sido la gran mentira que nos han machacado durante un siglo, es un componente clave del racismo y la anti-inmigración. Cuenta con el apoyo financiero de empresas y grandes fundaciones, y un enorme apoyo de gobiernos que dedican cantidades ingentes de dinero a fomentarlo. Lo peor de todo es que los que promulgan esta mentira están ahora planeando hacerse con miles de millones a través de su terrible “New Deal For Nature” (“Nuevo Pacto por la Naturaleza”), en los preparativos de lo que supondrá el mayor robo de tierras de la historia. Quieren el control de nada menos que un tercio del planeta para sus “Áreas Protegidas”, y sí, están mandando al ejército, a menudo a milicias privadas, para expulsar a los locales.
Si realmente queremos salvar al mundo, debemos luchar contra un mensaje tan destructivo. Mi impresión es que es una lucha que nunca terminará, pero al igual que sucede en las batallas contra la intolerancia, la crueldad y la enfermedad, no es razón para no entrar en combate. Estas son las opciones reales: de un lado, miles de millones de dólares, del otro, miles de millones de vidas.
Attenborough y WWF dicen: “Ahora tenemos la opción de crear un planeta del que podamos sentirnos orgullosos”. Lo ilustran con un paisaje urbano tipo ciencia-ficción para mostrar lo que tienen en mente.
De hecho es una imagen del parque temático “Jardines en la Bahía” de Singapur, cuya construcción costó 700 millones. de dólares y cuesta 20 millones anuales gestionarlo, en el tercer país más rico del mundo (per cápita). Como era de esperar, los “jardines” futuristas fueron construidos por trabajadores migrantes que se enfrentan a prisión y palizas si rebasan su estancia. Muchos trabajadores de la construcción con bajos salarios de Singapur son de India. Quién sabe, quizás algunos de esos trabajadores salían en las imágenes del sobrepoblado Ganges del vídeo. En fin, cuadra perfectamente que la opción de Attenborough y WWF para el futuro sea un parque temático reservado para ricos. Si los demás tenemos otra opción, por favor cuenten conmigo.
Las organizaciones ecologistas consideran "demasiado pobre" y falto de "compromisos firmes y concretos" para lograr las metas del Acuerdo de París el pacto alcanzado este sábado en la COP26 de Glasgow para mantener vivo el objetivo de limitar el calentamiento global en 1,5 grados para 2100.
El responsable de Clima de SEO/BirdLife, David Howell, ha señalado desde Glasgow que en conjunto el resultado de la COP26 es "totalmente insuficiente", porque el abandono de los combustibles fósiles y los subsidios asociados aunque figuran "por fin" en el acuerdo final, "está expresado en términos demasiado tímidos como para impulsar la transformación colosal requerida".
En opinión de Howell, la senda del límite del calentamiento global de 1.5 grados en relación a la era preindustrial "está aún lejos", este año se han dado "pasos modestos", cuando cada año toca dar pasos de gigante y corriendo.
Según Howell, el resultado tampoco es satisfactorio en relación a los "retrasos de la financiación" para los países más necesitados y vulnerables ante la emergencia climática, con la vida y sustento de millones de personas en grave riesgo permanente.
Por su parte, Greenpeace advierte que la decisión de la COP26 "es sumisa, es débil y el objetivo de 1.5 grados apenas está vivo". Sin embargo, la organización ecologista había destacado que desde la cumbre se había enviado una señal de que la era del carbón está terminando "y eso es importante", si bien la India introdujo a última hora una modificación en la que se habla de "reducción progresiva", en lugar de eliminación del carbón.
La directora de Greenpeace Internacional, Jennifer Morgan, señaló en un comunicado que "aunque el acuerdo reconoce la necesidad de reducir las emisiones en esta década, esos compromisos se han dejado para el año que viene".
Amigos de la Tierra, WWW y WWF
La responsable de Justicia Climática de Amigos de la Tierra, Cristina Alonso, señaló que "la falta de ambición en el acuerdo de Glasgow nos conduce a un aumento de la temperatura global muy superior a lo que la ciencia determina y a lo que la sociedad civil de todo el mundo reclama".
"Nos estamos quedando sin tiempo para actuar"concluyó Alonso desde Glasgow.
Desde WWW califican como "decepcionante" el acuerdo de la Cumbre de Glasgow a pesar de mantener vivo el objetivo del 1.5 grados, y señalan que los avances son "débiles en asuntos tan importantes como la adaptación, las pérdidas y los daños y la financiación climática".
