Ecología, gestión y protección de la fauna silvestre

25
Nov
2020

 

Alrededor de 4.500 especies se pueden ver amenazadas por el cambio en el régimen del fuego

Que el fuego ha modificado los ecosistemas de la Tierra desde el comienzo de la vida en ella es una evidencia que nadie discute. El fuego es fuente de biodiversidad, pero el fuego ha cambiado. Ahora sabemos que su relación con factores antrópicos como el cambio climático, el uso del suelo y las especies invasoras están cambiando la naturaleza de la actividad del fuego y sus impactos. Un estudio de 27 investigadores de 17 centros de investigación de Australia, Canada, España, Estados Unidos, Irlanda, Portugal, Reino Unido y Sudáfrica concluye que alrededor de 4.500 especies se verán amenazadas por la modificación de los regímenes de incendios.

 

incendiosturias

El estudio ha analizado el efecto del fuego en 30.000 especies terrestres y de agua dulce clasificadas como amenazadas de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). Su conclusión más llamativa es que el 15 % de ellas se verá amenazada por el cambio en el régimen del fuego. “El cambio climático, el cambio del uso del suelo por el abandono de tierras agrícolas y la recuperación de bosques, por ejemplo, y las especies invasoras, que han cambiado la tipología del combustible, han modificado también la tipología y el régimen del fuego y esto tendrá consecuencias directas para muchas especies adaptadas a él”, señala Lluis Brotons, del Centro Tecnológico y Forestal de Cataluña CTFC, que junto con el CREAF han participado en esta investigación.

Es decir, el fuego es causa y efecto al mismo tiempo, “juega una doble partida, por un lado es una consecuencia de esta aceleración y, por otro, contribuye a potenciarla. Es difícil saber cuál es el peso exacto de cada factor de cambio pero lo cierto es que los factores se potencian, el fuego cambia y tiene efectos directos sobre la biodiversidad”, afirma Lluis Brotons.

Señala el artículo publicado en la revista Science que estos cambios pueden suponer aumentos en la actividad de fuego, que amenazan a especies poco adaptadas, o la disminución de esta actividad, que conlleva una reducción de hábitats clave para muchas especies. Asegurar el patrón, cantidad y temporalidad del fuego puede ser clave para conservar la biodiversidad directamente relacionada con él.

Los cambios en la actividad del fuego amenazan la biodiversidad en hábitats y reinos biogeográficos en todo el mundo. Es en la sabana africana donde proporcionalmente más puede afectar el cambio de régimen del fuego, hasta a un 27 % de las especies amenazadas, según los investigadores. La lista continúa con las especies de las praderas con un 25 % de sus especies amenazadas que se verán afectadas; al igual que las zonas rocosas y los matorrales, también con un 25 %. Mientras que en los bosques el 19 % de sus especies amenazadas se verán afectadas por el cambio en la tipología y periodicidad del fuego.

“Tenemos nuevos regímenes de fuego que nos provocan una gran incertidumbre de cómo van a condicionar los ecosistemas. Tenemos una serie de retos para integrar la gestión de los espacios naturales protegidos con el uso del fuego. No es un problema solo del enp, lo es principalmente del territorio que está alrededor de ese espacio: qué clase de gestión hacemos del paisaje, cómo incorporamos la ciencia y la actividad humana”, indica Lluis Brotons.

Especies tropicales no adaptadas al fuego se verán seriamente afectadas incluso por fuegos de baja intensidad o incendios poco severos. En la zona mediterránea, el pino carrasco, muy adaptado al fuego, se ve seriamente afectado en su regeneración natural si disminuye la periodicidad de los incendios y sufre otro antes de que el regenerado esté maduro. O en los puntos calientes de biodiversidad de Sudáfrica, por ejemplo, especies adaptadas al fuego cada 10 o 15 años se verán afectadas porque “por el cambio climático los fuegos son cada vez más frecuentes, las piñas no están maduras y no pueden germinar tras incendio. No es solo un problema de periodicidad, lo es también de intensidad. Se observa el cambio de incendios de baja intensidad a una alta severidad”.

