Ciencia y Técnica

06
Dic
2021

 

El biólogo teórico y evolutivo Carl Bergstrom, coautor del libro ‘Contra la charlataneria’.

El biólogo Carl Bergstrom (Estados Unidos, 1971) estaba hablando con un compañero de la Universidad de Washington, Jevin West, cuando este le comentó que iba a dar una clase sobre big data. “Le dije que era una pena porque entonces yo iba a tener que dar otra señalando las pamplinas del big data”, recuerda. Su amigo le respondió que sería divertido hacerlo juntos. Así nació el curso Calling Bullshit, cuya versión en libro acaba de ser traducida al español y publicado por Capitán Swing con un subtítulo que resume su esencia: “Contra la charlatanería. Ser escéptico en un mundo basado en los datos”.

“Nos dimos cuenta de que no solo se había exagerado con el big data y la inteligencia artificial, sino que teníamos que hablar de cómo se usan mal los números y enseñar a ver a través de todo ese bombo para comprender mejor unas herramientas que pueden ser muy valiosas”, explica Bergstrom a SINC por videoconferencia.

Podríamos reescribir el libro solo con ejemplos de la pandemia, pero estoy harto de la pandemia y nadie quiere leer sobre ella

Bergstrom y West aseguran que todos los seres del planeta intentan vendernos algo. La diferencia es que hoy es más difícil para el público general detectar el bullshit —palabra inglesa de difícil traducción que hace referencia a una mentira elaborada y adornada— de nueva generación, porque el vendedor de coches usados ha sido sustituido por gráficos, porcentajes, cifras y jerga científica.

 “La naturaleza del bullshit ha cambiado y cuando se basa en números es muy efectivo”, cuenta Bergstrom. “Queremos empoderar a la gente para que lo vea como cuando una empresa intenta colarte algo y dices: eso es bullshit. Deberíamos ser capaces de hacer lo mismo con los números”.

Pandemia de desinformación

El libro fue terminado premonitoriamente en enero de 2020, pero cada página muestra ejemplos de bullshit que traen a la mente otros relacionados con la covid-19. “Podrías reescribir el libro solo con ejemplos de la pandemia”, admite Bergstrom. “Pensé en hacerlo, pero estoy harto de la pandemia y nadie quiere leer sobre ella”. Con esa advertencia, comenzamos la entrevista.

Intentemos no hablar de la pandemia. Al menos, no de la de covid-19. ¿Ha creado internet una pandemia de bullshit?

La desinformación siempre ha estado ahí: todo ser vivo engaña, desde los seres humanos a los cuervos. Internet no inventó el bullshit, pero es un terreno fértil para que crezca y se difunda, y nos hace vulnerables de nuevas maneras.

Internet no inventó el bullshit, pero es un terreno fértil para que crezca y se difunda

La forma en la que nos comunicamos ha cambiado y eso ha alterado cómo la sociedad procesa la información y toma decisiones. No entendemos cómo está pasando, pero necesitamos descubrirlo rápidamente porque está provocando grandes problemas que irán a más si no lo resolvemos.

Pero, ¿qué ha cambiado exactamente?

Estamos recibiendo mucha información a través de sistemas diseñados para mantenernos online y así aumentar sus ingresos, no para darnos información rigurosa y bienestar. Los algoritmos aprenden de la psicología humana a través de enormes cantidades de datos y saben que si nos muestran un tipo de contenido, clicaremos. Eso promueve el contenido que nos molesta o respalda por encima del que nos informa. Estos algoritmos no nos ayudan a entender el mundo y eso es un problema serio. Tampoco son transparentes ni sabemos qué consecuencias pueden tener.

Luego están los cambios de escala: se crean perfiles con muchos seguidores y gran influencia. Ya no nos comunicamos en grupos de cien, sino a través de una conectividad global. Esa dinámica ha cambiado y, con ella, la de cómo se difunde la información. Eso puede ser problemático.

Proponen una solución sugerente y radical en su libro: consumir menos información. “Piensa más, comparte menos”. ¿Nos estamos ahogando en contenido?

Absolutamente. El primer problema de internet fue que había mucha información, así que las redes sociales se diseñaron para que la cribáramos entre nosotros. El problema es que no somos cuidadosos con lo que compartimos, así que de nuevo nos estamos ahogando en información que, en vez de ser la más precisa, es la más compartible. Retuiteamos lo que nos atrae o nos enfada sin pensar, porque refleja nuestros sesgos aunque no sea cierto.

Una de sus conclusiones es que somos nuestro peor enemigo porque nuestros sesgos crean mucho bullshit. ¿Cómo enfrentarnos a eso?

Necesitamos aprender a no engañarnos tanto a nosotros. El sesgo de confirmación es un gran problema: esta historia dice algo en lo que yo ya creo, así que debe ser verdad. No necesito ni leerla, puedo compartirla. O no la leo de forma crítica, que es como miraría algo con lo que no estoy de acuerdo. Es una forma muy humana de pensar y nos pasa a todos, pero es muy importante intentar evitarlo.