WWF valora los progresos, pero señala que son "insuficientes" para la urgencia y la magnitud de la emergencia climática y recuerda que el documento final insta a los países a "mejorar" los compromisos determinados nacionales (NDC, por sus siglas en inglés).
Valoran que "por primera vez en la historia", en un texto de la COP se hace referencia a la necesidad de eliminar el carbón y los subsidios a los combustibles fósiles". Sin embargo, lamentan que esa cita se haya ido debilitando en los sucesivos borradores e incluso a última hora con la petición de India de sustituir "eliminar por sustituir" el carbón.
La responsable de Clima y Energía de WWF España, Mar Asunción, ha señalado desde Glasgow que "la respuesta de los gobiernos ante la emergencia climática y el llamamiento social para que se actúe de forma urgente y solidaria con los países más vulnerables y las generaciones futuras, no se ve reflejada en los textos de la COP26".
Existen avances, pero se necesita "aumentar la velocidad en que recorremos el camino hacia la descarbonización".
La responsable de justicia climática de Oxfam Intermón, Lourdes Benavides, ha señalado que España ha "hecho los deberes" con la publicación de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética en 2021, pero "debería proponer mayor ambición y ajustarse a la evidencia climática".
Benavides ha manifestado en un comunicado que la Ley "de alguna manera nació envejecida, con el objetivo de al menos 23 % de reducción de emisiones respecto a 1990 y el Gobierno debe alinearla con la evidencia científica". Por lo que, según su opinión, el Gobierno "debería comprometerse a reducir un 55%, en línea con la Unión Europea".
Según Benavides "es una buena noticia" que España se haya unido a la propuesta en el marco de Naciones Unidas firmada el pasado miércoles en Glasgow para "poner fin a la financiación pública del carbón y a las subvenciones a los combustibles fósiles a finales de 2022".
Sin embargo, ha señalado la responsable de Oxfam Intermón, que la Cumbre "ha fracasado en justicia climática. Las propuestas sobre financiación climática no están a la altura ni en adaptación ni en pérdidas y daños".
Por su parte, la directora Ejecutiva de Oxfam Internacional, Gabriela Bucher, ha manifestado que "claramente, algunos líderes mundiales piensan que no viven en el mismo planeta que el resto. Parece que ni la gran cantidad de incendios, el aumento del nivel del mar o las sequías les hayan hecho recobrar el sentido para detener el aumento de las emisiones a expensas de la humanidad".
En opinión de Bucher, a pesar de años de conversaciones, "las emisiones continúan aumentando y estamos peligrosamente cerca de perder esta carrera contra el tiempo", la petición de fortalecer los objetivos de reducción de emisiones para el próximo año "es un paso importante y el trabajo empieza ahora".
Los grandes emisores, especialmente los países ricos, deben prestar atención a esta petición y "alinear sus objetivos" para mantener los 1.5 grados.
Sin embargo, ha sostenido, que los países ricos "no solo bloquearon" la financiación para atender a los más de 6.000 millones de personas de los países en desarrollo que presentaron un mecanismo de "pérdidas y daños", sino que "todo lo que aceptan es un financiamiento limitado para asistencia técnica y un diálogo".
"Este resultado irrisorio, es como hacer oídos sordos al sufrimiento de millones de personas tanto ahora como en el futuro".
La organización Ecodes señala en un comunicado que los países no han acudido a la COP26 con sus contribuciones nacionales determinadas (NDC) alineadas con el objetivo del límite de temperatura del 1.5 grados. "Hay países que no han hecho sus deberes", lo que ha provocado que los compromisos asumidos estén lejos de los objetivos necesarios para reducir el calentamiento global.
En opinión de la ONG, las revisiones deben ser anuales e instan a que desde la UE, así como otros organismos supranacionales o regionales, se creen mecanismos de ajuste de carbono en frontera "para penalizar a los países gorrones".
Desde Ecodes felicitan al Gobierno español "por su compromiso adicional" en la financiación climática, a pesar de que no ha habido un acuerdo "claro e inequívoco" para lograr "fehacientemente" la cifra de 100.000 millones de dólares anuales "para los países que no crearon apenas el efecto invernadero".
Aseguran que son "las víctimas inocentes del cambio climático y deben ser compensadas".