Retos y propuestas de amortiguación

El trabajo, después de examinar 30.000 especies y de analizar las causas del cambio en el régimen del fuego, plantea una serie de retos y de propuestas de amortiguación de esos cambios y sus efectos como la pérdida de biodiversidad.

En primer lugar, proponen “gestionar activamente el fuego”, utilizarlo como herramienta de gestión adaptada a las especies y ecosistemas. Se trataría de garantizar “la cantidad, el patrón y el momento adecuado para aplicar el fuego en paisajes que lo necesitan y a la inversa”, señala el CTFC en su comunicado. “Las secuoyas en Estados Unidos son un ejemplo evidente de la necesidad de un uso muy concreto del fuego, mediante quemas prescritas a su alrededor”, recuerda Brotons.

En segundo lugar, proponen centrarse en ecosistemas completos y no sólo en el fuego. Es decir, se debe analizar y comprender las causas de la variación del fuego para poder gestionarlas, no es solo cuestión de la gestión del fuego. “Un ejemplo sería la introducción de herbívoros en un determinado medio natural. Esto cambiaría la vegetación y posteriormente el régimen de incendios”.

En tercer lugar, el análisis incorpora un nivel algo más complejo: los funcionamientos sociales, el papel del ser humano en estos cambios. La economía, los usos sociales, la gestión del paisaje, la actividad humana compatible con el régimen del fuego. En este sentido, promueven la creación de paisajes “que beneficien a las personas porque crean oportunidades para equilibrar la biodiversidad”, algo que han demostrado desde hace miles de años diferentes culturas indígenas en numerosas partes del mundo.

Nos hemos ido de la naturaleza, incluso hemos tenido una visión de la conservación que separaba al ser humano y la naturaleza. Está demostrado que esa interacción ha tenido muchas posibilidades durante miles de años. Es necesario recuperar la presencia humana y su actividad, especialmente en esos espacios naturales protegidos”.

Lluis pone el ejemplo del águila perdicera para explicar la relación entre el fuego y la biodiversidad. “El cambio de régimen del fuego ha perjudicado a esta especie tan emblemática del arco mediterráneo. Menos incendios y más separados en el tiempo provocan menos zonas abiertas, el tipo de terreno que necesita el águila perdicera para cazar. En algunos lugares ya se están haciendo quemas prescritas cerca de los nidos para favorecer esas zonas abiertas”.

Pero el fuego bueno, la herramienta útil que puede servir al hombre para proteger la biodiversidad que ayudó a crear, es un gran desconocido social. Los prejuicios acompañan a la palabra fuego. “Socialmente es un concepto negativo, no solo como técnica de combate frente a incendios, sino, sobre todo, como aliado de la biodiversidad. El fuego favorece algunos servicios ecosistémicos y ahí hay que hacer un grandísimo esfuerzo para transmitírselo 

10
Nov
2020

 

Date:

November 6, 2020

Source:

University of Cambridge

Summary:

Mammals, birds and amphibians worldwide have lost on average 18% of their natural habitat range as a result of changes in land use and climate change, a new study has found. In a worst-case scenario this loss could increase to 23% over the next 80 years

Para leer  pincha abajo

https://www.sciencedaily.com/releases/2020/11/201106093027.htm

 

Fuente Sciencedaily

11
Oct
2020

 

jabalíes 1

 

La propuesta, que pretendía sustituir a jabalíes por robots, ha provocado burlas entre los demás diputados y ha enfadado a los cazadores, que no entiende que una propuesta tan absurda haya llegado a la Asamblea Nacional.

Un diputado del partido político francés La République en Marche ha presentado una nueva propuesta esta semana en la que pretende que los jabalíes sean sustituidos por robots en las cacerías de Francia para «evitar así el sufrimiento animal».