Retuiteamos lo que nos atrae o nos enfada sin pensar, porque refleja nuestros sesgos aunque no sea cierto

Ser conscientes de los sesgos es un buen primer paso, pero no basta. Hay que cambiar nuestros hábitos de consumo de información. Lleva práctica y ganas, pero con el tiempo puedes mejorar y pararte a pensar: ¿es esto demasiado bueno o malo para ser verdad? Si lo es, hay que mirarlo en profundidad. No hablar de un estudio hasta ver si tiene limitaciones, en vez de compartirlo sin leerlo de cerca porque muestra algo en lo que crees.

Nunca seremos perfectos, cuando me pasa a mí borro el tuit para no extender la desinformación. Aprender esos hábitos de detección es muy importante, y entrenarse para filtrar mejor la enorme cantidad de información a la que nos exponemos.

Su libro enseña a detectar el bullshit basado en datos y anima a señalarlo, pero siempre con educación, sin atribuir malicia a los errores, pero tampoco estupidez. ¿Olvidamos esto a menudo?

Es muy importante. Avisar del bullshit de alguien puede ser bueno; que denuncien el tuyo, también. Pero tenemos que hacerlo de forma constructiva porque así es más probable que se acepte. Dar siempre el beneficio de la duda porque hay errores comprensibles. Tenemos que aprender a pensar críticamente, a detectar problemas y a no ser engañados, pero también a compartirlo. Hacerlo puede ser muy positivo para la sociedad, pero reírse de los demás no ayuda.

El libro va de empoderar al lector individual y de cómo este puede empoderar a su comunidad en lugar de atacarla. Quieres una cultura en la que la gente pueda poner a prueba las cosas, en la que si alguien denuncia tu bullshit se vea como un regalo y no como un insulto.

En la comunidad escéptica hay quien obtiene un placer culpable al machacar a la homeopatía a expensas de análisis más sutiles en los que no estamos haciendo suficiente énfasis

¿Nos centramos demasiado en el bullshit fácil y divertido de refutar, como la homeopatía, en detrimento de engaños estadísticos más difíciles de entender y explicar?

Antes de la pandemia habría estado de acuerdo. Si miras la desinformación antivacunas gran parte es bullshit fácil, pero despega. Es verdad que en la comunidad escéptica hay quien obtiene un placer culpable al machacar a la homeopatía. Probablemente hay demasiado de eso a expensas de análisis más sutiles en los que no estamos haciendo suficiente énfasis.

Cuando pensamos en desinformación pensamos en que las vacunas te vuelven magnético, pero también hay mucha en ciencia que a menudo pasa inadvertida, como el p-hacking —una forma de torturar los datos hasta que estos dicen lo que quieres—. La ciencia podría funcionar mejor si abordáramos cómo la desinformación entra y se perpetúa de forma sutil.

Un desafío para la ciencia

¿Tiene la ciencia un problema de bullshit que ha empeorado por la pandemia?

La pandemia está muy politizada: un pequeño número de científicos toma una opinión contraria a la evidencia y es promocionado por grupos políticos. Es un problema. No conozco sus motivos, veo improbable que lo hagan por dinero, creo que de verdad piensan que tienen razón, pero hacen mucho daño. En ciencia siempre tendrás un abanico de opiniones, con extremos en ambos lados. Ese espectro de gente que piensa diferente siempre está ahí, pero cuando algo se vuelve importante para la sociedad las voces en los bordes son amplificadas porque ayudan a promover determinadas causas políticas.

Advierten de que el bullshit científico puede llevar al cinismo. Es algo que hemos visto durante la pandemia, pero también con la erupción del volcán de La Palma.

Recuerdo hablar con un reportero al principio de la pandemia que decía que los CDC no nos estaban contando todo. Había preguntado la tasa de letalidad por infectado, le habían dicho que estaba entre el 0,5 y el 5 % y lo encontraba frustrante. Era una respuesta muy buena, la primera honesta que había recibido en todo el día: que nadie lo sabía. Cuando llamas a científicos a menudo están seguros de que es 0,5 % o 2 %, pero eso es una opinión como podría ser cualquiera otra. Son temas muy difíciles. Hay cosas que no sabemos por falta de datos; otras, porque son eventos aleatorios estocásticos que puede que ni hayan ocurrido. Para solucionar lo primero necesitas tener mejor información. Para lo segundo, una bola de cristal.

Cuando algo se vuelve importante para la sociedad las voces en los bordes son amplificadas porque ayudan a promover determinadas causas políticas

Los científicos estamos acostumbrados a pensar en la incertidumbre y a estar abiertos a múltiples posibilidades, pero no siempre lo hemos comunicado bien durante la pandemia. Tampoco el tiempo que lleva descubrir cosas y cómo de inciertas son. Eso ha creado frustración en la gente.