Asimismo, señalan que a pesar de lograrse en esta COP26 algunos ambiciosos acuerdos sectoriales, de geometría variable, con algunos gobiernos, empresas, regiones, ciudades o entidades financieras, proponen construir otros acuerdos similares sin esperar a celebrar otras COP.
Professor of Climate Change Science, Director of the Walker Institute, University of Reading
En el Acuerdo de París, los países se comprometieron a intentar limitar el aumento de temperatura a 1,5 ℃ por encima de los niveles preindustriales. Sin embargo, aunque cumpliesen sus promesas para reducir las emisiones, lo cierto es que aún veremos un incremento de en torno a 2,7 ℃. Así, no es de extrañar que casi dos tercios de los científicos que forman parte del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) afirmaran en una encuesta de la revista Nature que se espera una subida de las temperaturas de 3 ℃ o más.
En esta situación, ¿cómo de diferentes serían los impactos del cambio climático con un incremento de la temperatura de 3 ℃ en comparación con uno de 1,5 ℃?
De entrada, es importante destacar que, aun cuando los efectos negativos crecen en consonancia con la temperatura, los impactos climáticos de 3 ℃ serían más del doble de los que sufriríamos con 1,5 ℃ más. Esto se debe a que ya estamos alrededor de 1 ℃ por encima de los niveles preindustriales, por lo que los impactos ante una subida de 3 ℃ serían en realidad más de cuatro veces los de 1,5 ℃ (un aumento en lo sucesivo de 2 ℃ frente a 0,5 ℃).
Sin embargo, en la práctica, los impactos no aumentan de forma lineal con la temperatura. En algunos casos, el aumento se acelera a medida que sube la temperatura, por lo que los impactos de 3 ℃ pueden ser más de cuatro veces los impactos de 1,5 ℃. En el caso más extremo, el sistema climático podría alcanzar un punto de inflexión que conduciría al planeta a un cambio sustancial.
Hace un par de años, unos compañeros y yo publicamos una investigación sobre los impactos del cambio climático en función de los diferentes niveles del aumento de la temperatura mundial. Hallamos que la probabilidad media anual en todo el mundo de sufrir una gran ola de calor aumenta desde un 5 % en el periodo de 1981-2010 a un 30 % con 1,5 ℃ más, y hasta un 80 % en el caso de 3 ℃.
Por otro lado, la posibilidad media de vivir una inundación en los ríos, que actualmente se sitúa en un 2 % de los años, aumenta a 2,4 % con una subida de 1,5 ℃ y se duplica hasta alcanzar el 4 % a 3 ℃ más. Con un aumento de la temperatura de 1,5 ℃, la proporción de periodos de sequía casi se multiplica por dos, y a 3 ℃ más dicha cifra llega a ser más del triple (todo esto son promedios mundiales ponderados de acuerdo con la distribución de la población o de las tierras de cultivo. Aquí puedes conocer más detalles).
Cambios en el riesgo medio mundial de ola de calor, inundación del río y sequía por el aumento de la temperatura media mundial. Cada una de las líneas representa las distintas proyecciones del modelo climático del cambio regional en el clima. Las líneas horizontales muestran los indicadores en el periodo de tiempo de 1981-2010. Arnell et al., 2019, Author provided
Por supuesto, existe cierta incertidumbre con relación a estos datos, tal y como se refleja en las gráficas de arriba, en las que se observa que el abanico de posibles resultados se amplía a medida que aumentan las temperaturas.
También se aprecia gran variabilidad en el mundo, que también crece con la subida de las temperaturas, lo que aumenta las disparidades geográficas del impacto. El riesgo de inundación de los ríos se incrementaría de forma especialmente rápida en el sur de Asia, por ejemplo, mientras que el riesgo de sequía crece en gran parte del continente africano a un ritmo mucho más veloz que la media mundial.
Personas caminan por una calle inundada
Los ríos de Asia se volverán aún más proclives a inundaciones. Dreame Walker / Shutterstock
La diferencia entre un calentamiento de 1,5 ℃ y otro de 3 ℃ puede ser brutal incluso en lugares como el Reino Unido, donde los impactos del cambio climático serán relativamente menos desoladores que en otros rincones del globo.