 

Esta nueva enmienda sorprende y ya provoca burlas entre los demás diputados, incluso en su propio partido. Fue el pasado lunes cuando este diputado, de nombre Damien Adam y que representa a Seine-Maritime, formuló esta idea para asegurar la transición a nuevas formas de caza».

«El desarrollo de esta innovación permitiría, en lugar de cazar un animal real, cazar un robot que reprodujera tanto la forma como el comportamiento del animal cazado», explicaba en su propuesta a la Asamblea Nacional, según recoge France 3. Preguntado por el citado medio al respecto, el seguía «convencido» de que su propuesta es viable y que es necesario buscar alternativas.

El diputado de Les Républicains du Vaucluse, Julien Aubert, explicaba que «el premio a la mayor idea de Terminator es para Damien Adam, que quiere reemplazar a los animales por robots. Me estremece la idea de que un conejo eléctrico o un ciber-jabalí  se pierda en el bosque bajo la lluvia», decía en tono jocoso.

«¿En qué pensamos cuando mandamos diputados a la Asamblea Nacional para decir semejantes tonterías…?», respondió a France 3 Alain Durand, presidente de la federación de caza de Seine-Maritime.

«No es una locura, es un insulto y un desprecio de lo que representa la caza. ¡Pronto nos ofrecerán tener sexo con robots!», Comentó para Le Parisien  el diputado de la LREM de Aude, Alain Perea, ferviente defensor de la caza.

Damien Adam, con sus tres co-firmantes, debería haber defendido esta enmienda el pasado jueves 8 de octubre ante la Asamblea Nacional, pero sin embargo fue considerada «inadmisible».

Fuente.- Jara y Sedal

Javier Fernandez-Caballero

 

14
Oct
2020

 

Un estudio liderado por investigadores de la Estación Biológica de Doñana, del CSIC, ha descrito cómo han afectado los factores históricos, humanos y ambientales a la diversidad genética de las poblaciones invasoras del cangrejo rojo americano en la Península Ibérica.

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El cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii), nativo del sur de los EEUU y norte de México, es en la actualidad el cangrejo de agua dulce más cosmopolita del mundo y una de las especies con mayor impacto en la estructura y funcionamiento de los ecosistemas acuáticos. Este estudio, recientemente publicado en la revista Freshwater Biology, supone un avance significativo en la comprensión del proceso de expansión de esta especie, identificando puntos útiles para su gestión.

El cangrejo rojo americano fue introducido en la Península Ibérica en los años 70 mediante dos introducciones independientes. Un primer grupo de cangrejos se trajo desde Luisiana en 1973 y se liberó en una finca cercana a Badajoz. Al año siguiente, se importó otro cargamento mucho mayor, con destino a la marisma cultivada del Guadalquivir, liberándose en una finca de la Puebla del Río. Estas dos introducciones supusieron el inicio de la rápida expansión del cangrejo por la Península Ibérica, que en cuestión de décadas fue prácticamente colonizada en su totalidad.

Mediante el uso de herramientas genéticas, en este trabajo se describe la diversidad genética de 28 poblaciones de cangrejo rojo distribuidas por la Península Ibérica. Estas técnicas moleculares han permitido a los investigadores descubrir que los dos grupos introducidos en los años 70 se han expandido de forma casi independiente el uno del otro. El grupo introducido en Badajoz se expandió principalmente por Portugal, estando poco presente en España. En cambio, el grupo introducido en los arrozales del Bajo Guadalquivir, que fue más numeroso e implicó por tanto una mayor diversidad genética, predomina en España. De esta forma, las poblaciones actuales de cangrejo rojo en la Península Ibérica presentan una estructura genética marcada, determinada por las dos introducciones originales que se produjeron hace casi 50 años.