Inteligencia artficial, big data… ¿Son estos campos especialmente propensos al bullshit?

La gente cree que con suficientes datos puede rodear los problemas del diseño del estudio y no es verdad. Si los datos no son buenos no importa cuántos tengas, seguirás obteniendo basura cuando intentes analizarlos. Decir que usarás aprendizaje profundo para predecir qué vino te gustará suena sexy, pero normalmente es un despropósito porque ni los datos ni las técnicas de análisis son buenos. Es opaco, complicado y elegante, así que tendemos a pensar que va a funcionar, pero en muchos casos es problemático.

Si los datos no son buenos no importa cuántos tengas, seguirás obteniendo basura cuando intentes analizarlos

Aun así, creo que es un campo que intenta entender por qué estas máquinas toman las decisiones que toman y ha ayudado a que los investigadores vieran a través de su propio bullshit. No es una startup intentando venderte algo que saben que es una tontería: es que tenemos unos algoritmos que funcionan y queremos entender lo útiles que pueden ser.

¿Y qué piensa del periodismo de datos? En el libro mencionan que a menudo es engañoso o difícil de entender para el lector medio.

Es como una moda: antes el periodista sintetizaba la historia y ahora la gente cree que la forma de contar una historia convincente es proporcionando los datos al lector. La pega es que pensamos que las figuras y los datos no mienten y que, si alguien los enseña, lo que dice es verdad. Cómo se recolectan, analizan e interpretan los datos puede hacer que se cuenten historias muy diferentes. El periodismo de datos puede ofrecer una visión profunda y valiosa, pero me preocupa que haga que la historia parezca inevitable, la única real posible.

Si el periodismo de datos muestra unas gráficas interactivas sobre la efectividad de las vacunas piensas que tienen que estar bien, pero estas cosas son sutiles y complicadas

Si el periodismo de datos muestra unas gráficas interactivas sobre la efectividad de las vacunas piensas que tienen que estar bien, pero estas cosas son sutiles y complicadas. Si un periodista juega con números y estadísticas reduce nuestra disposición a cuestionar esos datos. Si cuenta una historia es más fácil decir que algo no suena bien, pero parece que no podemos discutir con los números. En realidad sí se puede: necesitamos educar para que la gente sepa hacerlo.

Esta desventaja es mi argumento en general sobre los números y todo lo que parece inevitable y repetible, que viene directo desde la naturaleza, sin subjetividad. Atribuimos más autoridad a los números de la que merecen porque no entendemos lo maleable que es la recogida de los datos y su interpretación.

En el libro usa el término “católico de cafetería” para criticar a esa divulgación que escoge los estudios que le convienen para la historia que quiere contar. ¿Somos los periodistas científicos expertos en crear bullshit?

Es algo que ha cobrado una importancia enorme durante la pandemia y lo hemos visto en los mayores periódicos de EE UU, aunque no tanto entre periodistas científicos. En un artículo alguien dice que la única forma de salir de esta es lograr cero covid con confinamientos estrictos y citan cosas que lo apoyan. En el mismo medio, dos días después, lees que el coronavirus va a ser endémico, sin que eso sea malo, y citan cosas diferentes.

Esto es algo que siempre es posible en temas bien estudiados por la amplitud de resultados e incertidumbre. ¿Ayuda el vino contra las enfermedades cardíacas? Puedes escribir esa historia de ambas formas. Vas a encontrar investigadores con un abanico de opiniones porque dan peso a partes diferentes de la evidencia. Si quieres puedes hacer una historia más sesgada, y esto conecta con la politización de la pandemia. Con el vino no hay diferencias entre ideologías. Hoy, si eres liberal, piensas que las mascarillas funcionan; si eres conservador, que lo hace la hidroxicloroquina. ¿Por qué? No tiene sentido, pero es como la gente se alinea.

Identidad personal y pensamiento crítico

¿Se ha enraizado el bullshit moderno en la identidad personal?

Las líneas identitarias son establecidas y perpetuadas por los medios de ambos lados y las redes sociales. Es un tema de señalar identidades: cuando compartes algo malo que Donald Trump o Hillary Clinton ha hecho no estás interesado en informar de lo que hicieron, sino en informar a los demás de ti mismo. “Oye, soy parte de tu grupo”.

Incluso en temas tan importantes como las vacunas la gente toma decisiones basadas en terrenos identitarios tanto como en su propia salud

En EE UU ha sido muy dañino durante la pandemia: las respuestas se han politizado tanto que se han convertido en marcadores identitarios. Incluso en temas tan importantes como las vacunas la gente toma decisiones basadas en terrenos identitarios tanto como en su propia salud.