En un estudio publicado recientemente, un grupo de colegas y yo descubrimos que en Inglaterra la posibilidad media anual de una ola de calor, tal y como es definida por el Servicio Meteorológico Nacional del Reino Unido, pasa de aproximadamente un 40 % actualmente a alrededor de un 65 % con un calentamiento de 1,5 ℃ y supera el 90 % en caso de que la temperatura del planeta aumente 3 ℃. Precisamente también a 3 ℃ más, la probabilidad de experimentar al menos un día al año de alto estrés térmico por calor se torna superior al 50 %.
La proporción media de periodos de sequía aumenta a un ritmo similar a la media mundial. Las probabilidades de lo que actualmente se considera una inundación en diez años crecen en el noroeste de Inglaterra desde un 10 % al año a día de hoy hasta un 12 % a 1,5 ℃ más y un 16 % a una temperatura de 3 ℃ por encima de la actual.
En una escala global, se observa una variabilidad significativa en términos de impacto en todo el Reino Unido: sobre todo en la zona sur y este del país, aumentan los riesgos relacionados con las altas temperaturas extremas y las sequías, mientras que hacia el norte y el oeste se incrementan los riesgos por inundaciones. Una vez más, a todos nos invaden muchas dudas respecto a estos cálculos, pero se ve claramente la diferencia entre los impactos según los distintos niveles de calentamiento.
Las gráficas que se incluyen en este artículo nos muestran el impacto del cambio climático en las probabilidades o en la ocurrencia de fenómenos meteorológicos. Las consecuencias reales para las personas dependerán de cómo afecten estos impactos físicos directos (sequías, olas de calor, subidas del nivel del mar) a los medios de subsistencia, la salud y las interacciones entre los distintos elementos de la economía.
Nuestra experiencia durante la covid-19 nos dice que lo que de entrada parecen perturbaciones iniciales relativamente modestas en un sistema pueden provocar un efecto dominó imprevisto, y esto mismo puede suceder con el cambio climático. Si la relación entre las subidas de temperatura y los impactos físicos como el deshielo de los glaciares y el clima extremo a menudo no es lineal, entonces la relación entre los aumentos de temperatura y su efecto sobre las personas, sociedades y economías es muy posible que sea mucho menos lineal aún. En conjunto, todo esto significa que un mundo con 3 ℃ más será mucho peor que uno con 1,5 ℃ más.
Este artículo forma parte de la cobertura de The Conversation sobre la COP26, la conferencia sobre el clima de Glasgow.
Los compromisos climáticos se quedan aún cortos para cumplir el Acuerdo de París
Los objetivos actuales marcados por los países solo reducen el 7,5 % de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero previstas para 2030, cuando se necesita el 55 % de recorte para limitar el aumento de la temperatura media global a 1,5 ºC. Con el ritmo actual, el mundo está abocado a sufrir un incremento de 2,7 ºC para finales de siglo.
A escasos días de comenzar la Cumbre del Clima en Glasgow (COP26), el Programa para el Medio Ambiente de Naciones Unidas (PNUMA) ha presentado hoy su esperado Informe anual sobre la Brecha de Emisiones de gases de efecto invernadero, denominado The Heat Is On, que compara las reducciones de emisiones prometidas por los países y las necesarias para cumplir el Acuerdo de París.
Los expertos recuerdan que se necesitan disminuciones del 30 % de las emisiones para mantenerse en la senda de 2°C y del 55 % para 1,5°C
El trabajo revela que las actuales contribuciones determinadas a nivel nacional (CDNs), que cada país se comprometió a entregar y a ir mejorando para lograr una reducción sustancial de las emisiones de CO2, no son suficientes en la actualidad para lograr el objetivo de limitar el aumento de la temperatura media global a 1,5 ºC.
Según el informe, los compromisos climáticos del momento solo suponen una reducción adicional del 7,5 % de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero previstas para 2030, en comparación con la ronda de compromisos entregados anteriormente. Los expertos recuerdan que se necesitan disminuciones del 30 % de las emisiones para mantenerse en la senda de 2°C y del 55 % para 1,5°C.
“El panorama que dibuja el informe es desolador: menos de la mitad de las CDN recibidas de los gobiernos es realmente más ambiciosa que la primera ronda presentada en 2015 o 2016”, recalca Joanna Depledge, investigadora en Centro para el Medio Ambiente, la Energía y Gobernanza de los Recursos Naturales de Cambridge (Reino Unido).
“El cambio climático ya no es un problema del futuro. Es un problema de ahora”, recuerda Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA.
Compromisos a medias
A 30 de septiembre de 2021, solo 120 países, que representan algo más de la mitad de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, comunicaron sus nuevas NDC. Solo tres miembros del G20 anunciaron nuevas promesas de mitigación para 2030.