Además, el trabajo muestra que la expansión del cangrejo rojo en la península ibérica no ha sido progresiva, como ocurre en otras especies invasoras que se expanden a base de pequeños saltos a corta distancia; sino que ha implicado el movimiento de muchos cangrejos a larga distancia (o cangrejos transportados muchas veces) a determinados lugares que se han convertido en focos de dispersión secundaria o centros de invasión (del término inglés “invasion hub”). Estos centros de invasión presentan una elevada diversidad genética, pues se originan a partir de muchos individuos genéticamente diferentes, y han actuado como fuente para posteriores movimientos de cangrejo a muchos otros lugares. El trabajo identifica la Albufera de Valencia y el Delta del Ebro como centros de invasión, pero señala que podría haber más.

El estudio también sugiere que allí donde las condiciones ambientales son más favorables para el cangrejo rojo, sus poblaciones tienden a ser genéticamente más diversas. Los autores del artículo señalan que esto probablemente se deba a que en los lugares favorables se minimizan los cuellos de botella (o reducción drástica del número de individuos de una población) durante el proceso de establecimiento de las poblaciones introducidas.

Las especies invasoras suponen una gran amenaza para la biodiversidad a nivel mundial, y una vez establecidas son muy difíciles de erradicar, provocando grandes alteraciones en los ecosistemas. Por ello, prevenir su introducción es de gran importancia de cara a la conservación de la biodiversidad, especialmente en los ecosistemas de agua dulce que son muy vulnerables. “En el caso del cangrejo rojo, el ser humano ha tenido un papel clave, introduciendo primero la especie en la Península Ibérica y, posteriormente, moviendo individuos entre diferentes cuencas fluviales. Por tanto, las medidas de gestión deberían dirigirse a prevenir las traslocaciones de individuos vivos, así como centrarse en las áreas que actúan como centros de invasión para evitar una mayor expansión” concluye Lucía Acevedo.

 

expansión cangrejo rojo

 

ARTÍCULO DE REFERENCIA

Acevedo-Limón, L.; Oficialdegui, F. J.; Sánchez, M. I. y Clavero, M. (2020). Historical, human, and environmental drivers of genetic diversity in the red swamp crayfish (Procambarus clarkii) invading the Iberian Peninsula. Freshwater Biology 

Fuente.- Revista  Quercus

09
Sep
2020

 

Durante el confinamiento por el coronavirus muchos animales llegaron a tomar las ciudades a pleno día, pero la ausencia del hombre no siempre le ha beneficiado. ¿Qué sucedió tras la Segunda Guerra Mundial o las grandes catástrofes nucleares?

 

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Dos lobos corren por una zona deshabitada de Chernóbil. /Shutterstock

Durante los meses de estado de alarma y confinamiento nuestros pueblos y ciudades dieron la bienvenida a multitud de especies con las que los cazadores estamos familiarizados: jabalíes, corzos, ciervos… y hasta cabras montesas. También se vieron en el norte peninsular lobos y osos, especies generalmente esquivas y que incluso estando en el monte son difíciles de observar.

En el momento de redactar este artículo nos encontrábamos en plena desescalada del ‘desconfinamiento’ y lo normal es que estas y otras especies dejen de visitarnos a medida que recuperemos la normalidad. Algunos se preguntan qué pasaría si en vez de unos meses nos confináramos durante un tiempo prolongado. No hay nada como echar un vistazo a la historia para saber qué sucedió en situaciones que podrían parecerse, salvando las distancias, a la que vivimos actualmente –y cada uno que saque sus conclusiones–. 

¿Cómo reacciona la fauna silvestre en tiempos apocalípticos?

En Reino Unido disponen de datos de todo el siglo XX sobre capturas de perdiz pardilla, grouse, gallo lira, agachadiza común y becada, recopilados por The Game & Wildlife Conservation Trust (Aebischer y Baines, 2009). Estos datos pueden utilizarse para entender las tendencias poblacionales. Durante la Segunda Guerra Mundial las capturas de todas las especies se vieron reducidas, algo que no sorprende dado que la actividad cinegética tuvo importantes restricciones en esos años.

Lo importante es fijarse en lo que pasó después de la guerra: ninguna de las especies recuperó los niveles de capturas que existían antes del estallido de la contienda. Unas cayeron en picado, como la pardilla y el gallo lira, otras mostraron fluctuaciones, como la agachadiza y el grouse, y la única en la que se recuperaron los niveles fue la becada, ¡pero en la década de 1980!