Compartir un bulo de Trump no cambiará tu vida, pero si te envío cosas que dicen que no te vacunes y tomes ivermectina es diferente porque afectará a tu salud. Compartir desinformación de medicina para mostrar que eres parte de un bando que no confía en el establishment sanitario es muy peligroso y es hacia donde nos hemos deslizado. Está matando gente y dividiéndola. Es trágico.

Aseguran que la universidad ha fracasado a la hora de promover el pensamiento crítico en sus estudiantes de STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), que es mejor en sociales y humanidades. ¿Cree que tiene relación con el desprecio de algunos científicos por la filosofía?

Me he dado cuenta de que los mejores alumnos de mis clases son estudiantes de filosofía. Se les ha enseñado a pensar, saben cómo criticar ideas y cuando ven contradicciones saben cómo llegar al fondo del asunto. Necesitamos explicar eso mejor en las clases de ciencias. Necesitas ser capaz de secuenciar genes, pero también de pensar críticamente.

Los estudiantes de filosofía saben cómo criticar ideas y cómo llegar al fondo del asunto. Necesitamos explicar eso mejor en las clases de ciencias

Un estudiante me dijo tras una clase: “Siempre había pensado que estar equivocado en ciencia era malo, pero tras este curso entiendo lo importante que es estar equivocado para llegar a las respuestas correctas”. No enseñamos eso lo suficiente.

Usted ha divulgado mucho sobre la evolución de la pandemia desde que empezó. Tengo que preguntarlo: ¿hacia dónde cree que nos dirigimos este invierno?

La respuesta es que no lo sé. En absoluto. Y eso es algo muy importante de decir para nosotros los científicos. Explicar al público que hay mucha incertidumbre y temas importantes para los que no tenemos respuesta porque no tenemos suficientes datos y porque hay factores aleatorios.

Fuente: SINC- CIENCIAS DE LA VIDA

06
Dic
2021

Science Daily thumb

Fecha:

noviembre 3, 2021

Fuente:

Servicio Forestal del USDA - Estación de Investigación del Norte

Resumen:

Los resultados de un estudio publicado recientemente sugieren que los esfuerzos para reducir el autostop biológico en las importaciones de plantas vivas, a menudo denominado "bioseguridad", están funcionando. Sin embargo, más de un siglo de invasión de insectos Hemiptera también sugiere que el aumento del comercio podría compensar los efectos de una mejor bioseguridad. Es posible que hasta el 25 por ciento de los insectos Hemípteros invasores aún no se hayan detectado en los bosques y campos agrícolas de la nación.

   

HISTORIA COMPLETA

En los últimos dos siglos, miles de insectos no nativos han hecho autostop a los Estados Unidos en material de embalaje, en plantas vivas y en el equipaje de los pasajeros. Los científicos de dos agencias del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) y sus socios utilizaron la historia de las importaciones de plantas vivas y la invasión por parte de un grupo común de insectos para estimar la velocidad a la que están llegando nuevos insectos y cuántas nuevas especies de insectos aún pueden estar reservadas para los bosques y campos agrícolas de los Estados Unidos.

Los hallazgos sugieren que los esfuerzos para reducir el autostop biológico en las importaciones de plantas vivas, a menudo denominado "bioseguridad", están funcionando. Sin embargo, más de un siglo de invasión de insectos Hemiptera también sugiere que el aumento del comercio podría compensar los efectos de una mejor bioseguridad. Es posible que hasta el 25 por ciento de los insectos Hemípteros invasores aún no se hayan detectado en los bosques y campos agrícolas de la nación.

El estudio, "Patrones ocultos de riesgo de establecimiento de insectos revelados a partir de dos siglos de descubrimientos de especies exóticas", fue publicado recientemente en la revista Science Advances. El autor principal del estudio, Matthew MacLachlan, economista investigador del Servicio de Investigación Económica del USDA, y el coautor Andrew Liebhold, entomólogo investigador del Servicio Forestal del USDA, examinaron los registros de 1854 a 2012; encontraron que 930 especies no nativas de insectos que se alimentan de plantas en el orden de los hemípteros han invadido los Estados Unidos. El equipo de investigación pudo identificar los orígenes de 770 de esas especies.

"Nuestro trabajo cuantificando el riesgo de establecimiento planteado por las importaciones de distintas regiones y cómo estos riesgos han cambiado con la acumulación de la historia y el tiempo del comercio, brinda a los responsables de la formulación de políticas una mejor imagen de los riesgos de invasión de insectos por unidad de importación y región", dijo MacLachlan.

Los hemípteros son pequeños insectos que se alimentan de plantas (el orden incluye insectos verdaderos, pulgones y escamas), y muchas de estas especies causan daños considerables a las plantas agrícolas y forestales. El orden hemípteros incluye más de 80.000 especies de insectos, y el transporte accidental de plantas vivas o productos vegetales es la principal vía por la que la mayoría de los hemípteros se mueven entre continentes.