Para tener alguna posibilidad de limitar el calentamiento global a 1,5 ºC, el mundo tiene ocho años para reducir las emisiones anuales en 28 gigatoneladas adicionales de CO2 equivalente (GtCO2e), además de lo prometido en las NDC actualizadas y otros compromisos para 2030.
Para tener alguna posibilidad de limitar el calentamiento global a 1,5 ºC, el mundo tiene ocho años para reducir las emisiones anuales en 28 gigatoneladas adicionales de CO2 equivalente
Para poner esta cifra en perspectiva, se espera que solo las emisiones de dióxido de carbono alcancen las 33 gigatoneladas en 2021. Si se tienen en cuenta todos los demás gases de efecto invernadero, las emisiones anuales rondan las 60 GtCO2e.
Los expertos coinciden en recalcar que el trabajo, que va por su duodécima edición, muestra una flagrante contradicción con el espíritu del Acuerdo de París: “Varios países del G20 han enviado CDN actualizadas que no son mejores que su oferta anterior (Australia, Brasil y México), o son tan débiles que no requieren más medidas políticas (Rusia)”, lamenta Depledge.
De este modo se desvelan dos principales lagunas. La primera se observa en la brecha de la ambición entre las promesas de los países y los recortes necesarios para cumplir sus objetivos. “La segunda, aún más preocupante, es una brecha de implementación: muchos grandes emisores ni siquiera están en camino para cumplir sus compromisos nacionales existentes”, continúa la experta.
Según Piers Forster, profesor de Cambio Climático y director del Centro Priestley de la Universidad de Leeds (Reino Unido), “esto presenta un panorama demasiado sombrío. Es cierto que la brecha de emisiones para 2030 sigue existiendo, pero si se observan sus cifras, se ve que la brecha en los objetivos de emisiones a más largo plazo está casi cerrada”.
Muchos de los países del G20, incluido el Reino Unido, tienen todavía que entregar sus CDNs. “Estos planes nacionales demuestran que el coste de la acción es mucho menor que el de la inacción, por lo que nos lo jugamos todo en la COP para cerrar aún más estas brechas”, añade Forster.
Aún queda esperanza con los compromisos netos cero
A pesar de todo, el informe abre una ventana a la esperanza con los objetivos de neutralidad climática. Un total de 49 países, además de la Unión Europea, han prometido un objetivo de neto cero, como España para 2050, que permitirá conseguir emisiones netas iguales a cero equilibrando la cantidad liberada a la atmósfera con la equivalente capturada o retirada.
“Y lo que es más importante, el club de los cero objetivos incluye ahora a los dos mayores emisores del mundo, China y EE UU”, dice Depledge. Tras el cierre del informe, Arabia Saudí (para 2060) y Australia (para 2050) también se han comprometido al objetivo de cero neto.
Los compromisos netos cero podrían reducir otros 0,5 °C y así dejar el aumento previsto de la temperatura mundial en 2,2 ºC, si se cumplieran en su totalidad
Esto abarca más de la mitad de las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero, más de la mitad del PIB y un tercio de la población mundial. Hay además once objetivos consagrados por ley, que cubren el 12 % de las emisiones mundiales.
En este sentido, el informe muestra por primera vez en un capítulo completo que las promesas de neutralidad de carbono podrían suponer una gran diferencia. Estos compromisos podrían reducir otros 0,5 °C y así dejar el aumento previsto de la temperatura mundial en 2,2 ºC, si se cumplieran en su totalidad.
“El veredicto es mixto. Por un lado, si se aplicaran, los objetivos netos cero actuales reducirían las proyecciones de temperatura para el próximo siglo en aproximadamente medio grado, lo que acercaría las estimaciones centrales a los 2 °C, aunque no estarían en consonancia con mantener el calentamiento global muy por debajo de los 2 °C, y mucho menos de los 1,5 °C”, destaca Joeri Rogelj, investigador y uno de los autores principales de dos capítulos del informe.
Pero el atractivo del cero neto es también su debilidad: “Es un objetivo a largo plazo, muy lejano en el tiempo, que permite posponer decisiones difíciles”, subraya Joanna Depledge.
Así, estas promesas de cero neto siguen siendo vagas e incompletas en muchos casos y los objetivos a corto plazo de los países aún no sitúan las emisiones en una vía clara de disminución. Doce miembros del G20 han prometido un objetivo neto cero, pero siguen siendo muy ambiguos.