Los investigadores lo tienen claro: los cambios en el paisaje y la desaparición de guardas en muchos cotos explican estas tendencias, especialmente en especies como la perdiz pardilla que están muy ligadas a un medio agrario respetuoso con sus necesidades.  

El caso de Chernóbil

El peor accidente nuclear de la historia tuvo lugar en la actual Ucrania al explotar uno de los reactores de la central Vladímir Ilich Lenin, a tres kilómetros de Prípiat y 14 de Chernóbil. El  material radioactivo liberado fue de 500 veces el de la explosión de la bomba atómica en Hiroshima (Japón, 1945). Un área que equivale casi a la extensión de Castilla y León y Castilla-La Mancha se vio afectada. No se sabe cuántas personas murieron, pero sí se que unos cinco millones vivieron en zonas contaminadas. 

En el caso de Chernóbil, un estudio publicado en 2015 comparó las abundancias de mamíferos en la zona de exclusión –equivalente a la provincia de Orense, pero sin población– frente a zonas que no se vieron sometidas a la fatal radiación. Recordemos que la radiación tuvo efectos letales en animales y personas.

Para sorpresa de los investigadores no se encontraron diferencias significativas en los índices de abundancia de corzos, ciervos, jabalíes y alces entre Chernóbil y cuatro zonas que no están sometidas a la radiación, siendo la abundancia del lobo siete veces mayor en Chernóbil frente a la zonas control. Los censos realizados con helicóptero demostraron que las tendencias de estas especies fueron al alza durante los diez años después del accidente. Los investigadores concluyeron que las poblaciones de estos mamíferos cuentan con un buen estado de conservación, y todo ello pese a los efectos de la radiación nuclear que dura casi 40 años. 

 

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Un zorro frente al reactor de Chernóbil. /Shutterstock

 

Fukushima, tras el accidente

Está considerado como el segundo accidente nuclear más grave de la historia tras Chernóbil. Fue consecuencia de un terrible terremoto y tsunami del 11 de marzo de 2011 y provocó una gran contaminación radioactiva que obligó a evacuar a unas 150.000 personas en 20 kilómetros alrededor de la central, una superficie equivalente a la provincia de Guipúzcoa. 

En el caso de Fukushima, al tratarse de una catástrofe más reciente, se ha podido medir los efectos de la radiación sobre animales a nivel individual y en poblaciones enteras de distintas especies dentro de la zona de exclusión: hay evidencias de las consecuencias negativas de la radiación en aves y mamíferos y se han confirmado las elevadas dosis que recibieron muchas de ellas.

Sin embargo, como en Chernóbil, los estudios nos dicen que las poblaciones de la zona, en líneas generales, no se han visto afectadas negativamente. Es decir, que los daños a animales concretos no han implicado efectos significativos en conjunto de la población. Un estudio basado en fototrampeo, publicado en 2017, confirmó que osos, liebres, aves, monos y otras especies campaban a sus anchas incluso en áreas con importantes niveles de radiación. 

Conclusiones

La desaparición del ser humano de amplios territorios tiene consecuencias en la fauna silvestre que dependen de la especie o especies en cuestión. Aquellas que están al abrigo del hombre y de sus actividades pueden sucumbir, y sucede lo contrario en otras que están más al margen de las personas.

Los ejemplos de Chernóbil y Fukushima son evidencias de la capacidad de adaptación de la fauna silvestre a situaciones tan límites como un accidente nuclear. Una primera reflexión sería decir que el ser humano es peor que las radiaciones nucleares, pero realmente es la presencia de las personas el factor que regula la evolución de las poblaciones animales, tanto para bien como para mal.

03/09/2020 12:52

Por Carlos Díez y Carlos Sánchez (doctores en Veterinaria / Ciencia y Caza)

Publicado en Jara y Sedal

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