"Los datos sobre descubrimientos históricos de hemípteros no nativos en los Estados Unidos nos ayudaron a estimar las tasas de establecimientos de nuevas especies que pueden ocurrir como resultado de las importaciones de plantas de varias regiones del mundo en la actualidad", dijo Liebhold.

Los coautores incluyen a Takehiko Yamanaka del Instituto de Ciencias Agroambientales, NARO (NIAES) en Japón y Michael R. Springborn de la Universidad de California, Davis.

Fuente de la historia:

Materiales proporcionados por el Servicio Forestal del USDA - Estación de Investigación del Norte. Nota: El contenido se puede editar por estilo y longitud.

Referencia de la revista:

Matthew J. MacLachlan, Andrew M. Liebhold, Takehiko Yamanaka, Michael R. Springborn. Patrones ocultos de riesgo de establecimiento de insectos revelados a partir de dos siglos de descubrimientos de especies exóticas. Avances de la Ciencia,2021; 7 (44) DOI: 10.1126/sciadv.abj1012

Science daily

25
Nov
2021

CREAF SO logo ESP print

Hace unos meses que ya se puede consultar el Laboratori Forestal Català, una iniciativa del CREAF y del CTFC que reúne toda la información disponible sobre los bosques de Catalunya en una sola web.

¿Sabes que tienes todos los datos sobre los bosques de Catalunya a tu disposición en un único portal? Este portal se ha bautizado con el nombre de Laboratori Forestal Català y será una pieza vertebral del nuevo Portal de Boscos de Catalunya juntamente con el Observatori Forestal Català.

Los datos, además de estar juntos, están limpios de errores, son consultables mediante un visualizador cartográfico muy intuitivo y se pueden descargar en diferentes formatos.

El valor añadido del laboratorio es que los datos que se encuentran, además de estar todos juntos, están limpios de errores, son consultables mediante un visualizador cartográfico muy intuitivo y se pueden descargar en diferentes formatos para usarlos en la investigación o la gestión.

 ¡¡Únete!! 

La web es muy fácil de usar y tienes el equipo a disposición para contar con el asesoramiento que necesites para utilizar los diferentes módulos que ya están disponibles. Contacta con el coordinador del proyecto a través del correo Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

Aquí tienes los seis módulos disponibles:

Allometr App: Calcula nuevas variables a partir de ecuaciones diseñadas por especies, ámbitos geográficos y nivells (para toda España). Tutoriales Allometr App.

FES App: Visualiza y descarga los datos de los servicios ecosistémicos de los bosques de Cataluña. Tutoriales FES App.

IFN App: Accede, visualiza y descarga los datos del Inventario Forestal Nacional en Cataluña. Tutoriales IFN App.

LiDAR App: Accede, visualiza y calcula variables forestales a partir de datos LiDAR en Cataluña. Tutoriales LiDAR App.

DEBOSCAT App: Visualiza y descarga información sobre los episodios de decaimiento forestal en Cataluña en relación a la sequía.

METEOLAND App: Estimaciones de meteorología diaria para toda Cataluña. Tutoriales METEOLAND App.

CATDROUGHT App: Estimaciones diaries del balance hídrico y la humedad del suelo de los bosques de Cataluña. Tutoriales CATDROUGHT App.

CREAF

04
Dic
2021

Science Daily thumb

Fuente:

Universidad de Cambridge

Resumen:

Un estudio ha encontrado que los brotes masivos periódicos de orugas que comen hojas pueden mejorar la calidad del agua de los lagos cercanos, pero también pueden aumentar las emisiones de dióxido de carbono de los lagos.

   

HISTORIA COMPLETA

Un estudio dirigido por la Universidad de Cambridge ha encontrado que los brotes masivos periódicos de orugas que comen hojas pueden mejorar la calidad del agua de los lagos cercanos, pero también pueden aumentar las emisiones de dióxido de carbono de los lagos.

Los brotes de orugas de polillas gitanas invasoras, Lymantria dispar dispar y polillas de orugas de tiendas de campaña forestales, Malacasoma disstria ocurren al menos cada cinco años en bosques templados. Los insectos comen tantas hojas que se ha descubierto que la disminución resultante en la caída de las hojas y el aumento de los excrementos de insectos altera el ciclo de los nutrientes, particularmente el carbono y el nitrógeno, entre la tierra y los lagos cercanos a gran escala.

Los excrementos de insectos ricos en nitrógeno, llamados frass, pueden lavarse en el agua del lago y actuar como fertilizante para los microbios, que luego liberan dióxido de carbono a la atmósfera a medida que se metabolizan. Los investigadores sugieren que en los años de brote las grandes cantidades de frass favorecerán el crecimiento de bacterias productoras de gases de efecto invernadero en los lagos a expensas de las algas que eliminan el CO.2 de la atmósfera.