“Esto arroja dudas sobre si estos compromisos se alcanzarán alguna vez. Los países pueden reducir estas dudas dando un paso adelante y pasando de los objetivos a las estrategias, los planes y las políticas que permitan alcanzar las ambiciones de cero emisiones sobre el terreno”, señala Rogelj.
También es necesario adelantar la acción para que esté en consonancia con los objetivos de 2030. “El mundo tiene que despertar del peligro inminente al que nos enfrentamos como especie”, apunta Andersen.
El potencial del metano y los mecanismos de mercado
Como cada año, el informe también examina el potencial de sectores específicos. Esta vez, se centra en el metano y los mecanismos de mercado. La reducción de las emisiones de metano de los sectores de los combustibles fósiles, los residuos y la agricultura puede contribuir a cerrar la brecha de emisiones y reducir el calentamiento a corto plazo.
La reducción de las emisiones de metano de los sectores de los combustibles fósiles, los residuos y la agricultura puede contribuir a cerrar la brecha de emisiones
Las emisiones de metano son el segundo factor que más contribuye al calentamiento global. Este gas tiene un potencial de calentamiento global más de 80 veces superior al del dióxido de carbono en un horizonte de 20 años; además, su vida en la atmósfera es más corta que la del CO2 –solo doce años, frente a los cientos de años de este último–, por lo que las reducciones del metano limitarán el aumento de la temperatura más rápidamente que las del dióxido de carbono.
Las medidas técnicas disponibles, de bajo o nulo coste, podrían reducir por sí solas las emisiones antropogénicas de metano en aproximadamente un 20 % al año. La aplicación de todas las medidas, junto con medidas estructurales y de comportamiento más amplias, podría reducir las emisiones antropogénicas de metano en aproximadamente un 45 %.
Los mercados de carbono, por su parte, tienen el potencial de reducir los costes y, por tanto, de fomentar compromisos de reducción más ambiciosos, pero solo si las normas están claramente definidas, se diseñan para garantizar que las transacciones reflejen las reducciones reales de las emisiones, y se apoyan en acuerdos para seguir los progresos y proporcionar transparencia.
Los ingresos obtenidos a través de estos mercados podrían financiar soluciones de mitigación y adaptación a nivel nacional y en las naciones vulnerables, donde las cargas del cambio climático son mayores.
Covid-19, una oportunidad de recuperación perdida
El trabajo concluye que en la mayoría de los países se ha desaprovechado la oportunidad de utilizar el gasto de rescate y recuperación fiscal de la covid-19 para estimular la economía y respaldar al mismo tiempo la acción climática.
La pandemia provocó un descenso de las emisiones mundiales de CO2 del 5,4 % en 2020. Sin embargo, se espera que las emisiones totales en 2021 vuelvan a aumentar a un nivel solo ligeramente inferior al récord de 2019.
Es probable que solo alrededor del 20 % de las inversiones totales en recuperación hasta mayo de 2021 reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero. De este gasto, casi el 90 % corresponde a seis miembros del G20 y a un invitado permanente.
El gasto para la covid ha sido mucho menor en las economías de bajos ingresos (60 dólares americanos por persona) que en las economías avanzadas (11.800 dólares americanos por persona). Es probable que las lagunas en la financiación agraven las diferencias en las naciones vulnerables en cuanto a la resiliencia climática y las medidas de mitigación.
El texto adoptado mantiene vivo el compromiso para que la temperatura del planeta no aumente más de 1,5ºC
La decisión final incluye el objetivo para reducir globalmente las emisiones de gases de efecto invernadero un 45% en 2030 y la urgencia de acelerar la ambición climática en esta década, siguiendo lo expresado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático
Con el objetivo de mantener la presión sobre la ambición, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, organizará un evento de líderes en 2022 para debatir sobre ambición climática
La adaptación se pone en el centro de la discusión con el establecimiento de un programa de trabajo técnico para ayudar, evaluar y medir la acción. Además, se hace un llamamiento a los países desarrollados a duplicar su financiación para adaptación en 2025 respecto a 2019
También se pone en marcha el proceso para empezar a discutir el nuevo objetivo financiero a partir de 2025 y se abre el debate a nuevas fórmulas de financiación más allá de los presupuestos públicos
La vicepresidenta Ribera ha señalado que se trata de “un buen acuerdo que sienta las bases para la nueva etapa hasta 2030”
La XXVI Conferencia de las Partes (COP26) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se celebra en Glasgow (Reino Unido), ha terminado hoy con una decisión que llama a reducir el uso del carbón y pone fin a los subsidios a los combustibles fósiles. Asimismo, el texto adoptado por los 196 países que forman parte de la Convención mantiene vivo el compromiso para que la temperatura del planeta no aumente más de 1,5º.
Para la vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera, se trata de “un buen acuerdo que sienta las bases para la nueva etapa hasta 2030”. Ribera ha explicado que es “un paso adelante significativo que confirma el compromiso valiente de lograr una reducción de emisiones compatible con los escenarios del IPCC y mantener vivo el objetivo de 1,5ºC, y da los pasos para empezar a desterrar definitivamente el carbón y pone fin a los subsidios a los combustibles fósiles. Un acuerdo en el que por fin se asume la importancia de un trabajo cada vez más complejo e imprescindible, como es invertir en adaptación en todos los países y disponer de mecanismos ágiles y rápidos para responder a las grandes catástrofes climáticas en las que la adaptación no es posible”.
La decisión final incluye el objetivo para reducir globalmente las emisiones de gases de efecto invernadero (GHG) un 45% en 2030 (sobre 2010) y la urgencia de acelerar la ambición climática en esta década, siguiendo lo expresado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).
En este sentido, y reconociendo que existe una brecha en los compromisos nacionales de reducción de emisiones, se pone en marcha un programa de trabajo para hacer viable el objetivo del 1,5ºC estableciendo revisiones anuales de ambición frente al ciclo quinquenal de ambición recogido en el Acuerdo de París. Con el objetivo de mantener la presión sobre la ambición al más alto nivel, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, organizará un evento de líderes en 2022 para debatir sobre ambición climática.
Asimismo, en Glasgow se han establecido por primera vez acciones sectoriales concretas para esta década a fin de reducir de forma notoria el uso del carbón y terminar con los subsidios a los combustibles fósiles, y se ha reforzado el vínculo con la biodiversidad y los océanos, agendas con claras sinergias y beneficios compartidos en las que se seguirá trabajando.
IMPULSO A LA AGENDA DE ADAPTACIÓN
En materia de adaptación, ésta recibe el espaldarazo que necesitaba en un contexto en el que los desastres naturales debidos al cambio climático van en aumento. La vicepresidenta Ribera ha sido elegida facilitadora de la negociación en este ámbito que a partir de ahora deja su papel secundario respecto a la mitigación y busca indicadores y metodologías que permitan medir su progreso, estableciendo un programa de trabajo técnico para ayudar, evaluar y medir más acción en adaptación. Se da respuesta así a la demanda de los países en desarrollo con una mayor concreción del objetivo de adaptación que se estableció en París.
Además, se ha reconocido la necesidad de que haya más fondos para la adaptación para lograr un equilibrio con la financiación de la mitigación. En este sentido, la decisión de Glasgow hace un llamamiento a los países desarrollados a duplicar su financiación para adaptación en 2025 respecto a 2019.
PÉRDIDAS Y DAÑOS
Muy relacionado con la adaptación, la forma de abordar las pérdidas y daños que provocan los impactos del cambio climático, sobre todo en los países más vulnerables, ha entrado en la lista de prioridades de esta cita en Glasgow. Se ha acordado proveer de fondos a la llamada Red de Santiago, que se estableció en la COP25 de Madrid como un espacio para trabajar en esta agenda e incentivar una verdadera movilización de recursos que responda a las emergencias en los países más vulnerables.
FINANCIACIÓN
Sin duda, uno de los temas que han centrado la discusión en la Cumbre de Glasgow ha sido la financiación. Una vez reconocida la brecha que existe en financiación climática y presentado un plan para cumplir como tarde en 2023 con la aportación acordada en París de 100.000 millones de dólares anuales, el gran cambio es la apertura de la discusión financiera más allá de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Así, más allá de los presupuestos públicos, se empieza a hablar de una nueva arquitectura financiera y del papel de los distintos instrumentos e instituciones para responder a la necesidad de movilizar más financiación. Y lo más importante: se reconocen las crecientes necesidades de los países más vulnerables y se llama de manera especial a incluir la vulnerabilidad climática como indicador claro para la movilización de recursos concesionales, haciendo mención especial a los Derechos Especiales de Giro.