"Estos insectos son básicamente pequeñas máquinas que convierten las hojas ricas en carbono en caca rica en nitrógeno. La caca cae en los lagos en lugar de las hojas, y esto cambia significativamente la química del agua: creemos que aumentará la medida en que los lagos son fuentes de gases de efecto invernadero", dijo el profesor Andrew Tanentzap en el Departamento de Ciencias Vegetales de la Universidad de Cambridge, autor principal del artículo.

Se anticipa la expansión del rango hacia el norte y el aumento del crecimiento de la población de insectos a medida que cambia el clima. Esto pone a los bosques del norte en mayor riesgo de brotes de defoliadores en el futuro, lo que podría causar mayores cantidades de CO.2 para ser liberado de los lagos cercanos.

Este cambio hacia el norte también es preocupante porque hay más lagos de agua dulce más al norte. Y también se espera que el cambio climático favorezca a los árboles de hoja caduca de hoja ancha alrededor de los lagos, lo que amplificará el efecto de los insectos.

El estudio encontró que en años con brotes de insectos, el área de hojas de los bosques se redujo en un promedio del 22%. Al mismo tiempo, los lagos cercanos contenían un 112% más de nitrógeno disuelto y un 27% menos de carbono disuelto en comparación con los años sin brote. Los efectos fueron mayores cuando las cuencas de los lagos contenían mayores proporciones de árboles caducifolios de hoja ancha, como robles y arces, que las orugas favorecen sobre los árboles de coníferas como los pinos.

Para obtener sus resultados, los investigadores combinaron 32 años de datos gubernamentales de encuestas de brotes de insectos y química del agua del lago en 12 cuencas lacustres en Ontario, Canadá, y datos de teledetección satelital sobre el tipo de bosque y la cobertura mensual del área de hojas. Los resultados se publican hoy en la revista Nature Communications.

Se cree que este es el estudio más extenso jamás realizado sobre cómo los brotes de insectos afectan la dinámica del carbono y el nitrógeno del agua dulce. Los estudios previos han sido tan pequeños que ha sido difícil extraer generalidades más amplias.

Un estudio previo de 26 años de 266 lagos en todo el hemisferio norte ha demostrado que el carbono se acumula naturalmente en estas aguas del lago, en un proceso llamado pardeamiento. La tendencia se atribuye a una variedad de factores, incluido el cambio climático y la recuperación de las actividades históricas de lluvia ácida y tala. La comparación de los nuevos resultados con estos datos mostró que un brote de orugas que comen hojas puede compensar efectivamente el valor de un año entero de acumulación de carbono en los lagos cercanos, mejorando significativamente la calidad del agua.

En años sin brotes de insectos que comen hojas, el carbono y el nitrógeno que ingresan a los lagos generalmente provienen de la descomposición de la hojas y la arena de agujas, y alcanza su punto máximo en cantidad en otoño. En los años de brote, el estudio encontró que los lagos de agua dulce cercanos contenían un promedio de 27% menos de carbono disuelto.

"Los brotes de insectos que comen hojas pueden reducir el carbono disuelto en el agua del lago en casi un tercio cuando los árboles alrededor del lago son principalmente de hoja caduca. Es increíble que estos insectos puedan tener un efecto tan pronunciado en la calidad del agua", dijo Sam Woodman, investigador del Departamento de Ciencias Vegetales de la Universidad de Cambridge y primer autor del informe.

Agregó: "Desde una perspectiva de calidad del agua, son algo bueno, pero desde una perspectiva climática son bastante malos, sin embargo, se han pasado por alto por completo en los modelos climáticos".

Fuente de la historia:

Materiales proporcionados por la Universidad de Cambridge. El texto original de esta historia está licenciado bajo una licencia Creative Commons. Nota: El contenido se puede editar por estilo y longitud.

Referencia de la revista:

Woodman, S.G., Khoury, S., Fournier, R.E. et al. Los brotes de defoliadores forestales alteran el ciclo de nutrientes en las aguas del norte. Nat Commun, 2021 DOI: 10.1038/s41467-021-26666-1

Science daily

22
Nov
2021

UN Climate Change Conference UK2020 by Johnson Banks 3La cumbre climática de este año, la COP26, ha culminado con un Pacto Climático firmado por 197 países. Entre otras cuestiones, el documento menciona la necesidad de fijar objetivos de reducción de emisiones más ambiciosos, de apostar por la adaptación y la financiación de los países más vulnerables y reconoce la importancia de los ecosistemas y de la sociedad civil en la mitigación del calentamiento global.

Hemos preguntado a expertos en cambio climático y salud, energía, economía del desarrollo, ecosistemas, bosques y transporte sostenible sobre los compromisos adquiridos, los avances y los asuntos aún por resolver.

Gemma Durán

Profesora de Estructura Económica y Economía del Desarrollo de la Universidad Autónoma de Madrid.