En esta nueva economía de la adaptación se hace un llamamiento específico a bancos multilaterales, instituciones financieras y sector privado a aumentar su financiación para el cumplimiento de los planes climáticos con atención especial a la adaptación. En particular, se reconoce el papel de los Bancos Multilaterales de Desarrollo y del sector financiero, que deben alinear sus estrategias y productos con los objetivos del Acuerdo de París.
Asimismo, se ha acordado empezar a discutir el nuevo objetivo financiero a partir de 2025.
REGLAS PARA LOS MERCADOS DE CARBONO
Tras años de discusión, en Glasgow se han cerrado las reglas para la puesta en marcha de los mercados de carbono establecidos en París. Pese a los esfuerzos de la Unión Europea para evitarlo, se abre la puerta a introducir unidades de mercado del Protocolo de Kioto en el sistema de París, lo cual tiene un potencial efecto negativo en la ambición. Por eso, la Unión Europea ha acordado no usar este tipo de unidades y espera que otros países, aliados en la ambición climática, hagan lo mismo.
Por otro lado, se ha avanzado en garantizar la integridad ambiental de los mercados, ya que se consigue ajustar todas las emisiones para el cumplimiento, tanto para los países como para otros sistemas como CORSIA (Plan de compensación y reducción de carbono para la aviación internacional). De este modo, cada tonelada introducida en el mercado viene claramente respaldada por un sistema riguroso que evita que nadie cuente dos veces las reducciones, fundamental para la rendición de cuentas.
Asimismo, se introduce una nueva regla que obliga a que un 2% de las reducciones generadas en los proyectos no puedan usarse para cumplir con los compromisos de reducción de emisiones lo que refuerza la integridad ambiental de estos proyectos.
Además, se da respuesta a una de las demandas de los países en desarrollo que están pidiendo más financiación para la adaptación. Así, se ha acordado que una tasa del 5% de las emisiones que se generen en los proyectos irá destinada al Fondo de Adaptación. De esta manera, se garantiza la previsibilidad de los flujos financieros para la adaptación.
AGENDA CLIMÁTICA TRANSVERSAL
La Cumbre de Glasgow ha puesto también el foco en la justicia climática, subrayando el importante papel que juegan los interlocurores no gubernamentales, entre ellos, la sociedad civil, los pueblos indígenas y comunidades locales, los jóvenes y los niños y otros actores.
En este sentido, Glasgow da un paso más sobre el cambio de enfoque que se inició en la COP25 de Madrid, amplificando la acción más allá de los gobiernos con un claro reconocimiento al papel de la sociedad civil. Este cambio de enfoque se visibiliza con el gran avance de la iniciativa Race to Zero, que reúne a los actores no estatales de todo el mundo para reducir a la mitad las emisiones mundiales en 2030, cuenta con compromisos que cubren el 25% de las emisiones mundiales de CO2 y más del 50% del PIB.
Su iniciativa hermana, Race to Resilience, cuyo objetivo es catalizar un cambio de escala en la ambición y la acción mundiales para la resiliencia climática cuenta ya con 33 socios, que representan a más de 2.500 organizaciones que actúan en más de 100 países.
Otras iniciativas importantes en Glasgow ha sido el lanzamiento de la Alianza Financiera de Glasgow para la Red Cero (GFANZ), que reúne a toda la amplitud del sistema financiero mundial con más de 130 billones de dólares de capital privado comprometidos para transformar la economía a emisiones netas cero.
COMPROMISOS DE ESPAÑA
España está alineada con el compromiso de la Unión Europea de reducir un 55% sus emisiones en 2030 y alcanzar la neutralidad climática en 2050. Y estamos dando pasos decisivos para alinear nuestras inversiones, tanto públicas como privadas, con el objetivo de la neutralidad climática. En este sentido, 30.000 millones del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia se destinarán en los próximos tres años a la transición ecológica.
En la Cumbre de Líderes con la se inició esta conferencia en Glasgow, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció el compromiso de España a aumentar la financiación climática para llegar en 2025 con un incremento de un 50% respecto de nuestro compromiso actual. El objetivo es alcanzar los 1.350 millones de euros anuales a partir de 2025. Además, España aportará 30 millones de euros al Fondo de Adaptación de la ONU en 2022, y destinará el 20% de nuestros derechos especiales de giro a países vulnerables, con un mínimo de 350 millones de euros.