“El Pacto Climático de Glasgow incluye el compromiso de alcanzar mayores niveles de financiación climática a partir de 2025”

La cuestión de la financiación responde a la petición de los países más pobres y vulnerables y, por regla general, con emisiones más bajas, de ser compensados por los países más ricos en términos de financiación climática. Compromiso que no se ha cumplido en los términos que se establecieron en el año 2009, cuyo objetivo era movilizar una financiación anual de 100 mil millones de dólares para 2020 en acciones de mitigación.

Esta cuestión ha sido incluida en el Pacto Climático de Glasgow. Este exhorta a los países a adoptar una acción climática más ambiciosa para el año 2022 y, además, incluye el compromiso de alcanzar mayores niveles de financiación climática a partir de 2025, así como financiamiento para pérdidas y daños.

Sin embargo, el plan de financiación a largo plazo, que se mantiene en discusión hasta 2027, y la lista de contribuyentes a este objetivo son algunas de las muchas cuestiones que han quedado en el aire sobre la financiación a los países más vulnerables, poniendo en tela de juicio el cumplimiento de este compromiso.

Según las estimaciones del Banco Mundial, en los próximos diez años, los efectos del cambio climático en las naciones más vulnerables podrían llevar a 130 millones de personas a la pobreza. Y para el año 2050, 200 millones de personas pueden verse obligadas a migrar dentro de sus propios países.

Para lograr los objetivos climáticos, es necesario tener en cuenta sus efectos en el desarrollo y, por tanto, buscar fuentes de financiación que permitan afrontar las inversiones necesarias para la mitigación y adaptación. Estos mecanismos de financiación han de ser multilaterales. Son necesarios para que los países en desarrollo puedan transitar hacia modelos energéticos más limpios, aumentar el acceso energético, clave para su desarrollo, y gestionar el riesgo climático.

Pedro Linares.

Profesor de Organización Industrial de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Universidad Pontificia Comillas.

“El cierre del artículo 6 del Acuerdo de París no consigue asegurar la integridad climática”

No convenía tener unas expectativas demasiado altas respecto a la COP. Desde ese punto de vista, la cumbre ha cumplido razonablemente con las previsiones: ha mantenido la pelota en juego, aunque a costa de algunas patadas hacia delante, y alguna mala decisión que puede volverse contra nosotros en el futuro.

Ha mantenido la pelota en juego pidiendo que se revisen los compromisos de reducción de emisiones de los países para el corto plazo, de forma que puedan ser compatibles con el Acuerdo de París. También cerrando algunos acuerdos parciales que, si bien no nos llevarán hacia el objetivo por sí mismos, siempre ayudarán.

Las patadas hacia delante tienen que ver, por un lado, con las promesas de largo plazo realizadas (2050-2070) y, por otro, con el mensaje tibio acerca del uso del carbón y los subsidios a los fósiles, que seguirán existiendo en tanto los países los necesiten. En ese sentido, el acuerdo refleja los intereses (variados) de las distintas regiones.

Una mala decisión es el cierre del artículo 6 del Acuerdo de París, que no consigue asegurar la integridad climática, es decir, la posibilidad de que las emisiones aumenten con el comercio de emisiones. Habrá que confiar en la sensatez de los países a la hora de comerciar, algo que no necesariamente está asegurado dada la cantidad de incentivos perversos.

Cristina Linares y Julio Díaz

Codirectores de la Unidad de referencia en Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano del Instituto de Salud Carlos III.

“Se ha llamado a los Gobiernos a destinar el 50 % de los fondos a la adaptación climática de la sanidad”

Desde el punto de vista de la mitigación, los avances en la COP26 no han sido todo lo ambiciosos que hubiese sido deseable, aunque sí ha habido aspectos positivos a destacar, como incluir los temas de adaptación al cambio climático.

Independientemente de que se consiga el improbable objetivo de mantener la temperatura media global del planeta en 1,5 ℃, los impactos para la salud de esa subida de temperatura ya son muy importantes con el aumento actual de 1,2 ℃. Este punto es especialmente transcendental para España, que ha tenido importante representación española en la COP para avanzar en la negociación sobre adaptación a los impactos del cambio climático.

Otro dato positivo de la COP26 es la inclusión de un Programa de Salud organizado por la OMS. Dentro de este, presentamos el informe El argumento de la salud para la acción climática, centrado en asumir que la crisis climática es, ante todo, un problema de salud global. El 50 % de los países han desarrollado estrategias sobre el cambio climático y salud, pero una proporción mucho menor de Estados tiene planes de adaptación en materia de salud y menos del 0,5 % de la financiación multilateral del clima se destina a proyectos de salud.

La llamada a los Gobiernos a cerrar esta brecha de financiación destinando el 50 % de los fondos previstos a la adaptación climática de la sanidad es también un hecho destacable.

Víctor Resco

Profesor de Incendios Forestales y Cambio Global en PVCF - Agrotecnio, Universitat de Lleida.

“Disminuir la deforestación tropical es urgente, pero siempre priorizando la persistencia de los ecosistemas actuales”

El 50 % de las emisiones de gases con efecto invernadero son absorbidas por los océanos y ecosistemas terrestres, a partes casi iguales, por lo que no contribuyen al cambio climático. Una de las principales incertidumbres en los modelos del cambio climático yace en cómo evolucionará el sumidero terrestre de carbono: los bosques podrían convertirse en fuente de CO₂ en unas décadas si se acentúan las tendencias actuales de deforestación en los trópicos y bosques boreales, ya sea por la mano del hombre, por la sequía o por los incendios.

Aprovechando la atención mediática que proporcionó el primer día de la COP26, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció la creación de un fondo para “proteger los bosques”. Unos días más tarde se aprobó la Declaración de Glasgow sobre Bosques y Uso de la Tierra, como otra muestra de buenas intenciones.

Disminuir la deforestación tropical es urgente, pero siempre priorizando prevenir a curar: asegurar la persistencia de los ecosistemas actuales es preferible a invertir en la creación de nuevos bosques. Pero disminuir la dependencia del sector primario de los países tropicales, algo necesario para la biodiversidad y el clima, solo podrá lograrse si se fortalece el desarrollo sostenible del sector primario en la zona templada y se asegura el abastecimiento.

Estas medidas de restauración no pueden servir para mercadear con los bosques como compensadores de CO₂: los árboles no devolverán el CO₂ a las capas geológicas de las que se extraen los combustibles fósiles. Finalmente, recordemos que los humanos nos hemos apropiado de un gran porcentaje de la productividad primaria del planeta. No nos basta con lo que la Tierra produce actualmente, sino que recurrimos a los combustibles fósiles, que son la productividad almacenada en las capas geológicas del planeta.

Cuando lo consumido supera a lo producido, llega un punto en el que sucede un colapso. No está claro cómo las medidas tomadas en la COP26 repercutirán sobre estos procesos. Pero deberían ser un catalizador para renaturalizar nuestra economía y vivir de forma más acorde con nuestro medio.

Roberto Álvarez

Profesor de Ingeniería Eléctrica y Movilidad Sostenible de la Universidad Nebrija.

“La existencia de un acuerdo de la ONU en el que se menciona al carbón como causa del calentamiento global es sin duda un gran avance”

La sensación que una vez más define este acuerdo entre países, firmado en este caso en Glasgow, es la decepción. La certeza de haber dejado pasar de nuevo otra oportunidad. Se ha vuelto a redactar un acuerdo, consensuado, pero que deja insatisfechos a muchos países y que se limita una vez más a proclamar un conjunto de intenciones y recomendaciones.

Los países mejor parados han sido aquellos con mayor dependencia del carbón, así como los que más petróleo y gas producen. Estos consiguieron, en la última vuelta de tuerca, que la declaración incluya una reducción progresiva de las centrales de carbón, en lugar de pedir su eliminación.

Pero también ha habido algunos puntos positivos. Se ha conseguido un acuerdo por unanimidad de los 197 países presentes en el que se firma la intención de poner fin a las ayudas económicas a los combustibles fósiles y de reducir progresivamente el uso del carbón. La mera existencia de un acuerdo de la ONU en el que se destaca la mención sin precedentes del carbón como la principal fuente del calentamiento global es sin duda un gran avance.

Anna Traveset

Profesora y experta en ecología del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA - CSIC - UIB)

“Los intereses privados de cada país prevalecen sobre el interés global de frenar un gran problema a escala mundial”

Los compromisos a los que han llegado los países en la COP26 están muy por debajo de lo que se recomienda en el último informe del IPCC para evitar catástrofes climáticas en un futuro ya cada vez más cercano. Una vez más, los intereses privados de cada país prevalecen sobre el interés global de frenar un gran problema a escala mundial. Y, una vez más, la visión a corto plazo se impone sobre una perspectiva a medio-largo plazo.

Si los gobernantes se niegan o son reticentes a cambiar sus hábitos, corren el riesgo de enviar el mensaje a sus ciudadanos de que el cambio climático no es un problema que haya que afrontar urgentemente. Se les está transmitiendo que las pequeñas acciones que realicen para contribuir a mitigar ese cambio pueden diluirse en la falta de acción a gran escala.

Desde el punto de vista de la ecología, esta insuficiente concienciación no solo se da ante la crisis climática, también en la pérdida de biodiversidad, en sentido amplio, tanto de las especies como de las interacciones existentes entre ellas que permiten que la naturaleza funcione. Estamos alterando de forma exponencial los ecosistemas naturales, haciéndolos más homogéneos y con una menor resiliencia a las perturbaciones cada vez más frecuentes e intensas debido al cambio climático.

Este artículo forma parte de la cobertura de The Conversation sobre la COP26, la conferencia sobre el clima de Glasgow.

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